{"id":100515,"date":"2013-01-24T17:20:43","date_gmt":"2013-01-24T19:20:43","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=100515"},"modified":"2013-06-24T18:46:50","modified_gmt":"2013-06-24T21:46:50","slug":"una-inc%c3%b3moda-pizca-de-magia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-inc%c3%b3moda-pizca-de-magia\/","title":{"rendered":"Una inc\u00f3moda pizca de magia"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_100522\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100522\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p054-55_alkahest-300x200.jpg\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p054-55_alkahest-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p054-55_alkahest-1024x683.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">JOANNA HOPKINS\/ ROYAL SOCIETY<\/span>Original de la carta enviada por Boutens a Oldenburg que muestra el peque\u00f1o sobre cerrado<span class=\"media-credits\">JOANNA HOPKINS\/ ROYAL SOCIETY<\/span><\/p><\/div>\n<p><em>Publicado en Septiembre de 2012<\/em><\/p>\n<p><strong>Desde Londres<br \/>\n<\/strong>No resulta nada sencillo perturbar la flema brit\u00e1nica. De all\u00ed la sintom\u00e1tica reacci\u00f3n de Keith Moore, director de los archivos de la Royal Society, al pregunt\u00e1rsele sobre la importancia del hallazgo de las investigadoras Ana Maria Goldfarb y M\u00e1rcia Ferraz, del Centro Sim\u00e3o Mathias de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de S\u00e3o Paulo (Cesima PUC-SP). Con el entrecejo arqueado y cauteloso, Moore respondi\u00f3: \u201cSe encontraba delante de nuestras narices, pero en 350 a\u00f1os nadie hab\u00eda encontrado eso\u201d.<\/p>\n<p>Se trata de una pizca de un polvo amarillento y de olor penetrante envuelto en un peque\u00f1o sobre pegado a una carta con fecha de 1675 remitida al primer secretario de la Royal Society, Henri Oldenburg (1517-1677), proveniente de Antuerpia [Amberes, en la actual B\u00e9lgica] y enviada por un boticario y alquimista llamado Augustin Boutens. Aunque no llame la atenci\u00f3n, se trata de una concreta y valiosa muestra del <em>alkahest<\/em>, el c\u00e9lebre solvente universal, que fuera objeto de b\u00fasquedas que movilizaron a generaciones de alquimistas e incluso a fil\u00f3sofos naturales tales como Robert Boyle e Isaac Newton.<\/p>\n<p>Luego de revelar, en 2010, en el marco de un Proyecto Tem\u00e1tico apoyado por la FAPESP, la \u00fanica f\u00f3rmula completa del <em>alkahest<\/em>, de 1661, el d\u00fao ha encontrado ahora, seg\u00fan afirma, \u201cla primera muestra real de <em>Ludus<\/em> compuesto, un <em>alkahest<\/em>, de la que se posea noticia desde el siglo XVII\u201d. Pero, \u00bfqu\u00e9 es ese polvo?<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente, la Royal Society desea que la muestra sea analizada por uno de sus <em>fellows<\/em>, probablemente Martyn Poliakoff, vicepresidente de la instituci\u00f3n. \u201cPese a la curiosidad personal, como investigadoras en historia de la ciencia, no pretendemos llevarla al laboratorio para intentar saber de qu\u00e9 se trata el polvo en cuesti\u00f3n seg\u00fan los moldes actuales\u201d, comenta Ferraz. \u201cLo que importa es el descubrimiento de otra fuerte evidencia de que una buena parte de las ciencias antiguas, como es el caso de la alquimia, subsiste incluso luego del surgimiento de una nueva visi\u00f3n de la ciencia (y algunas de ellas hasta tomaron parte en su propia formaci\u00f3n), manteni\u00e9ndose en la agenda de las figuras que supuestamente promovieron la revoluci\u00f3n cient\u00edfica que dio origen a la qu\u00edmica moderna. Hay una historia poco conocida que cuenta que ese proceso ocurri\u00f3 en forma paulatina y coherente y reci\u00e9n culmin\u00f3 en el siglo XIX\u201d, afirma Goldfarb.