{"id":101911,"date":"2012-09-28T15:10:17","date_gmt":"2012-09-28T18:10:17","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=101911"},"modified":"2015-12-30T12:12:08","modified_gmt":"2015-12-30T14:12:08","slug":"de-la-saciedad-y-otros-placeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/de-la-saciedad-y-otros-placeres\/","title":{"rendered":"De la saciedad y otros placeres"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-112894\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992.jpg\" alt=\"050-051_neuronios_199\" width=\"560\" height=\"266\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992.jpg 850w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992-700x333.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992-120x57.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/050-051_neuronios_1992-250x119.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Pedro Hamdan<\/span><\/a><\/p>\n<p>Un grupo formado tan s\u00f3lo por 5 mil neuronas localizadas en la base del cerebro, en una regi\u00f3n denominada hipot\u00e1lamo, no s\u00f3lo controlan el hambre y la sensaci\u00f3n de saciedad. Esas neuronas, especializadas en la producci\u00f3n de dos de los mensajeros qu\u00edmicos cerebrales \u2013el neurop\u00e9ptido Y (NPY) y el p\u00e9ptido relacionado al agouti (AgRP) \u2013, tambi\u00e9n act\u00faan sobre los mecanismos cerebrales de recompensa, que coordinan las sensaciones de placer. La doble funci\u00f3n de estas c\u00e9lulas fue observada por un grupo de investigadores brasile\u00f1os y estadounidenses, y descrita en junio en la revista <em>Nature Neuroscience<\/em>. \u201cFue la primera vez que se registr\u00f3 la influencia de esas c\u00e9lulas sobre otras funciones del sistema nervioso central\u201d, relata el m\u00e9dico Marcelo Dietrich, investigador de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y primer autor del art\u00edculo.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo, Dietrich sospechaba que las neuronas productoras de NPY y AgRP podr\u00edan estar conectadas con otras \u00e1reas cerebrales debido a los efectos colaterales provocados por los medicamentos inhibidores del apetito. Compuestos tales como la sibutramina, retirada del mercado en varios pa\u00edses y vendida bajo receta archivada en Brasil, reducen el hambre al inducir efectos similares al producido por la desactivaci\u00f3n de esas neuronas. Pero tambi\u00e9n causan una serie de alteraciones en el organismo, tales como una mejor\u00eda del humor \u2013la sibutramina se desarroll\u00f3 para utiliz\u00e1rsela como antidepresivo\u2013 y un aumento del riesgo de problemas cardiovasculares. \u201cImagin\u00e1bamos que las neuronas productoras de NPY y AgRP no se hallar\u00edan aisladas o asociadas tan s\u00f3lo al hambre\u201d, comenta Dietrich. \u201cPensamos que tambi\u00e9n podr\u00edan desempe\u00f1ar alg\u00fan rol en funciones cognitivas m\u00e1s sofisticadas y decidimos estudiar si se hallaban involucradas en los mecanismos de recompensa\u201d, dice el investigador, quien actualmente pasa una temporada en el laboratorio de Tamas Horvath en la Universidad Yale, en Estados Unidos.<\/p>\n<p>Con el objetivo de testear posibles conexiones de esas neuronas con las de otras regiones cerebrales, Dietrich realiz\u00f3 una serie de experimentos con roedores gen\u00e9ticamente alterados para presentar menor actividad en las neuronas del apetito. \u201cNo se eliminaban las c\u00e9lulas, pero funcionaban de manera deficiente, minimizando as\u00ed la sensaci\u00f3n de hambre\u201d, explica.<\/p>\n<p>La consecuencia que se esperaba era que otros mecanismos asociados con aquel grupo de neuronas tambi\u00e9n se mostraran menos activos. Pero no fue eso lo que ocurri\u00f3. Inicialmente se liber\u00f3 a los ratones en una caja de acr\u00edlico donde se coloc\u00f3 luego un peque\u00f1o cilindro pl\u00e1stico para evaluar c\u00f3mo se comportaban. Como los roedores son curiosos y les gusta conocer todo aquello que es nuevo en su ambiente, el grado de exploraci\u00f3n sirve como term\u00f3metro de activaci\u00f3n de los mecanismos de recompensa. Los investigadores imaginaban que ellos se interesar\u00edan poco por el nuevo objeto, ya que sus neuronas del hambre no estaban funcionando correctamente. Pero verificaron lo opuesto. Ni bien ingresaban en la caja los roedores caminaban fren\u00e9ticamente de un lado a otro, explorando las novedades y asimilando informaciones sobre el \u00e1mbito hasta entonces desconocido. \u00c9ste era el primer indicio de que los mecanismos de recompensa estaban respondiendo en forma acentuada.