{"id":223517,"date":"2016-09-06T13:25:16","date_gmt":"2016-09-06T16:25:16","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/?p=223517"},"modified":"2016-09-06T15:11:48","modified_gmt":"2016-09-06T18:11:48","slug":"grasa-contra-la-obesidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/grasa-contra-la-obesidad\/","title":{"rendered":"Grasa contra la obesidad"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_223518\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-223518\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_04b_2JG4542_2.jpg\" alt=\"Salm\u00f3n y linaza: alimentos ricos en grasas insaturadas, tales como el omega 3, parecen combatir la inflamaci\u00f3n cerebral asociada al aumento de peso\" width=\"290\" height=\"436\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_04b_2JG4542_2.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_04b_2JG4542_2-120x180.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_04b_2JG4542_2-250x376.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span>Salm\u00f3n y linaza: alimentos ricos en grasas insaturadas, tales como el omega 3, parecen combatir la inflamaci\u00f3n cerebral asociada al aumento de peso<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Las reacciones del cuerpo humano ante la ingesti\u00f3n de alimentos abundantes en grasas son complejas y est\u00e1n signadas por aspectos positivos y negativos. El coraz\u00f3n probablemente sea el \u00f3rgano con respecto al cual mejor se conocen los potenciales da\u00f1os y beneficios de esta relaci\u00f3n dual. Algunos tipos de \u00e1cidos grasos tienden a depositarse en los tejidos, elevando la presi\u00f3n arterial e incrementando as\u00ed los riesgos de problemas card\u00edacos. \u00c9ste es el caso de las grasas saturadas, que se encuentran en las carnes rojas, aves y derivados de la leche entera; y tambi\u00e9n de las denominadas grasas trans, que se producen a partir de la alteraci\u00f3n de los aceites vegetales y se utilizan en gran parte de los alimentos procesados industrialmente. En tanto, otras variantes de grasas, tales como las insaturadas, parecen contribuir al mantenimiento de bajos niveles de colesterol y de presi\u00f3n, como as\u00ed tambi\u00e9n para lograr una relativa limpieza de los vasos sangu\u00edneos. Y en las \u00faltimas d\u00e9cadas se ha comenz\u00f3 a desentra\u00f1ar una relaci\u00f3n igualmente intrincada de los diferentes tipos de grasas en otro \u00f3rgano vital: el cerebro.<\/p>\n<p>En nuevos estudios se han recabado indicios de que la obesidad, generalmente signada por un consumo excesivo de grasas saturadas y trans, y como parte de ciertos h\u00e1bitos alimentarios y un estilo de vida poco saludables, causar\u00eda una inflamaci\u00f3n permanente del hipot\u00e1lamo. Los da\u00f1os en esa regi\u00f3n, que se encuentra en la base del cerebro y funciona como un sensor de nutrientes, provocar\u00edan la muerte de las neuronas encargadas de controlar las sensaciones de hambre y de saciedad, as\u00ed como tambi\u00e9n del gasto de energ\u00eda. De este modo, el mal funcionamiento de los circuitos que regulan el comportamiento alimentario \u2012el individuo siente hambre inmediatamente despu\u00e9s de una suculenta ingesta\u2012 ayudar\u00eda a perpetuar el incremento de peso. \u00c9ste ser\u00eda uno de los efectos nocivos posiblemente ocasionados por la acumulaci\u00f3n de grasas saturadas en el sistema nervioso central. Un trabajo reciente del Centro de Investigaciones en Obesidad y Comorbilidades (OCRC, por sus siglas en ingl\u00e9s), uno de los 17 <a href=\"http:\/\/cepid.fapesp.br\/home\/\" target=\"_blank\">Centros de Investigaci\u00f3n, Innovaci\u00f3n y Difusi\u00f3n<\/a> (Cepid) patrocinados por la FAPESP, indica que el da\u00f1o cerebral en animales obesos, alimentados con dietas abundantes en grasas saturadas, podr\u00eda