<\/p>\n<p>Sobre todo, confirma el credo de las investigadoras, que sostiene que hacer historia de la ciencia es arremangarse y afrontar el tapiz de polvo de los documentos originales para darles nueva vida. Prueba de ello, para sorpresa de Moore, es que el documento pas\u00f3 por las manos de la historiadora Marie Boas, encargada, en los a\u00f1os 1960, de catalogar la correspondencia de Oldenburg, durante 15 a\u00f1os, el \u201cfact\u00f3tum\u201d de la Royal Society. Al frente del peque\u00f1o sobre, Boas solamente anot\u00f3: \u201cMuestra de lo que parece ser pirita, anexada al texto\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLa obra de Boas es impecable; no obstante, al pensar como muchos de su \u00e9poca, ignor\u00f3 posibles intereses alqu\u00edmicos de los \u2018nuevos cient\u00edficos\u2019 y, as\u00ed, termin\u00f3 por no investigar el car\u00e1cter herm\u00e9tico de las cartas de Oldenburg, lo cual inclu\u00eda, a veces, las \u2018limpiezas\u2019 del pasado e intervenciones poco recomendables\u201d, eval\u00faa Goldfarb. \u201cEste hallazgo amplifica la visi\u00f3n que apunta que la filosof\u00eda qu\u00edmica no feneci\u00f3 con el triunfo de la visi\u00f3n mec\u00e1nica y corpuscular. El hecho de saber que a\u00fan se buscaban materiales tales como el <em>Ludus<\/em> y el <em>alkahest<\/em> lo comprueba e incluye otros nombres importantes en la lista de los que llevaban a cabo esas b\u00fasquedas, incluso algunos a los que se consideraba convertidos al racionalismo y, m\u00e1s todav\u00eda, al mecanicismo del siglo XVII\u201d, explica Pyio Rattansi, profesor em\u00e9rito del University College London, quien revel\u00f3 la importancia del hermetismo y de la Biblia en las obras cient\u00edficas de Newton, hasta entonces visto como el \u201csanto patrono\u201d de la ciencia moderna. \u201cAparte de \u00e9l, otros \u2018hombres razonables\u2019 pose\u00edan \u2018segundas agendas\u2019 que discretamente conten\u00edan procesos alqu\u00edmicos\u201d, comenta Goldfarb.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p056_alkahest.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-100523\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p056_alkahest-145x300.jpg\" width=\"145\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p056_alkahest-145x300.jpg 145w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p056_alkahest-495x1024.jpg 495w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p056_alkahest.jpg 1424w\" sizes=\"auto, (max-width: 145px) 100vw, 145px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/a>Esta revisi\u00f3n de la historia de la ciencia reci\u00e9n aflor\u00f3 cuando las investigadoras, a pesar del \u201ccanto de sirena\u201d de la tecnolog\u00eda, observaron la limitaci\u00f3n de los cat\u00e1logos digitales y se enfrascaron directamente en las \u201cfondos cerrados\u201d del archivo, afrontando la incredulidad inicial de los ingleses. \u201cTen\u00edamos claro que era preciso comprender el pensamiento de los hombres de ciencia de aquella \u00e9poca. Hab\u00eda una especie de dualidad frente a cualquier hecho nuevo: por una parte, necesit\u00e1bamos ser sigilosas, pues, especialmente cuando se trataba de materiales o procesos de laboratorio, muchos eran verdaderos secretos de Estado. Por otra parte, estaba una de las m\u00e1ximas (que, por cierto, se mantiene hasta hoy) de la nueva ciencia, que avalaba el saber elaborado por muchos y al alcance de todos\u201d, a\u00f1ade Goldfarb. \u201cMuchos se frotan las manos por hacerse de ese conocimiento y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 har\u00e1n para verlo publicado\u201d escribi\u00f3 Newton a Oldenburg en 1676. Los meandros \u201crocambolescos\u201d que tuvieron que atravesar las investigadoras para hallar la f\u00f3rmula del <em>alkahest<\/em> conforman