{"id":222225,"date":"2016-08-10T16:24:53","date_gmt":"2016-08-10T19:24:53","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/?p=222225"},"modified":"2016-08-19T12:45:37","modified_gmt":"2016-08-19T15:45:37","slug":"la-riqueza-de-las-praderas-de-montana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-riqueza-de-las-praderas-de-montana\/","title":{"rendered":"La riqueza de las praderas de monta\u00f1a"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_222229\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-222229\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_EDU_1348.jpg\" alt=\"Paisajes en lo alto de la sierra: gram\u00edneas, arbustos, araucarias y despe\u00f1aderos abruptos\" width=\"290\" height=\"449\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_EDU_1348.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_EDU_1348-120x186.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_EDU_1348-250x387.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Eduardo Cesar<\/span>Paisajes en lo alto de la sierra: gram\u00edneas, arbustos, araucarias y despe\u00f1aderos abruptos<span class=\"media-credits\">Eduardo Cesar<\/span><\/p><\/div>\n<p>Las praderas de monta\u00f1a de Serra Geral, en la zona serrana del sur de Brasil, surgen sobre mesetas que se vuelven cada vez m\u00e1s altas a medida que avanzan hacia el borde este, donde la sierra cae abruptamente en inmensos ca\u00f1ones. La vegetaci\u00f3n de pastizal y los arbustos predominan en esa regi\u00f3n de inviernos fr\u00edos y suelo plano, salpicada por afloramientos rocosos, peque\u00f1as manchas boscosas y \u00e1reas anegadas y ricas en materia org\u00e1nica (turberas). La aparente monoton\u00eda de estos campos, a los cuales algunos denominan \u201cmares de pasto\u201d, esconde una rica biodiversidad vegetal, con casi 300 especies exclusivas de la zona, muchas de ellas poco estudiadas hasta hace muy poco. \u201cLa tasa de endemismo es del 25%, mucho mayor que la hallada en el Bosque Atl\u00e1ntico de la regi\u00f3n\u201d, dice el bot\u00e1nico Jo\u00e3o Iganci, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). Si bien muchas plantas que viven all\u00ed tambi\u00e9n existen en otras regiones de altura, tanto tropicales como templadas, ese endemismo es lo que vuelve especiales a esos campos del sur de Brasil. \u201cLa cantidad total de especies tambi\u00e9n es alta y comparable con otros centros de biodiversidad, si se tiene en cuenta que el \u00e1rea es peque\u00f1a.\u201d<\/p>\n<p>Iganci, experto en la vegetaci\u00f3n de la zona de Campos de Cima da Serra, tal el nombre con el cual se la conoce, forma parte de un grupo de la UFRGS y de la Universidad Federal de Goi\u00e1s (UFG) encabezado por la genetista Loreta Freitas, tambi\u00e9n de la UFRGS, que apunta a comprender la historia evolutiva de las especies de la regi\u00f3n y localizar \u00e1reas prioritarias para la conservaci\u00f3n. Los investigadores dividieron Serra Geral en cuatro \u00e1reas <em>(<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta%C3%B1a-Edici%C3%B3n-239.jpg\" target=\"_blank\">vea el mapa<\/a><\/em>), siempre a partir de los 900 metros de elevaci\u00f3n respecto al nivel del mar, donde el monte t\u00edpico del Bosque Atl\u00e1ntico da lugar a las praderas y a las florestas de araucarias. La primera etapa consisti\u00f3 en mapear la distribuci\u00f3n de las especies empleando en car\u00e1cter de indicador tres g\u00e9neros t\u00edpicos de la regi\u00f3n, todos con una abundancia de especies end\u00e9micas (\u00edndice de endemismo): <em>Petunia<\/em>, <em>Calibrachoa<\/em> y <em>Adesmia<\/em>. Este estudio demostr\u00f3 que el \u00c1rea 1, en la cima de la sierra, alberga la mayor diversidad, con 13 especies, seguida por el \u00c1rea 2, al oeste, con 10 especies.<\/p>\n<div id=\"attachment_222230\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-222230\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Elyonurus.jpg\" alt=\"Gram\u00ednea Elyonurus\" width=\"290\" height=\"387\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Elyonurus.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Elyonurus-120x160.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Elyonurus-250x334.