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Trayectorias

La incertidumbre al innovar

Más allá de la profundización del conocimiento sobre el área escogida, emprender requiere una preparación emocional para afrontar las adversidades

Arthur Vergani

Pese a que la creación de startups cobra cada vez mayor vitalidad entre los jóvenes investigadores, poco se debate al respecto de las experiencias de emprendedores que afrontaron dificultades en sus negocios. “Se valoran mucho las historias exitosas pero se hace necesario recordar que muchos de los gestores que alcanzaron el éxito en sus trabajos han tenido también sus fracasos”, dice Mario Sergio Salerno, del Departamento de Ingeniería de Producción de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (Poli-USP) y coordinador del Observatorio de Innovación y Competitividad del Instituto de Estudios Avanzados de la misma institución.

Además de la capacidad de traducir conocimiento científico en una oportunidad de negocio, el emprendedor necesita estar preparado para afrontar riesgos e incertidumbres. “Resulta fundamental destacar la diferencia entre esos dos aspectos, que los nuevos emprendedores suelen confundir, y acaban preparándose solamente para los riesgos”, dice. Según Salerno, los riesgos pueden definirse como eventualidades para las cuales puede calcularse la posibilidad de que ocurra alguna cosa indeseada. En tanto, la incertidumbre es algo que no puede preverse, es decir, requiere que el emprendedor sea capaz de lidiar con eventualidades emergentes. Salerno, quien recientemente inició un proyecto de investigación sobre gestión de la incertidumbre en las actividades de innovación, también es uno de los autores del libro intitulado Gestão da inovação mais radical (Editorial Elsevier, 2018), que aborda la creación de diferenciales competitivos a partir de la configuración de nuevas plataformas de negocios.

El ingeniero de producción apunta otra dificultad frecuente, inherente a los conceptos de descubrimiento, invención e innovación. Y define al descubrimiento como un concepto físico o científico que debe ser validado socialmente. En tanto, a la invención se la considera una construcción física e intelectual, que en la mayoría de los casos da como resultado un proyecto o un prototipo. Pero lo que de hecho requiere la atención de los emprendedores es lo que respecta a la innovación, y eso se relaciona con la factibilidad de introducir un producto en el mercado. “La innovación es un concepto económico, es decir: no basta con descubrir o inventar algo nuevo, es preciso pensar si se podrá producirlo y comercializarlo de acuerdo con las reglas económicas vigentes”, explica. “Ahí es donde muchos emprendedores se desmoralizan al momento de darle un formato a sus negocios”.

En pos del éxito, aquellos que se abocan a un nuevo emprendimiento suelen dejar de lado algo importante: el aprendizaje que el fracaso de un proyecto puede aportarle a su carrera. Más allá de los perjuicios económicos, el fracaso de empresas enfocadas en la innovación también suele provocar padecimientos psicológicos a quienes las gestionan. Según un estudio realizado en 2015 con 242 emprendedores del estado de California, Estados Unidos, el 49% de los participantes refirieron haber padecido cuadros de depresión y ansiedad. Ese estudio, llevado a cabo por investigadores de las universidades Stanford y de California, revela que la exposición al estrés que generan las actividades de gestión puede provocar trastornos de déficit de atención, hiperactividad y bipolaridad en aquellos individuos que ya tenían propensión a esas clases de trastornos.

El economista Henrique Leal Teixeira, de 28 años y graduado en el Insper, padeció en carne propia la presión de trabajar en un ámbito de incertidumbre. Luego de trajinar durante unos años en el mercado financiero, en 2014 aceptó la invitación de un compañero de la facultad para sumarse a una startup del área de viajes y turismo. La empresa en cuestión, denominada Easytown, apostó al segmento de la planificación personalizada de viajes y recorridos turísticos. Al asumir el cargo de director financiero, Teixeira notó inmediatamente que, pese al gran aporte obtenido de 15 inversores, la empresa operaba con grandes gastos y no tenía un producto definido. “Al principio aún no conocíamos el área, si trabajaríamos con publicidad, con producción de contenidos o con la planificación de viajes propiamente dicha”, explica. Para él, uno de los problemas con los que se topó fue precisamente la facilidad con la que la empresa logró reunir un gran fondo de capitalización. “Cuando llegué, la empresa ya estaba instalada en un gran espacio, con ocho directores, se invertía mucho en marketing, pero aún no había un retorno económico”, relata.

Con el paso del tiempo y considerando los gastos excesivos del inicio del negocio y la dificultad para concebir un producto, los inversores iniciales dejaron de inyectar dinero. A raíz de esa merma en los aportes, Teixeira y su socio tuvieron que invertir recursos de su propio pecunio. “Fueron alrededor de 100 mil reales solo de mi parte”, relata. Otra de las dificultades planteadas por Teixeira indica que nadie en la empresa tenía nociones previas en el área del turismo, es decir, faltaban conocimientos al respecto de ese mercado, algo que les trajo aparejadas dificultades en la toma de decisiones. “Es importante ser versado en las particularidades de cada área, ya que quien no conoce el sector acaba por perderse ante coyunturas de incertidumbre”, explica.

