{"id":119695,"date":"2013-06-03T17:30:43","date_gmt":"2013-06-03T20:30:43","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=119695"},"modified":"2017-03-08T14:42:28","modified_gmt":"2017-03-08T17:42:28","slug":"119695","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/119695\/","title":{"rendered":"Un dulce aprendizaje"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_119699\" style=\"max-width: 239px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-119699\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-1-229x300.jpg\" alt=\"El cerebro de la abeja: Volumen\u20021 mm\u00b3; Capacidad Alrededor de 1 mill\u00f3n de neuronas; Habilidad:\u2002 Es capaz de aprender a distinguir colores y patrones complejos y a contar hasta cuatro\" width=\"229\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-1-229x300.jpg 229w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-1.jpg 290w\" sizes=\"auto, (max-width: 229px) 100vw, 229px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">KATHY KEATLEY GARVEY<\/span>El cerebro de la abeja:\u00a0Volumen:\u20021 mm\u00b3; Capacidad:\u00a0Alrededor de 1 mill\u00f3n de neuronas; Habilidad: Es capaz de aprender a distinguir colores y patrones complejos y a contar hasta cuatro<span class=\"media-credits\">KATHY KEATLEY GARVEY<\/span><\/p><\/div>\n<p>Aun con un cerebro del tama\u00f1o de una semilla de ajonjol\u00ed, la abeja europea (<i>Apis mellifera<\/i>) es capaz de aprender algo sobre un fen\u00f3meno que, si bien es sencillo, constituye la base de la capacidad de los seres humanos para pensar y comunicarse mediante s\u00edmbolos. En los experimentos realizados por los psic\u00f3logos Antonio Mauricio Moreno y Deisy de Souza, de la Universidad Federal de S\u00e3o Carlos (UFSCar), en el interior de S\u00e3o Paulo, junto con la entom\u00f3loga Judith Reinhard, de la Universidad de Queensland, en Australia, abejas interesadas en un trago de agua azucarada aprendieron a realizar una elecci\u00f3n basada en una relaci\u00f3n arbitraria entre dos tipos de se\u00f1ales (tarjetas de colores y rayadas). Una relaci\u00f3n tan arbitraria como la que existe entre la palabra <i>pelota<\/i> y el objeto real a la cual \u00e9sta se refiere.<\/p>\n<p>\u201cEste trabajo es relevante para los estudios del aprendizaje, pues confirma que un invertebrado es capaz de aprender relaciones arbitrarias\u201d, afirma Dora Ventura, psic\u00f3loga de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y experta en visi\u00f3n animal, quien no particip\u00f3 en los experimentos. Antes de ese estudio, publicado en diciembre de 2012 en la revista <i>PLoS One,<\/i> se contaba con resultados que suger\u00edan que las abejas tambi\u00e9n pod\u00edan concretar este tipo de aprendizaje, el m\u00e1s sencillo de los comportamientos presimb\u00f3licos, as\u00ed llamados por constituir el requisito previo al desarrollo del lenguaje. Pero era necesario recabar evidencias. Con el trabajo del grupo de S\u00e3o Carlos, cobra fuerza la idea de que incluso el cerebro de una abeja \u2013mayor que el de muchos insectos, aunque con menos de 1 mill\u00f3n de neuronas (el del ser humano cuenta con 86 mil millones)\u2013 es capaz de tal desempe\u00f1o, por mucho tiempo considerado exclusivo de los vertebrados con cerebro mucho mayor, tales como los monos y los seres humanos.<\/p>\n<p>La abeja europea empez\u00f3 a llamar la atenci\u00f3n de los investigadores durante la d\u00e9cada de 1940, cuando el zo\u00f3logo austr\u00edaco Karl von Frisch describi\u00f3 un comportamiento singular de la especie: su famosa danza, la compleja coreograf\u00eda que realiza la abeja al regresar a la colmena, que le indica a sus compa\u00f1eras la localizaci\u00f3n de las flores que encontr\u00f3. Desde entonces, se han observado decenas de comportamientos, un repertorio comparable al de las aves y los mam\u00edferos, e incluso la capacidad de contar hasta cuatro.