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Ilse Boldrini\/UFRGS<\/span>Gram\u00ednea <em>Elyonurus<\/em><span class=\"media-credits\">Ilse Boldrini\/UFRGS<\/span><\/p><\/div>\n<p>Altos \u00edndices de endemismo generalmente existen en ecosistemas antiguos y estables, ya que el surgimiento de nuevas especies tarda mucho tiempo. Parece que eso mismo fue lo que sucedi\u00f3 en las praderas de monta\u00f1a sure\u00f1os, de acuerdo con simulaciones del clima que parten desde hace 21 mil a\u00f1os, cuando el planeta experiment\u00f3 su temperatura m\u00e1s baja desde el \u00faltimo ciclo glacial. Los resultados indican que el \u00c1rea 1, seguida por el \u00e1rea 2, mantuvo un clima m\u00e1s estable, lo cual confirma la pista suministrada por la biodiversidad. \u201cEn el \u00faltimo pico glacial, el clima era m\u00e1s fr\u00edo y seco, propicio para el desarrollo de estas praderas, lo que permiti\u00f3 que especies de ese ambiente avanzaran sobre \u00e1reas m\u00e1s h\u00famedas y c\u00e1lidas, donde antes predominaban los bosques\u201d, comenta Freitas. \u201cAl migrar hacia regiones a las cuales no estaban adaptadas, las especies campestres se diversificaban, dando origen a nuevas especies y nuevos linajes\u201d. Durante ese per\u00edodo, se produjo una expansi\u00f3n de las praderas en direcci\u00f3n hacia sitios de menor altitud, ubicados al norte. Sin embargo, con el calentamiento gradual y el aumento de la humedad, los bosques volvieron a expandirse y a ocupar \u00e1reas de praderas que, a su vez, se restringieron a las zonas m\u00e1s altas, donde est\u00e1n ubicadas actualmente.<\/p>\n<p>Los montes de araucarias \u2013que dividen el mismo ambiente, formando mosaicos con las praderas\u2013 tambi\u00e9n desempe\u00f1aron un papel importante. \u201cEn el transcurso del tiempo, se produjo una competencia constante entre praderas y montes, con una alternancia entre ambientes que depende de las condiciones clim\u00e1ticas\u201d, dice Iganci. Esa din\u00e1mica, que existe hasta los d\u00edas actuales, puede haber sido la responsable de la separaci\u00f3n de determinadas poblaciones que terminaron formando nuevas especies. \u201cEse parece haber sido el caso de algunas petunias polinizadas por abejas\u201d, dice Freitas. \u201cEsas abejas no lograron atravesar los montes de araucarias, que de ese modo provocaban un bloqueo del flujo g\u00e9nico entre poblaciones.\u201d<\/p>\n<div id=\"attachment_222232\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-222232\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Trichocline-macrocephala8.jpg\" alt=\"Trichocline macrocephala\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Trichocline-macrocephala8.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Trichocline-macrocephala8-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Trichocline-macrocephala8-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Ilse Boldrini\/UFRGS<\/span><em>Trichocline macrocephala<\/em><span class=\"media-credits\">Ilse Boldrini\/UFRGS<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los investigadores observaron tambi\u00e9n que la biodiversidad se vuelve menor en las direcciones oeste y norte, a medida que disminuyen la altura y la humedad que llega proveniente del mar. \u201cLos resultados para la biodiversidad se refieren \u00fanicamente a los grupos estudiados, pero son especies altamente representativas de la regi\u00f3n\u201d, dice Freitas. \u201cTambi\u00e9n observamos una fuerte correlaci\u00f3n de la biodiversidad con el clima y la altura\u201d. Aparte de sugerir \u00e1reas prioritarias y ayudar a entender el origen de la biodiversidad de la zona, este estudio contribuye para revelar una riqueza antes desconocida. \u201cHasta hace poco tiempo, la zona de Campos de Cima da Serra ven\u00edan siendo completamente omitida en los estudios que abordan los aspectos ecol\u00f3gicos, evolutivos y conservacionistas\u201d, dice Iganci. El investigador, quien realiz\u00f3 varios viajes de recolecci\u00f3n durante los \u00faltimos diez a\u00f1os, advierte sobre la degradaci\u00f3n del ecosistema e identifica su principal amenaza: el avance de la silvicultura: las plantaciones de pinos y eucaliptos.