{"id":112232,"date":"2013-04-03T10:48:16","date_gmt":"2013-04-03T13:48:16","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=112232"},"modified":"2016-06-01T12:10:00","modified_gmt":"2016-06-01T15:10:00","slug":"el-craneo-subvertido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-craneo-subvertido\/","title":{"rendered":"El cr\u00e1neo subvertido"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-112233\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-1.jpg\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"306\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-1-227x300.jpg 227w\" sizes=\"auto, (max-width: 232px) 100vw, 232px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MATEUS ACIOL<\/span>Luego de analizar datos provenientes de aproximadamente 5 mil individuos pertenecientes a 94 grupos poblacionales modernos distintos, un grupo de genetistas y antrop\u00f3logos f\u00edsicos iberoamericanos recab\u00f3 evidencias suficientes como para refutar una de las teor\u00edas m\u00e1s extra\u00f1as y controvertidas que ocuparon las p\u00e1ginas de importantes revistas cient\u00edficas durante los \u00faltimos cinco a\u00f1os: aqu\u00e9lla que sosten\u00eda que al medir un rasgo f\u00edsico permanente del cr\u00e1neo de los individuos de sexo masculino, era posible obtener un indicador confiable de su grado de honestidad y agresividad. Seg\u00fan esa pol\u00e9mica tesis, que coquetea con las ideas lombrosianas en boga en el siglo XIX y desde hace bastante totalmente desacreditadas, la relaci\u00f3n entre el ancho y la altura del rostro de un hombre se asocia con el tipo de comportamiento exhibido por el individuo (el mismo razonamiento no tendr\u00eda validez para las mujeres). Los varones con rostros proporcionalmente m\u00e1s anchos ser\u00edan menos \u00e9ticos y m\u00e1s violentos.<\/p>\n<p>Y la culpa de ello ser\u00eda la selecci\u00f3n natural. En t\u00e9rminos evolutivos, siempre seg\u00fan los defensores de esta teor\u00eda, las hembras del <i>Homo sapiens<\/i> habr\u00edan preferido reproducirse con los machos de rostro menos estrecho, que, al saberse l\u00edderes poderosos y temidos, tendr\u00edan mayor predisposici\u00f3n para idear artima\u00f1as y valerse de su fuerza para lograr sus objetivos. Por ende, siguiendo ese razonamiento, con el paso del tiempo, los cr\u00e1neos m\u00e1s amplios se habr\u00edan convertido en una marca registrada de los hombres m\u00e1s deseados, potentes y con mayor \u00e9xito reproductivo, los cuales ser\u00edan tambi\u00e9n los m\u00e1s deshonestos y violentos. \u00bfPuede sostenerse esa idea de que el tama\u00f1o de la maldad est\u00e1 impreso en los huesos de la cara de los hombres, exclusivamente en los varones? Por supuesto que no. Es lo que dice, en tono educado, pero firme, el estudio realizado por cient\u00edficos de Brasil, Argentina, M\u00e9xico y Espa\u00f1a que se publicar\u00e1 en la primera quincena de este mes en la revista cient\u00edfica <i>PLoS One<\/i>.<\/p>\n<p>\u201cNo hallamos ning\u00fan dato relevante de que poblaciones o individuos con mayor grado de belicosidad, comportamiento agresivo o mediado por la sensaci\u00f3n de poder presenten un rostro m\u00e1s ancho\u201d, dice la genetista Maria C\u00e1tira Bortolini, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), una de las coordinadoras del trabajo. \u201cTampoco encontramos conexi\u00f3n alguna entre ese rasgo f\u00edsico y una supuesta ventaja reproductiva en el proceso evolutivo\u201d. Si los machos con rostro m\u00e1s ancho hubiesen sido, a lo largo del proceso evolutivo, los predilectos de las hembras, cabr\u00eda esperar que esos individuos hubiesen producido mayor cantidad de descendientes que sus rivales m\u00e1s d\u00e9biles (o con imagen d\u00e9bil), de rostro m\u00e1s alargado. Sin embargo, en la muestra analizada, el tama\u00f1o de la prole de los varones con rasgos faciales m\u00e1s anchos no difiri\u00f3 significativamente de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-207962\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11-300x91.jpg\" alt=\"018-023_FacesdoMal_203-1\" width=\"290\" height=\"88\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11-300x91.