<\/p>\n<p>En una segunda etapa, el investigador repiti\u00f3 los test inyectando en los animales una peque\u00f1a dosis de coca\u00edna, que se sabe que activa las v\u00edas neurol\u00f3gicas de recompensa. Cuanto mayor era la dosis, los ratones m\u00e1s se mov\u00edan por el ambiente. Finalmente, Dietrich estableci\u00f3 una rutina que determinaba la inyecci\u00f3n de coca\u00edna durante cinco d\u00edas, manten\u00eda a los animales en abstinencia por cuatro d\u00edas y luego volv\u00eda a aplicarles la droga. \u201cEl cerebro desarrolla una especie de memoria de los efectos producidos por la coca\u00edna, crea dependencia y responde en forma a\u00fan m\u00e1s intensa al final de los test\u201d, recuerda el investigador.<\/p>\n<p>Entonces, Dietrich sofistic\u00f3 algo m\u00e1s el test para verificar si la inhibici\u00f3n de la actividad de las neuronas productoras de NPY y AgRP aumentaba la b\u00fasqueda de situaciones placenteras. Esta vez coloc\u00f3 a los animales en una caja que, en un lado, ofrec\u00eda acceso a otra caja que conten\u00eda agua con coca\u00edna y, del otro lado, se hallaba conectada a una tercera caja con un recipiente conteniendo agua pura. En una primera instancia, coloc\u00f3 a los animales en la caja central y los dej\u00f3 explorar las otras dos, y los animales visitaron las dos cajas m\u00e1s o menos la misma cantidad de veces. Despu\u00e9s, Dietrich bloque\u00f3 el acceso a la caja con agua pura y dej\u00f3 que los animales visitaran solamente aqu\u00e9lla en que hab\u00eda coca\u00edna. En la siguiente etapa, invirti\u00f3 el proceso. Bloque\u00f3 el acceso a la coca\u00edna, permitiendo el ingreso s\u00f3lo a la caja con agua pura. Finalmente, los ratones volvieron a tener acceso a ambas cajas. En esta oportunidad, sin embargo, las visitas al sitio con coca\u00edna fueron dos veces m\u00e1s frecuentes que a la caja con agua pura. Fue la confirmaci\u00f3n de la b\u00fasqueda del placer.<\/p>\n<p><strong>Una cuesti\u00f3n de edad<br \/>\n<\/strong>\u201cNotamos que las neuronas productoras de NPY y AgRP se encuentran conectadas con las neuronas que producen dopamina, el neurotransmisor del placer\u201d, explica Dietrich. \u201cPero esa relaci\u00f3n ocurre en forma inversa, cuando se inhiben las neuronas del apetito, los productores de dopamina se tornan m\u00e1s activos, acentuando el funcionamiento de los mecanismos de recompensa\u201d, comenta.<\/p>\n<p>Pero quedaba una duda. Los test se hab\u00edan realizado con ratones transg\u00e9nicos adultos que hab\u00edan nacido sin la prote\u00edna que activa las neuronas del hambre y los investigadores hab\u00edan notado que, cuanto m\u00e1s viejo era el animal, menor era el efecto.<\/p>\n<p>Para comprobar la influencia de la edad, hubo que modificar la estrategia. Se desactivaron las neuronas del hambre en animales con diferentes edades (5, 10, 15 y 20 d\u00edas de vida y adultos) y se repitieron los test. Los resultados se confirmaron: la desactivaci\u00f3n de las neuronas del hambre en las cr\u00edas m\u00e1s j\u00f3venes intensificaba la actividad del mecanismo de recompensa.<\/p>\n<p>Seg\u00fan opina Dietrich, \u00e9sa era una evidencia de que es en la primera semana de vida de los roedores que esas c\u00e9lulas se conectan con las de otras regiones cerebrales. En los seres humanos, tal nivel de desarrollo cerebral corresponde al tercer trimestre de gestaci\u00f3n. \u201cLa modificaci\u00f3n del funcionamiento de esas neuronas en el comienzo del desarrollo quiz\u00e1 genere consecuencias que s\u00f3lo aparecen bastante m\u00e1s tard\u00edamente en la vida, aumentando la susceptibilidad a la adicci\u00f3n por drogas\u201d, sospecha el investigador, quien comenz\u00f3 a investigar esa funci\u00f3n del hipot\u00e1lamo durante su doctorado en la UFRGS, bajo la direcci\u00f3n de Diogo Onofre de Souza.<\/p>\n<p>Dietrich tambi\u00e9n pretende comprender la influencia de la alimentaci\u00f3n de los reci\u00e9n nacidos sobre el mecanismo de b\u00fasqueda del placer. \u201cQueremos entender c\u00f3mo reaccionan las c\u00e9lulas que regulan el apetito cuando las madres, en lugar de amamantar, sustituyen la leche materna con papillas y otros alimentos\u201d, comenta. \u201cFinalmente, pretendemos ser alg\u00fan d\u00eda capaces de poder sugerir cu\u00e1les son los nutrientes y la cantidad de calor\u00edas recomendables para que esas conexiones se formen de manera adecuada\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"C\u00e9lulas controlan el hambre y activan los mecanismos de la recompensa","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[319],"coauthors":[109],"class_list":["post-101911","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-neurociencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/101911","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=101911"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/101911\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=101911"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=101911"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=101911"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=101911"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}