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INSTITUCIÓN

Biodiversidad en el interior

El Instituto de Biociencias de Rio Claro constituye una referencia de la investigación en la Unesp

Investigación con abejas...

Divulgación Unesp Investigación con abejas…Divulgación Unesp

El campus de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) ubicado en el municipio de Rio Claro, a 180 kilómetros de la ciudad de São Paulo, se tornó una referencia internacional en investigaciones sobre la biodiversidad. Estudios realizados por biólogos, zoólogos y ecólogos de la institución al respecto de temas tales como la diversidad de los anfibios brasileños, los efectos del empobrecimiento de la fauna sobre la vitalidad de las selvas tropicales y la búsqueda de antídotos para venenos de abejas y avispas, implicaron colaboraciones internacionales de alto nivel que se publicaron en revistas científicas de alto impacto. “En los años 1950, comenzamos con estudios pioneros sobre insectos sociales y mapeos de la fauna y la flora, pero luego pudimos diversificar nuestros intereses y nuclear a grupos que se desempeñan en la frontera del conocimiento”, dice Claudio J. Von Zuben, actual director del Instituto de Biociencias (IB) de la Unesp, en Rio Claro, unidad que alberga esas líneas de investigación y congrega a más de una centena de docentes.

La trayectoria del biólogo Mauro Galetti, docente del Departamento de Ecología del IB, resume un poco la evolución de la investigación en Rio Claro. Desde que se recibió, al final de los años 1980, Galetti se dedica a investigar interacciones entre animales y plantas. Con más de 150 artículos publicados en revistas indexadas, él estudia cómo el declive de la población faunística, provocada por la actividad humana, puede precipitar efectos tan serios para la selva como la tala, al interferir en la dispersión de semillas y en la polinización. En los últimos ocho años, publicó artículos sobre tales interacciones en la revista Science, en colaboración con científicos de otros países. El primero de ellos, que data de 2008, abordó las consecuencias de la extinción de grandes animales, la denominada megafauna. “Llevamos a cabo una revisión sobre los mayores vertebrados extintos en islas oceánicas y constatamos que la extinción de la megafauna es continua e incluso afecta a animales que no son demasiado grandes, pero en determinado ecosistema son los mayores”, dice Galetti. “Es decir, permanentemente, el mayor vertebrado existente siempre está siendo eliminado por los seres humanos”.

Otro artículo, que se publicó en 2013, es casi un resumen de mi trayectoria de investigación”, define el científico. En ese trabajo, Galetti y sus colegas y alumnos demostraron que la extinción de grandes animales que se alimentan de frutos conlleva un cambio evolutivo en el tamaño de las semillas del palmito jussara (Euterpe edulis). “Estudiamos quiénes se alimentan de los frutos de ese palmitero, si la semilla germina o no, cuál es el tamaño de cada ave dispersora y notamos que, en los sitios donde los grandes dispersores fueron extintos, las semillas son menores”, dice el investigador, que comenzó a analizar esos datos mientras se tomaba una temporada sabática realizando una pasantía de 18 meses en la Universidad Stanford, con financiación de la FAPESP y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), entre 2007 y 2009. “Esa pasantía significó un punto de inflexión en mi carrera. Ahí conocí laboratorios de tecnología avanzada y a la gente que lidera las investigaciones en el mundo de la ecología, cambios climáticos y servicios ecosistémicos. Cuando retorné a Brasil, montamos diversos proyectos junto a los alumnos de iniciación científica, maestría y doctorado de la Unesp, para completar lagunas presentes en la investigación”, dice el investigador. “Contamos con toda la creatividad y competencia requerida para desarrollar ciencia de punta”, agrega Galetti.

Una vez graduado en biología y con un máster en ecología, concedido por la Unicamp, Galetti realizó el doctorado en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y llegó a la Unesp en 1997 como beneficiario del programa Jóvenes Investigadores en Centros Emergentes, de la FAPESP. “La Fundación recién creaba ese programa y fui uno de los primeros becarios. Por entonces, estaba realizando una pasantía de posdoctorado en Indonesia, con el aval de la Universidad de Cambridge, pero regresé para nuclear un grupo de investigación en compañía de la profesora Patrícia Morellato”, comenta. Él montó un laboratorio de interacciones entre animales y plantas en el Departamento de Botánica y, en 1998, concursó para una vacante de docente en el Departamento de Ecología, donde hoy en día sigue trabajando.

