{"id":149927,"date":"2014-02-12T08:01:50","date_gmt":"2014-02-12T10:01:50","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=149927"},"modified":"2017-03-10T15:51:51","modified_gmt":"2017-03-10T18:51:51","slug":"una-red-de-proteccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-red-de-proteccion\/","title":{"rendered":"Una red de protecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_149931\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149931 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_98-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg\" alt=\"Ra\u00edces de Rhizophora mangle mantienen a los \u00e1rboles en pie en un suelo inestable\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_98-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_98-Manguezal-Guaratiba-RJ-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_98-Manguezal-Guaratiba-RJ-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>Ra\u00edces de <em>Rhizophora mangle mantienen<\/em> a los \u00e1rboles en pie en un suelo inestable<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>A lo largo de estuarios, bah\u00edas, lagunas y brazos de mar, los \u00e1rboles afrontan condiciones poco favorables y se lanzan sobre el agua salobre. Los manglares aparecen entonces, a veces como una vegetaci\u00f3n achaparrada que forma una franja verde; otras, como una mara\u00f1a de ra\u00edces que funcionan como muletas que crecen en arco para mantener a los \u00e1rboles lo suficientemente altos y en pie sobre el cieno movedizo. Y constituyen la cuna de una gran variedad de animales marinos que ayuda a proteger la costa frente a los vientos y las olas del mar. En \u00e9pocas de calentamiento global, la capacidad para absorber carbono de la atm\u00f3sfera y almacenarlo le suma valor agregado a estos ecosistemas costeros que, en Brasil, se extienden a lo largo de casi todo su litoral, desde la regi\u00f3n norte hasta el sur del estado de Santa Catarina. Y que ahora reaccionan ante el aumento del nivel del mar, como resultado de los cambios clim\u00e1ticos, tal como viene revelando el grupo del ocean\u00f3grafo M\u00e1rio Soares, de la Universidad del Estado de R\u00edo de Janeiro (UERJ).<\/p>\n<p>Alrededor de tres veces por semana, un equipo del laboratorio de Soares, el N\u00facleo de Estudios de Manglares (Nema), se dirige al manglar de Guaratiba, ubicado a 70 kil\u00f3metros al oeste de la capital fluminense. All\u00ed, a orillas de la bah\u00eda de Sepetiba, ellos se internan en la selva y realizan una serie de mediciones en un \u00e1rea monitoreada desde 1998, cuando Soares estableci\u00f3 una zona permanente de estudio, descrita en 2013 por Gustavo Duque Estrada en la revista <i>Aquatic Botany<\/i>. El manglar de Guaratiba es el \u00fanico del pa\u00eds estudiado con tal nivel de detalle durante un per\u00edodo tan extenso. El trabajo, financiado por el CNPq, la Capes, la Faperj y otras instituciones, est\u00e1 logrando resultados in\u00e9ditos.<\/p>\n<div id=\"attachment_149928\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149928 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_09-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg\" alt=\"Joven Avicennia creciendo en el apicum\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_09-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_09-Manguezal-Guaratiba-RJ-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_09-Manguezal-Guaratiba-RJ-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>Joven <em>Avicennia<\/em> creciendo en el apicum<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Una de las observaciones m\u00e1s destacadas en estos 16 a\u00f1os apunta que la selva est\u00e1 avanzando continente adentro sobre un \u00e1rea plana con aspecto des\u00e9rtico. Se trata de la planicie hipersalina, un sector del manglar tambi\u00e9n conocido con el nombre de <i>apicum<\/i>, cuyo suelo es entre dos y cuatro veces m\u00e1s salado que el fango del manglar. Algunas veces al mes, durante las mareas m\u00e1s altas, el mar invade esa \u00e1rea y no escurre por completo. El agua se evapora y deja la sal en el suelo, que se torna inh\u00f3spito incluso para las especies de mangle. De todos modos, con el aumento del nivel del mar, la inundaci\u00f3n de dicha \u00e1rea se torna cada vez m\u00e1s frecuente y, poco a poco, esas plantas se establecen all\u00ed. \u201cLa selva ha avanzado casi 80 metros desde 1998\u201d, comenta Soares.