{"id":202858,"date":"2012-08-22T17:15:51","date_gmt":"2012-08-22T20:15:51","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=202858"},"modified":"2015-11-10T17:36:50","modified_gmt":"2015-11-10T19:36:50","slug":"la-reconstruccion-del-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-reconstruccion-del-pasado\/","title":{"rendered":"La reconstrucci\u00f3n del pasado"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_202861\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MULHERcana.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-202861\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MULHERcana-300x188.jpg\" alt=\"Una cortadora de ca\u00f1a: historias de violencia, traici\u00f3n y miedo\" width=\"300\" height=\"188\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">A. BRUGIER<\/span><\/a> Una cortadora de ca\u00f1a: historias de violencia, traici\u00f3n y miedo<span class=\"media-credits\">A. BRUGIER<\/span><\/p><\/div>\n<p>En 1966, los colonos del ingenio Usina Am\u00e1lia, una de las mayores y m\u00e1s tradicionales centrales productoras de ca\u00f1a de az\u00facar del interior del estado de S\u00e3o Paulo, entraron en huelga en reivindicaci\u00f3n de mejores salarios y condiciones dignas de trabajo. En plena dictadura militar, ese movimiento result\u00f3 en la expulsi\u00f3n de alrededor de cuatro mil familias de la hacienda. Ese episodio habr\u00eda ca\u00eddo en el olvido si no hubiese quedado indeleblemente registrado en la memoria de los colonos que, treinta a\u00f1os despu\u00e9s, le contaron a la investigadora Maria Aparecida de Moraes Silva sus historias de violencia, traici\u00f3n y miedo. \u201cEllos cayeron en una trampa de los propietarios del ingenio y del sindicato\u201d, afirma Maria Moraes.<\/p>\n<p>Los recuerdos de los trabajadores \u2013y los 208 juicios contra Ind\u00fastrias Reunidas Francisco Matarazzo, propietaria de la central\u2013 le ayudaron a Maria Moraes a reconstituir un per\u00edodo de profunda transformaci\u00f3n de las relaciones laborales en las labranzas de ca\u00f1a, cuando el colonato dio lugar al trabajo temporal, constituyendo personajes tales como el trabajador itinerante y los jornaleros o braceros [<em>boias-frias, <\/em>en portugu\u00e9s de Brasil]. Esos relatos le permitieron tambi\u00e9n conocer detalles acerca de las actividades diarias de las familias: la ca\u00f1a era cortada por los adultos y amontonada en haces por los ni\u00f1os, antes de ser transportada a la central. Y como cuadros entremezclados en el cotidiano, casamientos, bautismos, fiestas de reyes y noches agitadas al son de la vals de Siriema: \u201c<em>Teus olhos, quantas cores\/ De uma Ave Maria\/ Que um ros\u00e1rio de amargura\/ eu rezo todo o dia<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n, iniciada en 1997, cont\u00f3 con el apoyo de la FAPESP. El proyecto \u2013<em>Las Mujeres de la Ca\u00f1a de Az\u00facar: Memorias<\/em>\u2013 pretend\u00eda reconstituir historias relacionadas con el trabajo femenino en la labranza. No obstante, la menci\u00f3n recurrente a una huelga en Usina Am\u00e1lia la oblig\u00f3 a ampliar su objeto de investigaci\u00f3n. \u201cEn la bibliograf\u00eda sobre la historia de la proletarizaci\u00f3n rural en S\u00e3o Paulo, esta huelga no aparece mencionada\u201d, justifica. Utilizando el \u201csistema de redes\u201d, tal como ella lo explica, pudo identificar y contactar a m\u00e1s de 70 ex colonos dispersos por la zona que abarca a Leme, Ribeir\u00e3o Preto, Barrinha, Santa Rosa do Viterbo y S\u00e3o Sim\u00e3o. \u201cFue necesario recurrir a la historia oral para reconstruir los sucesos.