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Cartas del Editor | 243

Retorno al método científico

Tras una larga serie de errores, las cápsulas de fosfoetanolamina que las personas con cáncer consumen en forma informal finalmente adquirirán el estatus de fármaco probado científicamente en seres humanos. Durante este semestre se dará inicio a los ensayos clínicos con pacientes en los estados de São Paulo, Río de Janeiro y Ceará, en Brasil, y una vez que finalice esta etapa, los médicos podrán determinar si la sustancia resulta eficaz contra los tumores efectivamente. Sin este trabajo controlado, lento y costoso, se estaría al calor de relatos meramente subjetivos, basados en percepciones particulares, sin información clara al respecto de la real eficacia de la droga.

El historial de la fosfoetanolamina resulta infrecuente por el interés que concitó entre la clase política, a instancias de un público que percibe en el compuesto una posibilidad de cura del cáncer. Se trata de un público alimentado por los relatos alentadores de pacientes y médicos que hicieron uso del medicamento elaborado en forma artesanal por un laboratorio del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (USP), en el campus de São Carlos.

La movilización de pacientes y familiares condujo a que la sustancia fuera aprobada rápidamente en todas las instancias del Congreso Nacional, con su uso autorizado por la Presidencia de la República, aun ante opiniones en contra de asociaciones científicas y médicas. El problema radica en que se omitió, concretamente, la etapa en que el medicamento sería probado para conocer su efecto en el organismo humano. Es decir, para saber si la droga podría causar algún tipo de problema que aún no se encuentra registrado, si es inocua, o si aporta beneficios a los enfermos con cáncer.

El reportaje de tapa de la presente edición recorre la accidentada trayectoria de la fosfoetanolamina. Ahora, la gobernación paulista financiará el primer protocolo científico al respecto. También se llevarán a cabo iniciativas similares en Fortaleza y en Río de Janeiro. Por ahora, todo el conocimiento acerca de los posibles efectos terapéuticos del medicamento se basa en lo que se observó en los ensayos in vitro, en cultivos de células de animales o humanas en laboratorio, como también en pruebas in vivo en modelos animales, generalmente ratones. Eso muy poco como para determinar si también sirve para personas.

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Los expertos del área de la salud también están preocupados por otras enfermedades graves. Entre las más recientes figuran las provocadas por hongos, que en los últimos años pasaron a generar infecciones cada vez más resistentes. Según estimaciones oficiales, en el mundo mueren anualmente 1.500.000 personas por infecciones con hongos, una cifra mayor que la de los óbitos a causa del paludismo y la tuberculosis. En Brasil serían cuatro millones de infectados por hongos cada año. Una de las razones para ello radica en la disminución de las defensas naturales de los pacientes, a raíz de enfermedades o por el uso de medicamentos. Investigadores brasileños de diferentes universidades y estados, en consonancia con colegas británicos, están trabajando para definir las mejores opciones de diagnóstico y tratamiento de neumonías agudas y crónicas de origen fúngico.

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Fuera del área de la salud, hay otros reportajes interesantes en el amplio menú de Pesquisa FAPESP. Destaco dos de ellos, muy distintos entre sí. El primero se refiere a una nueva tecnología destinada al control biológico de plagas, que está lista para su uso comercial. Se trata de un bioinsecticida elaborado a partir de nematodos (gusanos del suelo) que combaten a los insectos de los cultivos. Otro estudio indica que las normas y las prácticas internas pueden ir en detrimento de la calidad y cantidad de los debates de los jueces del Supremo Tribunal Federal (STF), protagonista frecuente en el panorama brasileño actual.

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