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11-810x247.jpg 810w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11-1024x312.jpg 1024w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-11.jpg 1314w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>La afirmaci\u00f3n que sostiene que rostros m\u00e1s anchos en los varones representan un rasgo adaptativo seleccionado por el proceso de evoluci\u00f3n natural, un argumento utilizado como base en la tesis de los neolombrosianos, tampoco se confirm\u00f3 en el nuevo estudio. El asunto todav\u00eda no est\u00e1 totalmente cerrado, aunque la mayor parte de los trabajos afirme que el dimorfismo sexual en nuestra especie es menos pronunciado que en otros primates. En otras palabras, machos y hembras no presentan diferencias f\u00edsicas marcadas que hayan sido configuradas por el proceso evolutivo. En algunos animales y plantas el dimorfismo sexual es evidente. El le\u00f3n, por ejemplo, posee una vistosa y amedrentadora melena, un ornamento del que no dispone la leona.<\/p>\n<p>Independientemente de que el ancho del rostro masculino haya sido tallado por el proceso evolutivo o no, el concluir que ese par\u00e1metro anat\u00f3mico es, por s\u00ed s\u00f3lo, una especie de graduaci\u00f3n biol\u00f3gica del car\u00e1cter y de la agresividad de los hombres carece de fundamentos s\u00f3lidos, de acuerdo con el equipo internacional de investigadores. \u201cLa correlaci\u00f3n entre un \u00fanico atributo f\u00edsico y un comportamiento humano complejo, tal como lo es el tema de la \u00e9tica y la agresividad, carece de validez cient\u00edfica y constituye una idea peligrosa\u201d, sostiene el antrop\u00f3logo f\u00edsico argentino Rolando Gonz\u00e1lez-Jos\u00e9, del Centro Nacional Patag\u00f3nico, de Puerto Madryn, otro de los autores del trabajo en la <i>PLoS One<\/i>. \u201cM\u00e1s all\u00e1 de no sostenerse desde un punto de vista cient\u00edfico, tal como evidenciamos en nuestro trabajo, este tipo de razonamiento, que no tiene en cuenta el contexto social y cultural del individuo, constituye una apertura hacia pol\u00edticas arbitrarias y eugen\u00e9sicas\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-207963\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2-300x92.jpg\" alt=\"018-023_FacesdoMal_203-2\" width=\"290\" height=\"89\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2-300x92.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2-810x249.jpg 810w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2-1024x315.jpg 1024w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-2.jpg 1302w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>Los cient\u00edficos utilizaron bases de datos propias y otras disponibles de otros trabajos cient\u00edficos para obtener informaci\u00f3n sobre el ancho de la cabeza de una muestra tan enorme y diversificada de cr\u00e1neos humanos. Entre las poblaciones analizadas, se encontraban grupos provenientes de contextos sociales y culturales muy heterog\u00e9neos, de sociedades con fama de ser m\u00e1s o menos violentas, tales como los residentes en pa\u00edses desarrollados y en desarrollo, adem\u00e1s de habitantes en tribus ind\u00edgenas. En el estudio tambi\u00e9n se utilizaron datos antropom\u00e9tricos de prisioneros encarcelados a comienzos del siglo pasado en la Penitenciar\u00eda Federal de la Ciudad de M\u00e9xico, un establecimiento donde, por definici\u00f3n, la concentraci\u00f3n de hombres deshonestos y belicosos habr\u00eda sido alta. \u201cNo estamos diciendo que la gen\u00e9tica o la biolog\u00eda no influyan en el comportamiento de la gente\u201d, explica Claiton Bau, experto en