{"id":16986,"date":"2012-07-05T18:00:13","date_gmt":"2012-07-05T21:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=16986"},"modified":"2015-12-29T18:17:50","modified_gmt":"2015-12-29T20:17:50","slug":"los-tormentos-del-cuerpo-y-del-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-tormentos-del-cuerpo-y-del-alma\/","title":{"rendered":"Los tormentos del cuerpo y del alma"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-207751\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-13.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-1\" width=\"290\" height=\"299\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-13.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-13-120x124.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-13-250x258.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>El psiquiatra Rodrigo Bressan y otros investigadores de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp) monitorean desde 2009 a un grupo de adolescentes con alto riesgo de desarrollar graves enfermedades mentales, tales como trastorno bipolar y esquizofrenia. Intentan descubrir el momento adecuado para actuar antes de que los problemas se manifiesten y, de esa manera, tratar de evitar que se instalen. Simult\u00e1neamente, pretenden ense\u00f1arles a los adolescentes y a sus familiares a lidiar con situaciones estresantes que pueden disparar las crisis. Bressan y los psiquiatras Elisa Brietzke y Ary Araripe Neto quieren comprobar lo antes posible si los compuestos antiinflamatorios, antioxidantes o neurotr\u00f3ficos podr\u00edan proteger a las c\u00e9lulas cerebrales y, quiz\u00e1, reducir el riesgo de desarrollar esas enfermedades mentales.<\/p>\n<p>La estrategia de intentar proteger al cerebro con estos y otros compuestos se basa en la hip\u00f3tesis de que las neuronas y otras c\u00e9lulas cerebrales sufren da\u00f1os degenerativos a partir del primer episodio intenso de la enfermedad, y algunos sospechan que los da\u00f1os incluso pueden comenzar antes. Estudios recientes se\u00f1alan que en esos trastornos el cerebro produce ciertos componentes en niveles nocivos que alteran el funcionamiento de las c\u00e9lulas y pueden provocar da\u00f1os irreversibles a medida que van ocurriendo, ocasionando un deterioro de las capacidades de razonamiento, planificaci\u00f3n y aprendizaje, e incluso una cierta alteraci\u00f3n leve y definitiva del humor. Simult\u00e1neamente con el aumento en la concentraci\u00f3n de estas sustancias, tambi\u00e9n ocurrir\u00eda una disminuci\u00f3n de los compuestos neuroprotectores naturalmente producidos por el organismo.<\/p>\n<p>Uno de los investigadores que ayud\u00f3 en el desarrollo de esta hip\u00f3tesis es el psiquiatra Fl\u00e1vio Kapczinski, docente de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda en Medicina Traslacional. Kapczinski est\u00e1 convencido de que la evoluci\u00f3n dram\u00e1tica de los casos graves de trastorno bipolar y de depresi\u00f3n es la consecuencia de alteraciones fisiol\u00f3gicas causadas por crisis recurrentes.<\/p>\n<p>Las crisis que de tanto en tanto atormentan la mente tambi\u00e9n envenenan el cuerpo, considera Kapczinski. Se comportar\u00edan como tempestades qu\u00edmicas que alteran el equilibrio de las c\u00e9lulas cerebrales y liberan compuestos que, transportados por la sangre, inundar\u00edan el organismo, en algunos casos provocando un grado de intoxicaci\u00f3n tan grave como el que afronta alguien que desarrolla una infecci\u00f3n generalizada (septicemia). Esas avalanchas t\u00f3xicas, reiteradas en el transcurso de a\u00f1os o d\u00e9cadas, y precipitadas por ataques de depresi\u00f3n o de man\u00eda, producir\u00edan un desgaste lento y progresivo del cerebro y de todo el cuerpo, disminuyendo la capacidad de recuperaci\u00f3n y acelerando el proceso de envejecimiento.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-207752\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-23.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-2\" width=\"290\" height=\"265\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-23.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-23-120x110.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-23-250x228.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>Kapczinski empez\u00f3 a elaborar este modelo te\u00f3rico bas\u00e1ndose en experimentos llevados adelante por su equipo y por otros grupos con miras a explicar c\u00f3mo y por qu\u00e9 la depresi\u00f3n y el trastorno bipolar, una vez declarados y sin un tratamiento adecuado, siguen un patr\u00f3n de agravamiento progresivo que puede culminar con la muerte precoz por problemas cardiovasculares e incluso c\u00e1ncer. Seg\u00fan el modelo, otras enfermedades que aparentemente nada tienen que ver con lo que ocurre en el cerebro, podr\u00edan evolucionar como resultado de los desequilibrios org\u00e1nicos generados por los episodios severos de depresi\u00f3n y man\u00eda.