{"id":188774,"date":"2015-01-19T17:04:33","date_gmt":"2015-01-19T19:04:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=188774"},"modified":"2015-06-29T17:23:59","modified_gmt":"2015-06-29T20:23:59","slug":"mas-alla-del-botin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/mas-alla-del-botin\/","title":{"rendered":"M\u00e1s all\u00e1 del bot\u00edn"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_188781\" style=\"max-width: 221px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Piratas_img2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-188781\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Piratas_img2-211x300.jpg\" alt=\"La escuadra de Duclerc alineada en la bah\u00eda de Guanabara: sin resistencia de las fuerzas locales\" width=\"211\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Plan de la Baye, ville, forteresses, et attaques de Rio Janeiro... reproducci\u00f3n del libro Imagens de vilas e cidades do Brasil Colonial<\/span><\/a> La escuadra de Duclerc alineada en la bah\u00eda de Guanabara: sin resistencia de las fuerzas locales<span class=\"media-credits\">Plan de la Baye, ville, forteresses, et attaques de Rio Janeiro... reproducci\u00f3n del libro Imagens de vilas e cidades do Brasil Colonial<\/span><\/p><\/div>\n<p>Hijo de una familia de la nobleza de Inglaterra, Thomas Cavendish tuvo suerte al arribar con su escuadra a la villa de Santos, en 1591, y encontrar a todos los habitantes reunidos para celebrar la misa de Navidad. Cavendish, quien por entonces ya era conocido como el \u201cfranco ladr\u00f3n de los mares\u201d, los captur\u00f3 a todos, se instal\u00f3 en la sacrist\u00eda del colegio de los jesuitas y durante dos meses saque\u00f3 la villa con sus hombres, y quem\u00f3 archivos p\u00fablicos e ingenios azucareros. Era otro ataque de piratas a la costa brasile\u00f1a. M\u00e1s que una simple aventura, ese tipo de invasi\u00f3n representaba la respuesta del gobierno ingl\u00e9s al reparto de las tierras del Nuevo Mundo entre Espa\u00f1a y Portugal, formalizada en el Tratado de Tordesillas, en 1494. Luego de los ingleses, fueron los franceses, que ya hab\u00edan atacado R\u00edo de Janeiro e invadieron Maranh\u00e3o y, m\u00e1s adelante, los holandeses, quienes luego de un intento fallido en Bah\u00eda, ocuparon Pernambuco durante casi 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cEl desprecio por los l\u00edmites territoriales era una forma efectiva de cuestionar la divisi\u00f3n del Nuevo Mundo impuesta por Espa\u00f1a y Portugal\u201d, dice el historiador Jean Marcel Carvalho Fran\u00e7a, docente de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en la localidad de Franca. \u201cOtra forma de impugnaci\u00f3n era la diplomacia. Las invasiones generaban un problema al poner el chivo en la sala, como suele decirse, y forzaban la revisi\u00f3n de los l\u00edmites territoriales por medio de la negociaci\u00f3n diplom\u00e1tica\u201d. Seg\u00fan el investigador, la pirater\u00eda cobr\u00f3 fuerza y la estrategia de invadir las colonias ib\u00e9ricas, de cierto modo, fue acertada, porque Espa\u00f1a y Portugal no contaban con capacidad militar como para defender sus dominios en Am\u00e9rica. Por la misma raz\u00f3n, sus flotas sufr\u00edan ataques frecuentes, derivando en inmensas p\u00e9rdidas de oro, palo Brasil y marfil africano con destino a Europa. Si bien no lograron asentarse en Brasil, franceses e ingleses instalaron colonias en Am\u00e9rica Central y del Norte.<\/p>\n<p>Los ataques a las colonias no constitu\u00edan una justificaci\u00f3n lo suficientemente fuerte para que los gobiernos de las tierras invadidas rompieran relaciones diplom\u00e1ticas con los invasores. En esa \u00e9poca, Espa\u00f1a y Portugal \u2012por entonces amalgamados por medio de la Uni\u00f3n Ib\u00e9rica, instaurada en 1580 y disuelta en 1640\u2012 sab\u00edan que el dominio sobre las tierras americanas era fr\u00e1gil, subraya el historiador. \u201cHab\u00eda que sopesar las consecuencias, no se pod\u00eda llevar las incursiones a sangre y fuego pues, por lo general, hab\u00eda intereses comerciales mayores en juego\u201d, dice. Por tal motivo, Portugal prefer\u00eda aceptar pac\u00edficamente el papel de v\u00edctima en lugar de luchar en desventaja con otros reinos. Para evitar males mayores, incluso val\u00eda el pago de indemnizaciones, tal como hizo con Nicolas Villegagnon, como compensaci\u00f3n por los da\u00f1os ocasionados por la expulsi\u00f3n de los franceses de R\u00edo de Janeiro en 1567. Otra se\u00f1al del inter\u00e9s por mantener la paz y los negocios fue que los comerciantes portugueses siguieron vendiendo sus mercanc\u00edas a los holandeses que ocuparon Recife entre 1630 y 1654. \u201cEl l\u00edmite no era moral\u201d, comenta Fran\u00e7a: \u201cera comercial\u201d.