el fruto de esa visi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLuego de los descubrimientos iniciales de documentaci\u00f3n, consideramos que todo lo relacionado con el <em>alkahest<\/em> en la Royal Society estaba claro y a la vista\u201d, comenta Ferraz. Incluso encontraron la misteriosa carta de Boutens a Oldenburg. \u201cHan pasado a\u00f1os desde que le envi\u00e9 a usted una buena cantidad del <em>Ludus helmontiano<\/em>, a partir del cual he elaborado el material sulfuroso que le adoso debajo. Conf\u00edo en su sabidur\u00eda para comprender los efectos que produce\u201d. La referencia al mineral arcilloso llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Goldfarb y Ferraz. Al fin y al cabo, el <em>Ludus<\/em> era la base de una receta del <em>liquour<\/em> <em>alkahest<\/em>, producida por el m\u00e9dico belga Van Helmont (1579-1644), quien dedic\u00f3 su vida a estudiar los oscuros trabajos de Paracelso para producir lo que ser\u00eda el \u201cremedio para todas las enfermedades\u201d. Con la capacidad de disolver cualquier sustancia sin dejar residuos, reduci\u00e9ndola a sus componentes primarios, el <em>alkahest<\/em> ser\u00eda la fuente de poderosos remedios, en especial, contra los \u201cmales de la piedra\u201d, la litiasis renal, las \u201cpiedras en los ri\u00f1ones\u201d, causa incurable de muchas muertes hasta el siglo XIX.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Van Helmont, era posible, por ejemplo, elaborar un remedio contra el c\u00e1lculo urinario mediante la disoluci\u00f3n del <em>Ludus<\/em> con el <em>alkahest<\/em>. No tanto por el mineral, sino por la capacidad del <em>alkahest<\/em> para transformarlo en fuente de cura. Todo era el fruto de un pensamiento milenarista: el solvente ser\u00eda un regalo de Dios cuando el mundo se acercara a su fin\u201d, explica el historiador Paulo Porto, docente del Instituto de Qu\u00edmica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). El <em>Ludus <\/em>funcionar\u00eda como la c\u00e1psula pl\u00e1stica que, actualmente, envuelve a los comprimidos, permitiendo una difusi\u00f3n gradual del medicamento en el organismo. El dilema de los alquimistas consist\u00eda precisamente en asegurarse que el solvente del <em>alkahest<\/em> actuase poco a poco, para no matar al paciente al intentar curarlo. \u201cDesde la d\u00e9cada de 1640, el objetivo central de la ciencia inglesa era prolongar la vida de la gente y el <em>alkahest<\/em> preparado con <em>Ludus helmontiano<\/em> ser\u00eda el remedio para ello\u201d, dice Porto. Para muchos contempor\u00e1neos, el rey Charles II fund\u00f3 la Royal Society, fundamentalmente, para congregar a los mayores cerebros de la \u00e9poca con el fin de que produjeran \u201cel gran remedio\u201d.<\/p>\n<p>Por eso, la carta despert\u00f3 sospechas en las investigadoras. \u201c\u00bfC\u00f3mo entender que luego de buscar durante a\u00f1os ese \u2018gran remedio\u2019 no hubiera registros en las actas de la Royal Society de la recepci\u00f3n de una muestra de su componente? Todo indicaba que nos hall\u00e1bamos frente a un \u2018secreto\u2019 valioso para los <em>fellows<\/em> de la instituci\u00f3n\u201d, dice Ferraz. Era necesario, entonces, comprender mejor la relaci\u00f3n de Oldenburg y Boutens. La primera pista fue una carta fechada en septiembre de 1667, escrita para Boyle luego de que el secretario saliera de prisi\u00f3n, pues hab\u00eda sido encarcelado debido a sus contactos \u201cexcesivos\u201d con el exterior. Enseguida se descubri\u00f3 que la intensa correspondencia formaba parte de su trabajo. Oldenburg intercambiaba cartas con quien pudiera poseer o conocer alg\u00fan secreto sobre el \u201cArte\u201d. Varios esp\u00edas que disemin\u00f3 por Europa lo informaban sobre cualquier experimento.