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Ecología

El frágil ADN de los tiburones

La pesca excesiva puede debilitar aún más la de por sí naturalmente baja diversidad genética de algunas especies de escualos de alto valor comercial

El tiburón de noche, objeto de pesca en el Océano Atlántico

Simon Gulak/ Maralliance

Los tiburones son expertos en supervivencia. Surgieron hace unos 450 millones de años y escaparon de cinco grandes extinciones masivas. En la última de ellas, hace alrededor de 66 millones de años, sucumbieron los dinosaurios, que aparecieron en la Tierra más de 200 millones de años después que estos peces. En la actualidad, algunas especies de tiburones se enfrentan a una amenaza que pone en riesgo su futuro evolutivo: más allá de la disminución del tamaño de sus poblaciones, la sobreexplotación pesquera estaría afectando su diversidad genética y, por consiguiente, su potencial adaptativo. La captura excesiva puede mermar la capacidad de estos peces para adecuarse a eventuales alteraciones ambientales, tornando incierta su continuidad en los mares en el transcurso del siglo XXI. Estas son las conclusiones principales a las que se arribó en un artículo que se publicó en septiembre en la revista científica Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems.

En ese estudio, su autor principal, el biólogo Rodrigo Rodrigues Domingues, quien obtuvo un doctorado en 2016 sobre ese tema bajo la supervisión de Otto Gadig en la Universidade Estadual Paulista (Unesp), presenta los resultados de estudios genéticos llevados a cabo con ejemplares de la especie denominada tiburón de noche o jaquetón nocturno (Carcharhinus signatus). Esta especie habita en las aguas del océano Atlántico, en profundidades de menos de 100 metros, desde Florida, en el sur de Estados Unidos, hasta Argentina. Rodrigues Domingues constató que la población del Atlántico Sur de C. signatus presenta la menor diversidad genética entre las especies de tiburones del género Carcharhinus estudiadas hasta ahora. Para los análisis se emplearon marcadores moleculares mitocondriales, que se heredan exclusivamente por vía materna, y el ADN nuclear, transmitido a los descendientes tanto por el padre como por la madre. “Además del estudio con el tiburón de noche, el año pasado publicamos un trabajo de revisión que incluyó todos los índices de diversidad genética de tiburones y rayas desde 1983 hasta agosto de 2016. El artículo revela efectivamente una baja diversidad genética entre los tiburones”, comenta Rodrigues Domingues, quien actualmente realiza una pasantía de posdoctorado en el campus de Santos de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

Estudios previos efectuados por el biólogo con otra especie del mismo género, el tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis), presente en todo el globo, no habían detectado una baja diversidad genética en relación con otros tiburones. Sin embargo, a partir de la sobrepesca actual que sufre la especie, el investigador no descarta la hipótesis de que eso pueda constatarse más adelante. Ambas especies, clasificadas como vulnerables en la lista roja de la International Union for Conservation of Nature (IUCN), tienen alto valor comercial, en particular, debido a la elevada cotización que obtienen sus aletas, muy apreciadas en el mercado asiático. Según un artículo publicado en 2010 en la revista científica Fisheries Research por científicos de la Universidad Dalhousie, de Canadá, la fuerte presión pesquera provocó reducciones en la población de esas dos especies superiores al 75%.

Aparte de analizar muestras de ADN de peces de la costa brasileña y sudamericana, el biólogo brasileño tuvo acceso al material genético de ejemplares del hemisferio norte gracias a la colaboración que mantiene con el genetista Mahmood Shivji, de la Universidad Nova Southeastern, de Estados Unidos. La comparación de los datos de las poblaciones por encima y por debajo del ecuador, indica que la diversidad de la especie es menor en el Atlántico Sur que en el Atlántico Norte. “Esa discrepancia no significa necesariamente que la población de tiburones del Atlántico Sur esté sufriendo las consecuencias de la pesca. También puede explicarse debido a factores históricos y evolutivos”, comenta el biólogo Ricardo de Souza Rosa, de la Universidad Federal de Paraíba (UFPB), que no participó en los estudios con el tiburón de noche y el tiburón sedoso. “Sin embargo, esa menor diversidad apunta la necesidad de una atención especial en cuanto al manejo de la especie, que podría llegar a un cuello de botella genético si la pesca alcanzara niveles críticos”.

La deriva genética
La captura excesiva de peces no solo reduce sus poblaciones. También produce una merma de la variabilidad genética entre los ejemplares de una misma especie. La pesca, al causar una disminución de la población, eleva las posibilidades de que parte de la variabilidad genética se pierda por azar, explica Domingues. Se produce una intensificación de un proceso al cual se lo conoce como deriva genética. Por el mecanismo de selección natural, los genes que pasan a las próximas generaciones son aquellos que aportan una mejor adaptación al medio. Cuando se produce la deriva genética, la transmisión de alelos (las formas alternativas de un mismo gen) deja de seguir la lógica de propiciar los rasgos ventajosos para la supervivencia de una especie y se convierte en un proceso completamente aleatorio. Eso puede conducir, a lo largo de muchas generaciones, a una eliminación de alelos, en algunos casos, incluso aquellos que son beneficiosos. De manera tal que la especie se torna genéticamente más homogénea y, por lo tanto, más vulnerable a los cambios ambientales.

El genetista Alexandre Wagner Silva Hilsdorf, de la Universidade de Mogi das Cruzes (UMC), coautor de los estudios con el tiburón de noche y el tiburón sedoso, explica que la deriva genética puede darse en todas las especies, pero sus efectos tienden a ser más rápidos e intensos cuanto menor fuera el tamaño de la población afectada. Entre los tiburones, este proceso configura un riesgo aún mayor porque estos peces cartilaginosos presentan, por naturaleza, una menor variabilidad en comparación con otros grupos, tales como los peces óseos y los mamíferos marinos. Hay varias hipótesis que intentan brindar una explicación para esa característica, comenzando por los cinco eventos de extinción masiva que atravesaron los tiburones –cuyas 1.160 especies representan solamente el 3% de la fauna moderna de peces– a lo largo de su historia evolutiva. “Al ser especies migratorias que habitan aguas internacionales, las distintas especies de tiburones, principalmente las que son blanco de pesca, requieren de los esfuerzos mancomunados de varios países para su preservación y uso sostenible”, dice Hilsdorf.

Proyecto
Conectividad genética, filogeografía y conservación de tiburones pelágicos en el océano Atlántico Occidental (n° 13/08675-7); Modalidad Beca de Doctorado; Investigador responsable Otto Bismarck Fazzano Gadig (Unesp); Becario Rodrigo Rodrigues Domingues; Inversión R$ 155.684,55

Artículo científico
DOMINGUES, R. R. et al. Genetic connectivity and phylogeography of the night shark (Carcharhinus signatus) in the western Atlantic Ocean: Implications for conservation management. Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems. 11 sept. 2018.

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