revertirse mediante el consumo de alimentos o compuestos ricos en otro tipo de grasas, las insaturadas, b\u00e1sicamente, las mismas que resultan ben\u00e9ficas para el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Los investigadores del OCRC suministraron, de dos maneras distintas, \u00e1cidos grasos insaturados de la familia de los omega 3 a ratones obesos y constataron el surgimiento de nuevas neuronas en el hipot\u00e1lamo. A un grupo de ratones, le ofrecieron una dieta abundante en omega 3, presente en gran cantidad de algas, peces de agua fr\u00eda, tales como el salm\u00f3n y el at\u00fan, y en la linaza. A los del otro grupo les inocularon \u00e1cido docosahexaenoico (DHA, por sus siglas en ingl\u00e9s), un \u00e1cido graso poliinsaturado de la familia de los omega 3, directamente en el hipot\u00e1lamo. Un tercer grupo solamente recibi\u00f3 una soluci\u00f3n salina en su dieta.<\/p>\n<p>Ocho semanas m\u00e1s tarde, verificaron el surgimiento de neuronas del tipo POMC [proopiomelanocortina] en el hipot\u00e1lamo \u2012las cuales regulan la sensaci\u00f3n de saciedad\u2012 en los roedores que se alimentaron con comida rica en omega 3 y en los que recibieron dosis DHA. El grupo de control no present\u00f3 formaci\u00f3n de nuevas neuronas. \u201c\u00c9ste es el primer trabajo que revela neurog\u00e9nesis en el hipot\u00e1lamo inducida por un nutriente alimentario, tal como es el caso de la dieta rica en omega 3\u201d, afirma el m\u00e9dico L\u00edcio Velloso, de la Facultad de Ciencias M\u00e9dicas de la Universidad de Campinas (FCM-Unicamp), coordinador del centro y del estudio con los animales. \u201cLas grasas insaturadas acaso sean una forma de minimizar la necrosis neuronal causada por la inflamaci\u00f3n del cerebro asociada a la obesidad\u201d. El estudio se public\u00f3 el 28 de octubre de 2015, en la revista cient\u00edfica estadounidense <em>Diabetes<\/em>.<\/p>\n<p>Los cient\u00edficos logran identificar a las nuevas neuronas, cuya formaci\u00f3n fue estimulada por la alimentaci\u00f3n rica en omega 3, entre las que ya exist\u00edan en el cerebro de los roedores, pues emplean un marcador celular para diferenciarlas. Les suministran a los animales un marcador de proliferaci\u00f3n celular denominado BrdU, un nucle\u00f3sido (una base nitrogenada unida a un az\u00facar) sint\u00e9tico an\u00e1logo a la timidina, que puede combinarse con un anticuerpo fluorescente. Durante la s\u00edntesis del ADN, el BrdU toma el lugar de la timidina y se inserta en el material gen\u00e9tico cuando se generan las nuevas c\u00e9lulas. De este modo, el compuesto se erige en una \u00fatil herramienta molecular para averiguar si nacen nuevas neuronas en el cerebro.<\/p>\n<p>En el experimento que llevaron a cabo en el OCRC, los investigadores generaron im\u00e1genes de la regi\u00f3n del hipot\u00e1lamo de los ratones obesos obtenidas mediante microscop\u00eda confocal. En los animales en los cuales no se produjo la neurog\u00e9nesis, tan s\u00f3lo aparecieron c\u00e9lulas de color rojo, que representan a las neuronas POMC que ya exist\u00edan. En aqu\u00e9llos en que se generaron nuevas neuronas inducidas por la inoculaci\u00f3n de DHA, surgieron tambi\u00e9n puntos en verde, que representan a las nuevas c\u00e9lulas nerviosas marcadas por el compuesto BrdU. \u201cTambi\u00e9n analizamos otras regiones del cerebro y la neurog\u00e9nesis estimulada por omega 3 aparentemente se produce en forma predominante en ciertas \u00e1reas del hipot\u00e1lamo\u201d, dice el bi\u00f3logo Lucas Nascimento, primer autor del estudio, quien el a\u00f1o pasado defendi\u00f3 su tesis doctoral sobre este tema en la Unicamp (actualmente realiza una pasant\u00eda de posdoctorado en el Helmholtz Zentrum, en Alemania). Los investigadores del Cepid tambi\u00e9n hallaron indicios de que el DHA estimular\u00eda la neurog\u00e9nesis al interactuar con dos prote\u00ednas: el factor de crecimiento derivado del cerebro (BDNF) y el receptor de \u00e1cidos grasos GPR40. Cuando inhibieron la actividad de esas dos prote\u00ednas en el hipot\u00e1lamo, disminuy\u00f3 la formaci\u00f3n de nuevas neuronas.