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Tapa

Un territorio moldeado por las crecidas y los incendios

El agua y, en menor escala, el fuego, influyen sobre la distribución y la diversidad de las plantas del Pantanal

Mosaico de lagunas y ríos sinuosos en Mato Grosso

Carl de Souza/AFP

Cuando se hace referencia al Pantanal, enseguida vienen a la mente imágenes de ríos serpenteantes atravesando perezosamente tramos selváticos y lagunas frecuentadas por garzas, jabirúes y yacarés. La presencia del agua está íntimamente asociada al paisaje de este bioma, una de las áreas inundables más extensas del mundo. Aunque es el menor de los seis biomas brasileños, es más vasto que Grecia, Inglaterra y una centena de otros países. También es el que se encuentra mejor conservado, pese a la creciente transformación de sus herbazales naturales en pasturas para el ganado de corte durante las últimas décadas. En 2019, el Pantanal aún conservaba el 84 % de su vegetación nativa, según el último mapeo del proyecto MapBiomas, que monitorea la deforestación y las alteraciones del uso del suelo en los ecosistemas brasileños. Las precipitaciones son altas y para nada homogéneas, ya que varían entre los 1.000 y 1.500 milímetros por año, concentrándose entre los meses de octubre y abril, pero el agua que mantiene hasta el 80 % de sus tierras inundadas durante meses llega a la región a través los ríos que nacen principalmente en las zonas más altas cercanas a la Amazonia, en el norte, y en el Cerrado, ubicado al este.

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El agua, a pesar de que es fundamental, no es el único elemento que caracteriza al paisaje del Pantanal. El fuego también influye sobre la distribución y en la abundancia de especies vegetales, según apuntan estudios de investigadores de la Universidad Federal de mato Grosso do Sul (UFMS). A diferencia de los incendios intensos y duraderos como los de este año, capaces de dejar a la tierra devastada por períodos aún inciertos, aquellos que son esporádicos y de proporciones menores reducen la presencia de especies sensibles al fuego y propician la proliferación de especies resistentes, que reconfiguran el ambiente. “El Pantanal también depende del fuego para ser como es”, dice el ecólogo Danilo Bandini Ribeiro, de la UFMS, quien estudia el efecto de las quemas sobre la fauna y la flora de la región. “El agua y el fuego inciden de manera similar sobre la configuración del ambiente vegetal. Hacen que el paisaje sea más abierto”, explica el investigador, coordinador de un proyecto en el Territorio Indígena Kadiwéu, en Mato Grosso do Sul, que ha venido demostrando que el uso controlado del fuego para eliminar el exceso de biomasa generado por las gramíneas que crecen a campo abierto ayuda a prevenir los grandes incendios.

Los campos de gramíneas y arbustos ocupan 7,9 millones de hectáreas (el 52, 4%) de la llanura del Pantanal, un tercio de ellos temporal o permanentemente anegados, según los datos del MapBiomas. Los bosques, concentradas a lo largo de los ríos y en la región más húmeda ubicada al oeste, cubren el 19,6 % del Pantanal. Otro 9,2 % está compuesto por vegetación típica del Cerrado, la sabana brasileña, ubicado hacia el este. La diversidad de la flora y fauna del bioma es menor que la de la Amazonia, la del Cerrado y la del Bosque Atlántico. Hay unas 2.500 especies de plantas y 1.213 de vertebrados (580 aves, 271 peces, 174 mamíferos, 131 reptiles y 57 anfibios), de las cuales se estima de tan solo el 5 % son exclusivas de ese ecosistema. El resto es compartido con el Cerrado y con la Amazonia: ambos son fuentes importantes de la biodiversidad del Pantanal, junto al Chaco y del Bosque Atlántico.

Jeremy Woodhouse/ Getty Images Jabirúes: ejemplares de esta especie pueden hallarse fácilmente en el PantanalJeremy Woodhouse/ Getty Images

No obstante, el pequeño número de especies exclusivas del Pantanal se ve compensado por la exuberancia de las poblaciones de algunos animales. Allí abundan ejemplares de especies compartidas con otros biomas, tales como el jaguar o yaguareté (Panthera onca), la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), el venado de las Pampas (Ozotocerus bezoarticus), el jacinto o guacamayo azul (Anodorhynchus hyacinthinus) y el jabirú o tuyuyu (Jabiru mycteria). “La alternancia entre crecidas y sequías crea ambientes muy diversos, que proporcionan refugio y alimento a la fauna”, comenta la zoóloga Neiva Guedes, de la Universidad Anhanguera-Uniderp, cuyo trabajo para preservar al guacamayo azul lo sacó de la lista de especies en peligro de extinción.

