Imprimir Republicar

Ciencia Política

La vida en los partidos políticos

Un estudio inédito en Brasil revela quiénes son y qué piensan los militantes partidarios

Los militantes de los mayores partidos políticos brasileños son de mayor edad, más escolarizados y sus ingresos son superiores a la renta media de la población. A pesar de sus convicciones y actitudes positivas en relación con la participación política y las instituciones, se encuentran insatisfechos con la democracia intrapartidaria. Estos datos surgen del primer estudio llevado a cabo con afiliados partidarios en Brasil y forman parte del proyecto temático intitulado “La organización y el funcionamiento de la política representativa en el estado de São Paulo (1994-2014)”, que se desarrolló durante los últimos cinco años y estuvo a cargo de Rachel Meneguello, profesora titular del Departamento de Ciencia Política del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (DCP-IFCH-Unicamp).

El estudio se realizó en el estado de São Paulo con 445 integrantes de los 10 mayores partidos políticos brasileños, que concentran alrededor del 80% de los afiliados en el país: Demócratas (DEM), Partido Democrático Laborista (PDT), Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Partido Progresista (PP), Partido Popular Socialista (PPS), Partido de la República (PR), Partido Socialista Brasileño (PSB), Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), Partido de los Trabajadores (PT) y Partido Laborista Brasileño (PTB). Esas agrupaciones, responsables de la elección del 86% de los diputados federales en 2010 y del 72% cuatro años después, concentran 2,4 millones de los 3 millones de afiliados en el estado más desarrollado económicamente del país, que cuenta con 32 millones de votantes, aproximadamente un 20% del electorado a nivel nacional. La cifra de entrevistados, todos con alguna filiación partidaria reconocida, respetó la proporción de afiliados de la decena de partidos seleccionados. Los datos fueron recabados entre los meses de octubre y diciembre de 2013, en 22 municipios de todas las regiones de São Paulo, incluso de la capital, que fueron seleccionados por sorteo. El proyecto es innovador, al efectuar un estudio interno de la vida partidaria. “Se trata de la primera investigación de naturaleza académica en el país en la cual se escuchó directamente a integrantes de partidos políticos”, informa Meneguello.

Lo inédito del estudio puede entenderse a la luz de la dificultad del acceso a los datos sobre la militancia. En Brasil, la filiación partidaria está reglamentada y controlada por la justicia electoral y constituye un requisito obligatorio para quienes deseen postularse para un cargo electivo. Sin embargo, las informaciones que podrían permitir la localización de los afiliados son secretas y por otra parte, la mayoría de las agrupaciones tampoco cuentan con un registro preciso de sus integrantes. “Todo eso dificulta la realización de encuestas con muestreos representativos del universo de los afiliados”, señala el politólogo Oswaldo do Amaral, docente del DCP-Unicamp, quien junto con su colega Pedro Floriano Ribeiro, del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de São Carlos (DCS-UFSCar), se encarga del análisis de los datos. Para subsanar ese inconveniente, se optó por concentrar la recolección de informaciones en puntos de encuentro de la militancia, como son los comités municipales de los partidos, edificios públicos, parques y avenidas principales.

El resultado de ese esfuerzo les permitió a los investigadores trazar un perfil sociodemográfico de los militantes y compararlos con las características de la población en general. Mientras que el electorado del estado de São Paulo es predominantemente femenino, con un 52,4% de votantes mujeres, la militancia es mayoritariamente masculina, con el 67,2% de los afiliados. De esos militantes, el 68% se encuentra en un rango de edades comprendido entre los 35 y los 59 años, frente al 45% que representa ese rango etario dentro del electorado estadual. El 71,1% de los militantes se reconocen a sí mismos como de raza blanca. A semejanza de los que se observa en la población brasileña, la religión predominante es la católica, cuya fe profesa el 58% de los afiliados. La mayoría de los militantes entrevistados, un porcentaje del 59,3%, han cursado estudios superiores, aunque incompletos. En cuanto a los ingresos familiares, un 27,4% informaron que ganan entre 2 y 5 salarios mínimos. Una cifra prácticamente idéntica declaró que percibe entre 5 y 10 salarios mínimos y alrededor del 10% de los militantes, más de 20 salarios mínimos.

