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Olimpíadas científicas

Un lugar para las niñas en las matemáticas

Una competencia solo para chicas apunta a crear un ambiente más acogedor para los talentos femeninos de la disciplina

El equipo que representó a Brasil en la olimpíada femenina en Kiev: medalla de oro inédita

Luize D'Urso

El Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa) organizará en el segundo semestre una olimpíada de matemática exclusivamente para participantes del sexo femenino. Trescientas alumnas de 8º y 9º año de la enseñanza fundamental y de los tres años de la enseñanza media de escuelas de todos los estados de Brasil estarán invitadas a competir en el Torneo Niñas en las Matemáticas [en portugués, Torneio Meninas na Matemática – TM2]. Las chicas se reclutan por su buen desempeño en las ediciones de 2018 en la Olimpíada Brasileña de Matemática en las Escuelas Públicas (Obmep) y de la Olimpíada Brasileña de Matemática (OBM), que movilizan a 18 millones de estudiantes de más de 50 mil instituciones de enseñanza, organizadas por el Impa y por la Sociedad Brasileña de Matemática.

“El torneo apunta a llegar a las niñas de todo el país y erigirse en un incentivo adicional para las interesadas en esa disciplina”, explica el director general del Impa, Marcelo Viana. Uno de los objetivos de esta iniciativa consiste en evitar que el interés de las chicas por las matemáticas decaiga a lo largo de la vida escolar, tal como ocurre hoy en día en Brasil. En la Obmep de 2018, por ejemplo, tan solo un 30% de los medallistas en la enseñanza fundamental eran del sexo femenino y la proporción quedó aún menor, alrededor del 20%, entre los participantes del nivel medio.

Pero la meta principal es más ambiciosa: se trata de crear un ambiente y una red de relaciones más amigables para aquellas alumnas a las que les gusta la matemática, lejos de los estereotipos que, en la escuela y en la sociedad, atribuyen a las mujeres una dificultad innata para la disciplina, lo que justificaría la enorme predominancia masculina entre sus profesionales e investigadores. “No existe la intención de separar a mujeres y hombres por el conocimiento, sino de crear un ambiente estimulante para ellas, ya que la disparidad en el área las termina por desalentar y las lleva a seguir otras carreras”, aclara Viana.

Márcio Alves/ Agencia O Globo Luize D’Urso, de 22 años, orienta al equipo olímpico femenino y creó un proyecto en la PUC-Río para entrenar a las niñas de las escuelas públicas los sábadosMárcio Alves/ Agencia O Globo

Los datos de la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (Unesco) muestran una prevalencia masculina del 65% en las áreas Stem, que es la sigla en inglés para ciencia, tecnología, ingenierías y matemática. En esta última, el problema está especialmente acentuado. Un ejemplo reciente: había tan solo 60 mujeres entre los 594 estudiantes de más de 100 países que participaron de la Olimpíada Internacional de Matemática de 2018, realizada en Rumania. Desde 1936, la Unión Internacional de Matemática concede, cada cuatro años, la medalla Fields a hasta cuatro matemáticos de, como máximo, 40 años de edad, que se hayan destacado por sus contribuciones excepcionales para la disciplina. Entre los 60 ganadores de la medalla, solo una mujer, la iraní Maryam Mirzakhani (1977-2017), radicada en Estados Unidos, recibió el premio Fields, en 2014. Casi no pudo ir a recibir el premio, pues estaba en tratamiento contra el cáncer que la mató tres años después. El fenómeno es patente en el propio Impa, que cuenta con solamente una mujer entre sus 48 investigadores, Carolina Araújo, especialista en geometría algébrica con doctorado en la Universidad de Princeton, Estados Unidos.