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis, presentada inicialmente en 2008 en la revista <em>Neuroscience and Behavioral Reviews<\/em>, est\u00e1 obteniendo reconocimiento internacional. Durante el \u00faltimo a\u00f1o, los estudios de Kapczinski han sido citados alrededor de mil veces en otros trabajos. El psiquiatra australiano Michael Berk, de la Universidad de Melbourne, examina esas investigaciones y, junto a Kapczinski, nombr\u00f3 a este nuevo modelo como neuroprogresi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cSabemos que estos des\u00f3rdenes son progresivos, y esta propuesta te\u00f3rica explica por qu\u00e9\u201d, dice Berk. En su opini\u00f3n, la interpretaci\u00f3n de que estas enfermedades se agravan con cada brote puede generar un importante impacto en el tratamiento, ya que indica la necesidad del diagn\u00f3stico e intervenci\u00f3n precoz, aparte de sugerir que las terapias neuroprotectoras pueden atenuar el efecto de estos problemas.<\/p>\n<p>\u201cLa idea est\u00e1 planteada\u201d, dice el investigador de la UFRGS. \u201cAhora se puede trabajar para intentar confirmarla o refutarla\u201d. \u00c9l sabe que el modelo es audaz y que se necesita recabar mayores evidencias para demostrar que representa de manera adecuada la evoluci\u00f3n de la depresi\u00f3n y del trastorno bipolar. \u201cTenemos trabajo para unas dos d\u00e9cadas\u201d, dice Kapczinski.<\/p>\n<p><strong>Concepto y realidad<br \/>\n<\/strong>Seg\u00fan algunos especialistas, el concepto de neuroprogresi\u00f3n explica correctamente los s\u00edntomas cl\u00ednicos, pero podr\u00eda cuestionarse si esas alteraciones biol\u00f3gicas ocurren realmente, toda vez que las evidencias todav\u00eda son incipientes. En general los estudios por im\u00e1genes que indican una reducci\u00f3n del volumen de algunas \u00e1reas cerebrales se efect\u00faan con pacientes de diferentes edades que afrontaron distintas cantidades de brotes man\u00edacos o depresivos. Para recabar pruebas m\u00e1s concluyentes se necesitar\u00eda evaluar a los pacientes durante varios a\u00f1os, realizando ex\u00e1menes de tanto en tanto, para analizar la evoluci\u00f3n del problema.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-12.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-113767\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-12.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-1\" width=\"290\" height=\"324\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-12.jpg 600w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-12-120x134.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-12-250x280.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>Aunque se halle lejos de comprobarse, esta propuesta est\u00e1 abriendo caminos para la b\u00fasqueda de terapias m\u00e1s espec\u00edficas y eficientes, y para el desarrollo de estrategias que permitan detectar precozmente a los individuos con propensi\u00f3n al desarrollo de esas afecciones, tal como viene haciendo el equipo de la Unifesp.<\/p>\n<p>De estar correcta, esta idea puede ayudar a comprender c\u00f3mo una enfermedad que en principio se manifiesta con un cuadro relativamente benigno, en pocos a\u00f1os deteriora la capacidad de raciocinio, planificaci\u00f3n y aprendizaje y altera definitivamente el humor a punto tal de impedirle al individuo llevar una vida normal, tal como Kapczinski y otros m\u00e9dicos est\u00e1n habituados a observar.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9se es uno de los m\u00faltiples mecanismos de progresi\u00f3n de la enfermedad\u201d, afirma el psiquiatra estadounidense Robert Post, una autoridad internacional en trastorno bipolar. \u201cLa evidencia m\u00e1s clara [de que puede estar en lo cierto] es que el n\u00famero de episodios man\u00edacos o depresivos precedentes se encuentra correlacionado con el grado de disfunci\u00f3n cognitiva\u201d, afirma Post, con quien Kapczinski colabora desde 2008.