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Música

Canciones de cuna

Las características formales de las nanas inducen al sueño y proveen un marco cultural y afectivo al bebé

Elisa Carareto

El interés de la psicóloga Silvia De Ambrosis Pinheiro Machado  por el universo de las canciones de cuna es antiguo. Esa atracción surgió en la década de 1980, durante sus actividades en el campo de la psicoprofilaxis de la infancia, atendiendo a familias de recién nacidos y brindando orientación para padres y educadores. “La convivencia con núcleos familiares de distintas regiones, en el marco de la implementación del programa de atención psicológica domiciliaria posnatal y la observación del desarrollo de los bebés en una etapa importante de la inserción de sí mismos en el mundo, me permitieron entrar en contacto con una rica tradición brasileña”, relata De Ambrosis. La investigación para su tesis doctoral, que realizó alrededor de tres décadas más tarde, en el Departamento de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), le sirvió  como base para la redacción del libro que intituló Canção de ninar brasileira: Aproximações, que publicó al final del año pasado la editorial Edusp. La elección por el área de las letras tuvo que ver con su intención de estudiar la canción de cuna “como uno de los primeros objetos del arte y la cultura a los que se asoma el ser humano”, dice De Ambrosis.

La perdurabilidad y recurrencia de canciones y cuentos, así como la presencia de figuras protectoras y otras que evocan temor despertaron la curiosidad en De Ambrosis, que en su investigación fonográfica recopiló canciones presentes en el recuerdo de padres, abuelos y educadores, en diversas ciudades de los estados de Minas Gerais, Río de Janeiro y São Paulo. Al estudiar la bibliografía brasileña  en lo concerniente a las nanas, dirigió su mirada hacia los aspectos formales de las composiciones, tales como la métrica, el intercalado de versos y la sonoridad de las palabras. A partir de ahí, el enfoque de su trabajo se dividió en dos vertientes. Más allá del formato propiamente dicho de la canción de cuna, el género musical en el que se insertan esas cancioncillas, la psicóloga también decidió estudiar la presencia de ese tipo de música en los ambientes familiares o en los jardines maternales.

Las nanas han sido objeto de estudio en diversas áreas del conocimiento. En Brasil, el musicólogo Renato Almeida (1895-1981), por ejemplo, estudió sus aspectos etnográficos, mientras que Florestan Fernandes (1920-1995), se centró en los sociológicos. A partir de esas y otras investigaciones De Ambrosis pudo sacar provecho del estudio del repertorio, sus orígenes étnicos y sociales, así también como obtener pistas acerca de la sonoridad y sus implicaciones en las relaciones humanas en torno del recién nacido. “La canción de cuna tiene efecto no sólo sobre el bebé, induciéndolo al sueño, sino también sobre los adultos, que encuentran en ese arrullo una oportunidad para expresar sus emociones y remembranzas remotas”, dice la autora, refiriéndose a los efectos de la repetición sonora sobre aquél que la canta y en quien la oye.

Eso indujo a la investigadora a reflexionar, por ejemplo, sobre la presencia recurrente de la vocal “u” en diversos elementos de las nanas, como ocurre con las expresiones: sapo cururu (o jururu), murucututu, tutu marambá, angu, murundu, sussussu, entre otras Las características sonoras de tales vocablos, de origen indígena, ya habían sido abordadas previamente por Alfredo Bosi, crítico literario y docente emérito de la USP, y por Kaka Werá Jecupé, escritor y estudioso de la historia y de la cultura tupí, además de Mário de Andrade (1893-1945). La reiteración de la “u”, explica De Ambrosis, es una alusión a los sonidos ancestrales que “conectan a esa vocal con el ambiente nocturno de la selva”. “Al entonar palabras construidas con el sonido de la ‘u’ se activan funciones emocionales y, según la representación, transmite a generaciones futuras los núcleos sagrados de las culturas indígenas”, analiza. Se trata de una característica nacional tan persistente que incluso puede encontrársela en nanas contemporáneas, como en el caso de una canción que le hizo Caetano Veloso a un hijo suyo recién nacido, cuyo título es “Tudo, tudo, tudo”.

Espanto
Más allá de las representaciones de origen indígena, también se hacen presentes en las canciones brasileñas los personajes portugueses, tales como el cuca [cuco, coco, fantasma] y el bicho-papão [ogro, monstruo]. En las letras de las canciones se alternan representaciones amenazantes y de terror, como se evidencia en Boi da cara preta y Nana nenê, cuya función sería disciplinar el sueño, así como referencias a la presencia protectora de la madre, de santos y de ángeles, garantes del sosiego necesario para poder dormir. El tránsito de la inquietud a la tranquilidad se encuentra directamente relacionado con la actitud del adulto cuando canta: mecer, abrazar, aupar y arrullar con la voz y con el calor corporal propio. “El bebé no necesariamente tiene que entender la letra, pero se calma con el confort que le brinda la voz cálida y familiar. Al mismo tiempo, se está insertando en la cultura en la que nació y en la que vive”, explica De Ambrosis.

Para ella, las canciones de cuna –que se caracterizan por la monotonía y la reiteración como rasgos distintivos– también matizan la melancolía de la madre durante el período puerperal y la manera de superarlo. La profesora Maria Teresa (Teca) Alencar de Brito, docente del Departamento de Música de la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP) coincide: “Dadas sus características específicamente musicales, las canciones de cuna de todo el mundo conservan un saber acerca de los cuidados en la primera infancia. Con toda razón, revelan respeto por los bebés y su tiempo de desarrollo, atendiendo a la necesidad de inducirles sopor por medio de una construcción melódica suave. Sus efectos se recordarán durante toda la vida”.

Al contrario de lo que ocurre con el sentido de la vista, por ejemplo, las capacidades auditivas de los bebés ya se encuentran muy bien desarrolladas en los últimos meses de gestación. “Los estímulos por medio de la música, durante el último trimestre del embarazo, se recuerdan más tarde, brindando pruebas de la calidad de la percepción y de la memoria del bebé en esa etapa”, informa la musicoterapeuta Ambra Palazzi, del Núcleo de la Infancia y Familia (Nudif) del Instituto de Psicología de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). Además, tal como revelan investigaciones que comprenden la grabación de sonidos, el ámbito intrauterino es bastante ruidoso, en él abundan los tonos graves provenientes de las funciones físicas de la madre y también existe un acceso relativamente claro a los sonidos provenientes del exterior. La voz materna es lo más notorio, y se transmite tanto en forma auditiva como a nivel vibratorio. “Al nacer, el bebé ya cuenta con un rico repertorio de sonoridades”, dice Teca. “Sin embargo, entre todos los estímulos auditivos a los que se ve sometido un bebé, la voz materna es la que más lo contiene”, informa Ambra, haciendo hincapié en que el canto encuentra más respuestas que la palabra, pues logra involucrar y transmitir más emociones, apuntalando el vínculo con la madre. “No es casual que las canciones de cuna adopten estructuras similares y, a menudo, una misma escala pentatónica en todo el mundo”.

Libro
MACHADO, S. De A. P. Canção de ninar brasileira: Aproximações. São Paulo: Edusp, 2017.

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