gen\u00e9tica psiqui\u00e1trica de la UFRGS, quien tambi\u00e9n suscribe el trabajo junto a Gonz\u00e1lez-Jos\u00e9 y Bortolini. \u201cObvio que influyen, pero no presentan un efecto determinante sobre comportamientos complejos, tales como la \u00e9tica individual. Su efecto es probabil\u00edstico. El ambiente tambi\u00e9n influye en los individuos a lo largo de toda su vida. En el caso del cerebro, lo relevante no es su formato, sino la funci\u00f3n (cognitiva) desempe\u00f1ada en una regi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_112234\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-112234\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-6.jpg\" alt=\"Una prominencia en la regi\u00f3n de la benevolencia ser\u00eda un signo de que esa caracter\u00edstica era abundante en el due\u00f1o del cr\u00e1neo. La frenolog\u00eda fue bien acogida por la sociedad victoriana inglesa\" width=\"290\" height=\"369\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-6.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-6-235x300.jpg 235w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n del cuadro de 1886 de Frank Dadd<\/span>Una prominencia en la regi\u00f3n de la benevolencia ser\u00eda un signo de que esa caracter\u00edstica era abundante en el due\u00f1o del cr\u00e1neo. La frenolog\u00eda fue bien acogida por la sociedad victoriana inglesa<span class=\"media-credits\">Reproducci\u00f3n del cuadro de 1886 de Frank Dadd<\/span><\/p><\/div>\n<p>El pol\u00e9mico rasgo f\u00edsico que estar\u00eda asociado con la maldad masculina se calcula a partir de un \u00edndice denominado t\u00e9cnicamente relaci\u00f3n del ancho y la altura del rostro, en ingl\u00e9s, <i>facial width-to-height ratio<\/i> (fWHR). El ancho del rostro se obtiene por medio del registro de la distancia entre dos puntos del cr\u00e1neo conocidos como puntos zigi\u00f3n, izquierdo y derecho. \u00c9stos se ubican en las extremidades laterales de la cabeza, cerca de las orejas. La altura del rostro est\u00e1 dada por la distancia entre otros dos puntos, nasi\u00f3n y prosti\u00f3n. El nasi\u00f3n se encuentra en el centro del rostro, entre las cejas, algo m\u00e1s arriba de la depresi\u00f3n nasal. Tambi\u00e9n en el eje central, el prosti\u00f3n se sit\u00faa inmediatamente por encima del labio superior. En los hombres, cuanto mayor sea el ancho del rostro en relaci\u00f3n con su altura, mayor ser\u00e1 el \u00edndice fWHR y, seg\u00fan los neolombrosianos, mayor la falta de \u00e9tica y tendencia a la agresividad del sujeto en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>El trabajo reciente que explor\u00f3 en forma m\u00e1s expl\u00edcita esa veta casi racista de relacionar la deshonestidad con un rasgo f\u00edsico del cr\u00e1neo fue un art\u00edculo publicado el 6 de julio del a\u00f1o pasado en la revista cient\u00edfica <i>Proceedings of the Royal Society B<\/i>, editada por la famosa y respetada Royal Society de Inglaterra. El t\u00edtulo del estudio es un buen indicador de su contenido: \u201cBad to the bone: facial structure predicts unethical behavior\u201d (\u201cMalo hasta los huesos: la estructura facial predice el comportamiento anti\u00e9tico\u201d, en traducci\u00f3n libre). En el art\u00edculo, Michael P. Haselhuhn y Elaine M. Wong, de la Universidad de Wisconsin en Milwaukee, reportaron los resultados de dos experimentos comportamentales, t\u00edpicos de las escuelas de administraci\u00f3n, que sirven como soporte para su tesis.<\/p>\n<p>En el primer test, 192 alumnos de MBA (115 varones y 77 mujeres), con edades promedio de 28 a\u00f1os, participaron en una versi\u00f3n del conocido ejercicio de negociaci\u00f3n Bullard Houses. En esa prueba, los estudiantes desempe\u00f1aron aleatoriamente el rol de vendedor o comprador de una propiedad. Se trata de una simulaci\u00f3n destinada a medir la \u00e9tica de los negociantes. En la variaci\u00f3n del ejercicio propuesta por Haselhuhn y Wong, toda la transacci\u00f3n entre las partes se realiz\u00f3 v\u00eda <i>e-mail<\/i>, sin que ninguno tuviera noci\u00f3n de la apariencia de su interlocutor.