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del trabajo con los pies hundidos en un lodo que huele a azufre, los investigadores de la UERJ tambi\u00e9n estudian lo que sucede por intermedio de im\u00e1genes satelitales. \u201cLas im\u00e1genes capturadas desde 1984 confirman lo que hemos visto <i>in situ<\/i>\u201d, dice Soares. \u201cEl manglar pulsa seg\u00fan los ciclos clim\u00e1ticos\u201d. Durante los per\u00edodos m\u00e1s h\u00famedos, la lluvia lava el suelo, diluye la sal y los \u00e1rboles logran ocupar las planicies saladas. \u201cSon ventanas clim\u00e1ticas oportunas para un avance m\u00e1s veloz de la selva\u201d, explica Estrada, quien en 2013 finaliz\u00f3 su doctorado y ahora se convirti\u00f3 en profesor de la UERJ. A su juicio, un indicio de que el nivel del mar est\u00e1 subiendo all\u00ed radica en que al final de una serie de a\u00f1os secos el manglar cesa su avance, pero no pierde el terreno ganado: sin la irrigaci\u00f3n de las mareas, los \u00e1rboles morir\u00edan. Simult\u00e1neamente al avance de la selva tierra adentro, el agua erosiona los bordes de la vegetaci\u00f3n. En Guaratiba, no obstante, ese desgaste ha sido m\u00e1s lento que el avance. El saldo es un aumento del \u00e1rea total de selva.<\/p>\n<div id=\"attachment_149929\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_29-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149929\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_29-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg\" alt=\"Proyecciones de las ra\u00edces que funcionan como un snorkel\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_29-Manguezal-Guaratiba-RJ.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_29-Manguezal-Guaratiba-RJ-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_29-Manguezal-Guaratiba-RJ-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/a> Proyecciones de las ra\u00edces que funcionan como un snorkel<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p><b>Rumbo a los polos<br \/>\n<\/b>Tambi\u00e9n se espera que el manglar ampl\u00ede su distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica a medida que las temperaturas aumentan. Esto se debe a que los \u00e1rboles de ese ecosistema no crecen con bajas temperaturas, y por eso m\u00e1s de la mitad de los manglares del mundo se encuentran entre las latitudes 10\u00ba N y 10\u00ba S. Como los pron\u00f3sticos clim\u00e1ticos indican que el sur de Brasil se tornar\u00e1 m\u00e1s c\u00e1lido para el final de siglo, el manglar ocupar\u00e1 latitudes m\u00e1s altas. Lo que se espera que ocurra en Brasil tambi\u00e9n vale para el hemisferio Norte y recientemente, Kyle Cavanaugh, del Instituto Smithsonian, lo ha observado en Estados Unidos. En un art\u00edculo publicado en enero de este a\u00f1o en la revista <i>PNAS<\/i>, el grupo estadounidense describi\u00f3 un aumento en el \u00e1rea de manglares del norte de Florida, alrededor de los 30\u00ba de latitud norte, y adjudic\u00f3 esa modificaci\u00f3n al hecho de que cada vez son m\u00e1s raras las temperaturas por debajo de los -4\u00baC por all\u00ed. Por ende, el aumento de la temperatura m\u00ednima resulta m\u00e1s importante que las modificaciones promedio.