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Cine

Una obra destinada a los cinéfilos

Veintiséis investigadores analizan en un libro un siglo de producción brasileña

Ruth de Souza en la escena de Niña moza, dirigida por el argentino Tom Payne (1914-1996)

Reproducciones cortesía de Fernão Pessoa Ramos

Más de mil páginas distribuidas en dos tomos e interpretaciones de 26 investigadores especializados en diferentes épocas y distintos géneros cinematográficos reconstruyen más de cien años de producción brasileña. La obra con estas características, intitulada Nova História do cinema brasileiro (Sesc, 2018), fue compilada por Fernão Pessoa Ramos y Sheila Schvarzman, y brinda una visión historiográfica del cine brasileño que también aborda temáticas muy presentes en estas dos décadas del siglo XXI, tales como el rol de las mujeres, las cuestiones de género y las de las minorías raciales y étnicas. La iniciativa partió de Pessoa Ramos, investigador del Instituto de Artes de la Universidad de Campinas (IA-Unicamp) y autor de otros libros sobre cine.

“Echaba de menos una edición actualizada y más completa”, dice, en referencia al trabajo anterior, História do cinema brasileiro (Círculo do Livro), de 500 páginas, editado en 1987. “Quería pensar los grandes temas y cuestiones del cine brasileño, valorando siempre la perspectiva histórica y su ubicación en la cronología”, explica Pessoa Ramos, autor del texto que, en la obra, capta el período entre el Cinema Novo y la llamada Retomada, pasando por la gran crisis. Además de llenar el vacío temporal, lo motivó una preocupación por ampliar los temas ya abordados. “El conocimiento sobre el cine mudo, y en consecuencia la sección dedicada al tema, creció. Son 200 páginas escritas por nueve autores”, ejemplifica Schvarzman, docente del posgrado en comunicación e de historia del cine brasileño en la Universidad Anhembi Morumbi, en São Paulo.

Reproducciones cortesía de Fernão Pessoa Ramos Nacida en El Cairo, la actriz Eva Nill (1909-1990) se destacó en producciones del cineasta Humberto Mauro (1897-1983)Reproducciones cortesía de Fernão Pessoa Ramos

“Para el público en general, el hecho de que Brasil haya producido películas mudas no es muy conocido. Mucha gente ni siquiera se imagina que eso pasó. Para nosotros, los investigadores, lo importante era rescatar todo lo que se pudo conocer en los últimos años”, dice Schvarzman. Los estudiosos identificaron la supervivencia, hasta 1930, de 36 largometrajes y 218 documentales (cortos) calculándose que, en conjunto, correspondan al 10% de la producción que Brasil logró preservar. “No todos están intactos. De algunos largometrajes pudimos rescatar sólo unos fragmentos que sobrevivieron a los efectos del tiempo”, dice Carlos Roberto de Souza, autor del capítulo referido al cine en São Paulo, entre 1912 y 1930, y profesor del programa de posgrado en imagen y sonido de la Universidad Federal de São Carlos (PPGIS-UFSCar).

A comienzos del siglo XX, los principales centros productores cinematográficos fueron Río de Janeiro y São Paulo, dos ciudades con más recursos financieros, que hacían películas “naturales”, como se llaman los registros cinematográficos de escenas de la naturaleza, paisajes urbanos, manifestaciones científicas, eventos políticos y sociales. Entre 1920 y 1930, ciudades como Recife (PE), Porto Alegre y Pelotas (RS), Campinas (SP) y Cataguases (MG) también se destacaron con los llamados “ciclos regionales”.

Según Luciana Corrêa de Araújo, profesora del PPGIS-UFSCar y autora del capítulo que se dedica al cine en Pernambuco a principios del siglo pasado, durante la segunda mitad de los años 20 la producción en ese Estado fue particularmente “sólida y expresiva”. Hasta la fecha, las investigaciones registran casi 50 películas producidas en sólo seis años, desde 1924, entre cortos y largometrajes, naturales y de ficción.

Reproducciones cortesía de Fernão Pessoa Ramos El dragón de la maldad contra el santo guerrero, dirigida por Glauber Rocha (1939-1981), integra la lista de las 100 mejores películas brasileñas de AbraccineReproducciones cortesía de Fernão Pessoa Ramos

Un nuevo approach
“Nuestro enfoque no se limita apenas a los directores, sino que presenta un análisis más amplio, que abarca expositores, público, productores, taquilla y salas”, dijo Ramos, señalando que la intención, en el trabajo, fue la de ofrecer una visión general sobre el tema. “El cine no está hecho por iluminados. No estamos hablando de poesía. Se trata de un arte colectivo, que depende de un equipo, de la calidad de exhibición del producto y de la capacidad de recepción del público”, contextualiza Carlos Roberto de Souza.