<\/p>\n<p>Los experimentos con abejas son distintos a los que se hacen con otros animales. A las ratas y palomas se las enjaula y se las priva de alimento antes del entrenamiento. En tanto, las abejas quedan libres para regresar a la colmena, instalada fuera del laboratorio. \u201cAl comienzo del experimento, pongo un bebedero con un jarabe hecho con agua y az\u00facar cerca de la colmena\u201d, explica Moreno, quien trabaja con abejas desde 2002. \u201cDe no llover, las abejas descubren el bebedero.\u201d<\/p>\n<p>En un minuto, una abeja se empacha de jarabe y regresa a la colmena para all\u00ed arrojarlo. Luego vuelve al bebedero para tomar m\u00e1s. Moreno entonces lo aparta de la colmena y va en direcci\u00f3n al interior del laboratorio, con algunas abejas sigui\u00e9ndolo. Cuando llegan al aparato experimental, \u00e9l emplea un pincel con pintura <i>gouache<\/i> para marcar a las abejas que entrenar\u00e1 inmediatamente despu\u00e9s. \u201cA veces se asustan y huyen, pero intento marcarlas delicadamente mientras se encuentran compenetradas succionando el jarabe\u201d, comenta.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-208052\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-300x205.jpg\" alt=\"053-055_Abelhas_206\" width=\"290\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-300x205.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-724x496.jpg 724w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206.jpg 850w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>La tarea m\u00e1s elemental que los investigadores les ense\u00f1an a las abejas consiste en distinguir entre dos se\u00f1ales distintas: una puesta delante de un bebedero que contiene agua y otra delante de un bebedero con el jarabe. Al cabo de dos horas de entrenamiento, una abeja aprende que solamente una de las se\u00f1ales indica la presencia de az\u00facar. A este experimento, que se lo viene rehaciendo desde los a\u00f1os 1920, se lo denomina discriminaci\u00f3n simple.<\/p>\n<p>En general, las se\u00f1ales que se emplean son pares de tarjetas de colores, patrones gr\u00e1ficos o figuras geom\u00e9tricas sencillas. Con base en los estudios de Dora Ventura sobre la capacidad visual de las abejas, y al cabo de varios intentos, Moreno arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que estos insectos distinguen mejor tarjetas amarillas que azules y tarjetas rayadas en blanco y negro con rayas horizontales que tarjetas a rayas verticales.<\/p>\n<p><b>Una est\u00e9tica azucarada<br \/>\n<\/b>Sin embargo, esto no significa que las abejas sean incapaces de reconocer se\u00f1ales m\u00e1s complejas. Mientras cursaba una parte de su doctorado en la Universidad de Queensland, entre 2010 y 2011, Moreno colabor\u00f3 con otro estudio del laboratorio de Judith, en el cual las <i>Apis mellifera<\/i> aprendieron a diferenciar entre cuadros Picasso y Monet. En experimentos de discriminaci\u00f3n simple con empleo de tarjetas con reproducciones de diversas obras, un grupo de abejas recib\u00eda jarabe en caso de preferir al cubista y no al impresionista, en tanto que al otro grupo se lo entren\u00f3 al rev\u00e9s; y ambos experimentos tuvieron \u00e9xito.<\/p>\n<p>Para las abejas, vale todo para obtener el jarabe. En caso de que el mismo se encuentre siempre a la izquierda, por ejemplo, la abeja puede responder correctamente pues ha memorizado su posici\u00f3n, y no porque distinga las se\u00f1ales visuales. Para evitar esto, se alter\u00f3 la posici\u00f3n de los bebederos constantemente. Tambi\u00e9n se los reemplazaba a menudo por otros nuevos, para que las abejas no se orientasen por el olor que dejan las gotas de jarabe.