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo publicado en mayo de este a\u00f1o en el <em>Journal of Psychiatric Research<\/em>, Post, Kapczinski y Jaclyn Fleming analizaron casi 200 trabajos que contienen evidencias de que la disfunci\u00f3n cognitiva aumenta, las alteraciones en algunas regiones cerebrales se intensifican y el tratamiento pierde eficacia a medida que crece el n\u00famero de crisis y la duraci\u00f3n de la enfermedad. En el art\u00edculo, los investigadores reconocen que no es posible saber si toda esta transformaci\u00f3n es la causa o una consecuencia de la afecci\u00f3n. Aunque sugieren que, desde el punto de vista cl\u00ednico, parece prudente comenzar el tratamiento lo m\u00e1s pronto posible y mantenerlo durante un per\u00edodo prolongado.<\/p>\n<p>\u201cSeg\u00fan este enfoque, un brote man\u00edaco o depresivo puede entenderse de la misma manera que un infarto\u201d, dice Elisa Brietzke, quien fuera alumna de posgrado de Kapczinski. \u201cSon todos eventos agudos, productos de alteraciones que aparecieron en el organismo bastante antes\u201d. Frente a esta interpretaci\u00f3n, a\u00f1ade Araripe, \u201cel objetivo del tratamiento deja de ser la sola remisi\u00f3n de los s\u00edntomas y pasa a ser evitar la reca\u00edda y ayudar en el mantenimiento de la capacidad funcional\u201d.<\/p>\n<p><strong>Da\u00f1os a las c\u00e9lulas<br \/>\n<\/strong>El modelo sobre la progresi\u00f3n de las enfermedades mentales postulado por Kapczinski y sus colaboradores representa un avance en relaci\u00f3n con los anteriores. La propuesta te\u00f3rica m\u00e1s aceptada considera a los trastornos mentales el resultado de la interacci\u00f3n entre las condiciones sociales, econ\u00f3micas, psicol\u00f3gicas y culturales en que vive el individuo (los factores ambientales) y su propensi\u00f3n al desarrollo del problema, determinada por sus caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-113769\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-2\" width=\"290\" height=\"173\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21.jpg 800w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21-700x418.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21-120x72.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21-250x149.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>Ese abordaje m\u00e1s antiguo comenz\u00f3 a construirse hace una d\u00e9cada; elaborado por los psic\u00f3logos Avshalom Caspi y Terrie Moffit, investigadores del King\u2019s College, en Londres, a partir de los resultados de los estudios donde evaluaron 1.037 ni\u00f1os desde los 3 a\u00f1os de edad hasta los 26 a\u00f1os. En esos trabajos, observaron que ciertas alteraciones en los genes encargados de la producci\u00f3n de mensajeros qu\u00edmicos del cerebro (neurotransmisores) aumentaban el riesgo de los individuos de desarrollar un comportamiento antisocial o una depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la influencia de los genes y del medio ambiente, Kapczinski y sus colaboradores incluyen en el nuevo modelo un tercer elemento: los da\u00f1os en las c\u00e9lulas cerebrales y de otros \u00f3rganos causados por los brotes de la propia enfermedad psiqui\u00e1trica. Estos ataques, en general comienzan como una respuesta del organismo ante un evento estresante, que puede ser intenso y breve, tal como un asalto a mano armada, o m\u00e1s leve y duradero, como es el caso de aqu\u00e9l que vive quien trabaja todo el tiempo bajo tensi\u00f3n. Al repetirse muchas veces, los episodios man\u00edacos o depresivos acaban por minar la capacidad del cuerpo para afrontar nuevos eventos estresantes. \u201cNuestra hip\u00f3tesis consiste en que la enfermedad se realimenta\u201d, comenta Kapczinski.<\/p>\n<p>Esta propuesta parece explicar mejor la profundizaci\u00f3n de los des\u00f3rdenes psiqui\u00e1tricos signados por crisis sucesivas, tales como la depresi\u00f3n y el trastorno bipolar. En estas enfermedades, la incidencia de los factores ambientales sobre la propensi\u00f3n gen\u00e9tica ser\u00eda fundamental para provocar los primeros episodios man\u00edacos o depresivos. Pero esos factores perder\u00edan relevancia a medida que avanza la enfermedad y los brotes son cada vez m\u00e1s frecuentes y prolongados \u2013y, en algunos casos, incluso utilizando medicamentos\u2013, y el intervalo entre ellos es menor. Con el tiempo, en general, a partir de la d\u00e9cima crisis, los brotes adquieren autonom\u00eda y pueden ser independientes de las condiciones estresantes que anteriormente se disparaban (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21.jpg\" target=\"_blank\"><em>vea infograf\u00eda<\/em><\/a>).