Desde que el clima de la región se estabilizó hace 18 mil años, las oscilaciones del nivel de las aguas, establecida por los pulsos anuales de creciente de los ríos, actúa como un modelador del entorno. El nivel y la duración de las crecidas, además de la calidad del suelo, generan las condiciones para la existencia de diversas configuraciones de vegetación. Existen lagunas y bahías  temporales o permanentes, donde abundan las plantas acuáticas sumergidas, emergentes o flotantes, al lado de pastizales inundables donde proliferan las gramíneas y cerca de “islas” boscosas y cordones de bosques intrincados con especies del Cerrado y de la Amazonia. “Con una diferencia de unos pocos metros en la altimetría del terreno, pero con el mismo régimen pluvial, pueden encontrarse desde formaciones de plantas acuáticas hasta bosques”, informa el agrónomo y botánico Arnildo Pott, profesor visitante sénior de la UFMS y estudioso del ecosistema y la vegetación del Pantanal.

Pott y el botánico Geraldo Alves Damasceno Júnior, también de la UFMS, comenzaron a analizar minuciosamente hace 20 años la influencia de la interacción entre el agua y el fuego en la conformación y regeneración de las formaciones vegetales del Pantanal. En 2011, en la región de Corumbá, en el norte del estado de Mato Grosso do Sul, el grupo que ellos coordinaban comparó la capacidad de rebrote de 7 especies de arbustos, 17 de árboles y 25 de lianas en las áreas de bosques que habían sufrido incendios esporádicos durante la década anterior, con el rendimiento de las mismas especies en regiones libres del fuego. Una de las conclusiones, que se dio a conocer en un artículo publicado en 2014 en la revista Forest Ecology and Management, indica que las crecientes naturales del río Paraguay son determinantes para definir los ecosistemas y las especies que los habitan. “La inundación acota el número de especies porque el agua tapa los poros de los sedimentos del suelo y reduce la disponibilidad de oxígeno”, explica Alves Damasceno. El fuego alteró la distribución de las especies, que disminuyó en las áreas inundadas y aumentó en las más altas y secas.

Juergen & Christine Sohns/ Getty Images Guacamayos azules: ejemplares de esta especie pueden hallarse fácilmente en el PantanalJuergen & Christine Sohns/ Getty Images

En otra zona cercana a Corumbá, el grupo analizó el efecto del agua y del fuego sobre 39 especies de árboles. En los bosques de la región abundan los ejemplares de cuajinicuil (Inga vera), pajeú (Triplaris gardneriana), laurel canela (Ocotea diospyrifolia) y toco o manzana de playa (Crateva tapia). En general, cada especie responde en forma diferente al agua y al fuego, y algunas son más frecuentes en las áreas más altas luego de incendios sucesivos, según concluyeron los investigadores en un artículo publicado en la revista PLOS ONE, en 2016. Plantas tales como el cuajinicuil o la palmera conocida en Brasil con el nombre de tucum (Bactris glaucescens), rebrotaban más rápido y se encontraron más ejemplares en las áreas que habían sufrido la acción del fuego.

La interacción entre el fuego y el agua también demostró su importancia para la preservación de la estructura de un tipo de vegetación característico del Pantanal: las formaciones monodominantes. Son áreas fácilmente reconocibles, algunas con decenas de kilómetros de extensión, en las cuales predomina una especie de árbol. Una de ellas es el paratodal, donde los ejemplares del árbol denominado paratodo, o también guayacán o ceibo amarillo (Tabebuia aurea) constituyen la especie dominante. Se trata de un árbol de la familia del lapacho, con flores amarillas y cuya corteza –de ahí su nombre popular– se utiliza para tratar varios problemas de salud. Alves Damasceno y su equipo analizaron recientemente la influencia del fuego y las inundaciones en los paratodales del sur de Mato Grosso do Sul, y concluyeron que la alternancia de inundaciones e incendios propicia la predominancia del guayacán sobre las otras 35 especies que crecen en ese ambiente. Según un artículo que será publicado en 2021 en la revista Forest Ecology and Management, parte de ellas eran tolerantes al fuego y parte a las inundaciones. Solamente esa especie era exitosa bajo ambas condiciones.