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-112236\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-8.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"430\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-8.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-8-202x300.jpg 202w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducciones del libro L\u2019uomo delinquente<\/span>Hab\u00eda un conflicto potencial que deb\u00eda sortearse para que el negocio se efectuase. El vendedor solamente estaba dispuesto a desprenderse del inmueble si se garantizaba que la construcci\u00f3n no ser\u00eda utilizada para fines comerciales, una exigencia que el comprador no estaba dispuesto a asumir (no pod\u00eda reconocer que instalar\u00eda un hotel en el lugar). Al final del experimento, 13 compradores de sexo masculino y 5 del femenino enga\u00f1aron al vendedor del inmueble. En el caso de los hombres, los que trampearon ten\u00edan rostros m\u00e1s achos que los que no incurrieron en un comportamiento anti\u00e9tico. En el caso de las mujeres, no se hall\u00f3 esa correlaci\u00f3n. Las medidas faciales se obtuvieron a partir de fotograf\u00edas digitales de los participantes en la simulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El segundo experimento ten\u00eda como objetivo indagar la frecuencia de otro tipo de embuste: mentir acerca de los resultados en un juego virtual de dados para aumentar las probabilidades de obtener una eventual recompensa econ\u00f3mica en una loter\u00eda. En ese caso se reclutaron 103 universitarios con edad promedio de 22 a\u00f1os, de los cuales el 49% eran varones. Tambi\u00e9n se implementaron cuestionarios entre los participantes en el estudio para evaluar cu\u00e1n poderosos se sent\u00edan. Otra vez apareci\u00f3, seg\u00fan los autores del trabajo, una conexi\u00f3n entre los varones con rostros anchos y los comportamientos anti\u00e9ticos. Los individuos que reportaron los mayores resultados en el juego fueron los que se definieron como m\u00e1s poderosos, justamente los hombres con rostro ancho. Tampoco esta vez apareci\u00f3 esa correlaci\u00f3n entre las mujeres.<\/p>\n<p>El p\u00e1rrafo final del art\u00edculo del d\u00fao de Wisconsin resume sus tesis formuladas a partir de los dos experimentos: \u201cComo conclusi\u00f3n, nuestra investigaci\u00f3n aporta una nueva perspectiva al estudio de las bases evolucionistas de la moralidad por identificar un rasgo f\u00edsico determinado gen\u00e9ticamente que predice el comportamiento anti\u00e9tico. Demostramos que los varones con rostro m\u00e1s ancho (en relaci\u00f3n con la altura facial) se sienten m\u00e1s poderosos y esa percepci\u00f3n de poder los conduce directamente a un comportamiento menos \u00e9tico, lo que incluye mentir y enga\u00f1ar. Quiz\u00e1 algunos hombres sean verdaderamente malos hasta la m\u00e9dula\u201d.<\/p>\n<p>Contactado por <i>Pesquisa FAPESP<\/i> a mediados del mes de diciembre, Haselhuhn aleg\u00f3 no sentirse en buena posici\u00f3n para comentar el trabajo de sus colegas iberoamericanos antes de tener acceso a la versi\u00f3n final publicada del art\u00edculo. \u201cPor ahora, lo que puedo decir es que ese futuro <i>paper<\/i> tiene poco que ver con nuestro art\u00edculo \u2018Bad to the bone\u2019, exceptuando que \u00e9ste hace la obvia distinci\u00f3n de que comportamiento anti\u00e9tico y comportamiento criminal no son lo mismo\u201d, dijo, por <i>e-mail<\/i>, Haselhuhn. \u201cEse <i>paper<\/i> refuta m\u00e1s bien estudios anteriores que sostienen que la relaci\u00f3n fWHR proviene del dimorfismo sexual. Pese a que citamos esos estudios, analizar el dimorfismo sexual no es el objetivo de nuestro