<\/p>\n<p><strong>Una tormenta qu\u00edmica<br \/>\n<\/strong>Desde hace tiempo se sabe que con cada episodio leve o intenso de estr\u00e9s, provocado por un peligro real o imaginario, el organismo reacciona liberando la hormona cortisol. Esta hormona, producida por las gl\u00e1ndulas situadas sobre los ri\u00f1ones y vertida al torrente sangu\u00edneo en peque\u00f1as cantidades y en un breve lapso de tiempo, eleva la frecuencia card\u00edaca, aumenta la presi\u00f3n arterial y acelera la producci\u00f3n de energ\u00eda. En fin, prepara al cuerpo para huir del peligro o para enfrentarlo. No obstante, en dosis altas y durante per\u00edodos prolongados, tal como suele suceder frente a las crisis, el cortisol comienza a lesionar los \u00f3rganos, entre ellos el cerebro (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2006\/11\/01\/vivir-es-muy-peligroso\/?\" target=\"_blank\"><em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 129<\/em><\/a>).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-207753\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-81.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-8\" width=\"290\" height=\"322\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-81.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-81-120x133.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-81-250x278.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>Hace poco, los investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos comprobaron que, en el interior de las c\u00e9lulas cerebrales, especialmente en las neuronas, los niveles elevados de cortisol da\u00f1an las mitocondrias, que son los compartimientos donde el az\u00facar de los alimentos se convierte en energ\u00eda. Y los da\u00f1os en las mitocondrias significan problema seguro. \u00c9stas producen el 85% de la energ\u00eda que consumen las c\u00e9lulas para mantenerse vivas. Aunque de manera indirecta, el exceso de cortisol provoca la aparici\u00f3n de poros en las paredes mitocondriales, por donde se filtran compuestos t\u00f3xicos que da\u00f1an los l\u00edpidos y las prote\u00ednas, alterando la estructura de la mol\u00e9cula de ADN en el n\u00facleo de las c\u00e9lulas. Toda esta transformaci\u00f3n activa los mecanismos de la apoptosis, la muerte celular programada.<\/p>\n<p>Mediante una t\u00e9cnica que permite evaluar las miles de prote\u00ednas producidas por el organismo en determinado momento, el bi\u00f3logo brasile\u00f1o Daniel Martins-de-Souza, investigador del Instituto Max Planck para Psiquiatr\u00eda, con sede en Alemania, tambi\u00e9n obtuvo indicios de que el funcionamiento de estos org\u00e1nulos se ve alterado en las enfermedades psiqui\u00e1tricas. En particular, en los casos de depresi\u00f3n, verific\u00f3 diferencias en la fase final de la producci\u00f3n de energ\u00eda, la denominada fosforilaci\u00f3n oxidativa o respiraci\u00f3n celular, que ocurre en el interior de las mitocondrias.<\/p>\n<p>Las consecuencias de los da\u00f1os en las mitocondrias no se restringen a las c\u00e9lulas. Los compuestos liberados por \u00e9stas llegan al torrente sangu\u00edneo y activan prote\u00ednas del sistema de defensa que disparan la inflamaci\u00f3n, tales como la interleuquina-6 (IL-6), la interleuquina-10 (IL-10) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa). Cuando llegan al cerebro, estas prote\u00ednas provocan otras reacciones bioqu\u00edmicas que causan la muerte de m\u00e1s neuronas. Seg\u00fan Kapczinski, este proceso realimenta la destrucci\u00f3n celular, reforzada por otro fen\u00f3meno t\u00edpico del trastorno bipolar: la superproducci\u00f3n del neurotransmisor dopamina, que tambi\u00e9n activa la apoptosis.<\/p>\n<p>Al medir los niveles de esos compuestos en la sangre, el grupo de Kapczinski detect\u00f3 un fen\u00f3meno al cual se prestaba poca atenci\u00f3n: los brotes causan una toxicidad sist\u00e9mica. Seg\u00fan \u00e9l, durante los episodios man\u00edacos y depresivos, el nivel de compuestos asociados con la inflamaci\u00f3n era bastante m\u00e1s elevado que el normal en sangre de los individuos con trastorno bipolar, y en algunos casos era similar al de la gente internada en unidades de terapia intensiva con infecci\u00f3n generalizada (septicemia).<\/p>\n<p>Ya se demostr\u00f3 en roedores que la toxicidad evidenciada en la sangre se corresponde con alteraciones en las c\u00e9lulas cerebrales. Pero esto todav\u00eda necesita comprobarse en seres humanos. \u201cEl mejor test para comprobar los efectos t\u00f3xicos de los episodios consistir\u00eda en realizar una intervenci\u00f3n para evitarlos y verificar si la misma ser\u00eda capaz de evitar alteraciones neurobiol\u00f3gicas\u201d, dice Post.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-207754\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-41.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-4\" width=\"290\" height=\"213\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-41.