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Trayectorias

Innovación a flor de piel

La bioquímica Carolina Reis se radicó en Estados Unidos y creó una empresa que elabora tejido artificial para desarrollar productos antiedad

Archivo personal Desde que se graduó, la bioquímica Carolina Reis buscaba trabajar en investigaciones cuyos resultados pudiesen ser puestos a disposición de la sociedad de un modo más rápido y efectivo. Sin embargo, fue recién en 2015, ya cerca de finalizar su doctorado en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), cuando ella logró identificar el potencial de su investigación, por entonces enfocada en el uso de células madre pluripotenciales como modelo para testear fármacos.

Junto con dos colegas, fundó CellSeq, una startup dedicada a la producción de diferentes tipos de células humanas que pudiesen venderse a empresas de la industria farmacéutica y de cosméticos. Ellas enviaron el proyecto de negocio al Startup and Entrepreneurship Ecosystem Development (Seed), un programa de aceleración de startups en Minas Gerais.

El programa de aceleración duró seis meses. Las dificultades que afrontaron fueron varias. “A pesar de haber participado en muchas actividades relacionadas con el emprendimiento, cuando decidí iniciar el proyecto no sabía por dónde comenzar, no conocía las herramientas o las etapas de desarrollo de un negocio”, relata Reis.

Un aspecto importante para la viabilidad de la empresa era la identificación de su público objetivo. En ese entonces, tanto a nivel global como en Brasil, estaba en el tapete el debate sobre la necesidad de sustituir el uso de animales en los test de cosméticos. “Aprovechamos ese reclamo y decidimos focalizarnos en esa industria, trabajando en el desarrollo y convalidación de métodos que pudiesen sustituir el uso de animales en el desarrollo de nuevos productos”, dice.

Poco después, el proyecto fue aceptado para participar en el StartUp Brasil, un programa de aceleración de startups del gobierno federal. Pese a recibir apoyo financiero, el proyecto no prosperó. “La falta de experiencia de las aceleradoras en el área de biotecnología, sumada a un mercado brasileño escasamente innovador dificultó las cosas”.

Empero, en el marco de un Demo Day promovido en 2016 por StartUp Brasil, en Belo Horizonte, la marcha del negocio comenzó a cambiar. “En ese evento, los emprendedores presentaban sus ideas de negocio a diferentes tipos de inversores”, relata. Ahí fue que Reis trabó contacto con IndieBio, una aceleradora de biotecnología de San Francisco, en Estados Unidos.

Ella y sus socias rediseñaron el proyecto. Luego de enviarle su propuesta a IndieBio y superar algunas entrevistas resultaron seleccionadas. Carolina Reis se mudó a Estados Unidos y fundó allá la empresa OneSkin Technologies. La meta inicial fue la reconstrucción de todas las capas de tejido de la piel para proveer a la industria con test de seguridad más sólidos. Una vez que dominaron la tecnología, la empresa desarrolló un método para calcular el potencial rejuvenecedor de los productos para la piel. Ahora se encuentran enfocados en el desarrollo de nuevos productos con ese potencial.

La firma cuenta actualmente con siete empleados, cinco en San Francisco, que trabajan con los productos en laboratorio, y dos en Brasil, abocados al análisis de datos a gran escala y al registro de la propiedad intelectual.

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