Imprimir Republicar

Entrevista

Paola Marcella Camargo Minoprio: Un nuevo frente contra las enfermedades emergentes

El Instituto Pasteur de París, la USP y la Fundación Fiocruz ponen en marcha una alianza bajo la coordinación de una biomédica paulista

"A los participantes de la red internacional del Instituto Pasteur los unen las ganas de solucionar problemas de salud pública"

Léo Ramos Chaves

Diecisiete laboratorios de investigación, incluido uno de nivel de bioseguridad 3 –en una escala de 1 a 4– para estudios de virus de alto riesgo empezaron a ocupar un área de 1.700 metros cuadrados en dos pisos de uno de los edificios nuevos del campus paulistano de la Universidad de São Paulo (USP), en la Ciudad Universitaria. Se trata de la Plataforma Científica Pasteur-USP (SPPU), inaugurada a principios de julio, como resultado de un acuerdo entre el Instituto Pasteur de París, la USP y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), de Río de Janeiro, anticipando la posible creación de una unidad en Brasil de la renombrada institución francesa, que cumplió 130 años (no hay que confundirse con el instituto del mismo nombre que tiene su sede en la ciudad de São Paulo, creado en 1903, especializado en investigación sobre el virus de la rabia y vinculado a la Secretaría de Salud del Estado de São Paulo).

Con un presupuesto inicial de alrededor de 8 millones de reales, resultante de un proyecto de investigación recién aprobado por la FAPESP, el equipo de São Paulo trabajará con enfermedades emergentes y desatendidas, principalmente las que terminan comprometiendo el sistema nervoso central, tales como el zika, el dengue, la fiebre amarilla, la influenza y la enfermedad del sueño animal. “Pretendemos actuar antes de que las epidemias aparezcan”, afirma la biomédica paulistana Paola Minoprio, quien comenzó en 2014 a impulsar la construcción de la plataforma, de la cual es la coordinadora por el Instituto Pasteur. Por la USP, el coordinador es el biólogo Luis Carlos de Souza Ferreira, director del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB).

Graduada en la Universidade de Mogi das Cruzes, Minoprio hizo su maestría en la USP y su doctorado en la Universidad París VI, ya trabajando en un laboratorio del Instituto Pasteur en la capital francesa. Al ser contratada, en 1985, se convirtió en una pasteurienne, un título de prestigio científico, y hace tres años decidió volver a São Paulo. Especializada en la enfermedad de Chagas, a principios de 2019 hizo sus maletas y, con Tico, su perro de 20 años, y La Samba Dora de Bourgogne, la gata de 10, regresó definitivamente a São Paulo, a los 63 años de edad, atraída por el desafío profesional de integrar a Brasil a esa red internacional de centros de investigación científica en alianza con el Instituto Pasteur de París. Permanece vinculada al instituto francés y, en la entrevista que se lee a continuación, comenta los proyectos que se llevarán adelante en Brasil.

¿Cuál es la dimensión de la red internacional del Instituto Pasteur?
Son 33 institutos vinculados al Pasteur de París, en 25 países, con un total de 23 mil investigadores. En general, el Instituto Pasteur participa en la definición de las estrategias científicas, pero no siempre, porque cada institución tiene su propio estatuto y formas propias de financiación. El de París es una institución privada de utilidad pública, sin fines de lucro. La mayor parte de los fondos, alrededor del 60%, proviene de las regalías de la venta de vacunas y kits de diagnósticos, del 20% al 25% de donaciones y herencias y el resto del gobierno francés, fundamentalmente del CNRS [el Centro Nacional de Investigación Científica] y el Inserm [el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica]. El Pasteur de Montevideo, creado en 2004 con base en una deuda de la Primera Guerra Mundial del gobierno francés, actualmente es enteramente mantenido por el gobierno uruguayo, pero tiene miembros del Pasteur de París en su dirección y en el consejo de administración. El de Italia mantuvo su nombre original, Fondazione Cenci Bolognetti, y siempre ha sido privado. El de China es público, con participación de la Academia de Ciencia China. El de Guinea, en África, está en construcción, a pedido del gobierno, después de que los equipos de París participaron en la capacitación del personal, en la atención de pacientes y en las investigaciones de campo con miras a detener el brote del virus del Ébola, hace unos cuatros años.