Este perfil no sorprendió a los analistas. “Tanto las encuestas generales como las entrevistas que se efectuaron solamente con afiliados trazan un mismo perfil del militante contemporáneo en las democracias tradicionales: varón, edad superior a la media de la población, y estatus superior en términos de ingresos y escolaridad”, explica Amaral. La ocupación que prevalece entre los militantes encuestados es la de empleado público; el 58,9% corresponde empleados de empresas u organismos públicos. Entre los entrevistados, un 45% informó que ejercían o habían ejercido alguna actividad remunerada ligada al partido. La predominancia de servidores públicos entre los militantes políticos puede entenderse, según el análisis de Amaral, por la importancia de los recursos estatales para el funcionamiento de las agrupaciones. “Los partidos políticos dependen cada vez más de los recursos estatales. Tanto para campañas y elecciones como para que sus aparatos funcionen. Los políticos designan como asesores y en cargos de confianza a personas ligadas a los propios partidos. Esos asesores  realizan actividades vinculadas al Estado, pero también tareas partidarias, tales como campañas y encuentros con militantes, por ejemplo”, dice. De acuerdo con el investigador, se trata de un fenómeno común en todos los partidos políticos, en todo el mundo.

Activismo
El 37,1% de los militantes, impulsados por sus convicciones políticas, decidieron afiliarse a un partido, mientras que un 28,5% optó por hacerlo ante la posibilidad de obtener beneficios del mismo. La mayoría de los militantes (el 29,2%) fueron reclutados por el propio partido, incluso en comicios electorales, o bien, siguieron una sugerencia de amigos y parientes (el 27,6%). Un 9,2% aceptó ingresar como afiliados a un partido luego de haber sido convocados por políticos electos y un 8,8% se inscribió como consecuencia de su participación sindical. Alrededor de la cuarta parte de los militantes realiza aportes económicos periódicos al lema al cual se encuentran afiliados, en forma mensual o anual. Un porcentaje prácticamente idéntico realizó donaciones para las campañas electorales de 2010 ó 2012.

Un porcentaje mayoritario de los afiliados puede considerarse activo. El 89% manifestó que le dedican algún tiempo al mes al quehacer partidario y un 81% declaró haberse involucrado en alguna actividad en 2013, el año en que se llevó a cabo la investigación, en el cual no hubo elecciones en el país. Un 26% dio cuenta de que le destina más de 30 horas por mes al partido. Durante aquel año, más del 50% participó en reuniones en el concejo local, un 44% sostuvo haberse reunido con representantes electos y un 33% se implicó en el reclutamiento de nuevos afiliados. Cuando se les preguntó al respecto de las funciones principales que debe desempeñar un partido político, la mayoría de los militantes apuntó a aquellas que los estudiosos consideran “representativas clásicas”, de articulación y expresión de demandas: el 47% citó la promoción de ideas e ideologías y el 42% la representación de grupos sociales. “Se trata de una visión idealizada del partido como puente entre la sociedad civil y el gobierno”, dice Ribeiro.

Para comprender la intensidad de la participación política, Amaral y Ribeiro apelaron a un modelo analítico derivado del “modelo general de incentivos”. Este modelo, que desarrollaron los británicos Patrick Seyd y Paul Whiteley a partir de 1992, recopila argumentos sociopsicológicos y de la teoría de los incentivos, y se lo considera el más completo para entender la participación de los individuos. Según Amaral y Ribeiro, la variable dependiente se elaboró tomando como base el número de horas que los afiliados destinan mensualmente al quehacer partidario. Esa opción se ajusta a tres razones: la existencia de trabajos comparativos recientes que utilizan la misma medición para dimensionar el nivel de actividad partidaria de los afiliados, al hecho de que las actividades desempeñadas usualmente sean muy similares entre sí, y a la constatación de que cada militantes realiza, en promedio, 3,38 actividades distintas. Si se consideran las categorías existentes en los cuestionarios aplicados, los militantes se agrupan en tres conjuntos: los que destinan hasta 10 horas por mes, aquéllos que dedican entre 10 y 30 horas mensuales y los que le dedican más de 30 horas al mes.

