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carta de la editora | 278

El universo dinámico

La evolución de la ciencia es mucho menos lineal y más vívida, más sujeta a contratiempos y posibilidades de lo que puede parecer a primera vista. A menudo se encuentra una historia interesante por detrás de los grandes descubrimientos, a veces controvertidos, pero luego considerados indiscutibles. Uno de ellos ocurrió hace 100 años y contó con la participación brasileña.

En 1919, Albert Einstein todavía no era el renombrado físico que sería posteriormente. En 1905 y en 1915 había publicado sus teorías de la relatividad especial y general. Hasta entonces se pensaba que la tridimensionalidad del espacio (expresada en términos de coordenadas cartesianas, dirección y distancia) era independiente del tiempo, unidimensional. Einstein juntó las cuatro dimensiones, creando el modelo de espacio-tiempo, indivisible. En esta propuesta, la gravedad era una propiedad geométrica del espacio-tiempo. La presencia de un cuerpo con mucha masa, como el Sol, causaría una deformación del espacio-tiempo, curvando sus coordenadas. Lo cual haría, por ejemplo, que la luz procedente de las estrellas desviara su trayectoria al pasar cerca del Sol.

Los eclipses totales representaban oportunidades únicas –y raras– para comprobar la desviación de la trayectoria de la luz debido a la gravedad, aspecto propuesto en la teoría de la relatividad. Hubo varios intentos fallidos –tal como la detención de un astrónomo sospechoso de ser un espía, entre otras dificultades– hasta que, en mayo de 1919, un equipo de astrónomos aprovechó los cinco minutos de ocultación total del Sol para registrar la posición de las estrellas en la localidad de Sobral, estado de Ceará. Al comprobarse la desviación propuesta por Einstein, se abrió una amplia área de investigación y se reveló un universo dinámico, en el cual el espacio-tiempo se expande, colapsa en agujeros negros y crea ondas. La existencia de ondas gravitacionales, previstas por el físico, quedó finalmente demostrada en 2016.

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Las cuatro entrevistas de esta edición representan la diversidad de temas que esta revista se propone cubrir. Junto a la historia de la portada viene una entrevista con el astrofísico irlandés e historiador de ciencia Daniel Kennefick, quien lanzó este mes un libro sobre el Eclipse de 1919. La complejidad de la relación entre la academia y la industria es abordada por el químico Jairton Dupont, quien también habla sobre los desafíos de la academia, tal como la defensa de los Derechos Humanos. El médico Peretz Lavie se ocupa de la esencia innovadora de Technion, una institución educativa por la cual pasó el 70% de los líderes de las empresas de base tecnológica de Israel. La tarea de introducir a Jorge Amado y a otros autores brasileños en el mercado literario español estuvo a cargo del filólogo y traductor gallego Basilio Losada, quien cuenta que, durante su primer viaje a Brasil en 1968, gastó en las librerías de Río de Janeiro toda la remuneración que recibió por las conferencias que había dictado en Argentina.

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Marzo fue un mes marcado por tristes despedidas. El día 9 falleció Maria da Graça Soares Mascarenhas, editora adjunta de Pesquisa FAPESP durante los primeros años de la publicación y gerente de Comunicación de la FAPESP desde el año 2002. Su necrológica destaca el amplio reconocimiento por su trayectoria, dedicación y suavidad. Fábio Sasaki, un periodista veterano, pero de reciente incorporación a esta revista, falleció el día 14. Fábio trabajó durante más de 10 años en la editorial Abril, donde fue editor de Almanaque y de Guia do Estudiante. Su primera colaboración con Pesquisa FAPESP fue de gran valor, como autor del reportaje de portada de la edición de diciembre de 2018, sobre los 30 años de la Constitución Federal de Brasil. La redacción de la revista se solidariza con las respectivas familias en este momento.

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