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-41-120x88.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-41-250x184.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>La mayor\u00eda de las c\u00e9lulas parece sobrevivir a esta tormenta qu\u00edmica, aunque con da\u00f1os. Las im\u00e1genes del cerebro en funcionamiento y ex\u00e1menes microsc\u00f3picos del tejido cerebral <em>post mortem<\/em> indican que, durante las crisis man\u00edacas o depresivas, algunas regiones pierden entre un 10% y un 20% m\u00e1s de neuronas que en condiciones normales. De acuerdo con psiquiatras y neur\u00f3logos, ese nivel de p\u00e9rdida no resulta suficiente como para clasificar a los trastornos de humor como enfermedades neurodegenerativas. Tanto en el trastorno bipolar como en la depresi\u00f3n, el problema mayor reside en que las neuronas que sobreviven no quedan \u00edntegras: aparentemente, pierden las prolongaciones denominadas neuritas, que las conectan con otras neuronas.<\/p>\n<p>Muchos investigadores del \u00e1rea consideran que es la p\u00e9rdida de conectividad neuronal lo que compromete el funcionamiento de las regiones cerebrales mayormente afectadas por los trastornos del humor. El hecho de\u00a0 constituir alteraciones sutiles puede explicar por qu\u00e9 el neuropat\u00f3logo alem\u00e1n Alois Alzheimer, quien describiera hace 100 a\u00f1os los da\u00f1os neuronales t\u00edpicos de la enfermedad que lleva su nombre, no hall\u00f3 alteraciones importantes en el cerebro de los individuos con depresi\u00f3n, raz\u00f3n por la cual se dijo en la \u00e9poca que la neuropatolog\u00eda era la tumba de los psiquiatras. \u201cA pesar de ser sutiles, estas transformaciones ser\u00edan suficientes para ocasionar una reorganizaci\u00f3n patol\u00f3gica del cerebro\u201d, afirma Kapczinski.<\/p>\n<p>Las transformaciones anat\u00f3micas del cerebro en las enfermedades del humor comenzaron a hacerse evidentes hace alrededor de 10 a\u00f1os, cuando Grazyna Rjkowska y su grupo en la Universidad de Misisipi constataron una disminuci\u00f3n del volumen de la corteza prefrontal en los individuos con depresi\u00f3n. La reducci\u00f3n del volumen de esa \u00e1rea y tambi\u00e9n en la regi\u00f3n de los ventr\u00edculos est\u00e1 confirm\u00e1ndose mediante estudios por im\u00e1genes tambi\u00e9n para el trastorno bipolar. Ubicada en el sector anterior del cerebro, la corteza prefrontal es responsable por la estructuraci\u00f3n del raciocinio, por la toma de decisiones y por el control del comportamiento. Esta alteraci\u00f3n morfol\u00f3gica permite explicar por qu\u00e9, cuando avanza la enfermedad, quien padece trastorno bipolar pierde progresivamente la capacidad de planificaci\u00f3n y aprendizaje. Estos individuos tambi\u00e9n se volver\u00edan m\u00e1s impulsivos y susceptibles a las emociones, dado que ocurre simult\u00e1neamente un aumento del volumen de la am\u00edgdala, que coordina la respuesta al miedo y a las emociones negativas.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-207755\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-71.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-7\" width=\"290\" height=\"227\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-71.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-71-120x94.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-71-250x196.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>Una hip\u00f3tesis en formaci\u00f3n<br \/>\n<\/strong>Kapczinski comenz\u00f3 a reunir evidencias de que una tormenta qu\u00edmica se instala en el organismo de quien sufre de trastorno bipolar en 1997, cuando regres\u00f3 de su doctorado en Inglaterra y de una pasant\u00eda en Canad\u00e1. En esa \u00e9poca, el grupo que conduc\u00eda en el Laboratorio de Psiquiatr\u00eda Molecular de la UFRGS hab\u00eda notado que los individuos con trastorno bipolar, m\u00e1s all\u00e1 de las alteraciones psicol\u00f3gicas y cognitivas observadas en general por los psiquiatras, presentaban altos niveles de compuestos en sangre que indican da\u00f1os en las c\u00e9lulas cerebrales y bajo \u00edndice de factores de protecci\u00f3n de esas c\u00e9lulas. \u201cLas mol\u00e9culas que estudiamos funcionan como biomarcadores [indicadores de alteraciones biol\u00f3gicas] que permiten distinguir si la enfermedad se encuentra en una fase inicial o avanzada\u201d, afirma Kapczinski.