<\/p>\n<p>El profesor Fran\u00e7a y su colega Sheila Hue, investigadora del Real Gabinete Portugu\u00e9s de Lectura, de R\u00edo de Janeiro, luego de pasar 20 a\u00f1os analizando y traduciendo relatos de viajeros europeos que visitaron Brasil, y con el apoyo de la FAPESP y de otras agencias de financiaci\u00f3n, redactaron <em>Piratas no Brasil \u2013 As incr\u00edveis hist\u00f3rias dos ladr\u00f5es dos mares que pilharam nosso pa\u00eds<\/em>, que se public\u00f3 a finales de 2014 (Ed. Globo). El libro describe dos ataques ingleses \u2012el de Thomas Cavendish a Santos, en 1591, y el de James Lancaster a Pernambuco, en 1595\u2012 y dos franceses \u2012el de Jean-Fran\u00e7ois Duclerc, en 1710, y el de Ren\u00e9 Duguay-Trouin al a\u00f1o siguiente\u2012, ambos a R\u00edo de Janeiro.<\/p>\n<p>Cavendish, Lancaster, Duclerc y Trouin, los l\u00edderes de cuatro grandes ataques a la costa brasile\u00f1a, \u201chac\u00edan lo mismo que Vasco da Gama, Cabral y otros exploradores, incluso eran m\u00e1s profesionales\u201d, afirma Fran\u00e7a. La \u00fanica diferencia radica en que los navegantes portugueses se hallaban dentro de una supuesta legalidad, descubriendo tierras a\u00fan sin due\u00f1o o explorando los dominios ib\u00e9ricos definidos por el Tratado de Tordesillas, mientras que los piratas \u2012o, m\u00e1s precisamente, corsarios\u2012 actuaban fuera de la ley impuesta por otros pa\u00edses, aunque con el apoyo de sus Coronas. Seg\u00fan Fran\u00e7a, el famoso pirata ingl\u00e9s James Cook, quien visit\u00f3 R\u00edo en 1768, \u201cno ten\u00eda nada de pirata: era un bur\u00f3crata, podr\u00eda trabajar en el Banco Central\u201d. La mala fama de ellos deriva, en gran medida, de los piratas independientes que pululaban por el mar Caribe, atacando a cuantos pudiesen, preferentemente a los galeones espa\u00f1oles cargados con el oro extra\u00eddo de las minas americanas. A los ojos de los sacerdotes cat\u00f3licos, tanto ingleses como franceses constitu\u00edan una encarnaci\u00f3n del mal, porque eran \u201cherejes y luteranos, licenciosos ministros de las tinieblas\u201d, se\u00f1alan Fran\u00e7a y Hue en <em>Piratas<\/em>.<\/p>\n<p>\u201cEl corso, a diferencia de la pirater\u00eda y de la actividad de los filibusteros, era un emprendimiento legal y frecuentemente oficial, practicado por las potencias europeas en tiempos de guerra\u201d, escribi\u00f3 Maria Fernanda Bicalho en <em>A cidade e o imp\u00e9rio \u2013 O R\u00edo de Janeiro no s\u00e9culo XVIII <\/em>(Civiliza\u00e7\u00e3o Brasileira, 2003), redactado en base a su investigaci\u00f3n doctoral, realizada en la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). \u201cLos capitanes de los nav\u00edos corsarios recib\u00edan una patente de corso, concedida por el rey, que los autorizaba a atacar, a capturar los barcos y saquear los dominios de las naciones enemigas. Su objetivo no era la destrucci\u00f3n del comercio ni las riquezas del adversario, sino apropiarse de ellas mediante la captura de las embarcaciones mercantes, confiscando sus mercanc\u00edas, y mediante el asedio y saqueo de las villas y ciudades pertenecientes a los estados beligerantes\u201d.