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ENTREVISTA

Adam Brown: Libretos para superar obstáculos

Experto británico sostiene que el sector de bioenergía sufrió una desaceleración y requiere de un mayor apoyo de políticas públicas

Eduardo Cesar “Brasil hizo mucho para incentivar la producción de bioenergía. Por eso, aún mantiene su liderazgo en ese sector”Eduardo Cesar

Entre 2010 y 2012, la Agencia Internacional de Energía (IEA) elaboró una lista de análisis del conocimiento científico sobre diversos tópicos relacionados con el uso de las energías renovables, que apuntó pautas para superar retos tecnológicos en diferentes escenarios. Esas publicaciones, denominadas roadmaps, se están actualizando para un nuevo lanzamiento este mismo año de una nueva versión sobre la bioenergía, fruto de un proceso de revisión de la literatura científica en el que trabajaron investigadores del Programa FAPESP de Investigaciones en Bioenergía (Bioen). El físico inglés Adam Brown, coordinador del área de bioenergía de la IEA, presentó un avance de la nueva edición en el marco del evento Brazilian Bioenergy Science and Technology Conference (BBest), que se llevó a cabo del 17 al 19 de octubre en la localidad de Campos do Jordão, en el interior del estado de São Paulo.

En una entrevista que le concediera a Pesquisa FAPESP, Brown expresó que el sector de la bioenergía crece actualmente en el mundo a un ritmo que se considera lento. Uno de los motivos es la falta de políticas públicas capaces de garantizar la expansión de los biocombustibles, analiza Brown, doctor en física por la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, quien posee 35 años de experiencia trabajando con gobiernos y con el sector industrial.

La IEA, fundada en 1974 y con sede en Paris, Francia, está ligada a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y es una de las principales referentes en cuanto a la producción de datos globales sobre energía.

El 31 de octubre, se anunció que Brasil pasa a formar parte de los países asociados a la institución, junto con China, India, Indonesia, Marruecos, Singapur y Tailandia. A partir de este acuerdo, Brasil y la agencia planifican un trabajo conjunto en varios proyectos, entre los cuales figura la implementación de la Plataforma para el Biofuturo, un emprendimiento que agrupa a representantes de los sectores público y privado de diversos países para promover el uso de los biocombustibles. A continuación, se transcribe el contenido de la entrevista con Adam Brown.

¿Cuáles son los objetivos del roadmap y las novedades de la nueva edición en relación con las anteriores?
El objetivo es evaluar lo que se necesitaría para viabilizar la bioenergía en el futuro. El roadmap lanzado ahora también persigue esa meta, con la diferencia de que nos basamos en una actualización realizada a partir de artículos científicos sobre nuevas tecnologías en bioenergía publicados en 2017. A partir de la publicación de los primeros roadmaps cambiaron muchas cosas. Los vehículos eléctricos, por ejemplo, están desarrollándose rápidamente. La cosa es que la bioenergía ha crecido, pero en los últimos años lo ha hecho a un ritmo más lento. Las nuevas tecnologías y métodos desarrollados en el sector, como es el caso de la producción del etanol de segunda generación, no están creciendo con tanta rapidez como esperábamos.

¿Por qué?
Como ya he dicho, la producción de vehículos eléctricos está aumentando y es prometedora, aunque aún incipiente. El año pasado había 2 millones de coches eléctricos en todo el mundo. Desde mi punto de vista, uno de los factores principales que inciden para la desaceleración del sector de la bioenergía es la falta de políticas públicas para encauzar iniciativas en algunos países. Estamos hablando de Europa, donde hay una gran incertidumbre política en cuanto al futuro de la bioenergía. Esas vacilaciones han llevado a que muchos países no implementen políticas capaces de promover la producción de bioenergía. Consecuentemente con ello, la falta de incentivos políticos provoca que las inversiones privadas se retraigan. Otro de los factores es que los precios de los combustibles fósiles cayeron considerablemente. Un barril de petróleo, que hace algunos años costaba 120 dólares, hoy cotiza alrededor de unos 55 dólares. El caso es que el petróleo aún es barato, un hecho que torna difícil la vida de aquéllos que producen biocombustibles. En algunos casos, la electricidad generada a partir de bioenergía es más cara. Por eso, el contexto en el cual opera actualmente la bioenergía es mucho más complejo que antes.

