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Estrategias

Cuando la ciencia hace reír

Los científicos a veces se deparan con hallazgos tan inútiles como cómícos. Para compartir la hilaridad con el público, la revista Annals of Improbable Research creó el Premio Ig Nobel, el Nobel de la ciencia excéntrica. Durante la 14ª edición del premio, el pasado 30 de septiembre en la Universidad Harvard, se mantuvo ese estilo picaresco.

El trofeo en la categoría Medicina fue para dos estadounidenses: Steven Stack y James Gundlach, que establecieron un vínculo entre la incidencia de suicidios y el gusto por la depresiva música country. El de Biología lo compartieron científicos de Suecia, Estados Unidos, Dinamarca y Canadá, que en investigaciones paralelas arribaron a una misma conclusión: unos misteriosos sonidos captados en el mar son provocados por las flatulencias de los arenques, cuyos cardúmenes se comunican mediante esa exótica sinfonía submarina.

Daniel Symons y Christopher Chabris se alzaron con el trofeo de Psicología. Mostraron que las personas concentradas al ver partidos de básquet raramente se dan cuenta de la entrada de un hombre vestido de gorila en el campo golpeándose el pecho. El Ig Nobel de la Paz fue para el japonés Daisuke Inoue, inventor del karaoke, “al establecer una forma original de enseñarles a las personas a tolerarse una a otras”, de acuerdo con los organizadores del concurso.

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