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Ecología

Vuelos colectivos

La interacción entre investigadores académicos y observadores de aves fortalece la producción científica

Aves urbanas: una caminata por el monte del Instituto Butantan

Eduardo Cesar Aves urbanas: una caminata por el monte del Instituto ButantanEduardo Cesar

La colaboración entre investigadores académicos y no académicos en el estudio de la distribución geográfica de aves en Brasil ha sido fructífera. Partiendo de WikiAves, una base con registros de casi todas las especies brasileñas conocidas y 1,6 millones de fotos sacadas por 24 mil usuarios, biólogos de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio) verificaron que cinco especies de pájaros del género Drymophila, conocidos como tiluchíes, ganaron terreno en el Bosque Atlántico de la costa. De acuerdo con los registros de observadores de aves, una de las especies, D. scuamata, vive actualmente en un área que es 283 mil kilómetros cuadrados mayor que la que había sido registrada antes por el equipo de la PUC en consultas realizadas en museos y en artículos científicos publicados durante los últimos 100 años.

“Los observadores de aves pueden ayudar mucho en la investigación científica, porque hacen registros de especies o de comportamientos en lugares donde los investigadores ligados a las universidades nunca estuvieron o difícilmente estarán”, dice el biólogo Henrique Rajão, responsable de los estudios sobre Drymophila. Él y la bióloga Érica Santos están ahora redactando un artículo científico en el cual se refieren a la ampliación del espacio ocupado por las aves de este género, que no pasan de 14 centímetros de largo y pueden tener plumas rojas o rojizas, de acuerdo con la especie.

Dacnis azul

Luciano Lima/ Colección Butantan Dacnis azulLuciano Lima/ Colección Butantan

Rajão interactúa con observadores de aves desvinculados de instituciones académicas desde febrero de 2002. Fue cuando el presidente de la Asociación de Amigos del Jardín Botánico de Río de Janeiro le preguntó si podría guiar a un grupo de visitantes en un paseo de observación, pues uno de los socios había donado 12 largavistas y nadie sabía usarlos correctamente. Con la sensación de haber sido rebajado, Rajão alegó que no era guía sino científico: en esa época estaba cursando su doctorado en genética de aves. Con todo, y aunque de mala gana, aceptó el pedido y observó el encanto del grupo de alrededor de 20 habitantes de Río que por primera vez veían un tucán, un picaflor corona violácea o un pájaro carpintero mientras caminaban por el monte de 137 hectáreas del Jardín Botánico, contiguo a la Selva de Tijuca. A Rajão le agradó la experiencia, a punto tal que condujo los paseos siguientes, realizados el último sábado de cada mes de manera continua desde hace 14 años. Inspirados en esta experiencia, biólogos del Instituto Butantan crearon el Observatorio de Aves, y desde 2014 organizan paseos mensuales con decenas de personas que igualmente se deslumbran con pájaros carpinteros, caranchos, zorzales chalchaleros, reinitas coronidoradas y otras aves del monte de 60 hectáreas del instituto paulista. Actualmente, más allá de las actividades de educación y divulgación científica, el Observatorio realiza un monitoreo de largo plazo de poblaciones de especies silvestres e investigaciones sobre ecología, historia natural y vigilancia epidemiológica, mediante la recolección y el análisis de microorganismos encontrados en aves.

Reconocimiento
Durante la mañana del 22 de mayo, el último día del Avistar, un congreso de observadores de aves realizado en el Butantan, Rajão expuso su admiración por el trabajo de expertos no académicos al presentar los artículos científicos escritos por el médico Roberto Stenzel y por el odontólogo Pythagoras Souza sobre los hábitos reproductivos del jejenero carinegro (Conopophaga melonops), al que los ornitólogos aún no habían descrito. Si bien esto no constituye la regla, los investigadores no académicos conquistan el respeto de los académicos también en otras áreas, como el juez Elton Leme, quien se convirtió en un experto en bromeliáceas y firma artículos científicos junto a botánicos profesionales (lea el reportaje).

