{"id":149443,"date":"2013-11-06T19:06:27","date_gmt":"2013-11-06T21:06:27","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=149443"},"modified":"2014-06-27T15:20:46","modified_gmt":"2014-06-27T18:20:46","slug":"el-supermono-de-america","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-supermono-de-america\/","title":{"rendered":"El supermono de Am\u00e9rica"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-151556 alignright\" alt=\"016-021_CAPA-Megamacaco_213\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-231x300.jpg\" width=\"231\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-231x300.jpg 231w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-381x496.jpg 381w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-788x1024.jpg 788w\" sizes=\"auto, (max-width: 231px) 100vw, 231px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Ilustraci\u00f3n Sandro Castelli<\/span><\/a>Hace m\u00e1s de 15 mil a\u00f1os, habit\u00f3 en lo que actualmente es Brasil un simio con un tama\u00f1o dos veces mayor que el del muriqu\u00ed o mono ara\u00f1a lanudo, el mayor de los monos vivos del Nuevo Mundo. La prueba de la existencia de ese supermono americano se basa en un esqueleto f\u00f3sil casi completo, descubierto en 1992 en una caverna localizada en el municipio de Campo Formoso, en el interior del estado de Bah\u00eda. El f\u00f3sil del supersimio, descrito por el paleont\u00f3logo C\u00e1stor Cartelle, actualmente investigador de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Minas Gerais (PUC-Minas), fue analizado con minuciosidad m\u00e1s recientemente por Lauren Halenar y Alfred Rosenberger, paleont\u00f3logos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Halenar y Rosenberger arribaron a la conclusi\u00f3n de que la especie, bautizada este a\u00f1o como <i>Cartelles coimbrafilhoi<\/i>, exploraba el suelo de la selva tan bien como un chimpanc\u00e9. Simult\u00e1neamente, pese a su gran tama\u00f1o, este primate pod\u00eda trepar a los \u00e1rboles y colgarse de las ramas con la misma habilidad, aunque algo m\u00e1s lentamente que las especies menores de su familia, la de los Atelidae, a la cual pertenecen el mono aullador, el mono ara\u00f1a, el mono barrigudo y el muriqu\u00ed. \u201cEl <i>C. coimbrafilhoi<\/i> probablemente no se desplazaba ni se comportaba como ninguna de las especies de primates del Nuevo Mundo actuales\u201d, dice Halenar.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los investigadores, el f\u00f3sil de <i>Cartelles coimbrafilhoi<\/i> es uno de los m\u00e1s importantes para reconstruir la a\u00fan poco conocida historia evolutiva de los monos de esa regi\u00f3n. La clasificaci\u00f3n de este f\u00f3sil en una nueva especie \u2012en realidad, g\u00e9nero y especie\u2012 eleva a cuatro la cantidad de especies de monos que habitaron en Am\u00e9rica del Sur hacia el final del Pleistoceno y que actualmente se encuentran extinguidos. El hallazgo de nuevos f\u00f3siles, como los encontrados en los \u00faltimos a\u00f1os por Rosenberger y sus colaboradores en cavernas sumergidas en Rep\u00fablica Dominicana, ayudar\u00e1 a completar este cuadro, que tambi\u00e9n integra como pieza importante el simio hallado en Campo Formoso en 1992.