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Obesidad-Edici\u00f3n-240b.jpg\" rel=\"attachment wp-att-223746\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-223746\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Obesidad-Edici\u00f3n-240b-1024x363.jpg\" alt=\"Obesidad Edici\u00f3n 240b\" width=\"580\" height=\"206\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Una barrera entre el cerebro y la sangre<\/strong><br \/>\nLas grasas parecen ejercer efectos positivos o negativos directos en ciertas zonas del cerebro debido a que, m\u00e1s a menudo de lo que se supon\u00eda, logran atravesar la barrera hematoencef\u00e1lica. Con este nombre se designa al sistema de protecci\u00f3n que evita la entrada al cerebro de sustancias presentes en la sangre que son consideradas ex\u00f3genas o potencialmente peligrosas. Esa barrera es semipermeable, es decir que deja pasar a algunas sustancias y bloquea a otras, y es un recubrimiento presente en todos los vasos sangu\u00edneos del cerebro. La misma est\u00e1 formada por c\u00e9lulas endoteliales, cuyas uniones (el espacio existente entre dos c\u00e9lulas contiguas) son extremadamente ajustadas y est\u00e1n reforzadas por astrocitos, que son c\u00e9lulas del cerebro que funcionan como soporte y son diez veces m\u00e1s abundantes que las neuronas. Como regla general, los estudiosos siempre pensaron que las grasas de la sangre no atravesaban esa barrera.<\/p>\n<p>Pero esta percepci\u00f3n se alter\u00f3 durante los \u00faltimos diez a\u00f1os. En 2005, Velloso, junto a colegas de la Unicamp y de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) firmaron un art\u00edculo que sali\u00f3 publicado en la revista <em>Endocrinology<\/em> y fue uno de los primeros en sugerir que los ratones obesos presentaban una inflamaci\u00f3n persistente en el hipot\u00e1lamo y desarrollaban resistencia a la insulina y a la leptina, condiciones que abren la puerta al surgimiento de la diabetes. \u201cLas neuronas de los animales que ingirieron un alimento abundante en grasas saturadas cesaban de responder a esas hormonas al cabo de algunas semanas\u201d, dice Velloso. La insulina es la encargada de transportar la glucosa hacia el interior de las c\u00e9lulas, donde el az\u00facar se transforma en la energ\u00eda esencial para la vida. La leptina induce la saciedad.<\/p>\n<p>Tales alteraciones en el hipot\u00e1lamo son suficientes como para generar un cuadro que propiciar\u00eda la persistencia de la obesidad y el surgimiento de trastornos que, generalmente, se asocian con el aumento del peso, tales como la diabetes y los problemas card\u00edacos; y la ra\u00edz de ese mal funcionamiento estar\u00eda dada por la muerte de las neuronas provocada por la adopci\u00f3n permanente de dietas con abundancia de grasas saturadas.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Obesidad-Edici\u00f3n-240.jpg\" rel=\"attachment wp-att-223745\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-223745\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/Obesidad-Edici\u00f3n-240-1024x443.jpg\" alt=\"Obesidad Edici\u00f3n 240\" width=\"580\" height=\"251\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>La extensi\u00f3n del da\u00f1o cerebral<\/strong><br \/>\nEn trabajos m\u00e1s recientes, el grupo coordinado por Velloso y equipos de otros centros en el exterior se han abocado al intento de caracterizar la extensi\u00f3n del da\u00f1o cerebral causado por ese modelo de alimentaci\u00f3n. Los investigadores creen que el consumo continuo y excesivo de \u00e1cidos grasos