<\/p>\n<p><strong>La percepci\u00f3n campestre<\/strong><br \/>\nEl estudio contrar\u00eda el \u00e9nfasis que se les asigna a los bosques, que limita los esfuerzos de preservaci\u00f3n de praderas en todo el mundo. Un grupo de expertos en ecosistemas campestres de Brasil, Estados Unidos, Francia, B\u00e9lgica y Sud\u00e1frica intenta cambiar esta percepci\u00f3n, al poner de relieve dentro y fuera de la comunidad cient\u00edfica la alta biodiversidad de las praderas, que deben verse como ecosistemas antiguos, cuya historia evolutiva de millones de a\u00f1os tiene \u00edntima relaci\u00f3n con el fuego y la presencia de animales herb\u00edvoros. Muchas plantas exhiben adaptaciones tales como tallos subterr\u00e1neos, y son capaces de brotar r\u00e1pidamente tras los incendios y con \u00f3rganos subterr\u00e1neos, tales como tub\u00e9rculos, rizomas y bulbos, que almacenan agua y almid\u00f3n en un lugar protegido.<\/p>\n<div id=\"attachment_222226\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-222226\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Csellowiana.jpg\" alt=\"Petunia Calibrachoa sellowiana\" width=\"290\" height=\"218\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Csellowiana.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Csellowiana-120x90.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_Csellowiana-250x188.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jeferson Fregonezi\/UFRGS<\/span>Petunia <em>Calibrachoa sellowiana<\/em><span class=\"media-credits\">Jeferson Fregonezi\/UFRGS<\/span><\/p><\/div>\n<p>\u201cLa diversidad de plantas y tambi\u00e9n de otros grupos de los ambientes de pradera y de sabana en Brasil puede ser considerada como equivalente a la de los bosques\u201d, dice el ec\u00f3logo Gerhard Overbeck, experto en vegetaci\u00f3n de pradera, tambi\u00e9n de la UFRGS. \u201cDebemos tener en cuenta tambi\u00e9n el \u00e1rea ocupada por estos ecosistemas. La pampa, por ejemplo, ocupa poco m\u00e1s del 2% de Brasil, pero contiene m\u00e1s de 2.150 especies de plantas s\u00f3lo en ambientes de pradera\u201d, a\u00f1ade. Seg\u00fan Overbeck, en algunas regiones de pradera del sur de Brasil es posible hallar m\u00e1s de 50 especies de plantas por metro cuadrado, incluso una gran cantidad de especies de gram\u00edneas. Muchas plantas de ambientes de pastizal tienen un largo ciclo de vida, tales como algunas del g\u00e9nero <em>Vellozia<\/em>, que existen en los matorrales de altitud del Brasil central, tardan 100 a\u00f1os para llegar a la edad reproductiva y pueden vivir hasta 500 a\u00f1os. El problema reside en que las se\u00f1ales de antig\u00fcedad en la pradera son m\u00e1s dif\u00edciles de verse que el per\u00edmetro de los \u00e1rboles o la acumulaci\u00f3n de materia org\u00e1nica en los bosques.<\/p>\n<p><strong>Valoraci\u00f3n humana<\/strong><br \/>\nLas praderas tambi\u00e9n prestan importantes servicios ecol\u00f3gicos. \u201cEstos ecosistemas son fundamentales en la regulaci\u00f3n del ciclo hidrol\u00f3gico, pues adem\u00e1s de que la vegetaci\u00f3n retiene mucha menos agua de lluvia que el dosel de los bosques, las abundantes ra\u00edces finas funcionan como esponjas que liberan agua paulatinamente hacia los r\u00edos y los acu\u00edferos\u201d, dice la ingeniera forestal especialista en sabana Giselda Durigan, del Instituto Forestal del Estado de S\u00e3o Paulo, con sede en la ciudad de Assis. Asimismo, el suelo alberga bulbos, tub\u00e9rculos y rizomas, adaptaciones de las plantas que ayudan a retener agua en la estaci\u00f3n seca y permiten que las mismas resistan al fuego y a la herbivor\u00eda, desaf\u00edos comunes en estos ambientes. \u201cEsas estructuras contribuyen al secuestro de carbono, aunque esto a\u00fan no ha sido cuantificado\u201d, dice Duringan. \u201cLos suelos son complejos y tardan mucho tiempo para formarse. Si se degradan, la recuperaci\u00f3n es dificil\u00edsima.\u201d<\/p>\n<div id=\"attachment_222227\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-222227\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_DSCN0036.JPG.jpg\" alt=\"Plant\u00edo de pinos en campo\" width=\"290\" height=\"193\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_DSCN0036.JPG.