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Detección remota

Apoyo para enfrentar el fuego

Los estados brasileños empiezan a utilizar nuevas herramientas para analizar datos de quemas e incendios forestales

Combate de incendio en el Parque Indígena de Xingu (estado de Mato Grosso) en 2016

Flickr/Vinícius Mendonça/Ibama

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, por sus siglas en portugués) ha sofisticado su sistema de divulgación y análisis de información sobre quemas tras un proceso de modernización concluido en diciembre de 2017. La base de datos disponible en el sitio web de la institución ganó funcionalidades como la generación instantánea de gráficos que muestran los focos de incendio en todo Brasil durante los últimos 20 años. También se concretó la integración con la herramienta Google Maps, lo que permite identificar con precisión si el fuego ha afectado a un área forestal o agrícola. “La evolución de los sistemas geográficos de información y de internet obliga al instituto a actualizar cada cinco años sus mecanismos de divulgación y procesamiento de imágenes de satélites”, explica el ingeniero Alberto Setzer, coordinador del Programa de Quemas del Inpe.

Otra novedad es el lanzamiento de la plataforma TerraMA2Q, que adapta los datos de monitoreo de incendios a las necesidades de cada usuario. “El software dota de mayor autonomía a los gestores de municipios y estados para efectuar el seguimiento de incidencias de fuego irregular”, explica Setzer. El TerraMA2Q posibilita la verificación en tiempo real de la situación de una región, integrando datos provistos por satélites con informaciones meteorológicas o la localización de camiones de bomberos. La financiación de estos proyectos estuvo a cargo del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido, que por medio del Banco Mundial concedió 1.530 millones de dólares al Inpe.

Las secretarías de Medio Ambiente de los estados de Acre, Tocantins y Piauí adoptaron la plataforma TerraMA2Q. Por medio de esta herramienta, es posible superponer datos generados por el Inpe a los de organismos públicos de los estados, dice Maria Amélia Macial, gerente de Informaciones e Inteligencia Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Hídricos de Tocantins. “Algunas instituciones de investigación con sede en Tocantins efectúan recolecciones locales de información y eso quedaba fuera de la inspección que realiza la secretaría”, comenta Macial. Esas informaciones regionales, explica la funcionaria, muchas veces son más refinadas y remiten a variaciones de temperatura y humedad. “Ahora, es posible insertar esos datos generados localmente en la nueva plataforma y, de este modo, obtener un cuadro más detallado de los efectos de las quemas”. La gerente dice que el nuevo software permite detectar la llamada “cicatriz del fuego” con mayor exactitud, es decir, hace posible medir su impacto en la biodiversidad y en la vegetación.

El Inpe ofrece capacitación a empleados de los organismos de los estados que utilizan sus herramientas de seguimiento. Vera Reis, directora técnica del Instituto de Cambio Climático de la Secretaría de Medio Ambiente del Estado de Acre, comenta que la plataforma TerraMA2Q dispone de más recursos que pueden ayudar en la elaboración de estrategias para combatir y prevenir incendios irregulares. “Antes de adherir a este sistema, la secretaría obtenía datos únicamente sobre focos de calor, disponibles en el sitio web del Inpe. Hacíamos manualmente una distribución espacial de las quemas en el mapa”, dice. “Logramos estimar el riesgo de fuego en la región al cruzar datos meteorológicos como indicadores de sequía y de acumulación de lluvias. Y ahora también es posibles evaluar el peligro de inundaciones”.

Los puntos rojos en el mapa representan focos de fuego irregular detectados por satélites, registrados en la base de datos del Inpe e integrados a la herramienta Google Maps

El banco sobre quemas del Inpe ofrece datos regionales desde 1998, pero eso se hacía hasta ahora de manera limitada. Entre los principales órganos interesados en esas informaciones están aquéllos que son responsables de inspeccionar y combatir incendios forestales, tales como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama) y los gobiernos de los estados. El gobierno del estado de São Paulo desarrolla desde 2011 la Operación Corta Fuego, que utiliza datos del Inpe para orientar el trabajo de la Policía Militar Ambiental en la fiscalización del uso irregular del fuego en áreas agrícolas y forestales. El año pasado, el valor de las multas aplicadas en el estado sobrepasó los 25 millones de reales.

El Inpe recibe alrededor de 250 imágenes al día, enviadas desde 10 satélites extranjeros. Parte de ellos es de satélites geoestacionarios como el Goes-16, que orbita alrededor de la Tierra a 36 mil kilómetros (km) de la superficie –los demás son los de órbita polar y están a 850 km de altura. Por estar más lejos, los geoestacionarios suelen producir imágenes con resolución más baja, de 2 km. La ventaja reside en que esos satélites envían imágenes cada 15 minutos y logran detectar quemas de grandes proporciones, como incendios forestales que pueden propagarse por decenas de kilómetros.

El Inpe ha logrado mostrar que ese tipo de degradación ha avanzado en el país en los últimos años. En 2017, la institución registró una cantidad récord de más de 200 mil focos en todo el país, siendo que la mayor parte de ellos se concentraba en la Amazonia. Ese número es cercano al de otros años recientes con muchas detecciones, como 2015 y 2012.  Tal cantidad elevada se explica no sólo por el clima, que crea condiciones para la propagación del fuego en período más secos, sino principalmente por la acción humana. Un ejemplo de ello es la práctica de corte y quema de restos de cultivos con la finalidad de preparar el terreno para una nueva siembra. Este método, aplicado tradicionalmente por agricultores de subsistencia, constituye una de las principales causas de incendios forestales: cuando no se las controla, las llamas pueden invadir la vegetación natural. Otro ejemplo es la preparación para la deforestación con la mayor remoción posible de la vegetación natural, y la conclusión con la quema de los árboles talados.

Luiz Aragão, investigador de la División de Teledetección del Inpe, explica que, si el fuego progresa por el piso de un bosque y la copa de los árboles es muy densa, el sensor termal de algunos satélites puede no detectar el calor. Un estudio publicado en febrero por Aragão e investigadores de Estados Unidos en la revista Nature Communications mostró que, entre 2003 y 2015, Brasil redujo en más de 70% las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de quemas de áreas agrícolas. Sin embargo, durante ese mismo período, hubo un aumento del 30% en la liberación de contaminantes relacionados con la propagación de los incendios hacia áreas forestales cercanas a las deforestadas. “Esto significa que las políticas que Brasil está implementando para mitigar la deforestación no son eficientes para combatir los efectos del fuego”, afirma Aragão.

Los investigadores analizaron datos suministrados por los satélites Terra y Aqua, que forman parte del Sistema de Observación de la Tierra (EOS), coordinado por la Nasa, la agencia espacial estadounidense. Ambos están equipados con el sensor Modis, capaz de producir imágenes con resolución de 250 metros y cubrir decenas de bandas espectrales. La principal ventaja del Modis reside en que logra identificar tanto focos de calor, por medio de la detección de energía termal, como alteraciones en la superficie de la vegetación, al utilizar un sensor óptico. Para detectar las quemas, generalmente el monitoreo se vale de las imágenes producidas por la banda termal del sensor, que capta longitudes de onda capaces de mostrar la temperatura de cierta localidad. Las emisiones termales de actividades industriales, como los hornos utilizados en la producción de acero en siderúrgicas, también se destacan en el Modis. “Por eso es necesario efectuar siempre un filtrado de las imágenes de los satélites”, añade Setzer.

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