\u201d<\/p>\n<p>Con sus m\u00e1s de 26 mil hect\u00e1reas, Usina Am\u00e1lia era el brazo agroindustrial de Ind\u00fastrias Reunidas Francisco Matarazzo. Adem\u00e1s de la labranza, era sede de unidades industriales para el aprovechamiento de la ca\u00f1a y del bagazo, del eucalipto y de frutas y legumbres producidas en el lugar. All\u00ed se produc\u00eda az\u00facar, alcohol, cart\u00f3n, \u00e1cido c\u00edtrico, jabones y conservas. A comienzos de los a\u00f1os 1950, Usina Am\u00e1lia se anticipaba al concepto de biorrefiner\u00eda en el aprovechamiento de la biomasa. Empleaba a miles de personas \u2013desde trabajadores rurales a obreros\u2013 todos vinculados al Sindicato de la Industria de la Alimentaci\u00f3n, de acuerdo con la legislaci\u00f3n de la \u00e9poca. En el caso de los colonos, el titular del contrato de trabajo era el jefe de familia, pero el c\u00e1lculo de productividad \u2013por la cual se le remuneraba\u2013 abarcaba al trabajo no remunerado de su mujer y sus hijos.<\/p>\n<p>El personal jer\u00e1rquico ten\u00eda acceso a la escuela, al hospital, al cine, a la iglesia y hasta a un supermercado, todos instalados en el \u00e1rea de la hacienda. Pero los trabajadores rurales no. Se distribu\u00edan entre m\u00e1s de 20 colonias \u2013cada una formada por entre 100 y 150 familias\u2013 lejos de la sede, en medio del ca\u00f1amelar. Ten\u00edan derecho a cultivar un peque\u00f1o terreno con frutales y una huerta, pero los productos necesarios para la subsistencia eran adquiridos en el almac\u00e9n. Esos gastos se les descontaban de la paga del jefe de la familia y, a fin de mes, a menudo resultaban en saldos negativos.<\/p>\n<div id=\"attachment_202860\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/GREVE.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-202860\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/GREVE-300x205.jpg\" alt=\"Trabajadores en huelga en Usina Am\u00e1lia, por mejores salarios y condiciones dignas de trabajo, en 1966\" width=\"290\" height=\"198\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">PROJETO MULHERES DA CANA: MEM\u00d3RIAS<\/span><\/a> Trabajadores en huelga en Usina Am\u00e1lia, por mejores salarios y condiciones dignas de trabajo, en 1966<span class=\"media-credits\">PROJETO MULHERES DA CANA: MEM\u00d3RIAS<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>La huelga<\/strong><br \/>\nLa vida en el ingenio y la huelga de 1966 fueron descritas en el reportaje de Marcos Pivetta, <em>Casa-grande y Senzala de los Matarazzo en la California Paulista<\/em>,\u00a0<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2001\/01\/01\/casa-grande-y-senzala-de-los-matarazzo-en-la-california-paulista\/?\" target=\"_blank\">publicada en la edici\u00f3n n\u00ba 61 de la revista <em>Pesquisa FAPESP<\/em><\/a>, en enero de 2001.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de la empresa con los colonos se tens\u00f3 con la implantaci\u00f3n del Estatuto del Trabajador Rural en 1963, que igual\u00f3 los derechos del hombre del campo a los del trabajador urbano, con lo cual se torn\u00f3 ilegal el sistema de titularidad, escribi\u00f3 Pivetta. Los cortadores de ca\u00f1a pasaron as\u00ed a tener derecho a vacaciones, aguinaldo o sueldo anual complementario, a ser registrados \u2013cada trabajador y no solamente los titulares de contrato, tal como Pivetta subray\u00f3\u2013, a atenci\u00f3n m\u00e9dica por el sistema de seguridad social y a la jubilaci\u00f3n. Esta tensi\u00f3n qued\u00f3 arbitrada por las leyes de Seguridad Nacional y de Huelga, durante el primer a\u00f1o de la dictadura militar: instigados por el sindicato, seg\u00fan la evaluaci\u00f3n de Maria Moraes, los trabajadores rurales de Usina Am\u00e1lia entraron en huelga por los derechos asegurados por el nuevo estatuto y por eso fueron expulsados de la hacienda, por perpetrar un movimiento considerado ilegal. \u201cNi bien un cortador era despedido y convencido de abandonar la hacienda, su antigua casa era derrumbada por los patrones\u201d, relat\u00f3 Pivetta. Y junto con las casas de los colonos, ca\u00eda por tierra un sistema de relaci\u00f3n de trabajo.