Imprimir Republicar

Recursos humanos

Las oportunidades de las mujeres en las universidades

Un estudio sugiere que las disciplinas con alta presencia femenina no les garantizan a las investigadoras ninguna ventaja para alcanzar la cumbre en sus carreras

238_Genero_Ilustracao_ABRE_AF2Elisa CararetoUn artículo publicado en la revista Dados sugiere que, en Brasil, las desigualdades de género en la carrera académica tienen efectos más complejos de los que suele contemplar la literatura sobre el tema. En el trabajo, firmado por la socióloga Marília Moschkovich y por su directora de tesis, la profesora Ana Maria Fonseca de Almeida, de la Facultad de Educación de la Universidad de Campinas (Unicamp), se analizaron datos acerca de la trayectoria de profesores y profesoras de la Unicamp y se hicieron algunos hallazgos sorprendentes. Uno de ellos radica en el hecho de que, aunque las mujeres sean mayoría en determinadas áreas del conocimiento, eso no necesariamente les sirve para llegar a la cima. En el estudio se evaluaron las posibilidades de varones y mujeres de llegar al nivel más alto de la carrera docente de la Unicamp en cada uno de los 27 campus de la institución. Y se constató que las docentes tienen menos chances de llegar a la cúspide que los profesores en las carreras de Lingüística, Educación y Medicina, en las cuales las mujeres son mayoría dentro del cuerpo docente. Simultáneamente, las profesoras cuentan con mayores posibilidades de alcanzar la cumbre en las carreras de Ingeniería Mecánica y Agrícola, en las cuales ellas representan una franca minoría.

“Los estándares de desigualdad variaron para las diferentes disciplinas, lo que sugiere que existen otros factores que podrían influir en la carrera de los docentes según su género”, dice Marília Moschkovich. En la etapa siguiente de la investigación, en la que se analizarán los datos de otras tres universidades públicas que aún están definidas, se compararán otros aspectos de la carrera, tales como la matriz de publicación y la relación del área con el mercado laboral no académico, por ejemplo, para comprobar si eso influye en la trayectoria docente de manera peculiar en cada disciplina. “La carrera académica tal vez no desempeñe el mismo ‘rol’ en el mercado de trabajo en general de cada área. Existen estudios que documentan de qué modo el mercado laboral corporativo para ingenieros, que poseen sueldos mayores que los de la carrera académica en el área, por ejemplo, impone diversas barreras a las mujeres. Es posible que las mujeres que alcanzan un buen desempeño en su carrera en algunas ingenierías, opten por la carrera académica, mientras que los varones en similar condición lo hagan por el mercado de trabajo corporativo, que exhibe una mayor apertura para ellos. Esto podría contribuir, al menos en teoría, para que el ambiente laboral académico tenga cierto ‘clima’. No obstante, en esta primera etapa de la investigación verificamos que la carrera académica no es necesariamente menos competitiva o más favorable para las mujeres”, dice Ana Maria F. de Almeida, quien también se desempeña como coordinadora adjunta de Ciencias Sociales y Humanas de la FAPESP. “Como eso es algo que se nota en ciertas áreas y no en otras, se requieren estudios específicos más profundos”.

Otro aspecto que se investigará es el efecto del origen social de los investigadores sobre la velocidad de ascenso en la carrera. Según las autoras, sería razonable suponer que un docente oriundo de un ambiente cercano al ámbito universitario ‒un hijo de docentes de enseñanza superior, por ejemplo‒ se encuentre más familiarizado con las normas del universo académico y logre afianzarse más rápido entre sus pares que otro con poca experiencia en ese entorno, al que le costaría un poco más llegar a comprender lo que debe hacerse para imponerse y trasponer etapas de la carrera. “Esa capacidad para lidiar con la carrera puede adquirirse durante el posgrado o incluso antes, en los estudios de grado, pero los códigos necesarios para la comprensión de las exigencias de la carrera no siempre se encuentran a disposición de todos, lo cual podría influir en el ascenso en la carrera”, dice Ana Maria F. Almeida. Las investigadoras se proponen trabajar junto a jóvenes profesoras y profesores para evaluar los retos que afrontan al comienzo de la trayectoria y determinar si la situación se ha modificado en comparación con los de mayor edad. “La idea consiste en comprender lo que ellas y ellos necesitan hacer para insertarse y obtener respeto”, dice Moschkovich.

