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Ambiente

La contaminación más allá de las minas

Ciertas áreas de la Amazonia inundadas por las represas hidroeléctricas pueden aumentar los niveles de mercurio en los peces que comen los habitantes locales

Pobladores ribereños en casas de palafitos a orillas del lago Tucuruí, en el estado de Pará: exposición excesiva al metal

Gabriela Arrifano

Las comunidades indígenas y ribereñas que habitan en áreas cercanas a las centrales hidroeléctricas en la Amazonia pueden estar expuestas a niveles altos de mercurio. Esta sospecha parte de un grupo de científicos brasileños y españoles coordinado por la bioquímica María Elena López, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad Federal de Pará (UFPA). Los investigadores analizaron muestras de cabellos de 37 pobladores costeros que habitan en islas en la región de Caraipé, en el lago Tucuruí, en los alrededores de la Central Hidroeléctrica de Tucuruí, en el estado de Pará, la segunda de Brasil en tamaño, y comprobaron que más de la mitad de los residentes presentaban niveles de contaminación hasta siete veces superior al límite de 10 microgramos de mercurio por gramo de pelo que establece como tolerancia la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Más del 80% del metal detectado estaba presente en su forma orgánica, el metilmercurio”, dice López. Ésta es la variante más tóxica del mercurio, capaz de burlar al sistema de defensa del organismo y llegar al cerebro. En estos casos, puede ocasionar un síndrome neurodegenerativo grave denominado enfermedad de Minamata, que se caracteriza por síntomas tales como temblores, ataxia, trastornos sensoriales, compromiso de la vista y de la audición y, en los casos extremos, parálisis y muerte. A pesar del registro de altos niveles de metilmercurio en el organismo, ninguno de esos pobladores había sido diagnosticado con algún problema de salud, algo que era de esperarse, según los investigadores. Los síntomas clínicos asociados a la contaminación por ese metal tardan años en manifestarse.

Los efectos de la represa

En el estudio, que salió publicado en la edición de enero de la revista Ecotoxicology and Environmental Safety, los científicos argumentan que los habitantes ribereños de Tucuruí se están contaminando a partir de la ingesta de peces. La primera sospecha era que el envenenamiento podría ser una consecuencia de la actividad minera, porque los casos de contaminación por mercurio en la Amazonia casi siempre están asociados a la extracción de oro. Una práctica usual de los mineros [garimpeiros] es que viertan mercurio en su forma líquida sobre la mezcla de arena y grava extraída de los ríos para atraer el metal precioso. Al hacer eso, liberan grandes cantidades de mercurio en el ambiente.

No obstante, al analizar el historial de la región, los investigadores constataron la existencia de varios enclaves mineros, aunque ninguno de ellos ligado a la extracción aurífera. Por eso ellos sugirieron que la fuente principal de contaminación por mercurio sería consecuencia de un efecto indirecto provocado por el funcionamiento de la usina hidroeléctrica de Tucuruí, que se construyó entre 1974 y 1985.

Los niveles de contaminación en los pobladores de la región de Caraipé son hasta siete veces superiores al límite tolerado por la OMS

María Elena López explica que la construcción de la represa generó ecosistemas cerrados que periódicamente se inundan. “El tiempo de permanencia del agua en algunas áreas del reservorio llega a 130 días por año”, dice la bioquímica. Tan es así que cada año, durante la época de lluvias, cuando el río se desborda e invade la selva, sus aguas ricas en material orgánico en descomposición se mezclan con la gran cantidad de materia orgánica joven. Con el tiempo y bajo el influjo de la luz solar, esos compuestos producen peróxido de hidrógeno (agua oxigenada), que promueve la liberación del mercurio inorgánico almacenado en el suelo. A continuación, las bacterias anaeróbicas convierten a esa sustancia en metilmercurio, que ingresa en la cadena alimentaria acuática.

La posibilidad de que esa dinámica se erija como un problema en la región ya había sido planteada hace casi 20 años por el biólogo estadounidense Philip Fearnside, quien actualmente trabaja en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por sus siglas en portugués), en artículos que había publicado en la revista Environmental Management. En el mes de agosto del año pasado, un estudio que apareció publicado en la revista PLOS ONE también hizo hincapié en el riesgo de contaminación por metilmercurio como una derivación de la construcción de represas en la Amazonia.

