{"id":109991,"date":"2013-03-19T10:34:48","date_gmt":"2013-03-19T13:34:48","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=109991"},"modified":"2013-03-21T13:41:36","modified_gmt":"2013-03-21T16:41:36","slug":"documentos-que-valen-oro-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/documentos-que-valen-oro-2\/","title":{"rendered":"Documentos que valen oro"},"content":{"rendered":"<p><i>Publicado en abril de 2011<\/i><\/p>\n<div id=\"attachment_110594\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-110594\" alt=\"Alquimista en su laboratorio\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/art4405img1.jpg\" width=\"290\" height=\"389\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/art4405img1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/art4405img1-223x300.jpg 223w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ALCHEMIST\u2019S LABORATORY, 1570 \u2013 JAN VAN DER STRAET \/ FOTO: ERICH LESSING \/ ALBUM\/ALBUM ART \/ LATINSTOCK<\/span>Alquimista en su laboratorio<span class=\"media-credits\">ALCHEMIST\u2019S LABORATORY, 1570 \u2013 JAN VAN DER STRAET \/ FOTO: ERICH LESSING \/ ALBUM\/ALBUM ART \/ LATINSTOCK<\/span><\/p><\/div>\n<p>Fue tomando al pie de la letra el lema de la Royal Society, <i>Nullius in verba<\/i>, es decir, \u201cno crea en la palabra de nadie\u201d, un aviso de que, en ciencia, es esencial \u201cponer las manos en la masa\u201d, como las investigadoras Ana Maria Alfonso-Goldfarb y M\u00e1rcia Ferraz, ambas del Centro Sim\u00e3o Mathias de Estudios en Historia de la Ciencia (Cesima) de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de S\u00e3o Paulo (PUC-SP), hicieron un descubrimiento sorprendente en 2008. Al escudri\u00f1ar monta\u00f1as de documentos de la instituci\u00f3n inglesa, encontraron la \u201creceta\u201d del <i>alkahest<\/i>, el supuesto \u201csolvente universal\u201d alqu\u00edmico que podr\u00eda disolver cualquier sustancia y reducirla a sus componentes primarios (<i>lea en<\/i> Pesquisa FAPESP <i>n\u00ba 154<\/i>). Pero hab\u00eda algunas lagunas para \u201ccerrar el caso\u201d, en especial para revelar qui\u00e9n hab\u00eda sido el autor de la copia de la receta hallada. De regreso a los archivos, las investigadoras dilucidaron el misterio, pero solamente para abrir otro, m\u00e1s instigador a\u00fan: el descubrimiento de una receta de la c\u00e9lebre piedra filosofal que, seg\u00fan se cre\u00eda, transmutar\u00eda metales \u201cviles\u201d en oro.<\/p>\n<p>\u201cFue una gran sorpresa, pero en cierta forma inc\u00f3moda, pues, como historiadoras de la ciencia, se nos hace dif\u00edcil constatar cada vez m\u00e1s de qu\u00e9 modo la alquimia fue importante en la consolidaci\u00f3n de la nueva ciencia en pleno siglo XVIII. Pero a su vez resulta importante subrayar que esa permanencia de la b\u00fasqueda de la transmutaci\u00f3n era pensada m\u00e1s en el sentido qu\u00edmico, en especial como un instrumento de avance de la medicina, que en su car\u00e1cter esot\u00e9rico. Esto es notable en las preocupaciones de hombres\u00a0 como Boyle o Newton, entre otros nombres de peso, que cre\u00edan en la existencia de la piedra filosofal\u201d, explica Ana Maria. Las profesoras consideran que los trabajos con la piedra filosofal se realizaban en el \u00e1mbito de la ciencia de la \u00e9poca, aunque existen otras visiones. \u201cEl baconismo entr\u00f3 en la Royal Society distorsionado por el prisma de un grupo ligado a Samuel Hartlib, uno de los fundadores de la instituci\u00f3n. Ese c\u00edrculo llevaba al l\u00edmite los preceptos de Bacon de estudiar \u2018lo nuevo, lo raro y lo extra\u00f1o\u2019 en la naturaleza, mezcl\u00e1ndolos con un