<\/p>\n<p>No siempre triunfaban los m\u00e1s fuertes. Tal como relatan Fran\u00e7a y Hue, Cavendish se apropi\u00f3 del oro y del az\u00facar saqueado a los almacenes y a los nav\u00edos anclados en el puerto (un poeta y soldado de la tripulaci\u00f3n rob\u00f3 un manuscrito jesu\u00edtico, empleado para la alfabetizaci\u00f3n de los abor\u00edgenes, y lo don\u00f3 a una universidad de Oxford), incendi\u00f3 la villa vecina de S\u00e3o Vicente y parti\u00f3 rumbo al sur. Su plan era atravesar el estrecho de Magallanes y proseguir su ataque al monopolio ib\u00e9rico de las riquezas de Am\u00e9rica, pero fuertes tempestades desbarataron sus planes y dispersaron su flota. La tripulaci\u00f3n, hambrienta y exhausta, se amotin\u00f3 y Cavendish regres\u00f3 a Santos. Los habitantes, en esta ocasi\u00f3n, se hab\u00edan organizado y lograron repeler a los ingleses. De los 75 hombres que embarcaron un a\u00f1o antes, s\u00f3lo 16 regresaron a Inglaterra.<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, Lancaster atac\u00f3 el puerto de Recife con tres buques y 275 tripulantes. La defensa fue endeble. \u201cLos soldados pernambucanos, todav\u00eda malos artilleros, erraron los tiros, cediendo ante la disciplina enemiga y a\u00fan m\u00e1s ante la falta de municiones\u201d, relatan Fran\u00e7a y Hue. \u201cLos defensores se retiraron, acobardados\u201d. Un mes despu\u00e9s, Lancaster regres\u00f3 con sus nav\u00edos abarrotados de az\u00facar, palo Brasil, algod\u00f3n y mercanc\u00edas de alto valor saqueadas a un barco portugu\u00e9s, tales como pimienta, clavo de olor, canela, manzanas, nuez moscada, tejidos y minerales preciosos. \u201cFue el bot\u00edn m\u00e1s importante de la historia de la navegaci\u00f3n corsaria de la Inglaterra elisabetana\u201d, concluyen los autores de <em>Piratas<\/em>.<\/p>\n<div id=\"attachment_188779\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Piratas_img1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-188779\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Piratas_img1-300x204.jpg\" alt=\"Olinda, la rica ciudad vecina de Recife, blanco de Lancaster: para los ingleses, una expedici\u00f3n exitosa\" width=\"300\" height=\"204\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Olinda, Grabado de Frans Post. Reproducci\u00f3n del libro imagens de vilas e cidades do Brasil Colonial<\/span><\/a> Olinda, la rica ciudad vecina de Recife, blanco de Lancaster: para los ingleses, una expedici\u00f3n exitosa<span class=\"media-credits\">Olinda, Grabado de Frans Post. Reproducci\u00f3n del libro imagens de vilas e cidades do Brasil Colonial<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Un gobernador hip\u00f3crita<br \/>\n<\/strong>Las invasiones exhib\u00edan la falta de preparaci\u00f3n militar y administrativa tanto de los residentes en las principales ciudades de la colonia como de los invasores. En 1710, Duclerc arrib\u00f3 con seis buques y unos 1.200 hombres, pero se demor\u00f3 al entrar en la bah\u00eda de Guanabara y los habitantes locales dispararon los ca\u00f1ones de los fuertes, repeliendo a los franceses. Pero Duclerc no se acobard\u00f3. Sigui\u00f3 hacia el sur, desembarc\u00f3 en otra bah\u00eda y march\u00f3 con sus hombres por tierra hacia la ciudad de R\u00edo de Janeiro. Los habitantes resistieron nuevamente y, al cabo de intensos combates, derrotaron a los franceses. Duclerc fue capturado y hecho prisionero. M\u00e1s tarde, misteriosamente, acab\u00f3 asesinado en la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente lleg\u00f3 otra expedici\u00f3n, mayor y mejor armada, con casi 6 mil hombres, bajo el mando de Trouin. \u00c9ste ya hab\u00eda intentado infructuosamente tres veces, entre 1706 y 1709, apoderarse de la flota portuguesa que regresaba de Brasil cargada de mercanc\u00edas. \u201cEl 12 de septiembre de 1711, en una jugada cinematogr\u00e1fica, la escuadra francesa integrada por 18 barcos hizo la entrada espectacular en la playa de R\u00edo de Janeiro de la que se tenga noticia\u201d, relat\u00f3 Maria Fernanda Bicalho en <em>A cidade e o imp\u00e9rio<\/em>. \u201cNunca, ni siquiera los experimentados pilotos portugueses, hab\u00edan traspuesto con tanta facilidad ni mostrado tanta pericia para atravesar la estrecha y fortificada playa de aquella importante plaza colonial. Ocultas tras una densa neblina matinal, en pocas horas todas las embarcaciones que integraban la escuadra de Duguay-Trouin se hallaban dentro de la bah\u00eda, frente a la mirada incr\u00e9dula y perpleja de las autoridades, soldados y habitantes de la desafortunada ciudad\u201d.