<\/p>\n<p>En una etapa siguiente, Moreno y sus colegas realizaron los denominados test de discriminaci\u00f3n condicional, cuando le a\u00f1adieron un paso al experimento. Antes de depararse con la se\u00f1al azul y la amarilla, por ejemplo, la abeja encontraba adelante de ella una tarjeta rayada. Cuando las rayas eran verticales, el jarabe estaba detr\u00e1s de la tarjeta amarilla. En tanto, si las rayas fuesen horizontales, la tarjeta correcta ser\u00eda la azul. Para salirse con la suya, la abeja deb\u00eda deducir esa relaci\u00f3n arbitraria, esto es, deb\u00eda entender que la elecci\u00f3n del color depend\u00eda de la disposici\u00f3n de las rayas.<\/p>\n<div id=\"attachment_119706\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-119706\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/06\/053-055_Abelhas_206-3.jpg\" alt=\"Melipona rufiventris: no aprendi\u00f3 en los test la relaci\u00f3n arbitraria entre las tarjetas de colores y las rayadas\" width=\"290\" height=\"253\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">IB\/ USP (Proyecto Vinces\/ FAPESP)<\/span><em>Melipona rufiventris<\/em>: no aprendi\u00f3 en los test la relaci\u00f3n arbitraria entre las tarjetas de colores y las rayadas<span class=\"media-credits\">IB\/ USP (Proyecto Vinces\/ FAPESP)<\/span><\/p><\/div>\n<p>Luego de seis d\u00edas seguidos de entrenamientos, las abejas europeas lograron acertar en alrededor del 70% de las discriminaciones condicionales. Aun cuando se retiraban los bebederos eleg\u00edan correctamente.<\/p>\n<p>Entusiasmados con este resultado, los investigadores resolvieron verificar si las abejas pod\u00edan ir m\u00e1s all\u00e1 y aprender otro prerrequisito del pensamiento simb\u00f3lico: aprender a crear nuevas relaciones a partir de las relaciones arbitrarias aprendidas anteriormente.<\/p>\n<p>Entonces alteraron el test invirtiendo el orden de las tarjetas. Pretend\u00edan ver si una abeja entrenada para optar por la tarjeta amarilla en caso de pasar antes por la de rayas verticales, por ejemplo, era capaz de elegir la de rayas verticales al pasar por una tarjeta amarilla. La respuesta fue negativa. \u201cSoy pesimista en este punto\u201d, dice Moreno. \u201cNo s\u00e9 de qu\u00e9 modo podr\u00edamos producir comportamientos m\u00e1s complejos que los que hemos obtenido.\u201d<\/p>\n<p>De regreso a Brasil, Moreno realiz\u00f3 nuevamente los experimentos de discriminaci\u00f3n condicional en el laboratorio de Souza, en la UFSCar, en esa oportunidad testeando con la <i>tujuba<\/i> (<i>Melipona rufiventris<\/i>), una abeja nativa de Brasil y sin aguij\u00f3n, lo que vuelve innecesario el uso del traje de apicultura que se emplea cuando se trabaja con <i>Apis mellifera<\/i>.<\/p>\n<p>Pese a que lograban discriminar bien las tarjetas, casi todas las <i>tujubas<\/i> testeadas fallaron a la hora de aprender las relaciones arbitrarias entre las mismas. \u201cEn un experimento an\u00e1logo realizado un a\u00f1o antes, solamente una abeja aprendi\u00f3, pero reci\u00e9n despu\u00e9s de entren\u00e1rsela durante tres semanas, que es su tiempo de vida\u201d, recuerda Moreno. \u201cEnseguida despu\u00e9s muri\u00f3.\u201d<\/p>\n<p><b>Factores desconocidos<br \/>\n<\/b>Este resultado contradice los experimentos pioneros en comportamiento animal realizados por el psic\u00f3logo y novelista Isaias Pessotti en los a\u00f1os 1960, en la USP de Ribeir\u00e3o Preto. Pessotti, quien lleg\u00f3 a inventar un aparato autom\u00e1tico de se\u00f1alizaci\u00f3n para las abejas, con luces de colores ubicadas al lado de bebederos abiertos y cerrados por peque\u00f1as palancas accionadas por los propios insectos, arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que las <i>tujubas<\/i> era capaces de efectuar discriminaciones condicionales. Con todo, en el aparato de Pessotti, las se\u00f1ales de condici\u00f3n y de elecci\u00f3n se exhib\u00edan simult\u00e1neamente. Por tal raz\u00f3n, muchos investigadores cuestionan si en vez de establecer una\u00a0 relaci\u00f3n condicional, las <i>tujubas<\/i> no hab\u00edan aprendido a escoger pares de se\u00f1ales como si fueran una misma cosa. Para evitar dicha posibilidad, Moreno y sus colegas no les mostraron las tarjetas de colores y las rayadas al mismo tiempo, sino una despu\u00e9s de otra.