<\/p>\n<p>Durante aquel a\u00f1o, explorando un peque\u00f1o tramo de Toca da Boa Vista, que tiene una extensi\u00f3n de 110 kil\u00f3metros y se la considera como la mayor gruta del hemisferio Sur, un equipo de espele\u00f3logos encontr\u00f3 uno de los esqueletos y le avis\u00f3 al grupo de Cartelle, quien descubri\u00f3 dos esqueletos f\u00f3siles de monos bastante completos, con m\u00e1s de un 90% de sus huesos preservados (<i>lea en el recuadro de en la p\u00e1gina 20<\/i>). Los animales habr\u00edan habitado en praderas y bosques alrededor de la cueva en alg\u00fan momento hace entre 360 mil y 15 mil a\u00f1os, al final del per\u00edodo geol\u00f3gico denominado Pleistoceno. Inmediatamente despu\u00e9s de que murieron, sus cuerpos habr\u00edan sido llevados por fuertes correntadas hacia el interior de la caverna, donde se preservaron sus huesos. \u201cHallar un esqueleto casi completo de cualquier tax\u00f3n [grupo de organismos] es algo infrecuente\u201d, comenta Halenar.<\/p>\n<p>Las primeras descripciones de esos f\u00f3siles se publicaron en 1996, en dos art\u00edculos cient\u00edficos escritos por Cartelle y por el paleont\u00f3logo estadounidense Walter Hartwig, de la Universidad Touro, en California. El esqueleto descrito en la revista <i>Proceedings of the National Academy of Sciences<\/i> (<i>PNAS)<\/i> no represent\u00f3 un gran desaf\u00edo. Estudios posteriores confirmaron que la especie, denominada <i>Caipora bambuiorum<\/i>, fue una versi\u00f3n mayor del actual mono ara\u00f1a. Aunque pesaba unos 20 kilogramos (el doble que un mono ara\u00f1a), el <i>C. bambuiorum<\/i> habr\u00eda exhibido una locomoci\u00f3n similar, siendo capaz de valerse tanto de sus brazos y piernas como de su cola prensil para desplazarse con agilidad por las ramas de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>M\u00e1s enigm\u00e1tico era el otro esqueleto, descrito por Hartwig y Cartelle en la revista <i>Nature<\/i>. Los investigadores determinaron que la hip\u00f3tesis m\u00e1s probable era que se trataba de un segundo f\u00f3sil de una especie descubierta un siglo y medio antes en una caverna de la localidad de Lagoa Santa, en Minas Gerais, a m\u00e1s de 1.200 kil\u00f3metros de Toca da Boa Vista. El paleont\u00f3logo dan\u00e9s Peter Lund, hall\u00f3 en Lagoa Santa, en 1836, un fragmento de f\u00e9mur y una parte de un hueso del brazo, que identific\u00f3 como el primer f\u00f3sil de primate descubierto de la historia. El <i>Protopithecus brasiliensis<\/i> fue mencionado por Charles Darwin en su cl\u00e1sico de 1859, <i>El origen de las especies<\/i>, y los c\u00e1lculos m\u00e1s recientes sugieren que pesaba hasta 24 kilogramos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-021.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-151557\" alt=\"016-021_CAPA-Megamacaco_213-02\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-021-300x264.jpg\" width=\"300\" height=\"264\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-021-300x264.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-021-562x496.jpg 562w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/016-021_CAPA-Megamacaco_213-021-1024x903.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Ana Paula Campos<\/span><\/a>Cartelle relata, sin embargo, que siempre sospech\u00f3 que era necesario confirmar si ambos f\u00f3siles correspond\u00edan al <i>Protopithecus<\/i>. Hartwig y \u00e9l hab\u00edan comparado al esqueleto de Toca da Boa Vista con fotograf\u00edas de los fragmentos del <i>P. brasiliensis<\/i>, conservados en el Museo de Historia Natural de Dinamarca. Los dos cient\u00edficos hab\u00edan notado sutiles diferencias entre los f\u00f3siles, pero las interpretaron como una variaci\u00f3n natural entre individuos de una misma especie. \u201cPlaneaba viajar alg\u00fan d\u00eda a Dinamarca para examinarlo mejor\u201d, comenta Cartelle, quien a\u00fan no tuvo oportunidad de realizar tal viaje.