Los investigadores constataron que los tres tipos de eficacia política analizados –eficiencia del voto, del partido y de la actividad en el partido– se mostraron estadísticamente significativos. Los resultados de la aplicación del modelo serán difundidos a la brevedad, en un periódico internacional del área. “Cuanto mayor es la creencia en la importancia de la actuación política individual o partidaria, mayor es la posibilidad de dedicarle más horas a las actividades partidarias”, señalan en un artículo conjunto. La escolaridad y el sexo tienen impacto sobre el nivel de activismo partidario, confirmando las expectativas de los investigadores. “Si se cursaron estudios superiores se amplían las probabilidades de una participación más intensa en las actividades partidarias en alrededor de un 70%; siendo varón, en más de un 50%”. Según Amaral y Ribeiro, la variable “tipos de incentivo”, no registró significancia estadística. “Los motivos principales para la filiación, por sí solos no pueden explicar una mayor intensidad participativa. Eso contradice parte de nuestra hipótesis y de la literatura que avala la importancia de los incentivos colectivos como motivación principal para el activismo político”. La única variable que apuntó un resultado diferente a lo que se esperaba  fue el “estatus laboral”: “Los militantes que ostentan un trabajo formal participan menos en las actividades partidarias. Como la variable ‘escolaridad’ siguió incidiendo acorde a las expectativas, resulta difícil esbozar consideraciones más concretas al respecto de ese resultado”, escribieron los dos investigadores.

Eficacia
Con respecto a la eficacia de la propia participación política, para el 68% de los militantes el voto individual tiene mucha influencia en la trayectoria de Brasil. A su vez, el nivel de influencia de los partidos en la política nacional, acusó un puntaje promedio de 5,4 para los respectivos afiliados, considerando una escala que va del 1 (poca) al 7 (mucha). La mayoría de los militantes, sin embargo, consigna que esa influencia decae cuando se analiza la participación individual en el proceso de toma de decisiones dentro del propio partido. El promedio general (3,76) puede interpretarse, según explican los autores del artículo, como un síntoma de percepción negativa acerca de la democracia interna de las agrupaciones y sugiere que los militantes no vislumbran muchos canales de participación. “Esa insatisfacción al respecto de la democracia intrapartidaria también se detecta entre los afiliados de las democracias más firmes”, informan.

De acuerdo con la dupla, los resultados del estudio avalan lo que indica parte de la literatura reciente sobre los partidos políticos brasileños y contradicen el argumento difundido por aquéllos que insisten en considerarlos meros “artificios legales”. También deconstruyen esa noción que surge del sentido común: los partidos políticos tienen vida interna incluso fuera de los períodos electorales y existe un “núcleo duro” de militantes que no difiere mucho, en cantidad y en perfil, al que puede encontrarse en las agrupaciones políticas de otros países. Al considerar su nivel de arraigo, los partidos brasileños no son todo lo frágiles que podría suponerse. Se cree en la eficacia de la labor política, empero, refutando parte de la hipótesis inicial de los investigadores, el tipo de beneficio que espera el militante no impacta en cuanto a su nivel de activismo hacia el interior del partido. “La búsqueda de incentivos colectivos, un factor importante que explica la participación de alta intensidad en otros contextos, no es significativa entre los militantes brasileños”, registran. Además, la confianza en las instituciones es superior a la que se observa entre la población en general.

Bases de datos
Alrededor de 17 millones de brasileños, lo cual significa más del 11% del electorado nacional, están afiliados a uno de los 35 partidos políticos que existen en el país. De acuerdo con Amaral y Ribeiro, el porcentaje es superior al que se detecta en las democracias europeas más antiguas, cuyo índice promedio es del 5%, y también mayor al que se registra en países tales como España y Portugal, o en las naciones poscomunistas. Una de las explicaciones posibles para este fenómeno, cuya comprensión depende de la profundidad de los análisis, residiría en la gran cantidad de municipios brasileños y en el vasto territorio de competencia que ello representa. Además, los registros oficiales de los propios partidos suelen sobreestimarse. “Eso es algo que sucede en todos los países y está reconocido por la literatura internacional. En el caso del estado de São Paulo, más allá del registro de los nuevos afiliados algunos meses antes de las elecciones municipales, y la permanencia de aquéllos que ya integraban las agrupaciones, hay que considerar que los partidos no suelen registrar la deserción de sus militantes”, explica Amaral. Ribeiro dice que los hallazgos del estudio que se llevó a cabo en el estado pueden extrapolarse conceptualmente para todo el país. “Creo que vamos a encontrar militantes activos en los principales partidos de otros estados de la federación, pero sólo se podría afirmar con toda seguridad que los resultados de la investigación son válidos para todo el país cuando se realice un estudio a nivel nacional, bajo los mismos parámetros”, acota.