...Jardín Experimental...

Divulgación Unesp…Jardín Experimental…Divulgación Unesp

La investigación en el IB se remonta a los años 1950, cuando el gobierno estadual creó la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Rio Claro, que ofrecía, entre otros, un curso de Historia Natural. Enseguida se tornó una referencia en el estudio de insectos sociales, tales como abejas, hormigas, avispas y termitas, habida cuenta del interés por el tema, de los investigadores contratados como catedráticos en la facultad. En 1956, se produjo en Rio Claro un famoso incidente, en el cual, ejemplares de la abeja Apis mellifera scutellata, traídos desde África por el profesor Warwick Kerr, escaparon de un área restringida en un parque estadual y, desde allí, se difundieron por todo Brasil. La especie, que es agresiva, elabora miel con gran productividad y se adaptó muy bien al país. Más de medio siglo después, en 2010, investigadores del Centro de Estudios de Insectos Sociales (Ceis), vinculado al IB, obtuvieron la primera patente para un suero capaza de neutralizar los efectos del veneno de la A. mellifera scutellata, mediante un estudio realizado en colaboración con la Universidad de São Paulo (USP) y el Instituto Butantan, que comenzó en 2000 (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 153). Ese suero aún no se encuentra disponible en forma comercial, pero el Instituto Butantan se apresta a comenzar a producirlo.

“La influencia del profesor Kerr en el estudio de abejas se diversificó en otros insectos sociales, tales como hormigas, termitas y avispas, y más adelante se sumó el área de bioquímica, en el estudio de los venenos”, dice Mario Sergio Palma, coordinador del Laboratorio de Biología Estructural y Zooquímica del Ceis, y uno de los responsables del desarrollo del suero contra el veneno de abejas. Como docente del IB desde mediados de la década de 1970, Palma comenzó a trabajar en la bioquímica de venenos de avispas y fue testigo del crecimiento de la investigación en la institución. “Empecé en la Unesp hace 38 años, trabajando en una pequeña cocina de 6 metros cuadrados”. Actualmente, la infraestructura del centro posee siete laboratorios (hormigas urbanas, hormigas cortadoras, abejas, termitas, microbiología, zooquímica y evolución molecular), que ocupan una superficie de más de 1.300 metros cuadrados. “Contamos con uno de los mejores laboratorios de espectroscopía de proteínas de América Latina, dedicado a la investigación con abejas, hormigas y avispas”, dice Palma. “Trabajamos con 70 alumnos de iniciación científica, maestría y doctorado, utilizando poquísimos recursos humanos de la universidad, ya que disponemos de tan sólo cuatro empleados. Nosotros mismos nos ocupamos del mantenimiento y los grupos que logran la aprobación de un proyecto de investigación colaboran momentáneamente con los que no disponen de financiación”.

Con el tiempo, los intereses de la institución se fueron ampliando. En 1976, la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras se escindió en dos unidades: el Instituto de Geociencias y Ciencias Exactas y el Instituto de Biociencias, que se tornaron parte de la Unesp. Este año, el IB creó la primera carrera de grado en ecología del país. Actualmente, además de esa, ofrece cursos en ciencias biológicas, educación física y pedagogía, y siete programas de posgrado. Mauro Galetti recuerda que, en 2008, ante la oportunidad de contratar docentes para el Departamento de Ecología, hubo un debate acerca de cuáles serían las líneas de investigación futuras en ese campo del conocimiento. “Logramos contratar gente competente en áreas tales como cambios climáticos, ecología molecular y ecología ambiental, que resultaron fundamentales para renovar el cariz de nuestro posgrado”, afirma.

