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Trayectorias

Directo al grano

Pósteres más sencillos y accesibles amplían el potencial de divulgación de las investigaciones

Presentación de pósteres durante el XXXI Congreso de Iniciación a la Investigación Científica de la Unesp, en São Paulo

Léo Ramos Chaves

Una presentación con pósteres forma parte de la rutina habitual de científicos y estudiantes de posgrado que pretenden divulgar sus trabajos, ampliar sus redes de contactos y establecer nuevas colaboraciones en eventos académicos. Sin embargo, esto no es una tarea sencilla cuando el objetivo consiste en elaborar un póster funcional y atractivo. Muchos científicos, preocupados por difundir el máximo posible de información entre sus pares, saturan sus pancartas con gráficos, tablas y descripciones de procedimientos realizados en sus estudios. Pero por lo general se olvidan de que los pósteres densos demandan mucho tiempo de lectura para poder ser comprendidos cabalmente. El uso de jergas y títulos intrincados suele ir en desmedro del interés, incluso del público especializado.

Una campaña iniciada en el mes de junio en Twitter, apunta a cambiar ese panorama y la dinámica de congresos y conferencias al estimular a los investigadores científicos para que elaboren pósteres más creativos y accesibles. El movimiento, que se replicó en las redes sociales mediante el hashtag #BetterPoster, fue lanzado por el estadounidense Mike Morrison, doctorando en psicología de la Universidad del Estado de Michigan, en Estados Unidos. “Los pósteres tradicionales han sido elaborados como artículos científicos”, declaró Morrison a Pesquisa FAPESP. “Por lo general, contienen síntesis. Introducción, metodología y conclusión. El formato se ve replicado en sesiones con decenas de pósteres que los asistentes a un congreso deberán ver en tan solo una hora”.

Para Morrison, el póster ideal debe dar cuenta de los hallazgos de determinado estudio. “El público tiene que aprender algo al observar solamente por cinco segundos esa pancarta”, dice. “Eso incita a la gente a formular preguntas más específicas e interesantes que el mero pedido al autor para que explique de qué se trata su investigación”. En un video publicado en YouTube, en el marco del lanzamiento de la campaña, Morrison presentó un nuevo diseño de póster.

En ese formato, el resultado más importante del estudio figura destacado en el centro del póster, en letras grandes y en lenguaje accesible. En los bordes, queda espacio para pequeñas figuras ilustrativas, dispuestas allí para ayudarle al expositor en su presentación oral. Una etiqueta de QR Code (código de barras bidimensional) les permite a los interesados poder acceder, vía smartphone o tablet, aparte de a una copia del póster, a la versión completa del estudio. Este modelo viene ganando adeptos y se encuentra disponible para su descarga en forma gratuita en el sitio web: https://osf.io/ef53g/.

“Se trata de un layout sencillo, pero bastante atractivo”, analiza la bióloga Kelsey Picard, doctorando de la Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad de Tasmania, en Australia. Ella incorporó algunas de las recomendaciones de Morrison en un póster premiado en el Forum STEM State Future, que se llevó a cabo en el mes de septiembre en aquel país. La estrategia, comenta Picard, consistió en destacar un título breve empleando un lenguaje coloquial, irreverente y resonante: “La menopausia de las plantas puede ser desencadenada por la semilla”. “El mensaje atrajo la atención de mucha gente”, comenta la investigadora, quien descubrió que existe una señal que envía la semilla del guisante o arveja “ordenándole” a la planta que pare de crecer.

Si bien en la actualidad existen plataformas online tales como Canva y Dribbble, que ofrecen recursos de diseño gráfico para la creación de carteles y otros materiales de difusión, gran parte de los investigadores científicos solamente adapta formatos elaborados con anterioridad por otros colegas. “Se trata de una práctica común en las universidades e institutos de investigación”, dice Morrison. “Alguien que ya creó un póster en Power Point le pasa el archivo a otro, quien solamente reemplaza los datos informativos, sin modificar la estructura”. Esta práctica revela el escaso interés de los científicos por el aspecto visual de las presentaciones, apunta Picard. “Hay cierta tendencia a colocar mucha información en el póster para tratar de impresionar a los colegas y mostrarles que uno realmente trabajó con ahínco”, reconoce la bióloga.