De las medallistas del Torneo Niñas en la Matemática saldrá el grupo que va a representar a Brasil en la 9ª Olimpíada Europea Femenina de Matemática (EGMO), que tendrá lugar en Holanda en abril de 2020. La EGMO surgió en 2012 con la ambición de crear un carril propio para las chicas a las que les interesa la matemática. El Impa organizó la participación brasileña en las tres últimas ediciones de esa olimpíada y se encargó de la preparación de las delegaciones de estudiantes. En la 8ª edición del evento, realizada en abril de este año en Kiev, Ucrania, Brasil conquistó una inédita medalla de oro, además de dos de bronce, con el equipo formado por Mariana Bigolin Groff, de 17 años, de la localidad de Frederico Westphalen (Rio Grande do Sul); Ana Beatriz Studart, también de 17, de Fortaleza (Ceará); Bruna Nakamura, 16, de Indaiatuba (São Paulo); y Maria Clara de Lacerda Werneck, 17, de Río de Janeiro (Río de Janeiro). En el ranking general, Brasil quedó en el 20º puesto entre 49 países.

El entrenamiento para la olimpíada femenina se basa en el mismo modelo de aquel de los participantes de la OBM: hay encuentros presenciales con mentores y, sobre todo, largas jornadas de estudio y prácticas de ejercicios. La mayoría de los alumnos de alto rendimiento se ven atraídos, muchas veces con becas de estudio, hacia colegios con actividades volcadas a esas competencias. En el caso de las chicas, la preparación es más abarcadora. Dos jóvenes mentoras, que concluyeron su carrera de grado hace poco tiempo, ayudan a estimular a las alumnas. “Actualmente acompaño a seis chicas de la enseñanza media en fase de preparación para las olimpíadas. Incluso estando lejos, mantengo conversaciones regulares con todas, algunas en grupo por video, otras individuales. El foco es mantenerlas motivadas”, relata la científica de la computación paulista Deborah Alves, de 26 años, una de las líderes del equipo que fue a Ucrania. Después de pasar cinco años en Estados Unidos, donde cursó matemática y ciencias de la computación en la Universidad Harvard y trabajó en una empresa de tecnología, Alves volvió a Brasil en 2017 y ayudó a crear una startup que conecta a médicos de familia con empresas que quieren brindar asistencia de salud a los empleados, pero no les ofrecen seguro de salud.

Muchas veces, ni los docentes tratan a los niños y las niñas de forma igualitaria, advierte la matemática Luize D’Urso

“Desde las primeras participaciones en olimpíadas y en los entrenamientos ofrecidos por la OBM, las chicas son pocas y la tendencia indica que la cantidad disminuye más aún durante los ciclos siguientes. Ellas terminan sintiéndose solas y en situación de inferioridad”, explica la matemática carioca Luize D’Urso, de 22 años, quien también actuó como mentora del equipo brasileña en la EGMO. “Por eso, tratamos de conversar siempre por video para incentivarlas en los estudios y darles consejos. Es decir, un tratamiento más personalizado y motivacional”. Luize D’Urso orientó al equipo con las credenciales de quien ganó siete medallas en la Obmep durante la enseñanza fundamental y media, conquistadas mientras cursaba un colegio militar. Graduada en matemática en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río) en 2018, fue la única ingresante mujer de su curso. Ella recuerda que no se sorprendió, ya que, cuando se entrenaba para la Obmep, había visto a muchas chicas que abandonaban cursos y entrenamientos de matemática en general por falta de estímulo de las familias. “A muchos padres no les gusta que las hijas estudien matemática a nivel competitivo y pasan a exigirles dedicación a otras materias cuando están en época de rendir los exámenes de ingreso a la universidad. Los varones, en cambio, reciben más estímulo para dedicarse al pensamiento lógico y la matemática. El problema es estructural; muchas veces, ni los docentes logran tratar a niños y niñas de manera igualitaria”, afirma.

Actualmente, D’Urso cursa una maestría en la PUC. En una muestra de cómo el mundo de las mujeres de la matemática es pequeño, su directora de tesis es Carolina Araújo, la única investigadora del Impa. D’Urso también está al frente de un proyecto bautizado Matemática para Chicas (Matemática para Garotas, en portugués), que recluta a estudiantes de primaria y secundaria en Río y les da clases de lógica durante las tardes de sábado en un salón cedido por la PUC. “Estamos perdiendo a muchas chicas que podrían contribuir a nuestro equipo en la Olimpíada Internacional de matemática y más aún a la ciencia. Participar de las competencias estimula la opción por trayectorias en las áreas de las ciencias exactas, matemática, física o ingeniería”, asegura D’Urso.