<\/p>\n<p>Y conocer en qu\u00e9 fase se encuentra la enfermedad es importante para indicar un tratamiento adecuado, que en el caso de esta nueva hip\u00f3tesis puede colaborar para perfeccionar el uso de los medicamentos. Existen evidencias de que el control de la enfermedad inmediatamente despu\u00e9s de los primeros episodios de depresi\u00f3n o de euforia preserva la capacidad de recuperaci\u00f3n del organismo, impidiendo la degradaci\u00f3n psicol\u00f3gica y cognitiva. Los medicamentos \u2013estabilizadores del humor, antidepresivos, antipsic\u00f3ticos y anticonvulsivos, utilizados solos o combinados\u2013 en general son eficaces en un 80% de los casos de trastorno bipolar y de depresi\u00f3n, y, est\u00e1 comprobado, producen un efecto neuroprotector, especialmente el litio, un estabilizador del humor barato y eficiente, que en el pasado se utilizaba para combatir el estr\u00e9s, la gota y los c\u00e1lculos renales.<\/p>\n<p>Pero los psiquiatras no siempre logran acertar con la medicaci\u00f3n y la dosis en el primer intento. Un reciente estudio estadounidense, llevado a cabo por investigadores de la Escuela M\u00e9dica Mount Sinai, con 4.035 casos de trastorno bipolar, comprob\u00f3 que un 40% de ellos, especialmente aqu\u00e9llos con un cuadro depresivo muy grave, s\u00f3lo lograban mantener bajo control la enfermedad tomando tres o m\u00e1s f\u00e1rmacos.<\/p>\n<p>Kapczinski cree que, generalmente, estas afecciones alcanzan una fase mucho m\u00e1s dif\u00edcil de controlar luego de la d\u00e9cima crisis, que com\u00fanmente ocurre unos 10 a\u00f1os despu\u00e9s de las primeras manifestaciones de la enfermedad. Por esa raz\u00f3n, los psiquiatras consideran fundamental comenzar el tratamiento con medicamentos lo m\u00e1s pronto posible. Ya se hab\u00eda observado tambi\u00e9n que el litio, uno de los medicamentos m\u00e1s utilizados en el tratamiento del trastorno bipolar, pierde eficacia luego del d\u00e9cimo brote (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-21.jpg\" target=\"_blank\"><em>observe gr\u00e1fico<\/em><\/a>).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-207756\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-91.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-9\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-91.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-91-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-91-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>Los individuos con trastorno mental normalmente reci\u00e9n acuden al psiquiatra mucho tiempo despu\u00e9s de la aparici\u00f3n de los primeros s\u00edntomas de la afecci\u00f3n. Puede que pasen a\u00f1os hasta que un especialista haga un diagn\u00f3stico correcto y recete los medicamentos adecuados. En el caso del trastorno bipolar, el per\u00edodo transcurrido entre la primera manifestaci\u00f3n del problema y el inicio del tratamiento var\u00eda entre 5 y 10 a\u00f1os, un tiempo suficiente como para que surjan complicaciones laborales, de convivencia con la familia y los amigos, y la vida se desordene.<\/p>\n<p><strong>Las partes y el todo<br \/>\n<\/strong>Al analizar las variaciones en los niveles de esos biomarcadores en la sangre de los pacientes, Kapczinski se vio ante la necesidad de buscar una explicaci\u00f3n con mayor alcance, que le permitiera asociar los s\u00edntomas cl\u00ednicos de la enfermedad con las alteraciones fisiol\u00f3gicas y anat\u00f3micas que la ciencia empezaba a detectar en el cerebro de los individuos con trastorno bipolar, que en promedio, afecta al 1% de la poblaci\u00f3n \u2013se calcula que hasta un 8% pueden presentar formas m\u00e1s leves\u2013, y otro desorden del humor bastante m\u00e1s com\u00fan: la depresi\u00f3n mayor o unipolar, que casi un 15% de los adultos desarrolla durante el transcurso de su vida.<\/p>\n<p>Kapczinski no estaba satisfecho con lo que ten\u00eda entre manos cuando recibi\u00f3 una invitaci\u00f3n para presentar los resultados logrados por su grupo en un simposio internacional en el Hospital Cl\u00ednic de Barcelona, en Espa\u00f1a, a mediados de 2006. \u201cFaltaba una amalgama te\u00f3rica que demostrase c\u00f3mo encajaban los datos\u201d, dice Kapczinski.<\/p>\n<p>\u00c9l y su equipo hab\u00edan extra\u00eddo muestras de sangre de pacientes con trastorno bipolar durante los per\u00edodos en que se sufren los estados extremos de humor, que var\u00edan entre una tristeza intensa y baja autoestima y una gran vitalidad y energ\u00eda mucho mayor que lo normal. Por medio de una bater\u00eda de test, el psiquiatra Angelo Miralha da Cunha, quien entonces actuaba en la UFRGS, observ\u00f3 un nuevo fen\u00f3meno, tanto en las crisis depresivas como en los episodios man\u00edacos: los niveles del factor neurotr\u00f3fico derivado del cerebro (BDNF), de acci\u00f3n neuroprotectora, eran al menos un 25% m\u00e1s bajos que en los individuos que no sufr\u00edan el trastorno o que lo manten\u00edan bajo control con la ayuda de medicamentos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-207757\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-51.jpg\" alt=\"040-049_Depressao_197-5\" width=\"290\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-51.