<\/p>\n<p>El supuesto <i>Protopithecus<\/i> de Toca da Boa Vista incluso revelaba a los investigadores una combinaci\u00f3n muy extra\u00f1a de caracter\u00edsticas. En su doctorado finalizado en 2005, la bi\u00f3loga Patr\u00edcia Guedes, del Museo Nacional de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ), arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la dentici\u00f3n del f\u00f3sil, aunque un tanto desgastada, reun\u00eda las caracter\u00edsticas de dos subfamilias de los Atelidae: la de los Alouattinae y la de los Atelinae. Incluso se percat\u00f3 de que la forma del cr\u00e1neo era similar a la de otros Alouattinae, la subfamilia a la que pertenecen los monos aulladores, mientras que sus dientes se asemejaban m\u00e1s a los de la subfamilia de los Atelinae, la misma del mono ara\u00f1a, del mono barrigudo y del muriqu\u00ed. Otros estudios, tanto del cr\u00e1neo como del resto del cuerpo, tambi\u00e9n suger\u00edan que la especie aglutinaba caracter\u00edsticas de esas dos familias, separadas hace m\u00e1s de 12,9 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para intentar resolver esas contradicciones, Rosenberger le propuso a Halenar, por entonces estudiante de doctorado bajo su direcci\u00f3n, que dedicara su tesis a estudiar minuciosamente los f\u00f3siles de <i>P. brasiliensis<\/i> de Lagoa Santa y de Toca da Boa Vista. Durante algunas semanas en Copenhague y en Belo Horizonte, Halenar midi\u00f3 las formas y las dimensiones de los huesos fosilizados, para luego compararlos con los huesos de cientos de ejemplares de diversas especies de monos actuales de la colecci\u00f3n del Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York. El objetivo consist\u00eda en determinar d\u00f3nde se encajaban los f\u00f3siles en el \u00e1rbol filogen\u00e9tico de los monos y deducir c\u00f3mo se desplazaban, a partir de la forma de sus huesos. \u201cInferimos la funci\u00f3n de los elementos del esqueleto de especies extinguidas al comparar la forma de sus huesos con la de an\u00e1logos, de especies vivas\u201d, explica Halenar.<\/p>\n<p>\u201cElla not\u00f3 inmediatamente que algunos de los huesos eran muy diferentes anat\u00f3micamente\u201d, recuerda Rosenberger. En un art\u00edculo publicado este mes en el <i>Journal of Human Evolution<\/i>, Halenar y \u00e9l proponen que cada uno de los f\u00f3siles atribuidos al <i>P. brasiliensis<\/i> pertenece, en realidad, a una especie distinta.<\/p>\n<p>El <i>P. brasiliensis <\/i>\u00a0de Lagoa Santa, seg\u00fan los investigadores, habr\u00eda sido un atelino. Aunque sea dif\u00edcil afirmar algo m\u00e1s descriptivo al respecto a partir de los fragmentos \u00f3seos, Halenar supone que la especie habr\u00eda sido similar a un muriqu\u00ed, pero dos veces mayor. En tanto, el esqueleto de Toca da Boa Vista pertenec\u00eda a la misma subfamilia de los monos aulladores, pero de un g\u00e9nero diferente. A su especie se la bautiz\u00f3 <i>Cartelles coimbrafilhoi<\/i>, en honor a Cartelle, quien desde hace 50 a\u00f1os que estudia los mam\u00edferos brasile\u00f1os del Pleistoceno \u2012al menos cuatro especies extinguidas llevan su nombre\u2012, y el de Adelmar Coimbra-Filho, uno de los pioneros de la primatolog\u00eda brasile\u00f1a, quien luch\u00f3 para salvar al tit\u00ed leoncito de la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Seg\u00fan estima Halenar, el <i>C. coimbrafilhoi<\/i> pesaba entre 25 y 28 kilogramos, lo cual le confiere el mayor tama\u00f1o entre las cuatro especies de grandes monos que habitaron Am\u00e9rica en el Pleistoceno. El <i>C. coimbrafilhoi<\/i> med\u00eda 1,67 metro desde el extremo de su cabeza hasta la punta de la cola, y la base de su cr\u00e1neo y su mand\u00edbula nos