La innovación es un concepto económico. No basta con descubrir o inventar algo novedoso: se necesita pensar si el producto podrá ser elaborado y comercializado, dice Salerno

La experiencia fue bastante traumática. “Me sumí en una depresión muy fuerte, ya no quería salir de casa ni encontrarme con amigos. Tuve que buscar ayuda psicológica”, dice. Ahora, en su trabajo con fondos de inversión en startups para una empresa de comercio electrónico, Teixeira recurre al difícil aprendizaje para tomar decisiones y aconsejar a nuevos emprendedores. “Ahora puedo advertir que el fracaso fue importante, porque me inculcó una nueva comprensión”, analiza, haciendo hincapié en que ahora prefiere trabajar con un presupuesto menor, pero con menos tensiones. “Cuando la inversión es importante hay mucha presión de los inversores”.

El administrador de empresas Andre Losada Pereira, de 28 años, también aprendió del fracaso. Graduado en el Insper, en 2013 quiso invertir en su propio negocio cuando junto a un socio vislumbraron potencial de innovación en el área de la distribución de alimentos saludables y fundaron Origem Alimentos. “Comenzamos produciendo y distribuyendo panes sin gluten e inmediatamente notamos que la logística de productos de ese tipo despertaba el interés de otras empresas”, relata. Entonces Losada Pereira invirtió en la venta y la distribución de alimentos saludables elaborados por terceros. Para 2018 la empresa tenía 60 empleados y una cartera con 2.700 clientes en la ciudad de São Paulo. Sin embargo, en pocos meses, el empresario vio cómo su negocio se desmoronaba. A partir de la huelga de los camioneros, en mayo del año pasado, y la crisis de abastecimiento de alimentos y medicamentos en todo el país, muchos consumidores dejaron de gastar en productos considerados superfluos, y eso condujo al cierre de la empresa.

“Mi error fue invertir todo el dinero en la adquisición de stock, algo que me dejó sin margen para afrontar una crisis de esa naturaleza”, explica. Desde entonces viene extrayendo experiencia de sus errores. Actualmente trabaja en asesoría de reestructuración y recurre a su experiencia como emprendedor para asesorar a las empresas que atiende. “Fue un proceso muy difícil y que me indujo a cuestionar mi competencia, pero ahora sé que esa es una situación por la que atraviesan muchos emprendedores”.

Para redefinir estrategias
Otro reto común que afrontan los jóvenes emprendedores surge cuando se necesita reorganizarse y cambiar de estrategia de negocio, lo que se denomina “pivoteo”. “Es como cambiar los neumáticos de un auto en movimiento”, compara Fernando Paes Lopes, de 27 años. Él se recibió de ingeniero en mecatrónica en la Poli-USP, y es uno de los socios de MVisia, una startup fundada en 2012 e incubada en el Centro de Innovación, Emprendimiento y Tecnología (Cietec-USP).

La empresa ideó un sistema de clasificación visual automatizado que atravesó varias fases. El sistema, en primera instancia dedicado a la verificación de plantas ornamentales, fue readaptado para la selección de plantines de eucalipto, pasando luego a los de caña de azúcar y, finalmente, a los de tomates de la variedad grape (tomates cherry o cereza). “A pesar de que la tecnología ha tenido buena aceptación, los costos del desarrollo de un dispositivo específico para cada cultivo trajeron dificultades para su comercialización a escala”, explica Pes Lopes.

A partir de esos cambios, ahora MVisia se dedica solamente a la fabricación de cámaras inteligentes para la supervisión de procesos industriales, tales como el control de calidad y recuento de artículos producidos. “Esos son problemas típicos de los emprendimientos, pero que aportan un gran aprendizaje para afrontar otras incertidumbres que podrían surgir en el futuro”, añade.

Para iniciar un emprendimiento propio
1. Procure conocer a fondo el mercado en el que pretende actuar
2. Mapee el desempeño de las principales empresas del sector
3. Sepa diferenciar riesgos, es decir, aquellos desafíos que pueden prevenirse, de las incertidumbres, que son situaciones no previstas
4. Proyecte diferentes escenarios de incertidumbre y reflexione sobre cómo reaccionar en caso de que se hagan realidad
5. Observe el panorama futuro que se proyecta en su segmento de negocios. En la mayoría de los casos, las grandes empresas divulgan las tendencias

Proyecto
Gestión de la incertidumbre en proyectos de innovación (nº 15/26662-5); Modalidad Proyecto Temático; Investigador responsable Mario Sergio Salerno (Poli-USP); Inversión R$ 859.020, 82

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