La búsqueda de la igualdad de género en el ámbito académico, más allá de su relevancia en el contexto de los derechos civiles, es importante para dotar de mayor dinamismo a la universidad. “Si se garantiza el acceso de investigadores y docentes con orígenes y experiencias diferentes, eso ayuda a cada disciplina a diversificar sus problemas y objetos de investigación, como así también sus abordajes y modos de trabajo”, dice Ana Maria F. Almeida. Las mujeres son mayoría entre los nuevos doctores (el 51,5% de los titulados en Brasil en 2008) y también entre los docentes de la educación superior (55%), según datos del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (Inep). En las universidades públicas brasileñas, la proporción es menor, con un 45% de mujeres entre los docentes. En la Unicamp, ellas representan el 35%.

“Algunos dicen que esas diferencias son reales, que son producto del modo tardío en que las mujeres ingresaron en la carrera académica, y que esa realidad está modificándose en las nuevas generaciones; pero la verdad es que no se trata tan sólo de un problema generacional”, analiza Elizabeth Balbachevsky, docente de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la USP y estudiosa de la profesión académica. “Hay obstáculos importantes para la inserción y el ascenso de las mujeres en la carrera académica y existen evidencias de que los mismos empeoran a medida que la carrera se vuelve más competitiva”, sostiene.

Las autoras escogieron el cuerpo docente de la Unicamp porque en recorte, el de una universidad pública brasileña, vislumbraron potencial para contribuir al debate internacional referente a la relación entre género y carrera científica. Lo que ocurre es que, en ese contexto, se pueden controlar variables que se encuentran en el centro del debate de políticas destinadas a promover la igualdad en las universidades de otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, se está debatiendo acerca de la ampliación del período de prueba para las mujeres, cuando se les exige una gran dedicación al trabajo, y al final del cual se evalúa a los investigadores para que, recién entonces, puedan gozar de estabilidad. El análisis indica que ellas se ven perjudicadas en relación con los varones porque se encuentran en edad reproductiva y son responsables del cuidado de los hijos. En la universidad pública brasileña, se puede controlar el impacto de la estabilidad para las mujeres, dado que ellas la logran inmediatamente después de la admisión por concurso, al igual que los hombres.

info2En otros países, como en el caso de los de Europa y también en Australia, se discute cómo garantizarles sueldos ecuánimes a varones y mujeres en un ámbito en el cual las investigadoras se encuentran en desventaja, y afrontan dificultades para negociar ascensos y remuneración de forma tan eficiente como los hombres. En la universidad pública de Brasil se puede evaluar lo que ocurre en un ambiente en el que esa variable prácticamente no tiene incidencia, ya que los sueldos de varones y mujeres en cargos iguales de la carrera son idénticos y están definidos por ley, y las reglas de promoción se aplican a todos por igual: su definición está a cargo de cuerpos colegiados compuestos por los propios docentes. Por último, señalan las autoras, la desigualdad económica en la sociedad brasileña permite a las docentes contar con empleadas domésticas que les ayuden en tareas que socialmente se les atribuyen a las mujeres, tales como el cuidado de los hijos y las tareas del hogar, algo que no se observa tanto en los países desarrollados. “Al menos, hipotéticamente, se trata de una carrera que puede brindarles condiciones más favorables para superar la desventaja femenina en relación con otros contextos”, dice Moschkovich.

