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Carta de la editora | 202

El mundo alterado por la física cuántica

En un libro presentado en Brasilia y Río de Janeiro durante la primera quincena de octubre, titulado Homens que nos ensinaron a concepção do mundo, el eminente físico brasileño Roberto Salmeron explica en cierto tramo, en el capítulo en que trata sobre Einstein, que “en la mecánica cuántica no podemos hacer una afirmación categórica como se hace en la mecánica clásica, solamente podemos conocer la probabilidad de que se produzca un efecto. Por ende, se trata de una forma de abstracción” (página 182). Eso, nos cuenta, fue lo que pronto comprendió Bohr, que con dicha comprensión le dio un gran impulso a la mecánica cuántica, y terminó por entrar en divergencia con Einstein. El famoso científico, “pese a su inteligencia y su cultura científica, paradójicamente no dio el paso tendiente a asimilar esa abstracción de la mecánica cuántica”.

Podemos decir, amparados por ese comentario del profesor Salmeron, que, si el mismísimo Einstein se mantuvo al margen de esa abstracción, varias décadas después, la física cuántica se presenta como algo prácticamente impenetrable para los que no son expertos en la materia, es decir, para la abrumadora mayoría de los que estudiaron física tan sólo en la secundaria y bien anclados en el territorio establecido por Newton. Eso mismo es lo que convierte en un desafío formidable, para el periodista científico, a la necesidad y el empeño por reportar avances del conocimiento, en forma clara y consistente, al respecto de la física cuántica. Por un lado, aparece la insuficiencia de formación del propio periodista para sumergirse y transitar por ese universo cuántico. Por otro, reconociendo que tal desconocimiento fuese, si bien no vencido, al menos temporalmente eludido o atravesado, existen enormes dificultades para construir una narrativa accesible para los no expertos con base en experiencias en las cuales la idea de realidad de los datos o la relación directa entre causa y efecto parece tan escasa, cuando no, francamente inexistente.

¿Cómo discurrir, reportando y explicando experimentos científicos, y no experiencias místicas o religiosas, sobre un campo en el que un ente puede suponerse simultáneamente muerto y vivo, o hallarse en más de un sitio en el espacio, superposiciones que resultan en completos contrasentidos? No se trata de una labor sencilla y eso no hace más que magnificar el mérito de nuestro editor de ciencia, Ricardo Zorzetto, por la elaboración del reportaje de tapa de la presente edición de Pesquisa FAPESP (página 18), que aborda estudios que promovieron el avance de la física cuántica y describe específicamente un experimento con partículas de luz, que meses atrás realizara un grupo de físicos de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), que se presentó el 12 de octubre pasado en la revista Physical Review Letters, y en el cual se logró demostrar que no siempre la información cuántica que llega al ambiente se pierde para siempre. Los físicos dan por supuesto que en el día a día no se perciben propiedades extrañas en las partículas atómicas (tales como estar en más de un lugar al mismo tiempo) porque el ámbito en que actúan, sumamente complejo, absorbe estas características (cuánticas) y las disipa, y entonces, los componentes más elementales de la materia pasan a comportarse en forma convencional. Pero el grupo de Río, según informa Zorzetto, sostiene que dicha pérdida no es total. Y eso puede ser interesante tanto para las computadoras cuánticas como para entender mejor las fronteras existestentes entre la mecánica cuántica y la mecánica clásica, newtoniana. En definitiva, tanto para el mundo práctico como para la ciencia básica. Bien vale la pena leerlo, e incluso deleitarse con las rarezas del mundo cuántico.

También quiero destacar aquí el reportaje que da comienzo a la sección de humanidades, del editor Carlos Haag (página 68). En un recorrido sobre algunos trabajos de reciente lanzamiento, tales como el libro José Bonifácio, de Miriam Dolhnikoff, y otros más antiguos, él trae a escena al vigoroso hombre de ciencia y ecologista avant la lettre que la historiografía tradicional ocultó detrás del aclamado Patriarca de la Independencia. José Bonifácio de Andrada e Silva concebía a la ciencia como algo fundamental para el desarrollo de Brasil, informa Haag, y fue gracias a esa visión que “proyectó la creación de universidades, escuelas de minas, expediciones científicas y sociedades económicas y científicas”. Tal como cita Dolhnikoff, José Bonifácio fue, sobre todo, “un científico formado por la Ilustración”. Creía en “una ciencia con sentido de propuesta, práctico”. En rigor, la manera en que concibió a la nación brasileña habría sido “determinada por su formación de científico”. Esta propuesta puede, por cierto, provocar alguna polémica, lo cual es bueno para el proceso del conocimiento. ¡Buena lectura!

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