saturados conduce a una ruptura de la barrera hematoencef\u00e1lica en ciertas subregiones del hipot\u00e1lamo. Cuando este sistema de defensa del cerebro se desorganiza, se produce una inflamaci\u00f3n cr\u00f3nica y, eventualmente, la necrosis de las neuronas del tipo POMC. \u201cUna peque\u00f1a alteraci\u00f3n en la barrera puede producir efectos en el hipot\u00e1lamo, una zona del cerebro muy sensible\u201d, dice el neur\u00f3logo Fernando Cendes, docente de la FCM-Unicamp y coordinador del Instituto de Investigaciones sobre Neurociencias y Neurotecnolog\u00eda (Brainn, por sus siglas en ingl\u00e9s), otro de los Cepids. Los estudios en donde se analiza el hipot\u00e1lamo de seres humanos mediante resonancia magn\u00e9tica son fruto de una intensa colaboraci\u00f3n entre los Cepids OCRC y Brainn.<\/p>\n<p>Aparentemente, el impacto de una dieta rica en grasas saturadas se produce en sectores bien delimitados de la base del cerebro. En un estudio realizado por la farmac\u00e9utica Albina Ramalho como parte de su tesis doctoral que defender\u00e1 al final de este mes en la FCM-Unicamp, se detectaron indicios de que los da\u00f1os en la barrera hematoencef\u00e1lica inducidos por el aumento de peso se manifiestan precozmente en una regi\u00f3n adyacente al hipot\u00e1lamo, la eminencia media. \u201c\u00c9se es el primer sitio donde se produce la desorganizaci\u00f3n de la barrera\u201d, dice Ramalho, cuyos supervisores de investigaci\u00f3n son la profesora Eliana de Ara\u00fajo y L\u00edcio Velloso. Luego de haber sido sometidos durante cuatro semanas a una dieta con un 30% de grasas saturadas, los tanicitos, c\u00e9lulas gliales alargadas que conectan el sistema nervioso central con los capilares sangu\u00edneos de la barrera, presentan p\u00e9rdida de cohesi\u00f3n y alineaci\u00f3n. En otras tres regiones cercanas a la eminencia media, los efectos nocivos de una dieta hiperlip\u00eddica tardan m\u00e1s tiempo en aparecer.<\/p>\n<p>Existen evidencias de que los tanicitos son las c\u00e9lulas responsables de \u201cdecidir\u201d lo que pasa por la barrera. Para reforzar la hip\u00f3tesis de que el consumo de alimentos con alto contenido de grasas saturadas desordena el sistema de defensa del cerebro en la regi\u00f3n del hipot\u00e1lamo, Ramalho tambi\u00e9n les inocul\u00f3 a los animales un tipo de az\u00facar que normalmente no atraviesa la barrera, mezclado con una sustancia que emite fluorescencia. En los roedores sometidos a la dieta hiperlip\u00eddica, ese polisac\u00e1rido perfor\u00f3 la barrera y se lo detect\u00f3 en la eminencia media y en el hipot\u00e1lamo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_223521\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-223521\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_Junk.jpg\" alt=\"Grasas saturadas, presentes en las carnes rojas, y las del tipo trans, comunes en los alimentos procesados, alterar\u00edan el funcionamiento de los sensores cerebrales del hambre y de la saciedad\" width=\"290\" height=\"196\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_Junk.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_Junk-120x81.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/CAPA_Junk-250x169.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Chris Goldberg\/ Flickr<\/span>Grasas saturadas, presentes en las carnes rojas, y las del tipo trans, comunes en los alimentos procesados, alterar\u00edan el funcionamiento de los sensores cerebrales del hambre y de la saciedad<span class=\"media-credits\">Chris Goldberg\/ Flickr<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>La obesidad como enfermedad<\/strong><br \/>\nUna de las dificultades obvias en los estudios sobre el impacto de las dietas abundantes en grasas sobre el cerebro reside en intentar reproducir en seres humanos los experimentos llevados a cabo