Frederico Tavares/ Getty Images Una nutria gigante: una especie cuyos ejemplares pueden hallarse fácilmente en el PantanalFrederico Tavares/ Getty Images

Uno de los secretos de la capacidad de recuperación de los ecosistemas del Pantanal reside en las características de su suelo. Este almacena una gran cantidad de diminutas semillas de plantas acuáticas, anfibias y terrestres que sobreviven a incendios e inundaciones y germinan cuando disponen de las condiciones adecuadas. En las muestras de suelo extraídas del fondo y en los contornos de las lagunas temporarias de la región de Miranda, Pott y la botánica Francielli Bao hallaron semillas de 70 especies de plantas. En la UFMS, sometieron esas muestras a dos condiciones: tres meses sumergidas en tanques de agua y tres meses expuestas al aire, simulando el tiempo posterior a la inundación. Y verificaron que, en la primera condición, brotaban las plantas acuáticas y las anfibias. En tanto, las terrestres solo germinaban cuando la humedad disminuía. “El suelo del Pantanal contiene un banco de semillas flexible, con especies resistentes a ambas condiciones, lo que le permite a la vegetación sobrevivir a la inundación, al fuego y a los herbívoros”, dice Pott, quien llegó a la Pantanal al comienzo de la década de 1980 para trabajar como investigador de la estatal Embrapa.

En un experimento que llevó a cabo en 1986, él constató que la presencia del ganado no es necesariamente nociva para el ecosistema de la región, en especial para los pastizales o praderas nativas. Con el propósito de saber cómo habría sido la flora campestre original del Pantanal, previo a la introducción del ganado en el siglo XVIII, Pott cercó una superficie de 600 hectáreas en la hacienda Nhumirim, propiedad de Embrapa. Un año después, lo que eran hierbas bajas se transformó en maleza (pastos altos). Dos años más tarde, un incendio arrasó con toda la vegetación, que rebrotó días más tarde. “Noté que la acción del ganado podría ayudar en la prevención de incendios e introduje la expresión boi-bombeiro [“vacas bomberas”], que ahora se ha politizado”, dice el botánico.

Lucas Ninno/ Getty Images Ganado criado en pasturas con vegetación nativa del PantanalLucas Ninno/ Getty Images

Hoy en día, en las zonas más secas, lejos de los ríos, se crían alrededor de 3,8 millones de cabezas de ganado vacuno de manera extensiva y que se venden para su engorde, fundamentalmente en las áreas de la meseta aledaña al Pantanal. La ampliación de la cantidad de reses criadas allí, como se ha sugerido, no es una buena solución para morigerar los incendios, sostienen varios investigadores. “La producción más sostenible es la cría de ganado en pastizales nativos con un número reducido de cabezas por hectárea, como hacen los pobladores tradicionales del Pantanal”, dice la ecóloga Letícia Couto Garcia, de la UFMS, experta en restauración ecológica y conservación. Desde 1985 en adelante, el área dedicada a la cría de ganado con pasturas exóticas aumentó 4,7 veces y llegó a ocupar una superficie de 2,3 millones de hectáreas.

La adopción de disposiciones permanentes que aseguren el mantenimiento del ecosistema y eviten la acumulación de biomasa seca es fundamental, según los biólogos y ecólogos, para prevenir los incendios de grandes proporciones o de elevada frecuencia, que pueden causar estragos duraderos y considerables incluso en la vegetación resiliente al fuego. Además, el efecto de los incendios sobre la fauna puede llegar a ser devastador. “Por lo general, los reptiles y los anfibios no logran escapar de incendios de proporciones mucho menores que los de este año, en el que hasta se están hallando mamíferos muertos a causa del fuego”, dice Neiva Guedes, quien también preside el Instituto Arara-Azul. “El fuego puede llegar a causar extinciones locales y los animales sobrevivientes van a enfrentarse a un ambiente más hostil, donde arreciarán las disputas por alimentos y refugio”, dice. Esto ha sido así hasta para los guacamayos, que en algunos refugios se los ha encontrado consumiendo alimentos quemados.

Artículos científicos
DE OLIVEIRA, M. T. et al. Regeneration of riparian forests of the Brazilian Pantanal under flood and fire influence. Forest Ecology and Management. v. 331, p. 256-63. 1º Nov. 2014.
ARRUDA, W. S. et al. Inundation and fire shape the structure of riparian forests in the Pantanal, Brazil. PLOS One. 9 jun. 2016.
MANRIQUE-PINEDA, D. A. et al. Fire, flood and monodominance of Tabebuia aurea in Pantanal. Forest Ecology and Management. En prensa.
BAO, F. et al. Seed bank of seasonally flooded grassland: experimental simulation of flood and post-flood. Aquatic Ecology. v. 52, p. 93-105. 2018.

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