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CARTA DE LA EDITORA | 354

Para entender el envejecimiento

Los artículos referentes al envejecimiento son atractivos para leer, especialmente para quienes buscan burlar el destino de todo ser vivo. La humanidad ha avanzado mucho en términos de longevidad; pero, para hallar nuevas formas de postergar la vejez, la ciencia necesita entenderla, algo a lo que ha venido dedicándose en forma creciente desde hace varias décadas.

Un enorme cuerpo de investigaciones apunta una multiplicidad de procesos implicados en el envejecimiento, y no sólo uno. El reportaje de tapa de la presente edición presenta las principales líneas de investigación al respecto de los mecanismos celulares y moleculares asociados a la senectud, con relieve para la participación brasileña. Dos procesos importantes están constituidos por la pérdida de la capacidad de multiplicación de las células, lo que dificulta la renovación de los tejidos, y por la posibilidad de realizar autorreparaciones en el ADN cuando surgen defectos. Otros procesos involucran a orgánulos como las mitocondrias, a estructuras como los telómeros y al perfil genético de cada persona. Más que brindar respuestas definitivas, el estado del arte de la investigación científica resalta la complejidad del problema.

A otra escala, la de las células cultivadas en laboratorio, surge un nuevo concepto que ha tenido éxito: el cultivo tridimensional. En un ambiente bidimensional, como el de una placa de Petri, las células forman una capa plana, a diferencia de como se encuentra estructurada en el organismo vivo. La idea de promover un cultivo en una suspensión de gel permitió no sólo la proliferación de las células, sino también la reproducción de su arquitectura. El artículo de la página 58 muestra de qué manera un grupo del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, valiéndose del cultivo tridimensional, identificó conexiones físicas entre la información genética del núcleo de la célula y el ambiente celular, ampliando la comprensión al respecto de las relaciones de la célula con el medio que la envuelve.

Reportajes sobre las orugas del género Lonomia conocidas vulgarmente como tataranas, dotadas de veneno en las puntas de sus cerdas, y el uso de avispas para el control biológico del huanglongbing (HLB), anteriormente denominado greening, una enfermedad que acomete a los naranjales, también forman parte de esta edición que, por cierto, no está restringida sólo a la biología. Durante su visita a Brasil, el físico experimental Daniel Kleppner, del Massachusetts Institute of Technology, concedió una entrevista en la cual relata sus investigaciones, que posibilitaron avances como el Sistema de Posicionamiento Global (GPS). Más allá de sus significativas contribuciones a la física atómica, el investigador se dedicó a la docencia, sosteniendo que la investigación y la educación van a la par: “La enseñanza debe ser un proceso creativo para hallar nuevas maneras de entender las cosas, lo cual también forma parte de la labor de investigación científica”.

Las fotografías en el mundo actual son objeto del artículo de la página 84, que muestra cómo su omnipresencia se encuentra vinculada no sólo a la popularización de las cámaras, sino también a la ampliación del acceso a los viajes turísticos. Hacia el final del siglo XIX, los medios de transporte y la concesión de vacaciones remuneradas ampliaron el turismo, y las ansiadas vacaciones no serían completas sin su correspondiente registro, lo cual tornó a la cámara fotográfica personal un objeto de deseo.

El Instituto Serrapilheira, un centro privado dedicado al fomento de la investigación en las ciencias de la vida, las ciencias físicas, las ingenierías y la matemática anunció el inicio de sus actividades. Esta iniciativa del documentalista João Moreira Salles constituye un ejemplo positivo de asignación de recursos privados para beneficios públicos, en este caso, la investigación científica. De tener éxito, el Instituto Serrapilheira podrá ser una inspiración para otras iniciativas similares.

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