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-51-120x74.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/040-049_Depressao_197-51-250x154.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO SANCINETTI<\/span>Al mismo tiempo, Ana Cristina Andreazza y Elisa Brietzke, quienes integraban el equipo de Kapczinski, detectaron tasas m\u00e1s elevadas de prote\u00ednas indicadoras de inflamaci\u00f3n, adem\u00e1s de altos niveles de radicales libres, mol\u00e9culas altamente reactivas, con potencial para da\u00f1ar las c\u00e9lulas, durante los per\u00edodos de alteraci\u00f3n del humor. Estos datos suger\u00edan que la sangre podr\u00eda albergar pistas de lo que ocurr\u00eda en el cerebro. Sin embargo, a esa altura, no era posible conocer con seguridad qu\u00e9 significaba esa alteraci\u00f3n ni por qu\u00e9 suced\u00eda.<\/p>\n<p><strong>La amalgama te\u00f3rica<br \/>\n<\/strong>Kapczinski hall\u00f3 la amalgama te\u00f3rica que buscaba en los estudios del neurocient\u00edfico estadounidense Bruce McEwen. En el a\u00f1o 2000, McEwen hab\u00eda postulado la hip\u00f3tesis de que las situaciones estresantes obligan al organismo a realizar ajustes para recuperar la estabilidad perdida. McEwen denomin\u00f3 a esa adaptaci\u00f3n, alostasis, una modificaci\u00f3n necesaria para restablecer el equilibrio (homeostasis). Y agreg\u00f3 algo m\u00e1s. Con el paso del tiempo, esta adaptaci\u00f3n cobraba un precio: ocasionaba un desgaste en el organismo.<\/p>\n<p>Las propuestas te\u00f3ricas del psiquiatra Robert Post complementaban esa idea. En la d\u00e9cada de 1980, Post hab\u00eda sugerido que los signos cl\u00ednicos del trastorno bipolar se volver\u00edan m\u00e1s intensos con cada crisis, como consecuencia de la mayor sensibilidad de los circuitos cerebrales afectados en los episodios previos. Este fen\u00f3meno, denominado en ingl\u00e9s <em>kindling<\/em>, hab\u00eda sido descubierto dos d\u00e9cadas antes por Graham Goddard, un neurocient\u00edfico ingl\u00e9s que estudiaba la epilepsia. En ensayos con roedores, Goddard not\u00f3 que los est\u00edmulos el\u00e9ctricos de baja intensidad, inicialmente incapaces de ocasionar da\u00f1os al animal, pasaban a disparar crisis epil\u00e9pticas luego de repetirse algunas veces, un s\u00edntoma de que el cerebro se hab\u00eda tornado m\u00e1s sensible.<\/p>\n<p>\u201cA partir de esos experimentos, otros autores comenzaron a estipular la idea de que el cerebro aprend\u00eda tambi\u00e9n a estar enfermo en otras situaciones, especialmente en el caso del trastorno bipolar\u201d, comenta el neurofisi\u00f3logo Luiz Eugenio Mello, de la Unifesp. \u201cEn concordancia con esa idea, las modificaciones del sistema nervioso central, posiblemente al nivel de las sinapsis [las conexiones entre las c\u00e9lulas cerebrales], ser\u00edan capaces de transformar un cerebro levemente enfermo en uno muy enfermo\u201d, explica.<\/p>\n<p>Al analizar sus datos a la luz de la idea de alostasis y sensibilizaci\u00f3n \u2013posteriormente reunidas en el concepto de neuroprogresi\u00f3n\u2013, Kapczinski hall\u00f3 el v\u00ednculo entre lo que su grupo hab\u00eda observado y las alteraciones de volumen de algunas \u00e1reas del cerebro que detectaban los equipos extranjeros. Esta unificaci\u00f3n de conceptos podr\u00eda explicar el origen de los s\u00edntomas cl\u00ednicos caracter\u00edsticos de estas enfermedades y, adem\u00e1s, por qu\u00e9 los individuos con trastorno bipolar y depresi\u00f3n pueden morir entre 25 y 30 a\u00f1os m\u00e1s pronto que la gente sin desordenes psiqui\u00e1tricos. Una proporci\u00f3n mayor de los individuos con trastorno bipolar y depresi\u00f3n, desarrolla c\u00e1ncer y trastornos cardiovasculares.<\/p>\n<p>Alentado por el neurocient\u00edfico Iv\u00e1n Izquierdo, Kapczinski hizo algo poco frecuente en el \u00e1rea de la salud en Brasil: formul\u00f3 una teor\u00eda para explicar el desarrollo y las derivaciones de las enfermedades psiqui\u00e1tricas. Como todo intento por reproducir una realidad a partir de fragmentos que pueden identificarse y medirse, el modelo te\u00f3rico concebido por el grupo <em>ga\u00facho<\/em> contin\u00faa en constante perfeccionamiento. Desde la presentaci\u00f3n en Barcelona, Kapczinski y sus colaboradores de Brasil, Australia, Estados Unidos y Espa\u00f1a, trabajan para mejorar esa propuesta te\u00f3rica y comprobar si se hallan en la direcci\u00f3n correcta.