recuerdan a las del mono barrigudo. Pero el formato general del cr\u00e1neo se parece al de un mono aullador, incluso con el mismo gran espacio cerca de la garganta, que cobija el aparato vocal de esos monos capaces de emitir aullidos audibles hasta 5 kil\u00f3metros de distancia. La investigadora explica, sin embargo, que no puede determinarse si el <i>C. coimbrafilhoi<\/i> aullaba tanto o m\u00e1s fuerte que sus parientes aulladores actuales, porque la potencia del llamado de esos monos no se relaciona directamente con su tama\u00f1o, sino que depende tambi\u00e9n de los h\u00e1bitos sociales de cada especie y del ambiente en que habitan.<\/p>\n<p>El resto del esqueleto recuerda al de un mono ara\u00f1a, aunque m\u00e1s robusto. El formato de sus huesos sugiere una musculatura\u00a0 muy desarrollada, adaptada para trepar y colgarse. Hartwig y Cartelle ya hab\u00edan propuesto que el animal deb\u00eda sentirse a sus anchas en la copa de los \u00e1rboles. Pero, a causa de su tama\u00f1o, algunos investigadores descartaron la idea, sugiriendo que la especie viv\u00eda tan s\u00f3lo en el suelo. Como regla general, solamente las especies menores suelen llevar un estilo de vida arbor\u00edcola, pues los animales grandes corren el riesgo de quebrar una rama y caerse. Pero no siempre es as\u00ed. \u201cEl peso de la gran mayor\u00eda de los monos arbor\u00edcolas del Viejo Mundo ronda los 10 kilogramos\u201d, explica el primat\u00f3logo Stephen Ferrari, de la Universidad Federal de Sergipe. \u201cPero el mayor primate arbor\u00edcola, que es el orangut\u00e1n, puede alcanzar los 100 kilogramos\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de ser bastante menor que un orangut\u00e1n, el <i>C. coimbrafilhoi<\/i> tal vez cont\u00f3 tambi\u00e9n con la ayuda de su larga y gruesa cola para agarrarse a las ramas, aunque resta hacer a\u00fan estudios biomec\u00e1nicos para confirmar si su cola pod\u00eda utilizase\u00a0 como un quinto miembro prensil, capaz de colgarse de las ramas y sostener el peso completo del animal, tal como suelen hacer varias de las especies vivas de la familia de los Atelidae.<\/p>\n<p>En todo caso, los huesos tambi\u00e9n indican que la especie ten\u00eda h\u00e1bitos terrestres muy desarrollados. \u201cParece probable decir que el comportamiento del <i>C. coimbrafilhoi<\/i> se habr\u00eda asemejado bastante al de los chimpanc\u00e9s actuales, que son h\u00e1biles trepadores, pero permanecen la mayor parte del tiempo en el suelo\u201d, sugiere Ferrari. Guedes coincide, y recuerda que incluso los aulladores y muriqu\u00edes, normalmente arbor\u00edcolas, en ocasiones incursionan por el suelo. Recientemente, el equipo de la primat\u00f3loga Karen Strier, de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, registr\u00f3 el desarrollo de h\u00e1bitos terrestres entre muriqu\u00edes del norte que viven en una reserva particular protegida en Minas Gerais. En un art\u00edculo publicado en 2012 en la revista <i>PLoS ONE<\/i>, sostiene que el cambio de comportamiento estar\u00eda relacionado con el aumento de la poblaci\u00f3n, que pas\u00f3 de 60 a 300 ejemplares en los \u00faltimos 30 a\u00f1os, y con la falta de espacio para tantos monos en la reserva. Seg\u00fan la investigadora, al aprender a explorar el suelo, los muriqu\u00edes consiguieron m\u00e1s alimento y entonces se registr\u00f3 un aumento en la tasa de natalidad, aunque los animales tambi\u00e9n se tornaron m\u00e1s vulnerables al ataque de predadores.