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Pesquisa Fapesp 20 Años

Prensa en transición

Con los medios digitales, el periodismo científico amplifica su potencial de comunicación, pero se enfrenta a discursos que rechazan la verdad fáctica

Léo Ramos Chaves Los periódicos y las revistas impresas constituían el público principal y atraían publicidadLéo Ramos Chaves

Hace 20 años, cuando nacía Pesquisa FAPESP, los periódicos y las revistas constituían la principal plataforma de comunicación científica en todo el mundo. Ese panorama fue cambiando gradualmente con el avance de internet y su capacidad para multiplicar la cantidad de medios abocados a la difusión de temas de ciencia y tecnología. Si bien este cambio propició por un lado una democratización del acceso al contenido sobre el tema, por otro profundizó la importancia de asegurar la calidad de la información, cuya credibilidad viene siendo constantemente puesta en entredicho.

Con el paso del tiempo, los conglomerados de la comunicación con fuerte presencia en el mercado en 1999, tal como era el caso de la editorial Abril, fueron perdiendo espacio, tal como recuerda el periodista Eugênio Bucci, docente de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA-USP). “La prensa se atomizada y entraron en escena nuevas empresas, tales como Facebook, Google y Twitter. Si un periodista hubiera sido congelado hace 20 años y despertara hoy no sabría cómo desenvolverse en este nuevo contexto”, analiza, al afirmar que tanto los modelos de comunicación como los de negocios se han transformado.

La migración del periodismo de las plataformas impresas a las digitales causó daños raramente reversibles. Bucci cita como caso excepcional al periódico estadounidense The New York Times, que entre los años 2000 y 2012 registró una caída impresionante de su facturación, y sus ingresos por publicidad se redujeron alrededor de un 60% durante ese período. Para revertir la situación, el periódico invirtió fuertemente en su plataforma digital y adoptó un sistema mediante el cual ofrece acceso gratuito a una cierta cantidad de textos, cobrándoles a los lectores que quieran ampliar la lectura de contenidos. Como refuerzo de su estrategia online de marketing, logró conquistar nuevas suscripciones digitales y recuperar parte de sus suscriptores de la edición impresa, aparte de incrementar su facturación mediante la publicidad en el sitio web del periódico.

Para Bucci, no debe considerarse a la migración digital como el gran problema de la prensa, en tanto y en cuanto ello puede garantizar la supervivencia de publicaciones tradicionales que se adapten a nuevos modelos de negocios. Según él, el principal reto para el periodismo reside actualmente en la difusión de discursos que rechazan hechos reales y los principios democráticos de relaciones civilizadas, que hoy en día “se multiplican dentro de un universo digital no regulado”. “En tiempos de redes sociales, prosperan múltiples formas de destrucción de la verdad fáctica, propiciando la circulación de creencias, supersticiones, prejuicios y discursos de odio que han ganado terreno sobre el relato periodístico”, reitera.

Los aportes por publicidad migraron desde los soportes tradicionales –periódicos, revistas y televisión– hacia el territorio virtual. “Para la publicidad, el periodismo era un multiplicador del público. Hoy en día existen multiplicadores más eficientes, que no necesariamente trabajan con principios de respeto a la verdad fáctica”, dice Bucci, quien fuera director de la revista Superinteresante, de la editorial Abril, entre 1994 y 1998, período durante el cual la publicación vendía 400 mil ejemplares por mes, entre suscripciones y ventas en kioscos de revistas, una cifra que en la actualidad llega a alrededor de 186 mil unidades.

Diversos artículos de Pesquisa FAPESP abordaron los diferentes formatos adoptados para la divulgación científica

La información en las redes
En 2018, el Pew Research Center, un centro que desarrolla encuestas de opinión pública y en ciencias sociales cuya sede se encuentra en Washington, Estados Unidos, analizó durante seis meses las publicaciones de las 30 páginas de ciencia con más seguidores en Facebook, con el propósito de identificar el tipo de información difundida. Según esa investigación, las organizaciones multiplataformas, tales como National Geographic y Discovery Channel, logran sacar provecho del potencial de alcance de la red para atraer a la audiencia hacia sus productos tradicionales offline, y las páginas que funcionan en redes, tales como Facebook, tienen la capacidad de despertar el interés de una gran cantidad de personas.

Esto fue lo que ocurrió con IFLScience, una página de información científica creada en 2012 por Elise Andrew, una bloguera británica y comunicadora científica. Seis años después, ella contaba con más de 25 millones de seguidores y reunía a un equipo de 15 personas, incluyendo periodistas, profesionales del área audiovisual y expertos en redes sociales. Más allá de su potencial de alcance, el estudio apunta que la mayoría del contenido divulgado abarca textos que muestran aplicaciones prácticas de la ciencia, o “noticias que pueden resultar útiles” (news you can use), aparte de promociones para programas y eventos, y que el 30% de las publicaciones de esas páginas en Facebook se relacionan con nuevos descubrimientos científicos.