<\/p>\n<p>El propio Kapczinski est\u00e1 poniendo a prueba su hip\u00f3tesis al testear en ratones una versi\u00f3n modificada del antidepresivo tianeptina, desarrollado en la UFRGS, con el prop\u00f3sito de aumentar la protecci\u00f3n de las neuronas. Otra forma de verificar si la hip\u00f3tesis es correcta consiste en examinar las alteraciones qu\u00edmicas y celulares en muestras de bancos de cerebros de individuos con enfermedades psiqui\u00e1tricas, tal como el que est\u00e1n organizando los psiquiatras Beny Lafer y Helena Brentani en la Facultad de Medicina de la USP. En otra l\u00ednea de trabajo, Lafer comenz\u00f3 recientemente un test cl\u00ednico con suplementos del amino\u00e1cido creatina, que mejorar\u00e1 el funcionamiento de las mitocondrias y tambi\u00e9n puede aumentar la protecci\u00f3n celular.<\/p>\n<p>Ana Cristina Andreazza, actualmente investigadora en la Universidad de Toronto, estudia los efectos del mal funcionamiento de las mitocondrias en las c\u00e9lulas cerebrales, y recuerda que una dieta adecuada y rica en antioxidantes tambi\u00e9n puede auxiliar en la protecci\u00f3n cerebral.<\/p>\n<p>\u201cLa hip\u00f3tesis de la neuroprogresi\u00f3n constituye hoy en d\u00eda uno de los modelos relevantes para explicar la progresi\u00f3n de estas enfermedades\u201d, comenta Lafer, colaborador del grupo <em>ga\u00facho<\/em>. \u201cExisten otras hip\u00f3tesis, basadas en la gen\u00e9tica, en la interacci\u00f3n entre los genes y el medio ambiente, y en la inflamaci\u00f3n, aunque todav\u00eda no se ha arribado a un consenso\u201d.<\/p>\n<p><strong>Los proyectos<\/strong><br \/>\n<strong>1.<\/strong> An\u00e1lisis estereol\u00f3gico post mortem de las principales regiones cerebrales de individuos portadores de trastorno afectivo bipolar (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/25787\/analise-estereologica-postmortem-das-principais-regioes-cerebrais-de-individuos-portadores-de-transt\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 09\/51482-0<\/a>); <strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Apoyo Regular al Proyecto de Investigaci\u00f3n; <strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Beny Lafer \u2013 USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 130.249,30<br \/>\n<strong>2.<\/strong> La prevenci\u00f3n en la esquizofrenia y en el trastorno bipolar, de la neurociencia a la comunidad: una plataforma multifac\u00e9tica, multimodal y traslacional para la investigaci\u00f3n y tratamiento (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/46347\/prevencao-na-esquizofrenia-e-no-transtorno-bipolar-da-neurociencia-a-comunidade-uma-plataforma-mult\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 11\/50740-5<\/a>); <strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico\/Pronex;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Rodrigo Affonseca Bressan \u2013 Unifesp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 2.378.201,50<\/p>\n<p><em>Artigos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nKAPCZINSKI, F. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0149763407001406\" target=\"_blank\">Allostatic load in bipolar disorder: Implications for pathophysiology and treatment<\/a>. <strong>Neuroscience and Behavioral Reviews.<\/strong> v. 32, p. 675-92. 2008.<br \/>\nBERK, M. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0149763410001545\" target=\"_blank\">Pathways underlying neuroprogression in bipolar disorder: Focus on inflammation, oxidative stress and neurotrophic factors<\/a>. <strong>Neuroscience and Behavioral Reviews.<\/strong> v. 35, p. 804-17. 2011.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Crisis de depresi\u00f3n y euforia provocan desequilibrios qu\u00edmicos","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[280,316,319,327],"coauthors":[105],"class_list":["post-16986","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-bioquimica-es","tag-medicina-es","tag-neurociencia-es","tag-psiquiatria-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16986","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16986"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16986\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16986"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16986"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16986"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=16986"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}