<\/p>\n<p>El gobernador de la capitan\u00eda de R\u00edo de Janeiro, Francisco de Castro Morais, hab\u00eda recibido el anuncio de la llegada de los franceses, pero descuid\u00f3 las defensas porque crey\u00f3 que la noticia era falsa. Frente a los invasores, desestim\u00f3 cualquier contraataque y, finalmente, orden\u00f3 el abandono de las trincheras y la evacuaci\u00f3n de la ciudad. Los habitantes huyeron en una noche de gran confusi\u00f3n, bajo una intensa lluvia, descrita con gran agudeza en <em>Piratas<\/em>. Los franceses se toparon con una ciudad pr\u00e1cticamente desierta y s\u00f3lo la devolvieron mediante el pago de un elevado rescate, de 610 mil cruzados en moneda, 100 cajas de az\u00facar y 200 vacas. El pago estrope\u00f3 la econom\u00eda de la ciudad y suscit\u00f3 una ola de protestas contra Castro Morais, acus\u00e1ndolo de generar el caos, de dejar a la ciudad desprotegida y de negociar con los franceses en provecho propio \u2012su apodo, \u201cel Vaca\u201d, reflejaba su fama de hip\u00f3crita. La situaci\u00f3n no hac\u00eda m\u00e1s que empeorar su fama. \u201cEl gobernador estaba acusado de haber matado o permitido el asesinato de Duclerc, al que los franceses llamaron un asesinato s\u00f3rdido\u201d, dice Fran\u00e7a.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el investigador, Castro Morais y su sobrino ganaron mucho dinero negociando con los galos. \u201cLos franceses, puesto que no pod\u00edan llevarse todo, vend\u00edan las mercanc\u00edas de las que se hab\u00edan apoderado a sus antiguos due\u00f1os, y el gobernador oficiaba como intermediario\u201d, comenta. \u201cSu sobrino trataba a Chancel Lagrange, uno de los oficiales de la escuadra de Trouin, con el apelativo \u2018mi querido\u2019, lament\u00e1ndose por no haber conseguido un mono que deseaba obsequiarle como cortes\u00eda\u201d. El gobernador fue juzgado y condenado por mala administraci\u00f3n de los negocios p\u00fablicos y enviado a la India, pero, tiempo despu\u00e9s, lo perdonaron.<\/p>\n<p><strong>P\u00fablico masivo<br \/>\n<\/strong>Fran\u00e7a y Hue tradujeron alrededor de 100 relatos de viajeros sobre Brasil, que publicaron en varios libros a partir de 1995. Al preparar <em>Piratas<\/em>, valoraron documentos originales, como en el caso de la carta del sobrino del gobernador a Lagrange, y priorizaron la narrativa, centrada en los personajes, por sobre los an\u00e1lisis conceptuales. El resultado es un libro ameno, escrito por historiadores acad\u00e9micos. \u201cLos franceses hacen eso desde hace mucho tiempo\u201d, dice Fran\u00e7a. Un ejemplo es <em>Guillaume le Mar\u00e9chal ou Le meilleur chevalier du monde<\/em>, del historiador franc\u00e9s Georges Duby, dirigido a un p\u00fablico masivo (editado en Brasil por Edi\u00e7\u00f5es do Graal en 1988).<\/p>\n<p>\u201cLa preparaci\u00f3n de libros que lleguen a p\u00fablicos no acad\u00e9micos es una forma de apuntalar la funci\u00f3n social del historiador, que consiste en construir y fijar perspectivas del pasado con la finalidad de entender y cambiar el presente\u201d, dice Fran\u00e7a. \u201cCuando se escribe para p\u00fablicos m\u00e1s amplios que el de los art\u00edculos de las revistas cient\u00edficas tambi\u00e9n se puede ayudar a los historiadores y otros intelectuales de las universidades a retomar la voz en la sociedad brasile\u00f1a y a ser m\u00e1s escuchados, m\u00e1s all\u00e1 de sus \u00e1mbitos habituales\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Ataques de corsarios eran una forma de contrarrestar el reparto del Mundo","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[283,308,310],"coauthors":[5968],"class_list":["post-188774","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-ciencia-politica-es","tag-geografia-es","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/188774","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=188774"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/188774\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=188774"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=188774"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=188774"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=188774"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}