¿Cómo lidiar con las diferentes culturas de cada país?
A las personas que trabajan en la red internacional del Instituto Pasteur, la Riip las unen las ganas de solucionar problemas de salud pública. Hay mucha interacción. La Dirección Internacional del Pasteur de París organiza reuniones anuales de la red, por medio de la Asociación de la Red Internacional del Pasteur, la Pina, para discutir las prioridades de investigación y de cursos. La red también está dividida por regiones, en Europa, en América, en Asia, en África y en el Magreb [la región noroeste de África]. La región América de la red incluye a Canadá, Guadalupe, Guayana Francesa y Uruguay, donde hay institutos formalizados, y Brasil. Aquí todavía no hay un instituto vinculado a la Riip, pero la Fiocruz, desde 2004, participa de la red como institución corresponsal.

La primera dificultad consistió en asociar a un instituto privado francés a una universidad pública paulista y una fundación del gobierno federal brasileño

¿Cuál fue su papel en la creación de la Plataforma Pasteur-USP?
En 2000, el entonces director general del Instituto Pasteur, Philippe Kourilsky, me dio una misión: crear una red de investigación, enseñanza e innovación entre el Pasteur y las instituciones académicas del Mercosur. Con colegas de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile, creamos una red de 55 instituciones académicas, centros de investigación y 11 universidades, la Amsud-Pasteur. En cinco años, realizamos 23 cursos regionales, tres jornadas de bioempresas, en Brasil, Uruguay y Chile, y varios estudiantes sudamericanos participaron de cursos en París. La red fue importante para la creación del Instituto Pasteur en Montevideo en 2004. En 2014, el entonces director del instituto, Christian Bréchot, me dijo: “Es inevitable expandir nuestras colaboraciones con Brasil”. Busqué al profesor Erney Plessmann de Camargo, con quien inicié mi trayectoria de investigadora en la práctica del último año de la facultad. Él me aconsejó conversar con Marco Antonio Zago, entonces rector de la USP y actual presidente de la FAPESP. Él también me sugirió que conversara con Celso Lafer, quien era en ese momento presidente de la FAPESP, y Jorge Kalil, que era el director del Instituto Butantan. A los tres les interesó apoyar una estrategia que pudiera conducir a la implementación de un Instituto Pasteur en Brasil.

¿Cómo hicieron?
La decisión del Pasteur privilegió la propuesta de la USP. Zago había suspendido todas las construcciones en el campus, pero después destinó alrededor de 35 millones de reales para terminar el complejo de edificios donde nos instalamos. Yo traje a ingenieros del Pasteur para que definiéramos la planta y las necesidades de los laboratorios de investigación con la Superintendencia de Espacio Físico de la USP. De 2014 hasta 2017, trabajé la mitad del año en París y la mitad del año aquí, haciendo el seguimiento de la construcción. En junio de 2015, se firmó un acuerdo tripartito de cooperación científica entre Pasteur, USP y Fiocruz, que prevé la creación de un Instituto Pasteur en Brasil. Una primera etapa transitoria de esa iniciativa preconiza la creación de una plataforma que permite la consolidación de las relaciones científicas entre los aliados, mientras que la segunda fase anticipa las condiciones para la creación del Instituto Pasteur de Brasil y su inclusión en la Riip. La estrategia científica fue aprobada por los aliados en 2016, teniendo en cuenta que el país es uno de los centros mundiales de biodiversidad, que las enfermedades crónicas avanzan en razón del envejecimiento y el cambio climático y ambiental favorecen la migración de vectores y la aparición de nuevos virus y enfermedades. En abril de 2017 empezaron a funcionar las oficinas administrativas del Instituto Pasteur en Brasil, en el edificio de la Aucani [la Agencia USP de Cooperación Académica Nacional e Internacional], por medio del cual, como gestora, puedo negociar con cualquier institución académica o de investigación, organismos oficiales nacionales e internacionales. En julio de 2017, un nuevo acuerdo creó el primer espacio físico destinado a la Plataforma Científica Pasteur-USP, la SPPU. A principios de julio de este año, antes de la inauguración de la SPPU, reunimos a investigadores de la región América de la red internacional, del instituto Pasteur de Portugal e de otros países de la región, como Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Costa Rica, organizamos un simposio sobre arbovirosis  y resistencia a antibióticos, debatimos iniciativas comunes y, durante el último día, nos reunimos para ver cómo podríamos trabajar juntos. Los directores y científicos del Pasteur se encontraron con los directores y científicos de otras instituciones.