<\/p>\n<p>Sintom\u00e1ticamente, la carta remitida a Boyle fue lo primero que hizo luego de salir de prisi\u00f3n. \u201cUsted menciona un paquete, que, seg\u00fan creo, estaba dirigido a m\u00ed. Es <em>Ludus<\/em> de Antuerpia. Puede examinarlo y despu\u00e9s envi\u00e1rmelo, junto con su parecer que indique si se trata del <em>Ludus<\/em> genuino\u201d. Varias cartas posteriores, con el mismo tono de s\u00faplica humilde, no fueron suficientes para que Boyle atendiera su pedido y Oldenburg jam\u00e1s puso sus manos en la valiosa caja. Los archivos revelaron poco a poco el v\u00ednculo entre el secretario y Boutens, el alquimista de Antuerpia. En noviembre de 1667, Oldenburg escribi\u00f3 al alquimista: \u201cSupe por intermedio de un amigo en Par\u00eds (<em>sin duda uno de sus esp\u00edas<\/em>) de su gran predisposici\u00f3n hacia la curiosidad y su especial inclinaci\u00f3n por la s\u00f3lida filosof\u00eda que se basa en la observaci\u00f3n y los experimentos que estamos intentando establecer aqu\u00ed en la Royal Society. Tambi\u00e9n me informaron de sus infatigables intentos por descubrir los secretos de la naturaleza por el buen camino de la qu\u00edmica\u201d<\/p>\n<div id=\"attachment_100528\" style=\"max-width: 255px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100528\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p057_alkahest-245x300.jpg\" width=\"245\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p057_alkahest-245x300.jpg 245w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p057_alkahest-839x1024.jpg 839w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p057_alkahest.jpg 1020w\" sizes=\"auto, (max-width: 245px) 100vw, 245px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span>Henri Oldenburg: el secretario de la Royal Society centralizaba toda la informaci\u00f3n para la Instituci\u00f3n y fue uno de los pioneros de los est\u00e1ndares cient\u00edficos<span class=\"media-credits\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/p><\/div>\n<p>Y la seducci\u00f3n epistolar contin\u00faa. \u201cMe agradar\u00eda que usted supiese cu\u00e1nto los ingleses admiran las operaciones qu\u00edmicas realizadas por hombres de buen juicio que est\u00e1n libres de los prejuicios vulgares impuestos en el mundo por alguna gente que pretende hablar dogm\u00e1ticamente sin ninguna experiencia cr\u00edtica preliminar, como el excelente se\u00f1or Boyle crey\u00f3 necesario hacer en su <em>Sceptical chymist (1661)<\/em>\u201d, prosigue. \u201cSabemos que existe <em>Ludus helmontiano<\/em> en abundancia en su regi\u00f3n: le pido fervientemente que nos lo env\u00ede por mar a Londres\u201d. En diciembre lleg\u00f3 la respuesta de Boutens: \u201cLe enviar\u00e9 m\u00e1s de 70 kilogramos del <em>Ludus<\/em> con la descripci\u00f3n del m\u00e9todo que utilizo para elaborar el remedio\u201d. El pago de la empobrecida Royal Society se realiz\u00f3 en libros, codiciados por los alquimistas. La carta fue recibida con gran entusiasmo por los miembros de la Royal Society, as\u00ed como otra carta escrita por Boutens algunos meses despu\u00e9s, describiendo los sitios en donde pod\u00eda hallarse el <em>Ludus<\/em>. Esa correspondencia, sin embargo, no tuvo continuidad y reci\u00e9n en junio de 1675 aparece una nueva carta de Boutens, justamente, aqu\u00e9lla que tiene adosada la muestra del \u201cpolvo ultrasecreto\u201d.