art\u00edculo\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_112238\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-112238 size-full\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-14.jpg\" alt=\"Algunos experimentos y procedimientos de los m\u00e9dicos nazis ten\u00edan antecedentes que remit\u00edan a la frenolog\u00eda, tales como realizar mediciones del cr\u00e1neo\" width=\"290\" height=\"292\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">UNITED STATES HOLOCAUST MEMORIAL MUSEUM<\/span>Algunos experimentos y procedimientos de los m\u00e9dicos nazis ten\u00edan antecedentes que remit\u00edan a la frenolog\u00eda, tales como realizar mediciones del cr\u00e1neo<span class=\"media-credits\">UNITED STATES HOLOCAUST MEMORIAL MUSEUM<\/span><\/p><\/div>\n<p>El art\u00edculo de Haselhuhn y Wong constituye el trabajo reciente con afirmaciones m\u00e1s contundentes relacionando la \u00e9tica con el ancho de los huesos del cr\u00e1neo en los varones. Pero no es el \u00fanico. En un art\u00edculo publicado el 19 de agosto de 2008 en la misma <i>Proceeding of the Royal Society B<\/i>, Justin M. Carr\u00e9 y Chery McCormick, del Departamento de Psicolog\u00eda de la Universidad Brock, de Canad\u00e1, afirman que ese rasgo del rostro puede funcionar como un indicador de agresividad. Su evidencia cient\u00edfica: los jugadores de equipos profesionales y universitarios de hockey con caras m\u00e1s anchas sufrieron m\u00e1s penalizaciones por haber cometido faltas o acciones violentas en el juego. \u201cEstos hallazgos sugieren que la relaci\u00f3n entre el ancho y el alto de la cara, determinada por el dimorfismo sexual, podr\u00eda ser una \u2018honesta se\u00f1al\u2019 de la propensi\u00f3n a la agresividad\u201d, escribi\u00f3 el d\u00fao. En 2009, los mismos investigadores suscribieron un art\u00edculo en la revista <i>Psychological Science<\/i> con car\u00e1cter bastante similar. Relatan experimentos en los cuales la gente asocia comportamientos agresivos con im\u00e1genes de hombres con rostros de rasgos amplios. \u201cNo logro concebir qu\u00e9 puede salir de bueno de ese tipo de estudio\u201d, comenta Bortolini.<\/p>\n<p>El deseo de intentar asociar ciertos rasgos de la anatom\u00eda del cr\u00e1neo humano con la personalidad de los individuos de nuestra especie, estableciendo supuestas relaciones entre algunos par\u00e1metros f\u00edsicos y la propensi\u00f3n a la deshonestidad o a la pr\u00e1ctica de actos criminales es antiguo. Entre el final del siglo XVIII y el comienzo del siglo XIX, los controvertidos trabajos del m\u00e9dico alem\u00e1n Franz Josef Gall (1758-1828) y de su disc\u00edpulo Johann Gaspar Spurzheim (1776-1832) constituyen una referencia obligatoria al respecto del tema. Para Gall, la superficie del cr\u00e1neo funcionaba como un \u00edndice de las caracter\u00edsticas psicol\u00f3gicas del individuo. Gall dividi\u00f3 el cerebro en 27 regiones (otros, m\u00e1s tarde, rebanaron el \u00f3rgano en m\u00e1s o menos sectores). Hab\u00eda un \u00e1rea ligada a la compasi\u00f3n, otra, al deseo de reproducirse y as\u00ed sucesivamente. El tama\u00f1o de una regi\u00f3n era proporcional a la facultad psicol\u00f3gica representada. Una prominencia en la parte superior de la frente era un signo de benevolencia exagerada. Una protuberancia alrededor de las orejas era un indicio de agresividad exacerbada. As\u00ed nac\u00eda la craneoscop\u00eda, popularizada por Spurzheim con el nombre de frenolog\u00eda. Medir el cr\u00e1neo era como medir la psiquis humana.