{"id":100161,"date":"2012-10-24T11:40:12","date_gmt":"2012-10-24T13:40:12","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=100161"},"modified":"2015-10-16T18:56:28","modified_gmt":"2015-10-16T21:56:28","slug":"una-isla-de-calor-en-la-amazonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-isla-de-calor-en-la-amazonia\/","title":{"rendered":"Una isla de calor en la Amazonia"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_25567\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-25567 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-1.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"280\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-1-120x116.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-1-250x241.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">AFP IMAGEFORUM<\/span>La capital del estado de Amazonas: el avance del hormig\u00f3n y el asfalto deja a la ciudad m\u00e1s c\u00e1lida<span class=\"media-credits\">AFP IMAGEFORUM<\/span><\/p><\/div>\n<p>Manaos y Bel\u00e9m, ciudades capitales de estados norte\u00f1os \u2012Amazonas y Par\u00e1\u2012 que son polos de desarrollo de la Amazonia brasile\u00f1a, enclavadas en la inmensa, c\u00e1lida y h\u00fameda selva tropical, comienzan a presentar alteraciones clim\u00e1ticas t\u00edpicas de las grandes ciudades. Entre 1961 y 2010, la temperatura promedio de Manaos aument\u00f3 0,7 grados Celsius (\u00baC), llegando a 26,5 \u00baC, de acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe). Durante el mismo per\u00edodo, la temperatura promedio de Bel\u00e9m aument\u00f3 1,51 \u00baC y lleg\u00f3 a 26,3 \u00baC. En ambos casos, el aumento se debe, fundamentalmente, al crecimiento del \u00e1rea urbanizada de las ciudades, un proceso que se acentu\u00f3 durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, aunque efectos m\u00e1s globales, relacionados con los cambios clim\u00e1ticos a gran escala, tambi\u00e9n pueden haber incidido en ese \u00edndice. En 1973, las \u00e1reas urbanas de Manaos y de la Regi\u00f3n Metropolitana de Bel\u00e9m eran, respectivamente, de 91 y 76 kil\u00f3metros cuadrados. En 2008, esas cifras hab\u00edan crecido hasta 242 y 270 kil\u00f3metros cuadrados (<em>obs\u00e9rvese los cuadros de las p\u00e1ginas <a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-3_novo.jpg\" target=\"_blank\">80<\/a>\u00a0y <a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-41.jpg\" target=\"_blank\">81<\/a><\/em>).<\/p>\n<p>Con mayor cantidad de edificios, hormig\u00f3n y asfalto tomando el lugar de la vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona, el denominado efecto isla urbana de calor, un fen\u00f3meno conocido desde hace tiempo por paulistanos y cariocas, tambi\u00e9n apareci\u00f3 con vehemencia en las dos principales capitales de la regi\u00f3n norte del pa\u00eds. A una misma hora del d\u00eda, la temperatura en las \u00e1reas m\u00e1s densamente pobladas y ocupadas por construcciones y edificaciones de esas ciudades es consistentemente mayor que en las zonas rurales cercanas, donde se conserva la selva. Los datos sobre islas de calor son m\u00e1s evidentes en el caso de Manaos, actualmente la s\u00e9ptima ciudad brasile\u00f1a en cuanto a poblaci\u00f3n, con m\u00e1s de 1,8 millones de habitantes, delante de capitales del nordeste tales como Recife, y del sur, como Porto Alegre y Curitiba. La diferencia de temperatura entre los sectores m\u00e1s urbanizados de la metr\u00f3polis amazonense y una zona selv\u00e1tica ubicada a 30 kil\u00f3metros de distancia, la Reserva Biol\u00f3gica de Cuieiras, alcanza picos de m\u00e1s de 3 \u00baC en 5 de los 12 meses del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Estos resultados se basan en informes recabados hora a hora por cuatro estaciones meteorol\u00f3gicas entre los a\u00f1os 2000 y 2008 y constan en un art\u00edculo cient\u00edfico que se public\u00f3 el 8 de agosto en el sitio <em>web<\/em> de la revista <em>Meteorological Aplications<\/em> con la autor\u00eda de Diego Souza y Regina Alval\u00e1, ex investigadores del Inpe y que actualmente trabajan en el Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden), en Cachoeira Paulista.