<\/p>\n<p>No obstante, Oldenburg no respondi\u00f3 la misiva. De entrada, las investigadoras atribuyeron la actitud nada t\u00edpica del secretario al exceso de trabajo. Pero luego descubrieron otra raz\u00f3n. Francis Mercurius, hijo de Van Helmont, se hallaba en ese entonces en Inglaterra y, se sab\u00eda, ten\u00eda conocimiento de muchos de los secretos de su padre, llevando consigo incluso muestras de sus materiales. Junior, tal como se lo conoc\u00eda, se conect\u00f3 r\u00e1pidamente con los grandes estudiosos ingleses. Por intermedio de Henri More, se convirti\u00f3 en mentor de lady Anne Conway, v\u00edctima de terribles jaquecas que el mism\u00edsimo Harvey no lograba curar. El entorno de Conway inclu\u00eda, adem\u00e1s de a More y Ralph Cudworth, l\u00edderes de los Platonistas de Cambridge, al experimentado hombre de laboratorio Ezekiel Foxtrot, amigo y colaborador de Newton. \u201cLo que los un\u00eda era la preocupaci\u00f3n por el escepticismo radical de la \u00e9poca, que intentaron combatir mediante la aceptaci\u00f3n \u2018racional\u2019 de profec\u00edas b\u00edblicas mezcladas con conocimientos milenaristas. Para justificar el nuevo universo cient\u00edfico esc\u00e9ptico, asumieron el ideal de que viv\u00edan tiempos tales como los descritos en los libros de <em>Daniel<\/em> y de la <em>Revelaci\u00f3n<\/em>\u201d, sostiene Rattansi. Seg\u00fan el libro de <em>Daniel<\/em>, el conocimiento aumentar\u00eda a medida que la humanidad se aproximase a su fin. \u00c9sa era la realidad cotidiana en el siglo XVII, presente en el di\u00e1logo de Junior y Lady Conway, quienes terminaron convirti\u00e9ndose a la secta de los cu\u00e1queros, notorios milenaristas adeptos a esas ideas.<\/p>\n<p>Junior llev\u00f3 a Inglaterra muestras de los materiales ultrasecretos de su padre, entre ellos, porciones del preciado <em>Ludus<\/em>. Uno de ellos se lo confi\u00f3 a Foxtrot, quien se lo remiti\u00f3 a Newton, y \u00e9ste se lo entreg\u00f3 al naturalista John Woodward. \u201cNewton me dio un trozo del material que trajo de Alemania el joven Helmont como el verdadero <em>Ludus<\/em> de su padre, que, en mi opini\u00f3n, no se diferencia del hallado aqu\u00ed mismo en Inglaterra\u201d, anot\u00f3 descre\u00eddo. El inter\u00e9s de Newton en el <em>alkahest<\/em> y otros materiales similares, tales como el <em>alkaheste<\/em>, era profundo y eso ahora queda manifiesto. \u00bfY la caja remitida a Oldenburg a\u00f1os antes? \u201cBoyle se la guard\u00f3 y se la entreg\u00f3 a Locke, uno de sus colaboradores favoritos en el laboratorio, para que \u00e9ste la analizase\u201d, comenta Goldfarb.<\/p>\n<p>\u201cEstas revelaciones ampl\u00edan el espectro del complejo v\u00ednculo del c\u00edrculo ingl\u00e9s con la ciencia naciente, y debates como aqu\u00e9l entre empiristas y racionalistas comienzan a perder sentido\u201d, considera Rattansi. Seg\u00fan el profesor, los hallazgos obligan a efectuar una revisi\u00f3n de los or\u00edgenes intelectuales de la ciencia de los siglos XVI y XVII. \u201cLa ciencia aristot\u00e9lica se hallaba desacreditada por su esterilidad. Se produjo entonces una escisi\u00f3n entre la \u2018filosof\u00eda mecanicista\u2019, basada en Galileo y Descartes, y grupos heterog\u00e9neos de \u2018fil\u00f3sofos de la naturaleza\u2019, especialmente neoplatonistas y herm\u00e9ticos. Las diferencias entre los grupos no eran tan acentuadas: eran antiaristot\u00e9licos; defend\u00edan la observaci\u00f3n, la experimentaci\u00f3n y la experiencia en detrimento de la raz\u00f3n abstracta; preconizaban que la ciencia y la religi\u00f3n se apoyaban una en otra; ambos so\u00f1aban con elevar y difundir el conocimiento sobre la naturaleza con fines pr\u00e1cticos\u201d, analiza el profesor.<\/p>\n<div id=\"attachment_100529\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100529\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p058a_alkahest-300x185.jpg\" width=\"300\" height=\"185\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p058a_alkahest-300x185.