La investigación se concentró en tres ítems específicos. El primero evaluó las posibilidades de los docentes de cada sexo para alcanzar el puesto más alto de la carrera y cargos administrativos en la Unicamp. El segundo, estudió la velocidad con que los docentes de cada sexo alcanzan la cumbre. Y el tercero, analizó si las posibilidades de ascenso, así como la velocidad con que ello ocurre, varían de acuerdo con la proporción de mujeres en cada facultad o instituto, puesto que en algunas áreas, tales como Danza y Letras, las mujeres son una mayoría abrumadora y, en otras, tales como Ingeniería Eléctrica, ellas rozan apenas el 10% de los docentes (observe el cuadro).

La constatación principal indica que las mujeres sufren desventajas. En los tres niveles de la carrera, la proporción de mujeres es inferior a la de los varones, pero la desventaja es mayor en el nivel más alto, el MS6, con un 73,8% de hombres frente a un 26,2% de mujeres. En tanto, en relación con las posibilidades de acceder a cargos administrativos, los varones se encuentran en ventaja cuando los cargos son de dirección del campus y coordinación de posgrado, mientras que las mujeres ostentan mayores posibilidades de tornarse coordinadoras de carreras. Nunca hubo una mujer en la rectoría de la Unicamp. “Eso demuestra cuán difícil es para las docentes el acceso a cargos que acumulen mayor poder universitario”, dice Ana Maria F. Almeida. Recientemente, se produjo una reestructuración que abarcó a las cinco prorrectorías: tres de ellas hoy están a cargo de docentes de sexo femenino.

Para calcular la velocidad de ascenso, las autoras utilizaron como referencia el año más reciente en que los docentes en el nivel más alto de la carrera defendieron sus tesis doctorales, partiendo del supuesto de que todos los docentes titulados aquel año o antes, tendrían, en teoría, posibilidades de llegar a la cúspide. La cantidad de docentes que se evaluó en cada unidad variaba, alcanzando el 79% en Ingeniería Agrícola y más del 50% en dos tercios de las 27 unidades. El dato más sorprendente surgió del análisis de las posibilidades de ascenso en la carrera. La proporción de docentes que alcanzaron el nivel más alto, entre los considerados con condiciones de hacerlo, fue similar para varones (55,1%) y mujeres (54,1%) en el global de la universidad. Pero oscilaba entre las áreas, algo que no siempre estaba relacionado con una mayor o menor presencia de mujeres. Las docentes llegan al nivel más alto con mayor rapidez que los varones en siete unidades, con la misma velocidad en dos y, en catorce, los hombres son quienes llegan más rápido.

La profesora Marília Pinto de Carvalho, de la Facultad de Educación de la USP, que estudia las diferencias de desempeño de niños y niñas en la enseñanza básica, opina que uno de los méritos del artículo radica en que muestra con claridad que la presencia de mayor cantidad de mujeres en una carrera no tiene relación directa con las posibilidades de ascenso en la misma. “En algunos casos, sucede todo lo contrario. La clase de datos registrados en el estudio no permite especificar las razones, pero revela un cuadro complejo”, dice. La restricción del estudio a una sola universidad, dice Pinto de Carvalho, es más un mérito que una endeblez. “Si hubieran buscado datos más genéricos, acaso no hubieran podido captar esas particularidades”.

Según Elizabeth Balbachevsky, la originalidad del trabajo reside en que muestra el modo en que las culturas de diferentes disciplinas inciden tanto en la incorporación de las mujeres en el mundo académico como en sus perspectivas de carrera. “Hay una tendencia a afirmar que las ciencias duras son difíciles para las mujeres y las humanidades, más amigables. Los datos revelan que eso no es precisamente así”, afirma. “Uno de los datos relevantes indica que el trabajo muestra el nivel de competencia dentro de la carrera académica en Brasil. La competencia existe, eso se nota en una universidad de investigación y puede variar de acuerdo al perfil de cada disciplina”, sostiene.

Republicar