<\/p>\n<p>Trasladada a Brasil, esta situaci\u00f3n corresponder\u00eda a hallar esas selvas en el litoral del sur del pa\u00eds, cerca de Porto Alegre, pero por ahora los manglares a\u00fan se encuentran lejos de all\u00ed y no parece que hayan avanzado en latitud. En un estudio en la revista <i>Estuarine, Coastal and Shelf Science<\/i>, Soares y su equipo identificaron la laguna de Santo Ant\u00f4nio, en el municipio de Laguna, en el estado de Santa Catarina, 100 kil\u00f3metros al sur de Florian\u00f3polis, como el l\u00edmite sur de los manglares brasile\u00f1os. La misma localidad se\u00f1alada por Yara Schaeffer-Novelli, del Instituto oceanogr\u00e1fico de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IO-USP), bas\u00e1ndose en observaciones realizadas en 1979.<\/p>\n<p><b><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/036-037_Manguezais_2161.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-149935 alignleft\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/036-037_Manguezais_2161-300x267.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"267\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Infograf\u00eda: Ana Paula Campos \/ Ilustraci\u00f3n: Fabio Otubo<\/span><\/a>Mercado de carbono<br \/>\n<\/b>El optimismo por el aumento del manglar no es una locura de aqu\u00e9l que le tom\u00f3 el gusto a enfrentar los mosquitos en medio del lodo. Los estudios del Nema, junto a los de los de otros grupos internacionales, est\u00e1n demostrando que ese ecosistema cuenta con una importante capacidad para absorber carbono del aire. \u201cDesde 2003 contamos con parcelas permanentes dedicadas a evaluar el secuestro de carbono\u201d, comenta Soares. Su equipo desarroll\u00f3 varios modelos matem\u00e1ticos \u2012el primero de ellos lo cre\u00f3 \u00e9l mismo durante su doctorado, que defendi\u00f3 en 1997\u2012 para calcular la cantidad de carbono almacenada en los \u00e1rboles de cada especie t\u00edpica del manglar. \u201cSi alguien quisiera realizar un estudio espec\u00edfico al respecto de las hojas, poseemos un modelo; si se quiere evaluar a los \u00e1rboles en su totalidad, tambi\u00e9n lo tenemos\u201d, dice el ocean\u00f3grafo. Con la ayuda de esos modelos, basta con establecer algunas medidas b\u00e1sicas para obtener una estimaci\u00f3n de la biomasa de la planta y de cu\u00e1nto carbono contiene.<\/p>\n<p>Un estudio a\u00fan no publicado del grupo de la UERJ revela que, considerando tan s\u00f3lo el tronco y las hojas de los \u00e1rboles, el manglar cuenta con una capacidad de almacenaje de carbono algo menor que la de otras selvas tropicales. El valor total por s\u00ed s\u00f3lo no es significativo, porque el \u00e1rea del ecosistema costero es mucho menor (poco m\u00e1s de 1 mill\u00f3n de hect\u00e1reas) que la de la Amazonia (aproximadamente 500 veces mayor) o la del bosque atl\u00e1ntico. \u201cPero si consideramos las ra\u00edces y el sedimento, el manglar gana por unidad de superficie\u201d, analiza Soares, bas\u00e1ndose en datos preliminares. Para obtener estos datos, el grupo escava orificios en forma de cubos en el fango de Guaratiba, extrayendo capas de 10 cent\u00edmetros por vez. \u201cUn grupo de 15 personas demora cuatro d\u00edas en realizar ese trabajo\u201d, relata. De ah\u00ed se retiran las ra\u00edces, que luego se secan y se pesan para calcular su biomasa. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n se recolectan cilindros de lodo para medir la cantidad de carbono almacenada en el propio sedimento. Los resultados estar\u00e1n listos en los pr\u00f3ximos a\u00f1os.