<\/p>\n<div id=\"attachment_112239\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-112239\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/018-023_FacesdoMal_203-15.jpg\" alt=\"Pol\u00e9micos estudios recientes publicados en revistas cient\u00edficas, tales como Proceedings of the Royal Society B, sostienen que una medida del cr\u00e1neo de los varones (pero no de las mujeres) puede interpretarse como un indicador de comportamientos anti\u00e9ticos y agresivos\" width=\"290\" height=\"187\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Reproducciones de art\u00edculos publicados en la revista Proceedings of the Royal Society B<\/span>Pol\u00e9micos estudios recientes publicados en revistas cient\u00edficas, tales como Proceedings of the Royal Society B, sostienen que una medida del cr\u00e1neo de los varones (pero no de las mujeres) puede interpretarse como un indicador de comportamientos anti\u00e9ticos y agresivos<span class=\"media-credits\">Reproducciones de art\u00edculos publicados en la revista Proceedings of the Royal Society B<\/span><\/p><\/div>\n<p>Aunque para mediados del siglo XIX la frenolog\u00eda hab\u00eda ca\u00eddo en descr\u00e9dito cient\u00edfico e incluso se hab\u00eda tornado blanco de caricaturas y dibujos humor\u00edsticos, donde los m\u00e9dicos escudri\u00f1aban el cerebro deformado de los pacientes, este tipo de abordaje nunca ces\u00f3 de hallar adeptos de tanto en tanto, sobre todo en ciertas sociedades. Esta \u00edndole de estudios se difundi\u00f3 bastante en Estados Unidos e Inglaterra. Al publicar su obra <i>El hombre delincuente<\/i> en 1876, el m\u00e9dico italiano Cesare Lombroso (1835-1909) produjo una versi\u00f3n propia de ese abordaje, enfocada en las supuestas caracter\u00edsticas t\u00edpicas del cr\u00e1neo de hipot\u00e9ticos malhechores natos. Seg\u00fan Lombroso, el criminal presentaba facciones salvajes, similares a las de los monos. Ten\u00eda prognatismo, la frente inclinada, orejas grandes y brazos alargados, entre otros atributos. Tambi\u00e9n en el siglo XX, ideas racistas como las de Gall y Lombroso encontraron adeptos y difusores, tales como el psiquiatra ingl\u00e9s Bernard Hollander (1864-1934) y el pedagogo belga Paul Bouts (1900-1999). \u201cLos m\u00e9dicos nazis practicaban la eutanasia para mantener la supuesta pureza de la raza aria\u201d, afirma Bau, haciendo referencia a un r\u00e9gimen que utiliz\u00f3 ideas eugen\u00e9sicas, en parte influenciadas por la frenolog\u00eda.<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Gonz\u00e1lez-Jos\u00e9, los estudios recientes que establecen una supuesta correlaci\u00f3n del susodicho \u00edndice fWHR con los comportamientos anti\u00e9ticos y\/o agresivos incurren en una simplificaci\u00f3n extrema y peligrosa. \u201cCuando la ciencia intenta explicar mecanismos ocultos tras fen\u00f3menos complejos, siempre es necesario un cuidadoso an\u00e1lisis\u201d, dice el argentino. \u201cNo puede aceptarse una simple asociaci\u00f3n estad\u00edstica como prueba de una relaci\u00f3n de causa y efecto entre el ancho de la cara del hombre y los comportamientos anti\u00e9ticos\u201d.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nG\u00d3MES-VALD\u00c9S, J. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/journals.plos.org\/plosone\/article?id=10.1371\/journal.pone.0052317\" target=\"_blank\">Lack of support for the association between facial shape and aggression: a reappraisal based on a worldwide population genetics perspective<\/a>. <strong>PLoS One<\/strong>. En prensa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Estudio refuta trabajos que asocian el ancho del rostro con agressividad","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[305,306,316],"coauthors":[101],"class_list":["post-112232","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-fisiologia-es","tag-genetica-es","tag-medicina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/112232","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=112232"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/112232\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=112232"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=112232"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=112232"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=112232"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}