La incertidumbre que cunde en Europa ha conducido a que muchos países no implementen políticas de promoción de la bioenergía

¿El problema radica en que las nuevas tecnologías en bioenergía que se están investigando y desarrollando aún no convencieron a los tomadores de decisiones?
Para darle impulso a los biocombustibles, la bioenergía y otras tecnologías de baja emisión de contaminantes, es necesario contar con un contexto político que avale tales iniciativas. Además, existe una gran diferencia entre un combustible fósil, donde la mayor parte de los gastos se concentra en la extracción y el destilado, y la mayoría de las tecnologías renovables, que dependen mucho más de nuevas inversiones, principalmente en investigación y desarrollo. Si hay políticas públicas que generen un panorama confiable y seguro para los próximos 10 ó 15 años, los inversores tendrán confianza porque podrán tomar préstamos a tasas de interés más bajas. Esto abarataría los costos de producción de biocombustibles. En definitiva, existe una correlación entre la estructura política y el costo de la energía producida. Si un país desea elevar la participación de los biocombustibles en su matriz energética, el escenario político debe ser favorable para esa propuesta.

En los últimos años, la extracción de petróleo y gas de la capa del presal en el litoral brasileño compitió con las inversiones en biocombustibles en el país. ¿Ese sería otro factor de debilitamiento de los biocombustibles?
En Brasil existe una experiencia a largo plazo en el mercado de biocombustibles. El país hizo mucho para incentivar la producción de bioenergía. Existen estructuras políticas y cierto historial en la creación del mercado de biocombustibles, algo que garantiza inversiones. Es un panorama que no se observa en otros países. Creo que es por eso que Brasil aún sigue siendo un líder del sector. Acá se está desarrollando mucha innovación en bionenergía.

El roadmap esboza proyecciones para 2060. ¿Podría citar ejemplos?
En un escenario de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero para 2060, evaluamos que la bioenergía tendrá un papel unas cinco veces mayor que el actual, en términos de producción final de energía. Ese uso estará concentrado en el segmento del transporte, donde se pasará de un consumo de 3 exajulios –algo más de 833 teravatios hora (TWh)– [el 3% de la demanda para transporte] anuales en la actualidad, a 30 exajulios por año en 2060, un aumento de 10 veces. Para ello, la bioenergía y particularmente los biocombustibles no podrán utilizarse solamente en algunos países. Hay que considerar que las economías emergentes crecerán en las próximas décadas, lo que nos lleva a pensar que será necesario diversificar aún más la producción de energía, promoviendo una ampliación de la bioenergía en otros lugares del planeta. Por eso, otros países necesitan desarrollar capacidad técnica para producir biocombustibles e implementar políticas certeras al respecto.

En su disertación en el BBest, usted mencionó las controversias que aún sobrevuelan en torno a la producción de bioenergía. ¿En qué se basan tales discrepancias?
La bioenergía todavía es un tema controversial debido a las preocupaciones por saber si ella es, de hecho, sostenible. En primera instancia, se plantea si la bioenergía realmente promueve el secuestro de carbono. También hay preocupaciones en cuanto a posibles alteraciones en el uso de la tierra para la producción de biocombustibles, tal como la devastación de selvas tropicales. La tala de bosques tropicales provoca lo que se denomina deuda de carbono, causada por la conversión de ecosistemas naturales en áreas de cultivo para la producción de biocombustibles. Tan es así que hay una serie de cuestionamientos acerca de los beneficios reales de ese tipo de energía. Surgen algunos planteos: ¿la producción de bioenergía competirá con la producción de alimentos? ¿Eso impactará sobre la vida silvestre y también en la biodiversidad? En Europa, estos temas son más preponderantes. En Bruselas, la capital de Bélgica, uno se topa, de hecho, con mucha gente que no cree que la bioenergía sea algo bueno. Hay que convencerlos de que la bioenergía puede producirse en forma sostenible. En países como Brasil y Estados Unidos, la perspectiva es otra y la bioenergía cuenta con mayor aceptación.