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-112500\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-11-300x193.jpg\" alt=\"078-081_Ilhas de Calor_200-1\" width=\"300\" height=\"193\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Diego Souza e Regina Alval\u00e1 \/ CEMADEN<\/span><\/a>El trabajo tambi\u00e9n se\u00f1ala que la atm\u00f3sfera en las \u00e1reas urbanizadas de Manaos se volvi\u00f3 m\u00e1s seca que en las selvas aleda\u00f1as. Durante el per\u00edodo analizado, la humedad relativa del ambiente en las zonas centrales de la capital amazonense fue, en promedio, 1,7% menor que en los montes adyacentes. Esta diferenciaci\u00f3n alcanz\u00f3 su m\u00e1ximo nivel en febrero, en plena estaci\u00f3n de lluvias, cuando la ciudad lleg\u00f3 a ser un 3,5% m\u00e1s seca que la selva. \u201cEsos datos muestran claramente el efecto isla de calor en Manaos\u201d, afirma Alval\u00e1, ingeniera cartogr\u00e1fica experta en mapeo de usos y cobertura de la tierra para modelado meteorol\u00f3gico.<\/p>\n<p>En Bel\u00e9m, los estudios del d\u00fao del Cemaden no lograron caracterizar la dimensi\u00f3n del efecto isla de calor debido a la ausencia de largas series hist\u00f3ricas con datos diarios, recabados hora a hora, en diferentes puntos de la ciudad y de su entorno sin desmonte. No obstante, existen indicios de que este fen\u00f3meno alcanza en la capital paraense \u2013la d\u00e9cima m\u00e1s populosa de las ciudades brasile\u00f1as, con algo m\u00e1s de 1,4 millones de habitantes\u2013 sus valores m\u00e1ximos durante la madrugada.<\/p>\n<p>Aunque puedan parecer peque\u00f1as comparadas con los millones de habitantes de las dos megal\u00f3polis brasile\u00f1as (S\u00e3o Paulo y R\u00edo de Janeiro), las capitales de Amazonas y de Par\u00e1 se han transformado en amplios conglomerados urbanos seg\u00fan los patrones mundiales. Si fuesen, por ejemplo, ciudades francesas o italianas, se ubicar\u00edan detr\u00e1s, en t\u00e9rminos de poblaci\u00f3n, tan s\u00f3lo de Par\u00eds y Roma.<\/p>\n<p><strong>Dos picos<br \/>\n<\/strong>Un aspecto singular, y pol\u00e9mico, se\u00f1alado por el estudio, fue la detecci\u00f3n de dos picos diarios en que el efecto isla de calor se exacerba en la capital amazonense: el primero alrededor de las 8 de la ma\u00f1ana y el segundo, entre las 15 y las 17. \u201cEn la mayor\u00eda de las ciudades existe solamente un pico diario para el efecto isla de calor y \u00e9ste, en general, ocurre durante la noche o de madrugada\u201d, dice el meteor\u00f3logo Souza. Los investigadores no saben con certeza por qu\u00e9 ocurren estos picos en tales momentos del d\u00eda, pero especulan con que ellos pueden hallarse asociados con el horario pico del tr\u00e1nsito en la ciudad. El calor generado por la combusti\u00f3n es uno de los factores que contribuyen al calentamiento local de la atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-112501\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-2-300x294.jpg\" alt=\"078-081_Ilhas de Calor_200-2\" width=\"300\" height=\"294\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Francis Wagner e Rodrigo de Souza \/ Sat\u00e9lite Aqua<\/span><\/a>Un estudio realizado por Francis Wagner y Rodrigo Augusto de Souza, f\u00edsicos de la Universidad del Estado de Amazonas (UEA), tambi\u00e9n evalu\u00f3 el efecto isla de calor en Manaos. No todas las caracter\u00edsticas del fen\u00f3meno coincidieron con los informes divulgados en el art\u00edculo del Cemaden. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias metodol\u00f3gicas, el trabajo de los investigadores de la UEA comprendi\u00f3 otro per\u00edodo de tiempo. Entre mayo de 2010 y abril de 2011, se analizaron datos de la temperatura del aire en cuatro estaciones, dos en el \u00e1rea urbana y dos en la zona rural. Wagner y Souza establecieron dos picos del efecto isla de calor, uno a las 7 y otro a las 20. La mayor diferencia de temperatura entre las \u00e1reas urbana y rural fue del orden de los 3,5 \u00baC.