“Necesitamos más colaboradores”, dijo varias veces el biólogo Pedro Develey, director ejecutivo de la organización no gubernamental Save/BirdLife, durante el Avistar. “Los ornitólogos solos no lograrán mapear la biodiversidad de Brasil”. Diez días antes, en la computadora de su oficina, Develey había observado una vez más con inquietud un mapa animado que mostraba el desplazamiento de 118 especies de aves migratorias del norte al sur de América. Este mapa fue elaborado en la Universidad Cornell, de Estados Unidos, con base en millones de registros obtenidos entre 2002 y 2011 y publicado en enero de 2016 en el sitio web del laboratorio de ornitología de dicha institución. En el referido mapa, el territorio brasileño aparece prácticamente vacío, sin registros de chorlos y chorlitejos, ostreros, playeros, cigüeñuelas, zarapitos, aguateros, falaropos y otras especies de aves migratorias que pasan por Brasil.

Frutero coronado

Luciano Lima/ Colección Butantan Frutero coronadoLuciano Lima/ Colección Butantan

La prioridad ahora son los playeros, que constituyen grupo de aves de 15 centímetros de largo y un peso de entre 100 y 200 gramos, con cinco especies amenazadas de extinción. Todos los años, miles de representantes de este grupo se reproducen en el Ártico o en Canadá. Cuando llega el invierno, parten hacia un viaje de seis mil kilómetros rumbo al sur. Paran, descansan y se alimentan, fundamentalmente en el litoral del Maranhão, Rio Grande do Norte, Paraíba, Bahía, Sergipe y Rio Grande do Sul. Después siguen hasta Argentina, desde donde parten al comienzo del invierno rumbo al norte. Según Juliana de Almeida, gerente de proyectos de Save/BirdLife, debido a la pérdida de lugares de descanso y de alimentación en Brasil y en otros países, una de las especies de este grupo, el playero ártico (Calidris canutus), se encuentra amenazada de extinción.

“Todos pueden participar en el proceso tendiente a entender qué está sucediendo con las aves en el mundo”, reforzó John Fitzpatrick, director del laboratorio de ornitología de Cornell. En Estados Unidos, alrededor de 50 millones de personas se dedican a la observación de aves. “Somos un ejército”, dijo Fitzpatrick. Desde 1997, el grupo de Cornell publicó más de 60 artículos científicos fundamentados en registros hechos por observadores de aves no académicos, una forma de colaboración que cobra fuerza en Estados Unidos. En enero de 2016, el gobierno federal reconoció el valor de los colaboradores no académicos y distribuyó un conjunto de orientaciones entre los órganos públicos para que aprovechen más la participación de los ciudadanos como parte de sus estrategias de innovación. Un comunicado emitido en abril pora la Unión Geofísica Americana incentiva la participación de la población: “¿Vio un deslizamiento, sintió un temblor de Tierra u observó los primeros brotes de la primavera? Use su celular y envíenos un registro”.

En una experiencia similar, en 2015, mediante carteles de “buscado” , investigadores de São Paulo y de Rio Grande do Sul lanzaron una campaña para hallar a una especie invasora de abejorro, el Bombus terrestris o abejorro común, que se había propagado por Argentina y avanzaba rumbo a Uruguay. Su llegada, probablemente por el sur de Brasil, podría perjudicar a la agricultura y a las especies nativas de abejas y abejorros. En un año y medio, desde que lanzó la campaña, el biólogo André Luis Acosta, investigador del Núcleo de Apoyo a la Investigación en Biodiversidad y Computación de la Universidad de São Paulo (USP), recibió alrededor de 100 fotos sobre potenciales avistamientos de la especie buscada, pero ninguna lo era. “Como la campaña sigue en marcha”, dice el científico, “en cualquier momento podremos detectar el momento de su llegada a Brasil y tomar las medidas necesarias para reducir su impacto sobre la agricultura”. Este recurso ya se ha utilizado otras veces. A comienzos del siglo XX, el médico Vital Brazil, el primer director del Butantan, incentivaba a los habitantes de las haciendas del interior paulista a enviar al instituto las serpientes que encontraban, debidamente acondicionadas en cajas que él les enviaba en los trenes del ferrocarril Estrada de Ferro Noroeste do Brasil, y a cambio les remitía sueros antiofídicos, también en tren y sin costos.