<\/p>\n<p>En la memoria de algunos de esos ex colonos, la huelga, que dur\u00f3 seis d\u00edas, se habr\u00eda extendido durante cinco a\u00f1os, el lapso que duraron los juicios y las apelaciones de la empresa, desde el Tribunal Municipal de Santa Rosa do Viterbo hasta el Tribunal Superior del Trabajo en Brasilia. \u201cEn todos los dict\u00e1menes de los jueces se hace menci\u00f3n al despido arbitrario de los trabajadores, a la legalidad de la huelga, al car\u00e1cter pac\u00edfico de los acontecimientos, al derecho de los trabajadores, al car\u00e1cter pac\u00edfico de la convocatoria a la asamblea por parte del sindicato, a los motivos de reivindicaci\u00f3n de los haberes no pagados por la empresa por ocasi\u00f3n de la acci\u00f3n colectiva aprobada por el Egregio Tribunal Laboral y a la obediencia de la determinaci\u00f3n de la Justicia Laboral al decretar el cese del movimiento\u201d, escribi\u00f3 Maria Moraes, en el art\u00edculo intitulado <em>La huelga en la hacienda<\/em>, publicado en la compilaci\u00f3n <em>Hist\u00f3ria Social do Campesinato no Brasil<\/em>.<\/p>\n<p>En ese \u00ednterin, \u201cmuchos trabajadores hicieron arreglos con la empresa, mediante el pago de valores irrisorios, al cabo de muchos a\u00f1os a la espera de la soluci\u00f3n judicial\u201d, afirma. Respaldados por la Justicia, algunos permanecieron en la hacienda, sin ning\u00fan v\u00ednculo laboral o trabajo que les asegurase el sustento, solamente aguardando el desenlace de antemano inevitable.<\/p>\n<p>En las memorias de los ex colonos no hay registros de ning\u00fan triunfo de la Justicia. \u201cEllos extraen de la experiencia vivida relatos cargados de dramatismo, emociones y simbolismo, frutos, no de una mera descripci\u00f3n del pasado, sino de su revivificaci\u00f3n y recreaci\u00f3n\u201d, afirma Maria Moraes.<\/p>\n<p>Las mujeres, sujetos privilegiados de la investigaci\u00f3n, guardan en sus evocaciones la dificultad para conseguir trabajo, el hambre y la sopa de mandioca en los momentos de extrema dificultad. \u201cAunque no hayan participado directamente en la huelga, ellas, como hijas o esposas, sufrieron las consecuencias\u201d, analiza.<\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s, Maria Moraes encontr\u00f3 a muchas de ellas en la condici\u00f3n de jefas de familia. Para desempe\u00f1ar este nuevo rol, tuvieron que vencer retos a\u00fan mayores que aqu\u00e9llos de su pasado como colonas, afirm\u00f3 Pivetta en el art\u00edculo publicado en la revista <em>Pesquisa FAPESP<\/em> en 2001. \u201cCompitiendo ahora con hombres m\u00e1s j\u00f3venes y m\u00e1quinas que se hacen cargo del corte de la ca\u00f1a, las mujeres jornaleras enfrentan enormes dificultades para encontrar empleo en el \u00e1mbito rural\u201d. Algunas recog\u00edan restos de ca\u00f1a rechazados por las cosechadoras o \u201ctrabajaban\u201d con agrot\u00f3xicos en viveros de plantines; otras eran empleadas dom\u00e9sticas.<\/p>\n<p>En la periferia de las ciudades, guardaban tambi\u00e9n remembranzas de las relaciones familiares, del compadraje y del vecindario. \u201cLa sociabilidad fundada en las relaciones primarias, caracterizada por el reconocimiento interpersonal y el autorreconocimiento, ceden su lugar a la sociabilidad individualizada y reacia\u201d, dice Maria Moraes. Las tradiciones y la cultura \u201cdel mundo de antes\u201d ya no cab\u00edan en los l\u00edmites del nuevo espacio. \u201cSe hizo necesaria la construcci\u00f3n de lugares para protegerlas, para impedir su muerte.\u201d<\/p>\n<p>All\u00ed, en esos \u201clugares\u201d, como ella dice, quedan guardados fragmentos de historias individuales y colectivas. \u201cA medida que los recuerdos van brotando de los subterr\u00e1neos de la memoria y se dirigen hacia la superficie, aquello que era hasta entonces nebuloso va asumiendo poco a poco formas n\u00edtidas, con contenidos multicolores\u201d, escribi\u00f3 la investigadora en el art\u00edculo intitulado<em> La memoria en la estela del tiempo<\/em>, publicado en 2001. \u201cNuestra vecina hac\u00eda unas arepas de harina de ma\u00edz: pon\u00eda huevos, los bat\u00eda bien, les agregaba grasa, canela; son como media docena de huevos y se bate todo bien&#8230; con la mano nom\u00e1s. Despu\u00e9s todav\u00eda las engrosaba con harina de ma\u00edz. Quedaban tiernas y ricas. Ella las hac\u00eda y le mandaba a la mam\u00e1 una galletera llena de aquellas arepitas&#8230;\u201d, le cont\u00f3 do\u00f1a On\u00edcia a sus 93 a\u00f1os, refugiada en un pasado en el cual la lealtad y la retribuci\u00f3n eran manifestaciones simb\u00f3licas de un grupo social.