inter\u00e9s persistente en descubrir invenciones \u2018\u00fatiles\u2019, sin por ello dejar de lado las ideas herm\u00e9ticas, retomando las obras de Paracelso y Helmont. Basta con ver c\u00f3mo Boyle manten\u00eda su inter\u00e9s de m\u00ednima embarazoso en cuestiones de filosof\u00eda natural, y estaba dispuesto a aceptar cualquier tipo de fen\u00f3meno, siempre y cuando pudiese explic\u00e1rselo en l\u00edneas mec\u00e1nicas. Esto inclu\u00eda a la piedra filosofal. Newton, en carta a Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society, llega a quejarse de que el colega deber\u00eda \u2018mantener silencio\u2019 y no divulgar \u2018los secretos de un verdadero fil\u00f3sofo herm\u00e9tico\u2019\u201d, sostiene el historiador Theodore Hoppen, docente de la University of Hull y autor del estudio <i>The nature of the early Royal Society<\/i>.<\/p>\n<p><b>Lat\u00edn<br \/>\n<\/b> Por cierto, Oldenburg se encuentra en el centro del nuevo misterio revelado por las investigadoras brasile\u00f1as. Al intentar identificar la letra de la receta del <i>alkahest<\/i>, luego de varios intentos, se depararon con un documento escrito en lat\u00edn que conten\u00eda observaciones en franc\u00e9s en sus m\u00e1rgenes. \u201cLa letra nos pareci\u00f3 conocida y vimos que era de Oldenburg, quien en sus anotaciones personales escrib\u00eda en franc\u00e9s. Estaba resuelto: \u00e9l fue quien transcribi\u00f3 la receta del <i>alkahest<\/i>. Pero, cuando fuimos a leer el texto en lat\u00edn escrito en otra letra, vimos que se trataba de una receta de la piedra filosofal\u201d, cuentan las profesoras. El t\u00edtulo del texto, que lograron datar en 1659, era: \u201cProcesus de bois\u201d. De entrada, ambas creyeron que se trataba de experimentos con la quema de maderas (<i>bois<\/i> es madera en franc\u00e9s), pero, al verificar la presencia de elementos de la piedra filosofal, vieron que se trataba del nombre de una persona. En Francia, buscaron a alguien llamado Du Bois que tendr\u00eda algo que ver con la c\u00e9lebre transmutaci\u00f3n, y descubrieron \u2013al cabo de una b\u00fasqueda detectivesca\u2013 la historia de Noel Picard, conocido como Du Bois, quien en 1637 fue ahorcado en La Bastilla por orden del cardenal Richelieu. \u00bfEl motivo? Hab\u00eda intentado enga\u00f1ar al poderoso ministro de Luis XIII diciendo que era capaz de producir oro a partir del plomo. Luego de una vida rocambolesca de viajes y conversiones de cura capuchinho a luterano, de regreso a Par\u00eds, Du Bois cay\u00f3 en las gracias del padre Joseph, confesor de Richelieu. \u201cEl cardenal vio en \u00e9l la posibilidad de aumentar la riqueza de Francia y resolver los problemas econ\u00f3micos que aquejaban al reino. Entonces llam\u00f3 a Du Bois para que, con su \u2018polvo de proyecci\u00f3n\u2019, fabricase oro en presencia del rey, la reina y de otros invitados notables, entre ellos el propio Richelieu\u201d, comenta M\u00e1rcia. Con una cuchilla y un crisol, Du Bois fue al Louvre y se puso a trabajar, y les pidi\u00f3 a los guardias que le llevasen balas de mosquete, que \u00e9l calent\u00f3, roci\u00e1ndolas con un polvo y cubri\u00e9ndolas posteriormente con cenizas. El rey, entusiasmado, quiso \u00e9l mismo soplar sobre la mezcla, dejando su real figura, la de la reina y las de los presentes cubiertas de holl\u00edn. Pero la conmoci\u00f3n todo lo compensaba, pues se ve\u00eda oro en el fondo de la olla. Lu\u00eds XIII abrazo al pobre Du Bois, lo convirti\u00f3 en noble <i>ipso facto<\/i> y adem\u00e1s le concedi\u00f3 el privilegio de cazar en tierras reales. Llev\u00e1ndose al padre Joseph a un rinc\u00f3n, Richelieu, feliz, le prometi\u00f3 un futuro capelo cardenalicio. No afect\u00f3 el \u00e1nimo general que los orfebres de la corte verificasen que se trataba de oro de 22 quilates. Du Bois les respondi\u00f3 que era tan s\u00f3lo una muestra de las posibilidades.