El abejorro común: probable entrada por el sur de Brasil

André Luis Acosta/ USP El abejorro común: probable entrada por el sur de BrasilAndré Luis Acosta/ USP

WikiAves y eBird
Los 40 mil observadores de aves no académicos y alrededor de 500 ornitólogos vinculados a las instituciones formales de investigación académica pueden registrar en dos bases de datos las informaciones sobre las especies que ven en Brasil. La primera es WikiAves, creada en 2008 y mantenida por el analista de sistemas y observador de aves Reinaldo Guedes. De alcance nacional, WikiAves contiene registros de 1.860 de las 1.916 especies brasileñas conocidas. La segunda base es eBird, creada en la Universidad Cornell y de alcance mundial. La versión en portugués, creada y mantenida en asociación con el Observatorio de Aves del Instituto Butantan, la PUC-Río y Save Brasil, se encuentra en funcionamiento desde el año pasado y reúne a alrededor de 1.200 usuarios en Brasil, muchos menos que los 24 mil de la otra base.

Ambas bases están abiertas a cualquier interesado, generan información que dimensiona la riqueza biológica de cada lugar, cuentan con seguimiento de monitores voluntarios y puede accederse y operar en ellas vía celular. Mientras que WikiAves valora las fotos y a sus autores, eBird pone de relieve la cantidad de ejemplares de cada especie observada, lo que permite calcular la variación del tamaño de las poblaciones y hacer estudios de migraciones por toda América.

Los ornitólogos reconocen la calidad de la información y la importancia de las bases de datos construidas por no académicos, pero se inquietan ante una característica de WikiAves que limita los estudios académicos: esa base indica solamente los municipios, que son inmensos en la región norte de Brasil, y no el lugar exacto de cada registro. Asimismo, los observadores de aves no siempre registran la información con el rigor y la precisión que desean los ornitólogos de instituciones formales de investigación. Para asegurar la calidad de la información, biólogos de Estados Unidos y de Canadá proponen en el editorial de la edición de junio de Conservation Biology que la interacción y la capacitación de los colaboradores no académicos en la recolección de información se intensifiquen.

La tortolita amarillenta: reencontrada después 75 años

Wagner Nogueira La tortolita amarillenta: reencontrada después 75 añosWagner Nogueira

“Los eventuales errores tienden a desaparecer ante el volumen de información”, acotó Mario Cohn-Haft, ornitólogo del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), con sede en la ciudad de Manaos. “Hay también errores colectivos, como los de identificación de especies, que se propagan, pero pueden ser rastreados y corregidos”. En consideración a los observadores de aves, Cohn-Haft presentó en el Avistar, bajo la forma de películas cortas y grabaciones de sonidos de aves, los primeros resultados de una expedición científica que coordinó a Serra da Mocidade, zona serrana del estado de Roraima. El viaje, realizado entre enero y febrero de 2016, reunió a casi 70 participantes, y resultó en la identificación de 40 posibles nuevas especies de animales y plantas. Y será mostrado en un documental que saldrá durante el segundo semestre de este año.

Fue también en el Avistar que el biólogo Rafael Bessa anunció el redescubrimiento de la tortolita amarillenta (Columbina cyanopis). Descubierta en 1823, esta especie de ojos azules y cabeza con plumas marrones, pecho cobrizo y alas marrones y verdosas con manchas azules, fue vista por última vez en 1941 en Cerrado do Sul de Goiás, en tanto que él la reencontró en julio de 2015 en el interior de Minas Gerais. Bessa subió una foto de la tortolita amarillenta a WikiAves, pero sin revelar el lugar exacto para impedir una carrera de observadores o cazadores de aves, hasta que se implemente el plan de preservación de un área particular de Cerrado con 400 hectáreas donde ya se han visto 12 ejemplares de esa especie desde 2015.

Artículo científico
LUKYANENKO, R. et al. Emerging problems of data quality in citizen science. Conservation Biology, v. 30, n. 3, p. 447–9, 2016.

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