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p058a_alkahest-1024x632.jpg 1024w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p058a_alkahest.jpg 1377w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span>Sal\u00f3n de investigaciones de la Royal Society, con las investigadoras brasile\u00f1as sentadas<span class=\"media-credits\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/p><\/div>\n<p>Pero mientras que un grupo entend\u00eda que detr\u00e1s de todos los cambios en la naturaleza resid\u00eda un mecanismo de la materia en movimiento, los otros tomaban esas alteraciones como un juego entre simpat\u00edas y antipat\u00edas secretas, actuando a distancia. \u201cPara los mecanicistas, hab\u00eda una divisi\u00f3n entre el mundo inanimado de la materia y aqu\u00e9l del alma y de la inteligencia. En tanto, los herm\u00e9ticos sosten\u00edan que todo pose\u00eda vida y entendimiento. En resumen: las creencias se divid\u00edan entre los que ten\u00edan una cosmovisi\u00f3n m\u00e1gica y encantada, plagada de acontecimientos prodigiosos, y los mecanicistas, que optaron por la visi\u00f3n de un mundo sobrio, desencantado y preocupado fundamentalmente por el devenir cotidiano de la naturaleza\u201d, explica Rattansi.<\/p>\n<p>Poco antes de la Revoluci\u00f3n Gloriosa, la ciencia herm\u00e9tica se afianza en Inglaterra, porque conten\u00eda el ideal de una nueva filosof\u00eda natural como parte de un gran proyecto reformista, lo cual explica la inicial armon\u00eda entre ciertas corrientes poderosas de la revoluci\u00f3n y los herm\u00e9ticos, y los puritanos en parte fueron responsables de la difusi\u00f3n de esa visi\u00f3n encantada y reformadora. En tiempos de guerra, hambre y miseria, una corriente que promov\u00eda la realizaci\u00f3n de acciones tendientes a mejorar la vida cotidiana, la agricultura, la educaci\u00f3n y la salud de todos, contaba con gran apoyo popular. Pero enseguida algunos grupos comenzaron a concebir reformas intensas, tal como sucedi\u00f3 con Samuel Hartlib y su Colegio Invisible, basado en las m\u00e1ximas del checo Jan Comenius, que fue invitado a visitar Inglaterra, donde escribi\u00f3 extensamente sobre educaci\u00f3n con ideas que combinaban alquimia y filosof\u00eda natural. Entre las propuestas se hallaba la creaci\u00f3n de universidades en todas las ciudades. Incluso Boyle y otros que fundar\u00edan la Royal Society, entusiastas de la causa de Comenius, comenzaron a temer por el orden y la estabilidad en medio de ese clima de sectarismo.<\/p>\n<p>Inglaterra fue invadida entonces por las nuevas doctrinas \u201csobrias\u201d de Descartes y Gassendi, con una notable cantidad de conversiones a la ciencia mecanicista, que comenz\u00f3 a ser apreciada como la m\u00e1s apropiada, una gran s\u00edntesis entre la teolog\u00eda y la filosof\u00eda natural: si el Universo era como una m\u00e1quina, la doctrina apunta hacia su creador. \u201cEn la Inglaterra del siglo XVII era usual el estudio de la filosof\u00eda natural armonizado con la concepci\u00f3n m\u00edstica y teol\u00f3gica del mundo. Por eso la reverencia de Newton, aunque no solamente de \u00e9l, tal como ahora lo sabemos, ante la <em>prisca sapientia<\/em>, el conocimiento de los cl\u00e1sicos que \u00e9l y otros consideraban que eran verdades reveladas por Dios a los primeros habitantes de la Tierra\u201d, dice Rattansi.<\/p>\n<div id=\"attachment_100534\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100534\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p059_alkahest-300x227.jpg\" width=\"300\" height=\"227\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p059_alkahest-300x227.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p059_alkahest-1024x775.