El perfil de la militancia partidaria paulista, elaborado entre 1994 y 2014 para analizar la organización y el funcionamiento de la política representativa en el estado de São Paulo, tan sólo es uno de los aspectos desarrollados en el marco del proyecto temático coordinado por Rachel Meneguello en el que también participaron otros seis docentes y 25 estudiantes de cuatro instituciones de educación superior e investigación del estado, donde además de la UFSCar y la Unicamp, participaron también las universidades Estadual Paulista (Unesp) y la de São paulo (USP). “El análisis del perfil de los afiliados se inserta en un estudio de mayor fuste acerca de las características de la política partidaria y de cómo ella refleja los movimientos de la sociedad”, dice Meneguello. “La política partidaria siempre fue un dominio masculino y, pese a las iniciativas tendientes a lograr una mayor incorporación de las mujeres, mediante la política de cupos, por ejemplo, las organizaciones reproducen el predominio de los varones en su organización interna, incluso en el ámbito de la filiación y de la militancia. Las agrupaciones tienen políticas muy limitadas para el estímulo de la participación femenina, y ninguna de las que se estudiaron registró más de un 40% de mujeres entre el conjunto global de los entrevistados”, apunta. Fuera de identificar la estructura organizativa de los partidos políticos e intentar comprender su funcionamiento, en el proyecto también se analizaron las dimensiones competitivas y representativas de la política estadual. Dado su énfasis en la investigación empírica, el estudio compuso un banco de datos significativo, con información que involucra modelos de competencia y votación en el estado, las bases de las fuerzas políticas y sus estrategias electorales y de organización, aspectos de la intervención de las elites parlamentarias locales y la calidad de la relación entre los electores y el sistema de representación en São Paulo.

Buena parte de esa información, más allá de los innumerables mapas que revelan la distribución local de las preferencias políticas entre los electores paulistas desde 1994, ya se encuentra a disposición en el sitio web del proyecto, o bien en el portal del Centro de Estudios de la Opinión Pública (Cesop), el núcleo de investigación interdisciplinaria que instituyó la Unicamp en 1992. “El cuestionario de la encuesta sobre la militancia partidaria, por caso, puede utilizarse para reproducir esa investigación en otros estados”, informa Meneguello. Como estudiosa de los partidos y de las elecciones, ella ha constatado un creciente interés por el tema y dice que la reflexión en torno a la representatividad partidaria, en la actualidad  constituye “un reto a nivel mundial”. “Una de las motivaciones generales principales del proyecto consistió en confrontar la crisis de los partidos con la crisis internacional que afecta a la totalidad del sistema representativo”, explica ella, recordando que ambas crisis también se observan en las democracias partidarias contemporáneas. “Los partidos políticos de todo el mundo han tenido dificultades para adecuarse a las transformaciones estructurales de la política. El escenario generalizado es el de una fuerte insatisfacción con las instituciones, así como con las respuestas que las mismas ofrecen. Pero éste no es tanto un problema de los partidos en sí, sino más bien de los gobiernos representativos contemporáneos”, pondera. Si consideramos que las funciones esenciales de un partido político son al menos tres –organizar la competencia política, gobernar y llevar a cabo las actividades del poder Legislativo–, el trabajo de los investigadores está recién comenzando.

Proyecto
Organización y funcionamiento de la política representativa en el estado de São Paulo (1994 y 2014) (nº 12/19330-8); Modalidad Ayuda a la Investigación – Temático; Investigadora responsable Rachel Meneguello (Unicamp); Inversión R$ 793.416,55

Republicar