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HISTORIA

La economía de los palenques

El intercambio de excedentes agrícolas con el entorno aún subsiste en las comunidades rurales negras de la actualidad

Partida de esclavos desde los barracones hacia la labranza en 1861: la actividad agrícola serviría como aprendizaje para el sostén económico de los palenques

Victor Frond – litografía realizada por los artistas de París, en 1861, París, Lemercier, Imprimeur-Litographe. Biblioteca Brasiliana Guita y José Mindlin. Reproducción Renato Parada Partida de esclavos desde los barracones hacia la labranza en 1861: la actividad agrícola serviría como aprendizaje para el sostén económico de los palenquesVictor Frond – litografía realizada por los artistas de París, en 1861, París, Lemercier, Imprimeur-Litographe. Biblioteca Brasiliana Guita y José Mindlin. Reproducción Renato Parada

Según un estudio llevado a cabo por el investigador Flávio dos Santos Gomes, en la actualidad existen en Brasil casi 5 mil comunidades rurales negras, remanentes de antiguos palenques o quilombos [enclaves remotos donde se agrupaban] de esclavos fugados. Cuando se propuso estudiar el hilo conductor entre la actualidad y el pasado esclavista, Dos Santos Gomes se topó con un hiato que abarca desde la abolición de la esclavitud (en 1888) hasta algo menos de 100 años después, cuando las comunidades de los palenques comenzaron a ganar visibilidad con la oficialización del término “remanente de quilombos” en la Constitución Braisleña de 1988. El investigador, historiador y docente de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), estudia la esclavitud desde el comienzo de los años 1990. Las fuentes habituales sobre ese tema, tales como procesos penales, registros policiales y noticias en los periódicos, “mencionaban a los palenques y los intentos por destruirlos y capturar a sus moradores”, según refiere el investigador, pero no decían nada del modo como sobrevivían.

“Decidí partir desde otra perspectiva”, relata Dos Santos Gomes. “Me aboqué al estudio de las comunidades negras rurales de todo el país, sus orígenes y transformaciones, principalmente durante el período posterior a la abolición. Vislumbré que se podía analizar la formación de un campesinado negro en Brasil”. El resultado de ese trabajo consta en el libro lanzado recientemente, intitulado Mocambos e quilombos – Uma história do campesinato negro no Brasil (editorial Companhia das Letras), que se basa principalmente en la investigación intitulada “Cartografías de una plantación: demografía, cultura material y arqueología de la esclavitud y del período posterior a la emancipación de Brasil”, actualmente en curso en el Instituto de Historia de la UFRJ, con el patrocinio de la Fundación Guggenheim, de Estados Unidos, de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Río de Janeiro (Faperj) y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). El libro incluye una lista de todos los palenques remanentes en el país.

El rasgo de continuidad entre pasado y presente quedó manifiesto en la actividad comercial. Desde un enfoque tradicional, mocambos (choza, tapera) y quilombos ‒denominaciones que, en épocas y lugares diferentes, designaron al mismo fenómeno‒ eran reductos aislados de negros fugitivos que solamente producían para el consumo propio. “Esas comunidades estaban permanentemente conectadas con comerciantes de la sociedad de su entorno, como por ejemplo, taberneros, almaceneros y redes mercantiles”, afirma Gomes. “Eran conglomerados agrarios articulados, y los excedentes de su producción abastecían a las redes locales, que abarcaban haciendas, villas, ferias y tiendas de intercambio”. A la par de las transacciones comerciales, también se produjeron intercambios religiosos y culturales, así como un mestizaje étnico.

Mujeres esclavas preparando la comida durante la cosecha del café en el siglo XIX

Victor Frond – litografía realizada por los artistas de París, en 1861, París, Lemercier, Imprimeur-Litographe. Biblioteca Brasiliana Guita y José Mindlin. Reproducción Renato Parada Mujeres esclavas preparando la comida durante la cosecha del café en el siglo XIXVictor Frond – litografía realizada por los artistas de París, en 1861, París, Lemercier, Imprimeur-Litographe. Biblioteca Brasiliana Guita y José Mindlin. Reproducción Renato Parada

La actividad económica en los palenques, que subsiste, en esencia, en los actuales conglomerados remanentes, tendría su origen en una singularidad de la esclavitud en Brasil: el hábito de los amos de concederles parcelas de terreno y uno o dos días a la semana para que los esclavos cultivaran sus alimentos con los que mantenerse. Ésa era una manera que tenían los propietarios para eximirse de los gastos para el sustento de los cautivos, al menos en parte, pero también había otras razones, como apuntalar el “amor a la tierra” como una forma de desalentar las insurrecciones y fugas grupales. En ese aspecto, su efecto fue opuesto: el hábito y el dominio de la agricultura, incluyendo la comercialización de los excedentes, incitaban a los esclavos a huir e iniciar una nueva vida basada en el cultivo de la tierra. “La economía en las fincas de labranza también resultó fundamental para la conformación de familias y la generación de un margen de autonomía financiera, con una lógica contrapuesta a la de la plantación, que era la del monocultivo”, dice Maria Helena Machado, docente del Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP) y experta en historia social de la esclavitud.

Ataque y defensa
La experiencia rural en las propiedades de los amos de esclavos brasileños ya había sido desmenuzada por el historiador Ciro Flamarion Cardoso (1942-2013) y por el antropólogo estadounidense Sidney Mintz (1922-2015), ambos en los años 1970. El primero, acuñó la expresión “protocampesinado” y empleó el concepto de “brecha campesina”, aludiendo a ese fenómeno. Para Dos Santos Gomes, que estudió ese tema en el libro A hidra e os pântanos (Unesp/ Polis, 2005), dichos términos revelan una subestimación de la importancia del cultivo permitido por los propietarios de esclavos en la formación de un paisanaje negro autónomo. Esos estudiosos tampoco consideraron la dimensión de continuidad que llegaría hasta los días actuales. “La importancia de los estudios de Flávio Gomes reside en la conexión que esboza entre la experiencia rural y el quilombo, así como éste, con la comunidad campesina”, comenta Machado.