¿Qué pretenden hacer aquí?
Una estrategia multisitios está prevaleciendo para la implementación del Instituto Pasteur de Brasil. En São Paulo, la SPPU enfocará sus esfuerzos en parte de la estrategia científica, principalmente la que opera con enfermedades emergentes desatendidas, que terminan comprometiendo el sistema nervioso central, tales como el zika, el dengue, la fiebre amarilla, la influenza y la fiebre del sueño animal. Pensamos en la posibilidad de crear otra unidad en Eusébio, estado de Ceará, con la Fiocruz; si sale bien, estaremos cerca del Instituto Pasteur de la Guyana Francesa, donde implementamos una vectopôle, un polo de estudio sobre la migración de insectos vectores de agentes causantes de enfermedades. Pretendemos actuar antes de que las epidemias lleguen a Brasil, como una célula de intervención de urgencia. En la epidemia de zika, los mejores científicos y médicos infectólogos del país crearon una red, con el apoyo de la FAPESP. Con nuestro conocimiento sobre genómica y migración de vectores, podemos prever el desplazamiento de nuevos virus y estudiar sus relaciones con el organismo antes que la epidemia llegue. La reunión de julio fue importante además para acercar a algunos grupos brasileños, como los del Instituto Evandro Chagas y de la Fiocruz, que formarán parte de este trabajo.

¿Quiénes conforman el equipo?
La SPPU contará inicialmente con investigadores especializados en neurobiología, Patrícia Beltrão Braga, en diagnóstico viral, Edison Durigon, en filogenia de arbovirus, Paolo Zanotto, en inmunopatología, Jean Pierre Peron, y yo, que me especializo en la interacción entre patógenos y hospederos. Intentaremos modificar los genes que dejarán coloreados o luminiscentes el virus del Zika y otros microorganismos, para verificar cómo se esparcen y causan la inflamación en modelos animales. Helder Nakaya, biólogo de sistemas, tratará de big data y analizará datos inmunológicos, genómicos y epidemiológicos. Contaremos también con Eduardo Massad, expertos en modelos matemáticos y epidemiologia tropical. Pedro Teixeira da Silva, quien fue coordinador de bioseguridad de la Escuela Nacional de Salud Pública de Fiocruz, estuvo un año en el Pasteur de París para perfeccionarse en bioseguridad de laboratorios nivel 3 y ahora está aquí en la Plataforma para transmitir normas de buenas prácticas, que serán útiles para uniformizar la manera de trabajar en investigación en Brasil con aquellas ampliamente utilizadas en el exterior. Sigo vinculada al Pasteur, negocié de tres a cuatro viajes al año para allá, pero terminé mi trabajo científico en París y mi último estudiante defendió el doctorado en diciembre. Mi laboratorio sigue perteneciendo al departamento del Pasteur llamado Global Health, pero, como coordinadora de la Plataforma, no puedo más estar allá y acá al mismo tiempo. Me he traído la mayoría de los equipamientos de mi laboratorio, en un contenedor de 40 metros cúbicos, para transformarlos en multiusuarios. Llegaron en mayo y para septiembre han de estar funcionando con otras adquisiciones de la SPPU financiadas por la FAPESP.