Sócrates Arantes/ Eletronorte Tucuruí es tan sólo una de las más de 400 usinas operativas o en construcción actualmente en la región amazónicaSócrates Arantes/ Eletronorte

“El suelo amazónico naturalmente presenta abundancia de mercurio en su forma inorgánica y menos agresiva”, comenta López. En algunas regiones, las características intrínsecas del suelo y del agua propician una concentración elevada de ese metal. Ése es el caso de la cuenca del río Negro, donde cada kilogramo de suelo contiene un promedio de 172 microgramos de mercurio, casi cuatro veces más que los niveles que se consideran normales para los suelos de otras regiones. “El inconveniente radica en que cualquier alteración ambiental puede provocar que el mercurio inorgánico sea liberado y se transforme en metilmercurio”, sostiene.

Al ser liberado en el medio ambiente, este metal es incorporado por las algas, que constituyen el alimento de los peces pequeños, que a su vez, son consumidos por peces mayores. “Los peces que se encuentran al tope de la cadena trófica presentan un riesgo mayor de acumulación de mercurio al alimentarse de organismos menores contaminados”, explica López. Éste es el caso del pavón, comúnmente denominado en Brasil tucunaré (Cichla sp.), una de las especies más consumidas en la región y ampliamente comercializada en Belém (PA). “Las muestras de pavones que analizamos presentaban niveles de mercurio similares a las detectadas en los peces de la cuenca del río Tapajós, donde se localiza la mayor área de yacimientos activos en Brasil”. Un estudio que salió publicado en la revista Science of the Total Environment en 1995 había identificado la presencia de metilmercurio en otra especie de peces en la región de la hidroeléctrica de Tucuruí, la corvina de río (Plagioscion squamosissimus).

La firma Eletrobras Eletronorte, que administra la Hidroeléctrica de Tucuruí, reconoce la complejidad e importancia del tema. En un comunicado, la empresa sostiene que “promueve y patrocina estudios que contribuyan a una mejor comprensión de los orígenes del mercurio en los ecosistemas naturales y antrópicos [alterados por el ser humano] de la región amazónica, así como los mecanismos biogeoquímicos que contribuyen a su desplazamiento, acumulación y transferencia entre los diferentes compartimientos ambientales”. También resalta que actualmente lleva adelante estudios sobre el rol de los microorganismos en la dispersión y acumulación del mercurio en la represa de la usina, en forma conjunta con la UFPA.

Eduardo Cesar Peces como el tucunaré acumulan metilmercurio al ingerir a otros organismos contaminadosEduardo Cesar

Riesgos extendidos
También se registran episodios de contaminación por mercurio en otros puntos de la Amazonia. Éste es el caso de ciertas tribus del estado de Roraima. En 2016, al analizar muestras de hilos capilares de 239 nativos de las etnias yanomani y yekuana de 19 aldeas, científicos de la Escuela Nacional de Salud Pública de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) verificaron que en algunas regiones hasta un 92% de los aborígenes presentaba contaminación por mercurio. En ese caso, sin embargo, el metal habría sido liberado en el ambiente por la actividad minera. “Los niños y las mujeres en edad reproductiva fueron los más afectados”, explica el médico Paulo Cesar Basta, quien coordinó el estudio de la Fiocruz.

Para el investigador, es importante establecer un plan de monitoreo ambiental para identificar las posibles fuentes de exposición al mercurio en la Amazonia, que parecen extrapolar la actividad minera. Hay más de 400 centrales hidroeléctricas en funcionamiento o en construcción en la región, sobre todo en la cuenca del Tapajós. “Otra estrategia consistiría en ahondar en los análisis de los cursos de agua de la región y trazar un mapa del riesgo de contaminación que pudiera utilizarse para orientar a las poblaciones locales”, sugiere. “Estamos hablando de comunidades aisladas y pobres que dependen de la pesca para su supervivencia”, subraya María Elena López. “Muchos de ellos ni siquiera saben que se están contaminando”.

Artículos científicos
ARRIFANO, G. P. F. et al. Large-scale projects in the amazon and human exposure to mercury: The case-study of the Tucuruí Dam. Ecotoxicology and Environmental Safety. v. 147, p. 299-305. ene. 2018.
Forsberg, B. R. et al. The potential impact of new Andean dams on Amazon fluvial ecosystems. PLOS ONE. v. 12, n. 8, p. 1-35. ago. 2017.

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