<\/p>\n<p>A partir de los datos aportados por el sat\u00e9lite ambiental Aqua, que explora el territorio con una resoluci\u00f3n espacial de 1 x 1 kil\u00f3metro, los cient\u00edficos de la UEA calcularon las variaciones de temperatura en la superficie de la capital amazonense entre agosto y septiembre de 2009, en los meses normalmente m\u00e1s secos. Las zonas m\u00e1s c\u00e1lidas fueron justamente las m\u00e1s urbanizadas, y las m\u00e1s fr\u00edas, las que manten\u00edan \u00e1reas con m\u00e1s vegetaci\u00f3n preservada. En cuanto al suelo, las diferencias de temperatura entre las zonas cubiertas por hormig\u00f3n y asfalto, tales como el centro y los barrios de Cidade Nova y Petr\u00f3polis, y los sectores de selvas, alcanzaron los 10 \u00baC. \u201cEstamos llevando a cabo un estudio del microclima en el \u00e1rea urbana de Manaos para aportar a la elaboraci\u00f3n de un plan maestro de arborizaci\u00f3n y demarcaci\u00f3n ecol\u00f3gica\u201d, dice Wagner, cuyo proyecto cuenta con financiaci\u00f3n del Fondo Municipal de Desarrollo y Medio Ambiente de la capital amazonense.<\/p>\n<p>Un posible reflejo del efecto isla de calor ser\u00eda el de alterar el r\u00e9gimen de lluvias sobre el territorio de ambas ciudades amaz\u00f3nicas. En S\u00e3o Paulo, por ejemplo, la cantidad de lluvia promedio anual que cae en la mayor ciudad brasile\u00f1a aument\u00f3 un 30% durante los \u00faltimos 80 a\u00f1os, y parte de ese crecimiento pluviom\u00e9trico, particularmente durante la primavera y el verano, algunos estudios lo adjudican a la creciente urbanizaci\u00f3n de su territorio (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2012\/05\/21\/de-la-llovizna-a-la-tempestad\/?\" target=\"_blank\"><em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 195, de mayo de 2012<\/em><\/a>). Los resultados de los estudios de modelado atmosf\u00e9rico de alta resoluci\u00f3n realizados por Diego Souza y Regina Alval\u00e1 indican que, para el caso de que las \u00e1reas urbanas de ambas capitales, continuar\u00e1 creciendo, y habr\u00e1 una tendencia a la disminuci\u00f3n de la cantidad de lluvias en Manaos, mientras que Bel\u00e9m presentar\u00e1 un leve aumento pluviom\u00e9trico. \u201cPero los cambios en el r\u00e9gimen de lluvias no parecen ser muy significativos\u201d, comenta Alval\u00e1.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-3_novo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-112502\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-3_novo-300x180.jpg\" alt=\"078-081_Ilhas de Calor_200-3_novo\" width=\"300\" height=\"180\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Alexandre Affonso<\/span><\/a><strong>Calor londinense en el siglo XIX<\/strong><br \/>\nAunque no se lo conociera por ese nombre, el fen\u00f3meno de las islas urbanas de calor se estudi\u00f3 desde los comienzos del siglo XIX, cuando el ingl\u00e9s Luke Howard midi\u00f3 durante la noche diferencias de casi 2 \u00baC entre Londres, entonces la mayor metr\u00f3polis del mundo, con m\u00e1s de 1 mill\u00f3n de habitantes, y tres localidades rurales cercanas. Desde entonces, el an\u00e1lisis del clima de las ciudades es un tema de investigaci\u00f3n cada vez m\u00e1s relevante, todav\u00eda m\u00e1s en el siglo XXI, cuando, por primera vez en la historia, el mundo pas\u00f3 a tener mayor cantidad de personas residiendo en centros urbanos que en el medio rural.<\/p>\n<p>La edificaci\u00f3n de las ciudades altera en forma radical el patr\u00f3n de ocupaci\u00f3n del suelo y crea un ambiente local donde la aparici\u00f3n de islas de calor se convierte casi en una ley natural. En lugar de la tierra expuesta, del c\u00e9sped y de los \u00e1rboles, los elementos rurales que aten\u00faan las altas temperaturas tanto al nivel del suelo como en el aire, una serie de materiales impermeables y que retienen el calor en forma diferente a la vegetaci\u00f3n, pasa a dominar el paisaje urbano. En el campo, la presencia de vegetaci\u00f3n arb\u00f3rea y rastrera origina zonas de sombra capaces de reducir la temperatura del suelo, una alteraci\u00f3n que, simult\u00e1neamente, provoca la disminuci\u00f3n de la temperatura atmosf\u00e9rica. Las \u00e1reas verdes tambi\u00e9n contribuyen para refrescar el clima de un lugar mediante la evapotranspiraci\u00f3n. Ese mecanismo provoca que las plantas y el suelo liberen agua hacia el aire como forma de disipar el calor ambiental.