...y ejemplares de Dendropsophus minutus, una especie de sapos mapeada en proyectos sobre anfibios anuros del Bosque Atlántico

Célio Haddad …y ejemplares de Dendropsophus minutus, una especie de sapos mapeada en proyectos sobre anfibios anuros del Bosque AtlánticoCélio Haddad

Renovación
Para Célio Haddad, docente del Departamento de Zoología, la evolución de la investigación científica en el IB también se explica por su estrategia de atracción de investigadores de otras instituciones para abocarse a líneas de investigación en las cuales la institución no tenía expertise. “En las universidades brasileñas, resulta frecuente una cierta endogamia y, antaño, muchos de los que se graduaban en el instituto permanecían aquí. Pero en varios departamentos hubo una renovación, con la convocatoria a jóvenes investigadores con buen currículo y eso se notó, tanto en la producción científica como en la capacidad de captar recursos para la investigación científica”, comenta.

Haddad llegó a Rio Claro al final de los años 1980. Se había graduado en la Unicamp, y su misión era trabajar con anfibios, un área de investigación aún inexplorada en el IB. “En 1988 fundé el grupo de investigación del Departamento de Zoología. Al comienzo fue muy difícil. Yo todavía no tenía el doctorado y era complicado conseguir financiación”, recuerda. Entre 1996 y 2000, Haddad fue beneficiario del programa Jóvenes Investigadores, lo que le permitió adquirir los equipamientos para ampliar las condiciones para hacer investigación. El objeto principal de su investigación son los anuros, un orden de animales que incluye a los sapos, ranas y ranas arborícolas, cuya taxonomía y comportamiento sirvieron como tema para más de 280 trabajos publicados en revistas indexadas. Su colección científica, la tercera mayor de Brasil, posee alrededor de 30 mil ejemplares y 700 especies de anfibios. Él mismo ha descripto más de 50 especies de sapos, ranas y ranas arborícolas, además de géneros y familias de esos animales. En 1997, pasó un año realizando una pasantía de posdoctorado en la Universidad de California, en Berkeley, y en 2013 se tomó un período sabático en la Universidad Cornell, ambos con financiación de la FAPESP. En esas pasantías internacionales conoció a científicos extranjeros que hoy forman parte de su red de colaboradores. Mantiene antiguas colaboraciones con colegas de las universidades de Cornell y de la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, además de otras con investigadores de instituciones en Argentina y Alemania. Con frecuencia, recibe en su laboratorio a doctorandos y pasantes de posdoctorado provenientes de varios países, a los que les interesa el estudio de la riqueza de la fauna brasileña (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 179).

En 2006, Haddad participó en un emprendimiento internacional que modificó la clasificación de los anfibios: el Amphibian Tree of Life, que fue publicado ese año en el boletín del Museo Americano de Historia Natural. Ha liderado algunos proyectos temáticos que, básicamente, se abocaron a describir la diversidad de anfibios del país. Últimamente, está probando una nueva técnica, conocida como ADN ambiental, enfocada en verificar si especies a las cuales se considera extintas, eventualmente conservan ejemplares escondidos en la naturaleza. Se recogen muestras de agua de riachos donde las especies dejaron de verse. Esas muestras se purifican y se envían a Francia, en busca de vestigios de material genético. “Si llegara a encontrarse material genético de especies desaparecidas, esto podría significar que ellas subsisten en bajas densidades y por ahora no hemos sido capaces de hallarlas”, dice.

La producción de los investigadores del IB-Unesp fue impulsada, hace algunos años, por las mejoras en la infraestructura. La construcción de nuevos edificios para algunos departamentos del instituto, entre 2009 y 2014, fue señalada como un hito en la capacidad de hacer investigación. “Todos los docentes cuentan con su oficina particular, con laboratorios anexos. Y hay laboratorios de uso común en ecología molecular, informática y ecología ambiental”, dice Mauro Galetti. “Eso es fundamental dado que contamos con muchos alumnos en ecología y biología, cuya creatividad se veía obstaculizada por el tamaño modesto de los laboratorios”. Ahora cada docente trabaja con varios becarios de iniciación científica, maestría y doctorado, y hay lugar para todos.

Éste es el segundo reportaje de una serie sobre los 40 años de la Universidade Estadual Paulista, la Unesp

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