<\/p>\n<div id=\"attachment_110595\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-110595\" alt=\"Visi\u00f3n ir\u00f3nica del intenso de concretar &quot;la gran obra&quot;\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/art4405img2.jpg\" width=\"290\" height=\"283\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ARTWORK OF AN ALCHEMIST CREATING LIFE \/ JEAN-LOUP CHARMET \/ SCIENCE PHOTO LIBRARY \/ SPL DC \/ LATINSTOCK<\/span>Visi\u00f3n ir\u00f3nica del intenso de concretar &#8220;la gran obra&#8221;<span class=\"media-credits\">ARTWORK OF AN ALCHEMIST CREATING LIFE \/ JEAN-LOUP CHARMET \/ SCIENCE PHOTO LIBRARY \/ SPL DC \/ LATINSTOCK<\/span><\/p><\/div>\n<p>Richelieu le avis\u00f3 que el rey necesitaba \u201csolamente\u201d 800 mil francos semanales en oro y le dio 20 d\u00edas para iniciar la producci\u00f3n que, le avis\u00f3 al monarca, le iba a permitir que no se le cobrasen m\u00e1s impuestos al pueblo y as\u00ed que el rey iba a tener el m\u00e1s poderoso cetro de Europa. Pero Du Bois us\u00f3 el plazo para cazar con sus amigos. Desconfiado, el cardenal mand\u00f3 a vigilarlo y por \u00faltimo, exasperado con la demora, construy\u00f3 un laboratorio para que el presunto alquimista realizase, ya como prisionero, la \u201cgran obra\u201d en el castillo de Vincennes. Nuevo fracaso y el \u201cnoble\u201d fue conducido a la Bastilla, en donde fue torturado y despu\u00e9s lo mataron, por no haber suministrado la receta de la piedra filosofal. Lo notable es que, aun as\u00ed, sus verdugos cre\u00edan que \u00e9l era realmente capaz de producir oro, pero intentaba esconder el secreto. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en 1659, Oldenburg se encontraba en Francia y se depar\u00f3 con la receta de Du Bois, y la env\u00edo a Inglaterra, en donde parece que fue recibida de manera exultante. \u201cEn la Royal Society, en pleno siglo XVII, aquellos hombres brillantes cre\u00edan que Du Bois realmente hab\u00eda logrado \u2018abrir el oro\u2019, es decir, disolverlo para preparar otros materiales, funci\u00f3n atribuida a la piedra filosofal\u201d, comenta Ana.<\/p>\n<p><b>Piedras<br \/>\n<\/b>\u201cEn el centro de todo se encontraba la preocupaci\u00f3n por resolver problemas de salud, en especial la disoluci\u00f3n de piedras en el organismo, una de las causas principales de \u00f3bito en aquellos tiempos. Se cre\u00eda que la soluci\u00f3n ideal era disolverlas con \u00e1cidos minerales, Pero sin que ello matase al paciente. Hab\u00eda que encontrar algo con el poder del \u00e1cido, pero sin sus problemas. Y all\u00ed entran en escena el <i>alkahest<\/i> y la piedra filosofal, que, combinados, constituir\u00edan el remedio ideal\u201d, explica Ana. El primero suavizar\u00eda los efectos negativos del \u00e1cido, y la piedra era el complemento perfecto, pues era potente para disolver un metal noble y resistente como el oro, al mismo tiempo \u201cd\u00e9bil\u201d contra el organismo. \u201cEso, por supuesto, no imped\u00eda que se pensase en la piedra en su capacidad de producir oro por razones econ\u00f3micas, aunque las razones pecuniarias no fuesen las \u00fanicas, y ni siquiera las m\u00e1s importantes\u201d, dice M\u00e1rcia. Todo se interconectaba. Si la piedra ten\u00eda el poder de \u201cperfeccionar\u201d metales, convirti\u00e9ndolos en oro, como consecuencia de la creencia de los alquimistas en la unidad de la materia, esa \u201cmedicina\u201d