<\/p>\n<p>Las cuatro especies extintas de monos brasile\u00f1os \u2012<i>Cartelles coimbrafilhoi<\/i>, <i>Caipora bambuiorum<\/i>, <i>Protopithecus brasiliensis<\/i> y <i>Alouatta mauroi<\/i>\u2012 convivieron con la megafauna, es decir, los mam\u00edferos de gran porte, tales como los perezosos gigantes y los tigres dientes de sable, que habitaron Am\u00e9rica en el Pleistoceno y podr\u00edan haberse extinguido a causa de los cambios clim\u00e1ticos. \u201cLas especies de primates de mayor tama\u00f1o son mucho m\u00e1s vulnerables a la extinci\u00f3n, independientemente de la causa\u201d, explica Halenar.<\/p>\n<p>Hasta ahora, no ha podido saberse si alguna especie de los monos actuales desciende del linaje de alguno de esos grandulones. \u201cEl trabajo de Halenar y Rosenberger llama la atenci\u00f3n porque muestra la carencia de datos disponibles acerca de la morfolog\u00eda postcraneal de los primates americanos\u201d, comenta Guedes. \u201cLa comprensi\u00f3n de la variaci\u00f3n de la morfolog\u00eda de los platirrinos [el grupo que incluye a los primates del Nuevo Mundo, con narinas separadas y en posici\u00f3n lateral] resulta muy importante para plantear hip\u00f3tesis de relaci\u00f3n entre ellos y comprender la diversificaci\u00f3n de esos mam\u00edferos en Am\u00e9rica del Sur\u201d.<\/p>\n<p><b>Un gran fin de a\u00f1o<\/b><b><\/b><\/p>\n<p><i>El equipo hall\u00f3 dos f\u00f3siles de primates en las v\u00edsperas de A\u00f1o Nuevo<\/i><i><\/i><\/p>\n<p><strong>Ricardo Zorzetto<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_149922\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149922\" alt=\"El fot\u00f3grafo Adriano Gambarini retrat\u00f3 a Cartelle (a la izq.) y a sus dos colaboradores durante la extracci\u00f3n de los f\u00f3siles en 1992 en Toca da Boa Vista. Al lado, una de las amplias cavidades de la caverna\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-556-01.jpg\" width=\"290\" height=\"190\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-556-01.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-556-01-120x79.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-556-01-250x164.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ADRIANO GAMBARINI<\/span>El fot\u00f3grafo Adriano Gambarini retrat\u00f3 a Cartelle (a la izq.) y a sus dos colaboradores durante la extracci\u00f3n de los f\u00f3siles en 1992 en Toca da Boa Vista.<span class=\"media-credits\">ADRIANO GAMBARINI<\/span><\/p><\/div>\n<p>El a\u00f1o 1992 pr\u00e1cticamente hab\u00eda acabado cuando C\u00e1stor Cartelle, paleont\u00f3logo experto en perezosos extintos, realiz\u00f3 uno de los descubrimientos m\u00e1s importantes de la primatolog\u00eda brasile\u00f1a. Transcurr\u00eda el 30 de diciembre y, en compa\u00f1\u00eda de dos colegas, hab\u00edan caminado durante dos horas por un laberinto de t\u00faneles, estrechos pasadizos y abismos hasta arribar al espacio amplio de Toca da Boa Vista, donde se hallaban, uno junto a otro, los f\u00f3siles de dos de las mayores especies de primates que vivieron en Am\u00e9rica hacia el final del Pleistoceno. \u201cA primera vista pens\u00e9 que ser\u00edan un macho y una hembra\u201d, relata Cartelle, quien luego descubrir\u00eda que los f\u00f3siles pertenec\u00edan a especies distintas, a\u00fan no descritas.