<\/p>\n<div id=\"attachment_149939\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149939 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_62-Manguezal-Guaratiba-RJ1.jpg\" alt=\"Una excavaci\u00f3n en forma de cubo que permite analizar la biomasa de las ra\u00edces\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_62-Manguezal-Guaratiba-RJ1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_62-Manguezal-Guaratiba-RJ1-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_62-Manguezal-Guaratiba-RJ1-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>Una excavaci\u00f3n en forma de cubo que permite analizar la biomasa de las ra\u00edces<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Lo que se aprende sobre los manglares de Sepetiba puede utilizarse para comprender lo que ocurre en otras regiones. \u201cExisten an\u00e1lisis validados en Guaratiba que podremos aplicar en otros estados\u201d, explica el ocean\u00f3grafo. Con ciertas adaptaciones, dado que la altura de las selvas y la capacidad para almacenar carbono aumentan en direcci\u00f3n al ecuador. El grupo ya ha comenzado a aplicar esos modelos en los manglares pr\u00e1cticamente a lo largo de toda la costa brasile\u00f1a; desde Florian\u00f3polis, estado de Santa Catarina, hasta S\u00e3o Caetano de Odivelas, estado de Par\u00e1. El equipo de Nema viaja mucho, pero Soares tambi\u00e9n busca colaboraciones. Una novedad importante consiste en forma parte del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda sobre Ambientes Marinos Tropicales (INCT-AmbTropic), implementado en 2012, que tiene su sede en la Universidad Federal de Bah\u00eda y se dedica al estudio de las respuestas del litoral brasile\u00f1o frente a los cambios clim\u00e1ticos. Soares se reparte la coordinaci\u00f3n del Grupo de Trabajo de Manglares con el ge\u00f3logo Marcelo Cohen, de la Universidad Federal de Par\u00e1 (UFPA), con quien est\u00e1 comenzando una colaboraci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Del pasado al presente<br \/>\n<\/b>\u201cEstamos trabajando en conjunto para combinar nuestras dos escalas de abordaje\u201d, dice Soares. La especialidad de Cohen es lo que sucedi\u00f3 con los manglares en los \u00faltimos 10 mil a\u00f1os, durante el per\u00edodo geol\u00f3gico denominado Holoceno. \u201cPara certificar el efecto de cada variable sobre la existencia de los manglares, es fundamental que conozca su evoluci\u00f3n durante los \u00faltimos 100, 1.000 y 10.000 a\u00f1os\u201d, explica el ge\u00f3logo. Por eso viene realizando una serie de estudios en las regiones norte, nordeste y sudeste, en parte, mediante una colaboraci\u00f3n con el f\u00edsico Luiz Carlos Pessenda, de la USP, quien coordina un proyecto sobre c\u00f3mo era la costa del estado de Esp\u00edrito Santo en esos tiempos tan remotos.<\/p>\n<div id=\"attachment_149938\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-149938 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_56-Manguezal-Guaratiba-RJ1.jpg\" alt=\"Hojas de Avicennia exudan la sal absorbida con el agua\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_56-Manguezal-Guaratiba-RJ1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_56-Manguezal-Guaratiba-RJ1-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/Mangue_56-Manguezal-Guaratiba-RJ1-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>Hojas de <em>Avicennia<\/em> exudan la sal absorbida con el agua<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Hace 20 mil a\u00f1os, cuando ya finalizaba una intensa era glacial, el nivel del mar se hallaba unos 100 metros por debajo de lo que se ve ahora y empez\u00f3 a subir. \u201cEntre 7 mil y 5 mil a\u00f1os atr\u00e1s, el nivel del mar se asemejaba al actual y permiti\u00f3 el inicio de la expansi\u00f3n de los manglares\u201d, explica Cohen. Pese a que existen patrones globales, tambi\u00e9n es necesario observar en escala local para comprender de qu\u00e9 manera las condiciones espec\u00edficas, que abarcan el flujo de los r\u00edos, la din\u00e1mica de sedimentos y los movimientos tect\u00f3nicos afectaron a la vegetaci\u00f3n costera. Seg\u00fan el ge\u00f3logo, en la cuenca amaz\u00f3nica hubo un per\u00edodo con menos lluvias hace entre 10 mil y 4 mil a\u00f1os. En esa \u00e9poca, la influencia marina avanz\u00f3 r\u00edo arriba debido al aumento del nivel del mar y al menor caudal de los r\u00edos, y los manglares avanzaron conjuntamente. Con el aumento de las lluvias en los \u00faltimos 4 mil a\u00f1os, la salinidad se redujo en los estuarios y los manglares retrocedieron hacia zonas con mayor influencia marina.