Para captar público
Martin Trauth, geocientífico y experto en comunicación científica de la Universidad de Potsdam, en Alemania, ve con buenos ojos la campaña promovida por Morrison, pero hace una advertencia: “La inserción del mensaje principal de la investigación en el centro del póster es una óptima idea, pero eso no garantiza que el problema de la calidad y del tamaño del texto estará resuelto”. En su opinión, lo más importante es proveer una pequeña muestra del trabajo, una especie de “cebo” que incite al diálogo con el público. Pero para ello se necesita que la capacidad de síntesis adquiera mayor valor en los congresos científicos. “Se suele premiar a los pósteres teniendo en cuenta solamente su contenido. El diseño ni siquiera se evalúa”, dice Trauth.

La farmacéutica Laura de Freitas, una investigadora que realiza una pasantía de posdoctorado en el Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (IQ-USP), vislumbra en la reflexión acerca del impacto de los recursos artísticos en la elaboración de los pósteres uno de los méritos del #BetterPoster. “El tamaño de las tipografías, la selección de los colores y la disposición de los gráficos son tan importantes como el contenido que se va a presentar”, sostiene Freitas, quien recientemente participó en un congreso con una pancarta inspirada en el modelo de Morrison. “Noté que muchas más personas vinieron a hablar conmigo y me formularon preguntas cuando utilicé este nuevo formato”.

Ella y la bióloga Ana Bonassa, también investigadora del IQ-USP, forman parte del proyecto Vai lá no meu pôster [Mira mi poster], del Centro de Investigación en Procesos Redox en Biomedicina (Redoxoma), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) financiados por la FAPESP. La iniciativa apunta a divulgar la producción científica del centro en videos cortos que pueden visualizarse en el canal de Redoxoma en YouTube. “Los participantes tiene la posibilidad de exponer sus pósteres frente a la cámara. Es una oportunidad para ampliar la difusión de investigaciones científicas que fueron presentadas en forma más concisa y puntual en congresos”, explica Bonassa.

En la primera etapa del proyecto se grabaron nueve videos, que se publican en forma semanal. Las investigadoras –que también cuentan con un canal en YouTube denominado Nunca vi 1 cientista– consideran que producciones más sencillas, tal como es la propuesta de Morrison, pueden estimular a los científicos para a desarrollar otras habilidades de comunicación, como por ejemplo, técnicas de storytelling. “Al disponer de pocos recursos visuales, los científicos pueden hablar de los entretelones de un estudio y relatar historias emocionantes de sus trabajos, algo que ayuda a explicar de manera interesante las informaciones consignadas en el póster”, dice Bonassa.

La campaña #BetterPoster también suscita críticas. La educadora estadounidense Teomara Rutherford, docente de la Universidad de Delaware, en Estados Unidos, observa con preocupación que se recomiende un modelo de divulgación cuya eficacia todavía no ha sido debidamente probada. “Antes de recomendar una intervención específica, sería mejor estudiar el problema y cuáles son las necesidades reales de la comunidad científica”, advierte Rutherford.

Ella llama la atención al respecto de la incorporación de un modelo preestablecido, algo que, en su opinión, puede desalentar el carácter autoral de la producción de un póster de presentación. “La adopción de ese formato, sin indagar previamente cuáles son los objetivos específicos de la presentación, apunta a una falta de pensamiento crítico acerca del uso del diseño con fines de divulgación científica”, dice. Mike Morrison, del #BetterPoster, explica que su intención no es difundir un modelo único de póster científico. “Mi propuesta es divulgar pistas acerca del modo en que los investigadores pueden utilizar herramientas de diseño para crear sus propios pósteres personalizados”, advierte.

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