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span>Decreto de creaci\u00f3n de la Royal Society con la efigie del rey Charles II<span class=\"media-credits\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/p><\/div>\n<p>De este modo, contin\u00faa el profesor, los hallazgos de las investigadoras refuerzan esa perspectiva revisionista de la revoluci\u00f3n cient\u00edfica, ya que, incluso luego de la aceptaci\u00f3n de las explicaciones mecanicistas, los dilemas que concitaban la atenci\u00f3n de figuras racionales tales como Newton y Boyle eran los mismos que preocupaban a los herm\u00e9ticos: la transmutaci\u00f3n y el <em>alkahest<\/em>; el efecto del polvo de simpat\u00eda, la influencia de las constelaciones sobre los hombres y el uso de f\u00f3rmulas magistrales con fines medicinales. \u201cLo hallado en los archivos de la Royal Society son recuerdos edificantes de las muchas corrientes que confluyeron para la revoluci\u00f3n cient\u00edfica del siglo XVII. Recuerdos que indican en qu\u00e9 medida los creadores de la ciencia moderna, como es el caso de Newton, a\u00fan se val\u00edan de la tradici\u00f3n herm\u00e9tica aunada con la nueva filosof\u00eda natural\u201d, sostiene Rattansi.<\/p>\n<p>\u201cLos problemas m\u00e9dicos siempre comandaron los intereses, y los m\u00e9dicos siempre fueron una comunidad influyente. Los que se enfocaban en un contexto mayor, como fue el caso de Isaac Newton, siempre existieron en menor n\u00famero, incluso durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Por ejemplo, en 1820, tan s\u00f3lo hab\u00eda 100 personas en la isla que realizaban investigaciones cient\u00edficas. La ciencia no era vista como algo que pudiera resolver los problemas tecnol\u00f3gicos o m\u00e9dicos, por eso no hab\u00eda inversi\u00f3n en capital humano para desempe\u00f1arse en esas \u00e1reas\u201d, recuerda el historiador Frank James, presidente de la Royal Institution.<\/p>\n<p>\u201cQueda claro que el trabajo de Newton relacionado con la fuerza y la gravitaci\u00f3n se encuentran asociados con los experimentos alqu\u00edmicos, precisamente, porque esos conceptos no eran contemplados en el pensamiento filos\u00f3fico de aquel per\u00edodo. Y \u00e9se es el motivo subyacente para que otros autores entren en conflicto con las ideas de Newton, puesto que ellos no necesariamente reconocen como leg\u00edtimos los or\u00edgenes de sus postulados. Solamente Newton sab\u00eda de la validez de sus estudios porque mucho de ello se basaba en sus trabajos como alquimista\u201d, pondera James. \u201cNewton s\u00f3lo realiz\u00f3 los descubrimientos que hizo al valerse de todas las formas del conocimiento, lo cual le permiti\u00f3 percibir aquello que los pensadores \u2018racionales\u2019 no lograron vislumbrar\u201d, concuerda Rattansi.<\/p>\n<div id=\"attachment_100535\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100535\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p061_alkahest-300x298.jpg\" width=\"300\" height=\"298\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p061_alkahest-300x298.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/p061_alkahest.jpg 563w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span>Sello de la instituci\u00f3n con la frase Nullius in verba: no se conf\u00eda \u00fanicamente en las palabras, sino tambi\u00e9n en los experimentos<span class=\"media-credits\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/p><\/div>\n<p>El historiador Michael Hunter, del Birbeck College, en Londres, nota \u201cuna exageraci\u00f3n e inconsistencia en esas afirmaciones\u201d. Algunos miembros individuales incluso pueden haberse aventurado en la alquimia o en la b\u00fasqueda de curaciones milagrosas, pero lo dejaban de lado cuando se reun\u00edan en la Royal Society, que segregaba las b\u00fasquedas m\u00e1gicas en detrimento del estudio de la filosof\u00eda natural, de la cual la instituci\u00f3n fue p\u00fablicamente la mayor difusora\u201d, advierte Hunter. \u201cEs necesario recordar que la Royal Society funcionaba como una entidad