Trabajadores transportando productos...

Eduardo Cesar Trabajadores transportando productos…Eduardo Cesar

Los palenques existían, por lo menos, desde 1575, cuando se registró la existencia de un primer “mocambo” en Bahía. Esa precocidad, según Dos Santos Gomes, subyace en la idea de que no había forma de protesta más eficaz contra el esclavismo que la fuga. “Muchas de las fugas colectivas fueron precedidas de insurrecciones o motines”, dice el historiador. Los palenques nunca fueron totalmente fijos y se amparaban en lugares de difícil acceso, tales como montañas, cuevas, selvas y manglares que les servían como refugio. Ante los graves perjuicios por la pérdida de mano de obra, los hacendados enviaban capataces y tropas tras el rastro de los fugitivos, lo cual no impedía que las comunidades se multiplicaran. “El surgimiento de un palenque atraía la represión, pero también otras fugas hacia allí”, relata Dos Santos Gomes. Además, sus habitantes, munidos de armas caseras o pistolas y escopetas robadas o cedidas por colaboradores comerciales, realizaban expediciones que inducían a los cautivos de las senzalas [los barracones para el alojamiento de los esclavos en las plantaciones] a escapar, y también se producían raptos, para aumentar la población de la comunidad fugitiva. La articulación entre quilombolas y esclavos de las senzalas de los grandes ingenios provocó una rebelión en el ingenio de Santana, en Bahía, en 1789. Se produjeron levantamientos sucesivos hasta 1828, período en el cual se formó, según  refiere Dos Santos Gomes, una economía rural de negros fugitivos.

Por lo general, cercaban los palenques con vallas y maderas puntiagudas, pero sus moradores no se limitaban a protegerse. “Ciertas circunstancias temporales o locales convertían a algunos palenques en unidades guerrilleras, infundiendo el temor en las plantaciones”, dice el investigador. No obstante, la forma más eficaz y lucrativa de protección era la conformación de redes de colaboradores económicos, que incluían a otros labradores, garimpeiros [buscadores de oro o piedras preciosas), pescadores, vendedores ambulantes y pasteleros, indígenas y soldados desertores, además de esclavos comerciantes liberados, aquéllos que compraban la libertad a sus amos. En la década de 1870, la leña que abastecía a la Corte Imperial, la producían los palenqueros del manglar del río Iguaçu, en el estado de Río de Janeiro, y la comercializaban esclavos recientemente liberados.

...y recolectando arroz en el palenque de Morro Seco (São Paulo), en 2015

Eduardo Cesar …y recolectando arroz en el palenque de Morro Seco (São Paulo), en 2015Eduardo Cesar

“Los palenques siguieron multiplicándose incluso cuando se abolió la esclavitud, si bien ya no figuraban en los documentos policiales y en las denuncias de los periódicos”, dice Gomes. Durante los primeros tiempos posteriores a la Ley Áurea [que abolió la esclavitud], “continuaron migrando, desapareciendo, emergiendo y disolviéndose en el entramado de la vida rural de Brasil”, manteniendo la característica de interactuar y mezclarse con sus entornos. El investigador atribuye la invisibilidad de los palenques luego de la abolición a los reempadronamientos poblacionales y censos agrícolas que no poseían criterios claros y constantes al respecto de la raza o color y no sabían cómo clasificar a las actividades económicas que variaban entre “la agricultura familiar, el trabajo estacional y el extractivismo”. Además, las comunidades negras rurales de comienzos del siglo XX estaban signadas por desplazamientos determinados por las variaciones de trabajo o residencia. El sostén principal continuó siendo el comercio de la producción agrícola. “Muchas comunidades elaboran harina y, tal como lo hacían en el pasado, venden parte de la producción”, dice Dos Santos Gomes.

La antropóloga Neusa Gusmão, docente jubilada de la Facultad de Educación de la Universidad de Campinas (Unicamp), relativiza la estricta continuidad entre los conglomerados de esclavos fugitivos y las actuales comunidades negras rurales. “No se puede afirmar con certeza que el campesinado negro actual sean descendientes de los antiguos palenque”, dice la profesora, quien estudió y escribió acerca de la cultura negra en el campo. “La denominación actual de quilombo obedece a una reconfiguración del término que los identifica como ligados a la tierra y a prácticas culturales propias”.

Ella coincide, sin embargo, en que la invisibilidad de estos grupos en los años 1970 y 1980 “era casi absoluta, tanto en el medio social como en el académico”. El cobro de visibilidad, para lo cual contribuyó el perfeccionamiento de los métodos de investigación demográfica, tuvo en la Constitución de 1988 tan sólo una de sus etapas. En ese mismo año, el tema de los palenques asociados a la identidad negra salió a la luz debido a los eventos y protestas que se organizaron para conmemorar los 100 años de la abolición. Algo similar ocurrió en 1995, en ocasión de conmemorarse los 300 años de la muerte de Zumbi, el líder de Palmares, el quilombo que fuera el más conocido. Según el investigador, la tarea de entidades tales como la Fundación Cultural Palmares, ligada al Ministerio de Cultura, ha sido importante, porque reconoce y certifica a las comunidades remanentes de los palenques y, principalmente, los estudios académicos en varias áreas que “han contribuido para articular los movimientos sociales en torno a esas comunidades”.

Libro
GOMES, F. S. Mocambos e quilombos – Uma história do campesinato negro no Brasil. São Paulo: Companhia das Letras, 2015, 238 p.

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