<\/p>\n<p>\u00c9l y sus colaboradores, Mauro Ferreira y Rodrigo Lopes Ferreira, no llegaron all\u00ed solos. El d\u00eda previo, cuatro o cinco integrantes del Grupo Bambu\u00ed de Investigaciones Espeleol\u00f3gicas, un gran equipo que durante a\u00f1os mape\u00f3 Toca da Boa Vista, hab\u00edan comenzado a explorar un sector de la cueva conocido como \u201c<i>al\u00e9m mundo<\/i> [allende del mundo]\u201d, avistando los f\u00f3siles y llevando muestras al campamento, una escuela en el paraje Laje dos Negros, del distrito de Campo Formoso. \u201cAlguien, no recuerdo qui\u00e9n, trajo un cr\u00e1neo para mostr\u00e1rnoslo\u201d, comenta Lopes Ferreira, quien por entonces estudiaba biolog\u00eda en la UFMG y trabajaba con Cartelle. \u201cNotamos que correspond\u00eda a un mono y les pedimos que nos conduzcan al sitio donde lo hab\u00edan encontrado\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_149923\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149923\" alt=\"Una de las amplias cavidades de la caverna\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-405-18.jpg\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-405-18.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-405-18-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/CAPA-405-18-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ADRIANO GAMBARINI<\/span>Una de las amplias cavidades de la caverna<span class=\"media-credits\">ADRIANO GAMBARINI<\/span><\/p><\/div>\n<p>El 30 de diciembre, al toparse con los f\u00f3siles, los investigadores se sorprendieron. \u201cSe encontraban uno a cinco metros del otro y el estado de conservaci\u00f3n era asombroso\u201d, recuerda Lopes Ferreira. Durante m\u00e1s de ocho horas, Cartelle, Ferreira y \u00e9l escudri\u00f1aron el suelo del lugar recogiendo todo lo que encontraban del esqueleto de los monos, luego descritos como <i>Caipora bambuiorum<\/i> y <i>Protopithecus brasiliensis<\/i> (este \u00faltimo, ahora rebautizado como <i>Cartelles coimbrafilhoi<\/i>), y de un f\u00f3sil de perezoso. Sendas r\u00e9plicas de los esqueletos quedar\u00e1n expuestas en el Museo de Ciencias Naturales de la PUC Minas, que reabrir\u00e1 en diciembre, luego de sufrir un incendio durante el a\u00f1o pasado.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca en que vivieron esos primates, la regi\u00f3n de Campo Formoso albergaba una selva tropical h\u00fameda, producto del encuentro de la vegetaci\u00f3n del Atl\u00e1ntico con la de la Amazonia. Al finalizar la \u00faltima era glacial, el clima de la regi\u00f3n se torn\u00f3 semi\u00e1rido. El d\u00eda de la extracci\u00f3n, al calor y la sequedad de la regi\u00f3n se le sumaron las altas temperaturas de la cueva. \u201cPasamos un d\u00eda en la antesala del purgatorio\u201d, relata Cartelle: \u201cnunca transpir\u00e9 tanto\u201d. Incluso \u00e9l, que nunca bebe, aquella tarde tom\u00f3 dos vasos de cerveza para festejar.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/em>HALENAR, L. B. y ROSENBERGER, A. L. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0047248413001693\" target=\"_blank\">A closer look at the \u201cProtopithecus\u201d fossil assemblages: new genus and species from Bahia, Brazil.<\/a> <b>Journal of Human Evolution<\/b>. v. 65, n.4, p. 374-90. oct. 2013.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Paleont\u00f3logos  reconstruyen  estilo  de  vida  del Cartelles  coimbrafilhoi","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[271,310,335],"coauthors":[103],"class_list":["post-149443","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-arqueologia-es","tag-historia-es","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/149443","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=149443"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/149443\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=149443"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=149443"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=149443"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=149443"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}