<\/p>\n<p>En las zonas m\u00e1s urbanizadas del municipio, todo lo que hace que el clima del campo sea m\u00e1s apacible es escaso o est\u00e1 ausente. El agua de las lluvias casi no penetra en el suelo, hay menos humedad local y el proceso de evapotranspiraci\u00f3n es menos intenso. En forma general, la ciudad de hormig\u00f3n, asfalto, vidrio y metales tiende a absorber y almacenar el doble de calor que un \u00e1rea rural vecina. La arquitectura urbana, con sus altos edificios y construcciones con texturas diferentes a la superficie del entorno rural, tambi\u00e9n puede alterar el r\u00e9gimen de vientos e intensificar la sensaci\u00f3n de calor. En las megal\u00f3polis tales como S\u00e3o Paulo o Nueva York, el efecto isla de calor puede representar una diferencia de hasta 12 \u00baC en la temperatura del aire entre un \u00e1rea densamente urbanizada y una zona rural o boscosa. Si se compara la temperatura del suelo, las discrepancias tienden a resultar todav\u00eda mayores.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-41.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-112503\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/078-081_Ilhas-de-Calor_200-41-164x300.jpg\" alt=\"078-081_Ilhas de Calor_200-4\" width=\"164\" height=\"300\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Diego Souza e Regina Aval\u00e1 \/ CEMADEN<\/span><\/a>En Brasil, el efecto de las islas urbanas de calor se est\u00e1 estudiando en muchas capitales del pa\u00eds desde hace un buen tiempo. En el estado de S\u00e3o Paulo, ciudades medianas y peque\u00f1as tambi\u00e9n pasaron a ser objeto de investigaciones sobre el fen\u00f3meno. El equipo de los ge\u00f3grafos Jo\u00e3o Lima Sant\u2019Anna Neto y Margarete Amorim, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), <em>campus<\/em> de Presidente Prudente, midi\u00f3 el efecto en seis municipios del interior paulista: Teodoro Sampaio, Euclides da Cunha, Jales, Rosana y Birigui, adem\u00e1s de Presidente Prudente. Para registrar el fen\u00f3meno, se valieron de datos suministrados por el canal termal del sat\u00e9lite Landsat y estaciones meteorol\u00f3gicas fijas y m\u00f3viles.<\/p>\n<p>En Presidente Prudente, una ciudad de 207 mil habitantes, se registraron diferencias de hasta 8 \u00baC entre las \u00e1reas m\u00e1s urbanizadas y el medio rural, sobre todo por la noche. Los barrios populares donde se erigen los conjuntos habitacionales Cohab y Cecap fueron los m\u00e1s c\u00e1lidos de la ciudad. \u201cEn esos sitios, el uso de materiales inadecuados para las edificaciones, tales como placas de fibrocemento, la elevada densidad del \u00e1rea construida y la escasez de zonas verdes acent\u00faan las islas de calor, ya que no hay gran emisi\u00f3n de contaminantes de origen industrial ni de veh\u00edculos\u201d, comenta Sant\u2019Anna Neto. Incluso localidades diminutas, tales como Alfredo Marcondes, un municipio vecino a Presidente Prudente, con 3.800 habitantes, presentan alteraciones clim\u00e1ticas. Se midieron diferencias de 2,5 \u00baC entre su zona urbana y los sectores rurales. \u201cLas islas de calor tambi\u00e9n representan un problema de salud p\u00fablica y predisponen a la aparici\u00f3n de enfermedades respiratorias y circulatorias en ancianos y ni\u00f1os\u201d, dice el ge\u00f3grafo.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nOLIVEIRA, D.O. y ALVAL\u00c1, R.C.S. <a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/met.1340\/abstract\" target=\"_blank\">Observational evidence of the urban heat island of Manaus City, Brazil<\/a>. <strong>Meteorologial Applications<\/strong>. Publicado <em>online<\/em>. 3 ago. 2012.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El \u00e1rea urbana de la ciudad de Manaos es 3\u00baC m\u00e1s c\u00e1lida que la selva","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[286],"coauthors":[101],"class_list":["post-100161","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-clima-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100161","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=100161"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100161\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=100161"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=100161"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=100161"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=100161"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}