La inédita medalla de oro en la EGMO de Kiev fue una conquista de la estudiante de Rio Grande do Sul Mariana Bigolin Groff, de 17 años. Vencedora de seis medallas en la Obmep, ella salió de la pequeña ciudad de Frederico Westphalen, en la frontera con Santa Catarina, para irse a vivir los últimos tres años en tres capitales –Porto Alegre, São Paulo y Fortaleza–, atendiendo a seguidas invitaciones de escuelas que le ofrecieron becas de estudio. Hoy en día, estudia en el Colegio Farias Brito, en la capital del estado de Ceará, que le ofrece residencia y alimentación junto con otros becarios. Actualmente, se siente tranquila viviendo lejos de la familia. Hace cuatro años, cuando salió de Porto Alegre para ir a vivir a São Paulo, extrañaba tanto que tuvo que regresar a Frederico Westphalen. “Yo era muy chica y después de un año quise volver a casa. La experiencia vale la pena, pero exige madurez”, comenta Mariana, cuya trayectoria empezó en 7º grado de la enseñanza fundamental, cuando disputó por primera vez la Obmep. En la EGMO, ya había conquistado medallas de bronce y plata en las ediciones de 2017 y 2018. El oro en Kiev cerró su ciclo de participaciones olímpicas en la fase de la enseñanza media.

INPA Ceremonia de premiación de la Obmep, en julio: tan solo un 22% de las medallas de oro fue para las chicasINPA

Ella recuerda que se sentía intimidada cuando participaba del entrenamiento de las olimpíadas mixtas. “Yo era la única chica en un grupo preparatorio de 35 alumnos para la OBM. Hubo días en los que los varones se reunieron en una habitación del hotel para jugar y yo no quise ir. No me sentía bienvenida y me cuestionaba si debería realmente estar haciendo aquello”. Al ingresar al grupo exclusivamente femenino que disputó la EGMO, se sintió más cómoda. “Vimos que no estábamos solas y nos sentimos más seguras de que también pertenecemos a ese lugar”, afirma. En cuanto al futuro, ella pretende cursar su carrera de grado en Estados Unidos, pero todavía no eligió cuál. “En el sistema universitario estadounidense, la carrera de grado empieza con un núcleo común de asignaturas de formación genérica. No es necesario llegar allá sabiendo lo que va a cursar como carrera”, comenta.

La alumna proveniente de Ceará Ana Beatriz de Castro Studart, de 17 años, se trajo de Kiev una medalla de bronce en la EGMO, después de ganar una de plata en 2018. Cuando cursaba 6º grado de la primaria en el  Colegio Militar de Fortaleza, empezó a participar de competencias de matemática, física y robótica. Al año siguiente, representó al país en la Olimpíada Rioplatense de Matemática, que reúne en Argentina a estudiantes de varios países latinoamericanos. Luego, recibió una oferta de beca de estudios en el Colegio Farias Brito, el mismo en el que estudia Mariana Groff (la institución se destaca por invertir en la preparación de olimpiadas de ciencias exactas). Algunas amigas le decían a Ana Beatriz que era mejor no intentar que equivocarse. Cuando surgió la oportunidad de disputar la EGMO, al principio tuvo dudas acerca de si competir o no. “Yo no estaba segura de si quería participar de una olimpíada dividida por género porque en ese momento yo todavía no entendía cuánto era importante eso.” Ella tiene planes de estudiar fuera de Brasil: “Tengo un interés específico en la matemática aplicada a la investigación biológica para me profundizarme en el área de investigación.”

Marcelo Viana, del Impa, aclara que el empeño por incluir cada vez más mujeres en las competencias internacionales busca garantizar más diversidad para la matemática e incentivar talentos con potencial para ayudar en el desarrollo del país, pero no solo eso. “No queremos privilegiar la matemática en detrimento de las ciencias humanas o biológicas. La filosofía, la sociología, la biología y la historia, entre tantas ciencias, son esenciales para el crecimiento del país y la formación del ciudadano”, asevera Viana. “Pero no podemos aceptar que una cultura arcaica y machista siga segregando a las mujeres, apartándolas de las ciencias exactas y de la matemática en particular. Es muy difícil borrar los factores socioculturales que fomentan ese fenómeno, pero es nuestra obligación luchar contra esa disparidad”, subraya.

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