<\/p>\n<p><strong>Bricolaje<\/strong><br \/>\nPero la memoria trama, reconstruye y reinventa recuerdos fragmentados, y hace de las culturas una especie de \u201cobrador\u201d, en las palabras del historiador Peter Burke. Algunas de las ex colonas de Am\u00e1lia todav\u00eda integraban en los a\u00f1os 1990 grupos de Folia de Reis [Fiestas de Reyes], una antigua festividad rural. \u201cEl sentido de la fiesta segu\u00eda siendo el mismo: el cumplimiento de promesas hechas a los santos debido a alguna gracia alcanzada\u201d, explica Maria Moraes. Pero las andanzas de los fiesteros, los c\u00e1nticos y los encuentros de los estandartes de los Santos Reyes ten\u00edan nuevos significados, surgidos de la simbiosis entre el rememorar y el reinventar personajes renacidos en la trama narrativa. Ella misma estuvo en una Fiesta de Reyes en la ciudad de Barrinha: el estandarte de los Santos Reyes, \u201caqu\u00e9l que sali\u00f3 por todos lados\u201d, se encontraba con el Nuestra Se\u00f1ora Aparecida, la cual no contaba con romeros festivos, y simbolizaba otro momento b\u00edblico: el encuentro de Mar\u00eda \u2013encarnada en Nuestra Se\u00f1ora Aparecida \u2013 y Jes\u00fas durante el V\u00eda Crucis. \u201c<em>En la demora de los tres Reyes\/ Herodes se indign\u00f3\/ llam\u00f3 a sus secretarios y su decreto decret\u00f3\/ Que siguiese hacia Bel\u00e9m\/ y que all\u00e1 fuese matando\/ y que matase ni\u00f1os varones\/ hasta la edad de dos a\u00f1os<\/em>.\u201d<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nLas mujeres de la ca\u00f1a: memorias (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/projetos-regulares\/13406\/mulheres-cana-memorias\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 1996\/12858-2<\/a>)\u00a0(1997-1999);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Ayuda a los proyectos de investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinadora\u00a0<\/strong>Maria Aparecida de Moraes Silva;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n<\/strong><br \/>\nR$ 16.608,13<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nSILVA, M. A. M. <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?pid=S0102-88392001000300013&amp;script=sci_arttext\" target=\"_blank\">A cultura\u00a0na esteira do tempo<\/a>. <strong>S\u00e3o Paulo em Perspectiva<\/strong>. v. 15, n. 3, p. 102-12, 2001.<\/p>\n<p><strong>De nuestro archivo<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2001\/01\/01\/casa-grande-y-senzala-de-los-matarazzo-en-la-california-paulista\/?\" target=\"_blank\"><em>Casa-Grande y Senzala de los Matarazzo en la California Paulista<\/em><\/a> &#8211; Edici\u00f3n n\u00ba 61 \u2013 enero y febrero de 2001<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Memorias echan luz sobre el fin del colonato en los ingenios azucareros","protected":false},"author":153,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[1575],"tags":[310,330],"coauthors":[469],"class_list":["post-202858","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-especial","tag-historia-es","tag-sociologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202858","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/153"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=202858"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202858\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=202858"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=202858"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=202858"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=202858"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}