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_DSCN0036.JPG-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Campos_DSCN0036.JPG-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Val\u00e9rio Pillar\/UFRGS<\/span>Plant\u00edo de pinos en campo<span class=\"media-credits\">Val\u00e9rio Pillar\/UFRGS<\/span><\/p><\/div>\n<p>La falta de conocimiento acerca de la ecolog\u00eda de las praderas ha derivado en pol\u00edticas de conservaci\u00f3n err\u00f3neas, tales como el incentivo a la silvicultura, con resultados desastrosos para la biodiversidad y para los servicios ecol\u00f3gicos. \u201cLos \u00e1rboles dan sombra, y as\u00ed impiden el crecimiento de las plantas herb\u00e1ceas \u00e1vidas por sol, con la consiguiente merma de la biodiversidad\u201d, dice Duringan. \u201cAsimismo, hacen que entre el 20% y el 30% del agua de lluvia se evapore antes de llegar al suelo\u201d. Otro ejemplo de esa protecci\u00f3n al contrario es la prohibici\u00f3n de las llamadas \u201c<em>sapecadas<\/em>\u201d, tal el nombre que les dan portugu\u00e9s los ganaderos serranos a los incendios que ejecutan para el manejo de las pasturas, una pr\u00e1ctica prohibida en 1992 por el C\u00f3digo Forestal del Estado de Rio Grande do Sul. Duringan afirma que el fuego, como as\u00ed tambi\u00e9n el ganado (siempre y cuando no sean excesivos), evitan la densificaci\u00f3n arb\u00f3rea, y ayudan as\u00ed a mantener estable la estructura y la diversidad de los pastizales. Asimismo, la variedad natural de gram\u00edneas de esos ambientes puede llevar a la obtenci\u00f3n de una carne m\u00e1s sana que la de animales confinados.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239.jpg\" rel=\"attachment wp-att-222997\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-222997\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239.jpg\" alt=\"Praderas de Monta\u00f1a Edici\u00f3n 239\" width=\"290\" height=\"307\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239.jpg 755w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239-700x742.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239-120x127.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Praderas-de-Monta\u00f1a-Edici\u00f3n-239-250x265.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>El grupo internacional de expertos, del cual forman parte Duringan y Overbeck, public\u00f3 en 2015 un art\u00edculo en el cual propone el concepto de \u201cpraderas antiguas\u201d (<em>old growth grasslands<\/em>, en ingl\u00e9s), una adjetivaci\u00f3n en general aplicada a los bosques maduros. Los autores llaman la atenci\u00f3n sobre caracter\u00edsticas espec\u00edficas de ecosistemas de pastizales de sabana que exigen estrategias de conservaci\u00f3n distintas. Al expandir la comprensi\u00f3n de estos ambientes, tambi\u00e9n esperan contribuir a la inserci\u00f3n de las praderas en la pauta del movimiento ambientalista, con una nueva mirada sobre estos ecosistemas que ayude a visualizar las riquezas escondidas en el \u201cmar de pasto\u201d.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nVeldman, J. W. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.esajournals.org\/doi\/abs\/10.1890\/140270\" target=\"_blank\">Toward an old-growth concept for grasslands, savannas, and woodlands<\/a>. <strong>Frontiers in Ecology and Environment<\/strong>. v. 13, n. 3, p. 154-62. abr. 2015.<br \/>\nBarros, M. J. F. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S1433831915000724\" target=\"_blank\">Environmental drivers of diversity in Subtropical Highland Grasslands<\/a>.\u00a0<strong>Perspectives in Plant Ecology, Evolution and Systematics<\/strong>. v. 17, n. 5, p. 360-8. oct. 2015.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La vegetaci\u00f3n serrana relieva la importancia del ecosistema no forestal","protected":false},"author":545,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[293,300],"coauthors":[1498],"class_list":["post-222225","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-ecologia-es","tag-evolucion"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/222225","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/545"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=222225"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/222225\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=222225"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=222225"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=222225"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=222225"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}