Vale como ejemplo el capítulo “Los inicios del cine en Brasil”, en el cual José Inacio de Melo Souza, investigador jubilado de la Cinemateca Brasileña, describe las tecnologías innovadoras que estaban en uso, en el caso de los cosmoramas (cajas que imitaban escenas reales, como paisajes de ciudades europeas, por ejemplo, a partir de un fondo pintado y con la ayuda de objetos esculpidos que le conferían aspecto de tridimensionalidad) y linternas mágicas (hechas con una cámara oscura y lentes). Según Melo Souza, las primeras exposiciones en el país ocurrieron en lugares públicos, como calles y ferias, y fueron organizadas por ambulantes que transportaban las películas en sus valijas. La primera vez que una película fue exhibida en una pantalla propiamente dicha, fue en julio de 1896, en la Rua do Ouvidor, en Río de Janeiro, y en el público solamente había periodistas.

2 tomos
1.118 páginas
Siete secciones
• Los inicios, el cine mudo y el comienzo del cine sonoro (1895/ 1935)
• Estudios e Independientes (1930/ 1954)
• El Ince y el cine documental educativo (1937-1966)
• El Cine Novo, el Cine Marginal y después (1955-1980)
• El Embra y la boca
• La gran crisis y la reanudación (1985-2003)
• El cine brasileño contemporáneo

Las minorías y los prejuicios
Antes de que se escribiera la Nova história do cinema brasileiro, Ramos y Schvarzman presentaron las premisas que fueron consideradas fundamentales por los colaboradores convidados. “Tuvimos la precaución de profundizar las cuestiones que anteriormente no fueron consideradas por la historia y que hoy en día constituyen una tendencia de la historiografía”, dice Pessoa Ramos, refiriéndose al racismo, al rol de las mujeres, a los afrodescendientes y a los indígenas en las producciones cinematográficas. Esas cuestiones no permeaban su libro de 1987.

Schvarzman recuerda que los prejuicios estaban tan arraigados en el pasado que estos temas no llamaban la atención. “Fueron pocas las mujeres que tuvieron una carrera en la dirección de largometrajes de ficción”, escribe Cleber Eduardo, curador de la ya tradicional Muestra de Cine de Tiradentes, en Minas Gerais. Entre las cineastas que él destaca, se encuentran la paulistana Ana Carolina, directora de Getúlio Vargas (1974) y Primeira missa ou Tristes tropeços, enganos e urucum (2014), y la carioca Lúcia Murat, vencedora del Kikito a la mejor película en el Festival de Gramado, con Uma longa viagem (2011).

La cuestión racial se percibe en pequeños detalles. Por ejemplo, en Tesoro perdido, de 1926, la dirección del minero Humberto Mauro (1897-1983) muestra un niño negro con un cigarrillo en la boca. En la siguiente imagen, un sapo hace lo mismo. “Comparar la boca de un niño negro con la de un sapo es racismo, por más que el director no tuviera esa intención”, analiza Schvarzman, autora de una tesis doctoral sobre la obra de Mauro.

Reproducción cortesía de Fernão Pessoa Ramos Wagner Moura en escena de Tropa de elite, película policial dirigida por José Padilha (2007)Reproducción cortesía de Fernão Pessoa Ramos

Los años 2000
Un género que no formó parte del primer libro de Pessoa Ramos, la comedia romántica, ganó público y cobró importancia en las más de tres décadas que separaron las dos obras. “Muchos críticos se mostraron recelosos con películas como Patas para arriba (2010) debido al claro atractivo popular”, señala Schvarzman. Según ella, la película aborda la temática del sexo, los prejuicios y los estereotipos de las relaciones sociales y fue responsable de llevar 3,5 millones de espectadores a los cines de todo el país.

La protagonista, interpretada por la actriz Ingrid Guimarães, es una mujer dedicada al trabajo que ve cómo su vida cambia radicalmente cuando su marido decide irse de casa. Dos años más tarde, con Patas para arriba 2, Guimarães conquistó una audiencia aún mayor: 4,8 millones. “El cine contemporáneo lo explica mucho a Brasil. Revela el interés por el consumo, el cambio en el papel de la mujer y el interés por la ascensión social”, dice Schvarzman. Para ella, el cine brasileño ha llevado a las pantallas un panorama actual del país.

Algunas películas dieron lugar a programas de televisión, como Ó pai, ó (2007), de Monique Gardenberg y Divã (2009) dirigido por José Alvarenga Júnior. Otros tuvieron éxito en páginas de streaming, como fue el caso de Si yo fuera vos (2006), de Daniel Filho y Tropa de elite (2007), de José Padilha. Se trata de una nueva era, en la cual el séptimo arte se está adaptando a las nuevas posibilidades de reproducción. “Cambia la plataforma, pero el arte sigue vivo, como ha ocurrido en todas las evoluciones por las que el cine pasó: la llegada del color, el sonido y la digitalización”, señala Ramos.

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