<\/p>\n<p>Moreno, Souza y Reinhard aventuran una explicaci\u00f3n para la aparente superioridad de las abejas europeas. Naturales de un clima templado, las <i>Apis mellifera<\/i> habr\u00edan evolucionado de manera tal de volverse capaces de establecer asociaciones m\u00e1s complejas, tales como la que existe entre las estaciones del a\u00f1o y las floradas de las distintas especies de plantas. En tanto, las <i>tujubas<\/i> viven en colmenas menores y no requieren gran variedad de flores para sobrevivir. Adem\u00e1s, las floradas tropicales son m\u00e1s constantes a lo largo del a\u00f1o y, por tal motivo, estas abejas no precisar\u00edan modificar sus elecciones. \u201cPero es tan s\u00f3lo una especulaci\u00f3n\u201d, subraya Moreno. \u201cDebemos realizar m\u00e1s estudios comparando la alimentaci\u00f3n de la <i>Melipona<\/i> con la de la <i>Apis<\/i>.\u201d<\/p>\n<p>\u201cNo se debe tomar muy en serio el resultado negativo de la <i>Melipona<\/i>\u201d, afirma Randolf Menzel, neurobi\u00f3logo experto en abejas de la Universidad Libre de Berl\u00edn, Alemania. Tal como los propios autores del estudio lo reconocen, el fracaso en los experimentos puede haber sido ocasionado por efectos desconocidos.<\/p>\n<p>\u201cEl dispositivo experimental puede haber sido percibido de manera distinta por\u00a0 cada especie\u201d, explica Martin Giurfa, de la Universidad de Toulouse, en Francia, otra autoridad en comportamiento y neurofisiolog\u00eda de abejas. \u201cEl experimento puede ser m\u00e1s estresante para las abejas brasile\u00f1as, lo que mermar\u00eda su desempe\u00f1o.\u201d<\/p>\n<p><b>Proyectos<\/b><br \/>\n<strong>1.<\/strong> Emparejamiento con el modelo en abejas (<i>Melipona quadrifasciata<\/i>) (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/107369\/emparelhamento-com-o-modelo-em-abelhas-melipona-quadrifasciata\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2008\/50576-8<\/a>); <b>Modalidad<\/b> Beca de doctorado; <b>Coord.<\/b> Antonio Mauricio Moreno; <b>Inversi\u00f3n <\/b>\u00a0R$ 132.486,12 (FAPESP)<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Instituto de estudios sobre comportamiento, cognici\u00f3n y ense\u00f1anza (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/2215\/instituto-de-estudos-sobre-comportamento-cognicao-e-ensino\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2008\/57705-8<\/a>); <b>Modalidad<\/b> Proyecto Tem\u00e1tico; <b>Coord<\/b>. Deisy das Gra\u00e7as de Souza \u2013 UFSCar; <b>Inversi\u00f3n <\/b>R$ 575.983,91 (FAPESP).<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nMORENO, A.M. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/journals.plos.org\/plosone\/article?id=10.1371\/journal.pone.0051467\" target=\"_blank\">A comparative study of relational learning capacity in honeybees (<i>Apis mellifera<\/i>) and stingless bees (<i>Melipona rufiventris<\/i>)<\/a>. <strong>PLoS One<\/strong>. v. 7 (12). 2012.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Las abejas europeas asocian colores y se\u00f1ales","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[33,335],"coauthors":[103],"class_list":["post-119695","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-etologia","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119695","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=119695"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119695\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=119695"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=119695"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=119695"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=119695"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}