de los metales bien podr\u00eda extenderse a la medicina de los hombres, que podr\u00eda igualmente ser \u201cperfeccionada\u201d. De all\u00ed que muchos se refiriesen a la piedra como el elixir de la vida o el gran elixir, una panacea para todas las enfermedades, capaz de prolongar la vida. Debido a que el oro, como metal, no era corro\u00eddo, pas\u00f3 a v\u00e9rselo como s\u00edmbolo de la inmortalidad. Esto llev\u00f3 a pensar, como consecuencia de ello, en su uso en la medicina de los antiguos y en la alquimia china, que buscaba el elixir de la longevidad.<\/p>\n<p>\u201cLos trabajos de Paracelso y Van Helmont, entre otros, se desarrollaron en un tiempo en que se cuestionaba a la medicina gal\u00e9nica. Tambi\u00e9n hab\u00eda nuevas enfermedades que requer\u00edan otras soluciones m\u00e1s efectivas. La b\u00fasqueda del <i>alkahest<\/i>, por ejemplo, revela esa preocupaci\u00f3n medicinal\u201d, sostiene el historiador de la qu\u00edmica Paulo Alves Porto, docente del Instituto de Qu\u00edmica de la Universidad de S\u00e3o Paulo. \u201cEl significado de la qu\u00edmica, entre los siglos XVI y XVIII, debe buscarse en su relaci\u00f3n con la medicina, aunque la transmutaci\u00f3n se mantuvo como una constante hasta el Iluminismo, aun cuando ya se operaba la separaci\u00f3n entre la qu\u00edmica y la medicina\u201d, escribe el historiador estadounidense Allen Debus, en su art\u00edculo \u201cAlchemy and iatrochemistry\u201d. Seg\u00fan Debus, de entrada, la relaci\u00f3n se da en la rivalidad con los galenistas, para avanzar en el inter\u00e9s de las explicaciones qu\u00edmicas de los procesos fisiol\u00f3gicos, la base de la obra de Van Helmont, lo que termin\u00f3 por llevar a la separaci\u00f3n entre la qu\u00edmica y la medicina hacia otros fines y no los farmac\u00e9uticos. \u201cEl trabajo de Lavoisier no necesit\u00f3 dirigirse hacia una qu\u00edmica basada en la medicina debido a ese largo proceso. La importancia que la medicina tuvo en el ascenso de la ciencia moderna era algo poco discutido\u201d, a\u00f1ade Debus. Reci\u00e9n a finales del siglo XVIII, la transmutaci\u00f3n perder\u00e1 algo de su fuerza. \u201cHubo un movimiento que surgi\u00f3 en la Academie Royale de Sciences, en Par\u00eds, para dejar esa pr\u00e1ctica de lado, con el fin de domesticar a la qu\u00edmica en el marco de una disciplina profesional respetable que entr\u00f3 en la academia. Era necesario romper definitivamente con el pasado alqu\u00edmico y empezar todo de cero, para darle a la qu\u00edmica una nueva identidad y un nuevo <i>status<\/i>. De cualquier modo, eso no se concret\u00f3 totalmente\u201d, analiza el historiador Lawrence Principe, de la Johns Hopkins University, autor de <i>Alchemy tried in the fire<\/i>. \u201cLa red de documentos y personas \u00edntimamente ligadas a la transmutaci\u00f3n que nuestra investigaci\u00f3n viene exponiendo adquiere cada vez m\u00e1s datos y ramificaciones. Esto puede ser la punta de un gran <i>iceberg<\/i> documental\u201d, estima Ana Goldfarb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Documentos que valen oro","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[684],"class_list":["post-109991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/109991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=109991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/109991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=109991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=109991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=109991"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=109991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}