Eduardo Cesar Plantación de caña de azúcar en una finca en la ciudad de Olímpia, en el interior del estado de São PauloEduardo Cesar

Pero incluso en Estados Unidos y en Brasil hay grupos que sostienen que la bioenergía puede constituir una amenaza para la seguridad alimentaria y que también propicia el avance de los monocultivos. ¿Qué piensa de eso?
No puede afirmarse que la bioenergía sea totalmente buena o mala. Puede producírsela de manera tal que su impacto sea positivo o negativo. Está claro que algunos procedimientos son condenables. Por ejemplo, no está bien talar las selvas, no importa cuál sea el motivo. El secreto consiste en identificar las maneras de producir bioenergía y obtener resultados beneficiosos. Eso significa que hay, de hecho, cosas que no deben hacerse, pero también existen muchas oportunidades para ejecutar técnicas y metodologías que no promuevan la competencia con la producción de alimentos, por ejemplo. Puede instaurarse una sinergia entre la producción y oferta de alimentos y la energía eléctrica sostenible.

En 2015, fue divulgado el informe internacional Bioenergy & Sustainability: Bridging the gaps, fruto de un convenio entre la FAPESP y el Comité Científico para Problemas del Ambiente (Scope, en inglés). Ese documento presenta experiencias exitosas y otras que fracasaron.
Exactamente. En la actualidad, por ejemplo, la producción de aceite de palma en ciertas regiones de Asia resulta preocupante, porque se cree que la perspectiva de producción de dicho aceite conduce una tala indiscriminada. Está ampliamente aceptado que no deben utilizarse las tierras pertenecientes a selvas tropicales porque éstas constituyen una gran reserva de carbono. Pero hay ejemplos positivos en lugares como Brasil. Las tierras de pastoreo se están utilizando en forma más productiva, liberando áreas que pueden emplearse para la producción de caña de azúcar dentro de un esquema que contempla el aprovechamiento de residuos para generar energía eléctrica.

¿Uno de los objetivos de la IEA apunta a marcar esos buenos ejemplos?
Nosotros tratamos de identificar maneras por medio de las cuales resulte posible producir bioenergía sin causar problemas, tal como un menoscabo de la seguridad alimentaria. En los últimos años, la IEA está elaborando una serie de roadmaps que contemplan más de 30 tecnologías en bioenergía. En 2011, se lanzó uno referido a biocombustibles para el transporte y, en 2012, otro que versa sobre el empleo de bioenergía en sistemas de distribución de la calefacción.

¿Qué opina de la postura del presidente estadounidense, Donald Trump, en cuanto a revocar el plan de energía limpia que se implementó durante el gobierno de Barack Obama?
No estoy en condiciones de hacer muchos comentarios al respecto. Todavía no está claro a qué se enfrentarán los estadounidenses en los próximos años. Por ahora, el gobierno de Trump parece apoyar la producción de etanol de celulosa, por ejemplo. Pero deberemos aguardar para ver cómo evolucionan los hechos. Sólo así será posible analizar el rumbo que tome la bioenergía en Estados Unidos.

Con base en el nuevo roadmap de la IEA, ¿qué recomendaciones puede ofrecerle a Brasil?
Noto que la bioenergía debe estar cada vez más integrada con el sistema agrícola en su conjunto. Esto significa una articulación de la producción de alimentos con la de biocombustibles y otros productos agrícolas. Y Brasil ya viene poniendo en práctica ideas de este tipo. Cuando miramos hacia el futuro, en el cual la bioenergía podría desempeñar un rol más preponderante, particularmente en el transporte automotor, advertimos que será necesario producir una variedad más amplia de biocombustibles, más allá del etanol y del etanol de segunda generación. Los biocombustibles incluso tiene potencial de utilización en la aviación y en el transporte marítimo, y esa deberá ser una perspectiva creciente en Brasil. Por eso, es necesario concentrarse en cómo optimizar la eficiencia con la cual producimos biocombustibles. El agregado de un 50% de etanol a la gasolina sería algo óptimo, pero si nos planteamos un escenario de reducción de las emisiones de carbono, el alcance de los biocombustibles debe ser aún mayor. Es más que necesario un gran esfuerzo de investigación en este sector.

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