corporativa y cumpli\u00f3 un rol fundamental para el establecimiento de fronteras entre lo que era o no ciencia\u201d, aclara. Seg\u00fan \u00e9l, en los art\u00edculos del <em>Philosofical transactions<\/em> tales alquimias se trataban en forma tangencial, cuando se hablaba de ellas. Era una cuesti\u00f3n de honor para su editor, Henri Oldenburg, quien rechazaba dichas \u201cmagias\u201d. \u201cRaramente hallamos investigaciones de laboratorio relacionadas con la alquimia, incluso porque el p\u00fablico intelectual de la \u00e9poca rechazaba los hechos sobrenaturales, e ingresar en ese terreno significar\u00eda manchar la reputaci\u00f3n de quien lo hiciera\u201d, analiza Hunter. No obstante, vale recordar que las investigadoras hallaron un documento, escrito por Oldenburg, detallando \u201clos experimentos realizados en la Royal Society bajo la presidencia de Sir Murray\u201d, entre los cuales se hallaba el <em>alkahest<\/em>.<\/p>\n<p>Sea como sea, el punto m\u00e1s importante en esta historia, que hoy en d\u00eda puede pasar desapercibido, es el establecimiento de est\u00e1ndares en los modos de pensar y operar en el laboratorio. \u201cEn un mundo en que la alquimia trabajaba con teor\u00edas y formulaciones secretas, cada grupo de estudiosos pose\u00eda diferentes formas de pensar y operar sobre el tema. El trabajo de la Royal Society y de Oldenburg, puede entonces considerarse como una forma de aglutinar a los grupos dispersos y establecer patrones de trabajo en el laboratorio que pudieran repetirse, tal como aboga la ciencia moderna\u201d, dice Goldfarb.<\/p>\n<p>Esto se encuentra presente en la correspondencia del secretario con el m\u00e9dico herm\u00e9tico veneciano Francisco Travagino. Oldenburg descubre que el amigo italiano convirti\u00f3 mercurio corriente en plata pura y deseaba contar con la f\u00f3rmula. Al remit\u00edrsela, Travagino lamenta no ser capaz de repetir el hecho. La respuesta de Oldenburg revela el anhelo de la \u00e9poca por hallar un rumbo moderno para la ciencia de laboratorio: para \u00e9l, una de las mayores dificultades en cualquier procedimiento consist\u00eda en tener como uno de los par\u00e1metros raros el origen del material. \u201cTal como Boyle, Oldenburg pensaba en est\u00e1ndares claramente definidos, de tal modo que el experimento pudiera reproducirse y aceptarse universalmente\u201d, sostiene Ferraz. Las cartas revelan que el primer secretario de la Royal Society quiz\u00e1 haya sido algo m\u00e1s que <em>intelligencer<\/em> al intercambiar ideas con grandes personalidades, tales como Boyle. Por ser un inmigrante, siempre visto con desconfianza, y consciente de su posici\u00f3n como secretario, Oldenburg prefiri\u00f3 compartir sus ideas y su posible experiencia de laboratorio con otros miembros de esa sociedad. A cambio de ello habr\u00eda obtenido un puesto oficial y un sueldo m\u00e1s digno.<\/p>\n<p>Nos encaminamos, entonces, hacia un nuevo misterio, sobre la posible ingesta de preparados herm\u00e9ticos por parte de las personalidades notables de la \u00e9poca, con dram\u00e1ticas consecuencias. Las investigadoras est\u00e1n desmenuzando esta historia para poder documentarla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una inc\u00f3moda pizca de magia","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-100515","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100515","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=100515"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100515\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=100515"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=100515"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=100515"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=100515"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}