<\/p>\n<p>En tanto, en el sudeste, hace alrededor de 5 mil a\u00f1os, el nivel del mar sobrepas\u00f3 al actual, y gener\u00f3 muchos estuarios con las condiciones adecuadas para la expansi\u00f3n de los manglares. Cuando descendi\u00f3 el nivel del mar, all\u00ed se formaron deltas donde predominan los sedimentos arenosos, los cuales se tornaron menos propicios para la supervivencia de esas selvas.<\/p>\n<p>Para abrir ventanas sobre esas diferentes escalas de tiempo, el grupo de Cohen combina una serie de t\u00e9cnicas. En los cilindros de sedimento es posible hallar el polen de plantas que existieron hace miles de a\u00f1os y reconstruir el \u00e1mbito en el que esos lodos se fueron acumulando y la vegetaci\u00f3n de su entorno en el transcurso del tiempo. El equipo de Pessenda, del Centro de Energ\u00eda Nuclear en la Agricultura (Cena) de la USP, en Piracicaba, analiza is\u00f3topos de nitr\u00f3geno y carbono para caracterizar la materia org\u00e1nica y calcular la edad de los dep\u00f3sitos sedimentarios.<\/p>\n<p>Para elaborar un retrato de lo que ocurri\u00f3 durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, el ge\u00f3logo de la UFPA tambi\u00e9n utiliza sensores remotos que revelan la erosi\u00f3n en \u00e1reas de manglares y la migraci\u00f3n de bancos de arena sobre los dep\u00f3sitos de lodo, empujando a la selva hacia \u00e1reas m\u00e1s elevadas.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes a\u00e9reas y satelitales constituyen un recurso esencial para realizar an\u00e1lisis m\u00e1s extensos de la cobertura vegetal, y \u00e9sa fue la herramienta que le permiti\u00f3 al grupo estadounidense detectar la expansi\u00f3n del manglar hacia el norte del estado de Florida. En la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), la bi\u00f3loga Mar\u00edlia Lignon utiliza datos aportados por sensores remotos para estudiar los impactos naturales y los ocasionados por las actividades humanas en manglares de diversas \u00e1reas. Luego de observar desde arriba, ella no deja de mirar de cerca. \u201cCada escala ofrece sus particularidades, y una puede otorgarle sost\u00e9n a la otra\u201d, afirma.<\/p>\n<div id=\"attachment_149930\" style=\"max-width: 209px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-149930 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Mangue_89-Manguezal-Guaratiba-RJ-199x300.jpg\" alt=\"\u00c1rbol suspendido que revela la erosi\u00f3n de la franja de selva en el r\u00edo Pirac\u00e3o\" width=\"199\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>\u00c1rbol suspendido que revela la erosi\u00f3n de la franja de selva en el r\u00edo Pirac\u00e3o<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Recientemente, Lignon dirigi\u00f3 un mapeo de las \u00e1reas de transici\u00f3n entre el manglar y el bosque de restinga en el estado de S\u00e3o Paulo. \u201cSon zonas de f\u00e1cil ocupaci\u00f3n humana y de una belleza esc\u00e9nica fant\u00e1stica\u201d, dice. Por ser planas y arenosas, resulta f\u00e1cil ocuparlas y pueden funcionar como v\u00eda de escape para el manglar frente a los cambios clim\u00e1ticos. Gustavo Duque Estrada relata que eso es lo que ocurri\u00f3 en el \u00e1rea de la bah\u00eda de Sepetiba, donde se construy\u00f3 la Companhia Sider\u00fargica do Atl\u00e2ntico. \u201cAl planificarla, no se tuvieron en cuenta las alteraciones del nivel del mar, y dicha ocupaci\u00f3n deja a aquel manglar en un estado de alta vulnerabilidad ante un escenario de aumento del nivel del mar\u201d.