Según el análisis del físico Peter Schulz, docente de la Facultad de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Campinas (Unicamp), las redes sociales le disputan cada vez más el espacio a los grandes periódicos de Brasil. Esos medios impresos decidieron reducir los equipos y el espacio dedicado a la ciencia, un tema que pasó a ser cubierto por otros sectores de las redacciones. “Los youtubers, con su lenguaje atractivo para el público joven, o incluso los pódcast, que han llamado la atención entre generaciones de mayor edad, logran conquistar audiencia con mayor facilidad”, sostiene el investigador, quien lleva adelante trabajos de divulgación científica y estudios sobre la importancia de la interdisciplinariedad en la ciencia. En este contexto, las revistas y los periódicos impresos afrontan el reto de hallar nuevas estrategias para atraer público, mientras que para los medios exclusivamente online la dificultad consiste en disponer de una buena curaduría sobre aquello que se divulga para asegurar la credibilidad de la información y distinguirse de las plataformas virtuales que propagan contenido impreciso o incluso noticias falsas sobre ciencia.

Un estudio realizado en 2018 por un equipo multidisciplinario coordinado por Noah Haber, doctorado en el Departamento de Salud Global y Población de la Universidad Harvard, quien actualmente realiza un posdoctorado en la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, constató que el ascenso de las redes sociales alteró la forma en que las investigaciones científicas y las noticias relacionadas con la salud se les presentan al público en todo el mundo. En ese trabajo se buscó en el banco de datos de NewsWhip Insights, una empresa que desarrolla estudios de análisis de contenido y redes sociales, los textos informativos más compartidos en Facebook y Twitter, anoticiando de artículos académicos sobre salud que habían sido revisados por pares.

Esos textos fueron analizados por un grupo de 21 expertos. De acuerdo con ese equipo, el 35% de los artículos académicos y el 48% de los textos informativos publicados a partir de esos escritos empleaban lenguaje que los revisores consideraron exagerado. Además, el 58% de las noticias divulgadas a partir de los artículos académicos contenían errores en relación con el alcance de la investigación en cuestión, incluyendo generalizaciones sobre las conclusiones y confusión al respecto de los métodos utilizados.

Pese a los problemas que ha tenido que afrontar el periodismo que cubre ciencia y tecnología, ha habido una evolución. “Hoy en día, la sociedad dispone de un mejor servicio y de mayor acceso a noticias sobre ciencia de lo que tenía hace 20 años. Puede obtenerse información en diversos medios de comunicación”, pondera el periodista estadounidense Ivan Oransky, vicepresidente y director editorial de Medscape, una organización que aparte de noticias ofrece capacitación periodística para médicos y profesionales de la salud (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 282). Oransky, graduado en biología y medicina, también es uno de los creadores del blog Retraction Watch, abocado a las retractaciones de artículos científicos. Y reconoce que, ante un panorama de expansión de los medios digitales, las fake news o noticias falsas han adquirido una dimensión indeseable. El periodista recuerda que en el pasado no era posible chequear con la facilidad actual las fuentes utilizadas en los artículos científicos. “En este contexto, el problema más grave reside en que la gente no está habituada a cotejar la veracidad de las informaciones, pese a la simplicidad con la que podría hacerse ese trabajo”, analiza.

Léo Ramos Chaves La inversión en estrategias online le permitió al periódico estadounidense recuperar del vigor financiero de la versión impresaLéo Ramos Chaves

Científicos comunicadores
El esfuerzo de los científicos para trabajar en forma proactiva en el aporte de información relevante destinada a la prensa ha desempeñado un papel preponderante con miras a mejorar la cobertura del área, analiza Clive Cookson, editor de ciencia del periódico británico Financial Times. Como periodista especializado en ciencia desde hace más de 30 años, Cookson hizo hincapié, en una conferencia que brindó a finales de 2018 en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, en la labor del Sciencia Media Center, una institución fundada en Londres en 2002 con el objetivo de congregar a científicos especializados en diversas áreas que colaboran con periodistas en la elaboración de reportajes, sugiriendo fuentes y evaluando artículos científicos. Más allá de perfeccionar la cobertura mediática británica, Cookson sostiene que el centro impulsó la creación de organizaciones similares en Alemania, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Japón.

Finalmente, Bucci afirma que, a pesar de los cambios radicales que ha debido afrontar la prensa, su misión sigue siendo la misma. “Buscar la verdad fáctica, acercar a la gente común al conocimiento y el control crítico del poder son desafíos aún mayores para el periodismo científico, en tiempos en los cuales proliferan quienes creen que la Tierra es plana y que las vacunas son perjudiciales”, concluye.

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