Archivo personal Minoprio (segunda fila, a la der.) con el equipo de su laboratorio del Instituto Pasteur, en ParísArchivo personal

¿Qué dificultades enfrentó para implantar la Plataforma?
La primera consistió en asociar a una institución privada de utilidad pública extranjera con una universidad pública autárquica del estado de São Paulo y una fundación vinculada al Ministerio de Salud de Brasil. Como son instituciones con regímenes administrativos diferentes, todavía no sabemos si el futuro Instituto Pasteur de Brasil será una filial del de París, una fundación o una Oscip [una organización de la sociedad civil de interés público]. Otro problema es el armado de los equipos. Nuestro objetivo no es simplemente incorporar aleatoriamente a investigadores, sino identificar un problema científico relevante, ver quién es la mejor persona en Brasil o fuera con más chances de resolverlo y trabajar en conjunto.

¿En qué punto se encuentra su trabajo con la enfermedad de Chagas?
Basada en una estrategia distinta a la de otros investigadores que se interesaban fundamentalmente en determinantes antigénicos inmunodominantes de microorganismos patogénicos, orienté mi atención hacia el sistema inmunológico como un todo, con las respuestas específicas y no específicas contra el agente agresor. Mi director de tesis del doctorado fue el inmunólogo portugués Antonio Coutinho, que decía: “El sistema inmunológico no está hecho para protegernos contra nada, sino para ‘conocernos’ y ‘re-conocernos’. Todo lo que no es uno mismo es extraño, y el organismo trata de incorporarlo para encontrar el equilibrio o bien eliminarlo”. En el doctorado, en lugar de analizar la respuesta específica al parásito, como gran parte de los parasitólogos, examiné la totalidad del sistema inmunológico en presencia de algo extraño, el Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad de Chagas. Descubrí que menos del 2% de la respuesta inmune de un huésped contra un organismo es específica. Vi que los parásitos activan una respuesta indiscriminada, mayoritariamente no específica, estimulando la producción de anticuerpos de baja afinidad contra los microorganismos patogénicos. En 2000, descubrí que el T. cruzi, ni bien entra al organismo, produce la enzima prolina racemasa, que estimula una gran producción de anticuerpos no específicos por parte de los linfocitos B. Así, desorganiza todo el sistema inmunológico y se instala en el huésped. Siete a 10 días después de la infección, la respuesta específica antiparasitaria se hace presente, propiciando la muerte de gran parte de los parásitos, pero los que ya están en el tejido permanecen. En 2001, con mi equipo, logramos mostrar que inyectar la prolina racemasa evitaba la desorganización causada por el parásito e inducía una protección del 90% al 95%. Estos descubrimientos tuvieron buena repercusión, pero fueron decepcionantes para mí.

¿Por qué?
El 5% de los parásitos que sobran se siguen multiplicando y la enfermedad avanza. Entonces la protección no es esterilizante. Después, en asociación con colegas de las áreas de la dinámica molecular, cristalografía, química médica y modelización in silico de drogas, identificamos inhibidores de la prolina racemasa. Obtuve una financiación de la Asociación Nacional de Investigación (ANR) para desarrollar inhibidores hasta la fase I. Esos compuestos son también inhibidores de la prolina racemasa de la bacteria Clostridium difficile, que causa infecciones de difícil tratamiento. Terminé mi trabajo en París en esa etapa, pero espero avanzar con mis colegas de Francia y de Brasil. Ahora voy a volcar mi atención sobre otro tripanosoma, el T. vivax, que causa la enfermedad del sueño animal, y sobre los virus emergentes, tema principal de la SPPU.

¿Por qué decidió regresar definitivamente a São Paulo?
Hace tres años, tuve que decidir si seguiría solamente allá, con una antena en París, o en las idas y venidas hacia acá. Además del hecho de que mi madre tenía 89 años, estaba el desafío de vida profesional. Trabajo con la enfermedad de Chagas desde hace más de 30 años en París. ¿Cómo voy a terminar mi trayectoria profesional en Francia? No había hecho nada por mi país, pues salí de aquí muy joven. Nadie creía que esa plataforma pudiera hacerse realidad, pero voy a estar muy feliz si, dentro de unos años, cuando me jubile, puedo ver a los jóvenes que estamos formando trabajando aquí, en Brasil, en cosas importantes, de impacto para la salud pública y global.

Republicar