<\/p>\n<p>En conjunto, los estudios de los grupos brasile\u00f1os llaman la atenci\u00f3n sobre la necesidad de considerar la importancia de las zonas de transici\u00f3n en los estudios que apuntan a la conservaci\u00f3n del manglar a largo plazo, y al respecto de su capacidad para proteger la costa y la atm\u00f3sfera. A juicio del f\u00edsico Joseph Harari, del IO-USP, el aumento del nivel del mar en la costa brasile\u00f1a se halla cerca de la media mundial, de alrededor de 3 cent\u00edmetros por d\u00e9cada. Resulta imposible trazar una perspectiva general con respecto a lo que ocurrir\u00e1 en el futuro pr\u00f3ximo como consecuencia de los cambios ambientales, que incluyen factores locales y globales. Pero algo es seguro: el manglar no permanecer\u00e1 est\u00e1tico.<\/p>\n<p><strong>Proyectos<br \/>\n1.<\/strong> Estudios paleoambientales interdisciplinarios en la costa del estado de Esp\u00edrito Santo (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/45114\/estudos-paleoambientais-interdisciplinares-na-costa-do-espirito-santo\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2011\/00995-7<\/a>); <b>Modalidad<\/b> Proyecto Tem\u00e1tico \u2013 PFPMCG; <b>Investigador responsable <\/b>Luiz Carlos Ruiz Pessenda \u2013 Cena\/USP; <b>Inversi\u00f3n<\/b> R$ 1.008.962,77 (FAPESP).<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Los manglares del estado de S\u00e3o Paulo: an\u00e1lisis de la evoluci\u00f3n espacio-temporal (1979 \u2013 2009) (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/48571\/manguezais-do-estado-de-sao-paulo-analise-da-evolucao-espaco-temporal-1979-2009\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2009\/05507-0<\/a>); <b>Modalidad<\/b> Beca de Posdoctorado; <b>Becaria<\/b> Mar\u00edlia Cunha Lignon \u2013 Unifesp; <b>Inversi\u00f3n<\/b> R$ 138.069,95 (FAPESP).<\/p>\n<p><em><span style=\"line-height: 1.5em;\">Art\u00edculos cient\u00edficos<br \/>\n<\/span><\/em>COHEN, M. C. L. et al. <a href=\"http:\/\/link.springer.com\/article\/10.1007%2Fs00334-008-0208-0\" target=\"_blank\">Impact of sea-level and climatic changes on the Amazon coastal wetlands during the late Holocene<\/a>. <b>Vegetation History and Archaeobotany<\/b>. v. 18, n. 6, p. 425-39. nov. 2009.<br \/>\nESTRADA, G. C. D. et al. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0304377013000922\" target=\"_blank\">Analysis of the structural variability of mangrove forests through the physiographic types approach<\/a>. <b>Aquatic Botany<\/b>. v. 111, p. 135-43. nov. 2013.<br \/>\nFRAN\u00c7A, M. C. et al. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0341816213001501\" target=\"_blank\">Mangrove vegetation changes on Holocene Terraces of the Doce River, Southeastern Brazil<\/a>. <b>Catena<\/b>. v. 110, n. 1, p. 59-69. nov. 2013.<br \/>\nSOARES, M. L. G. et al. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0272771412000558\" target=\"_blank\">Southern limit of the Western South Atlantic mangroves: Assessment of the potential effects of global warming from a biogeographical perspective<\/a>. <b>Estuarine, Coastal and Shelf Science<\/b>. v. 111, n. 1, p. 44-53. abr. 2012.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El cambio clim\u00e1tico aumenta la importancia de los manglares","protected":false},"author":3,"featured_media":352584,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,278,293],"coauthors":[1601],"class_list":["post-149927","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-biologia-es","tag-ecologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/149927","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=149927"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/149927\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/352584"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=149927"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=149927"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=149927"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=149927"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}