con los animales. Al fin y al cabo, para averiguar los impactos sobre el sistema nervioso central resulta necesario sacrificar a los ratones una vez que se concluye con los estudios, para extraerles el cerebro. Este inconveniente puede sortearse parcialmente mediante el empleo de t\u00e9cnicas por im\u00e1genes no invasivas, como, por ejemplo, la resonancia magn\u00e9tica funcional, que permite visualizar la activaci\u00f3n de ciertas \u00e1reas del cerebro en tiempo real. Un estudio que realiz\u00f3 en 2011 el grupo de Velloso, tambi\u00e9n publicado en la revista <em>Diabetes<\/em>, indica que el hipot\u00e1lamo de los obesos m\u00f3rbidos, los exobesos (aqu\u00e9llos que se sometieron a una cirug\u00eda bari\u00e1trica, esto es, de reducci\u00f3n del est\u00f3mago) y los delgados, reacciona de manera diferente ante los est\u00edmulos alimentarios. Los delgados sent\u00edan saciedad m\u00e1s r\u00e1pidamente que los obesos luego de hab\u00e9rseles suministrado glucosa. \u201cEntre aqu\u00e9llos que se hab\u00edan sometido a la cirug\u00eda mencionada, se verific\u00f3 un patr\u00f3n intermedio de activaci\u00f3n del hipot\u00e1lamo\u201d, dice Velloso. \u201cPero no sabemos si eso se mantiene a lo largo del tiempo, porque muchos de ellos vuelven a aumentar de peso\u201d.<\/p>\n<p>El fisi\u00f3logo Jos\u00e9 Donato Junior, investigador del Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas (ICB) de la USP, elogia los resultados que obtuvieron sus colegas del Cepid OCRC. \u201cEsto refuerza la idea de que la obesidad no es el resultado de una simple desidia del individuo\u201d, sostiene Donato Junior, quien actualmente se dedica al estudio de los factores de riesgo que conducen a las mujeres a engordar. \u201cDeber\u00eda consider\u00e1rsela como una enfermedad\u201d. As\u00ed y todo, el cient\u00edfico de la USP hace algunas advertencias. Los estudios con ratones no pueden sencillamente extrapolarse a la realidad humana. \u201cNadie mantiene una dieta con un 30% o un 40% de grasas saturadas, tal como se les suministr\u00f3 a los ratones en los estudios\u201d, dice Donato Junior. \u201cPero esta cr\u00edtica vale para los experimentos de todo el mundo, incluso los m\u00edos. Los modelos animales aceleran y exageran los procesos metab\u00f3licos\u201d.<\/p>\n<p>Las lesiones en el hipot\u00e1lamo inducidas por un consumo excesivo de grasas saturadas estar\u00edan asociadas a muchos de los casos de obesidad, pero no a todos, pondera Donato Junior. La actividad del neurotransmisor dopamina, de importancia capital para el funcionamiento del sistema de recompensa, podr\u00eda ser la causa de una parte de los casos de obesidad. \u201cPuede ser que un individuo no tenga ninguna lesi\u00f3n en el hipot\u00e1lamo y, sencillamente, sea adicto a comer\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>En opini\u00f3n del bioqu\u00edmico brasile\u00f1o Marcelo Dietrich, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, quien tambi\u00e9n estudia los efectos de las dietas abundantes en grasas saturadas en los circuitos del hambre y de la saciedad en el hipot\u00e1lamo, no resulta una labor simple el determinar si la inflamaci\u00f3n cerebral es causa o consecuencia de la obesidad. \u201cSe considera que el hipot\u00e1lamo es un circuito cerebral\u00a0 exitoso y se encuentra presente en casi todos los mam\u00edferos\u201d, dice Dietrich. \u201cSin embargo, entre el 7% y el 10% de los casos de obesidad infantil tiene origen gen\u00e9tico, casos que tambi\u00e9n activan ese mismo circuito\u201d.<\/p>\n<p>Nadie duda que existen varios factores que pueden aumentar o disminuir el riesgo de tornarse obeso, tales como el tipo de dieta, los des\u00f3rdenes metab\u00f3licos y gen\u00e9ticos y ciertos h\u00e1bitos ligados al estilo de vida (la realizaci\u00f3n regular o no de ejercicio, por ejemplo). Tambi\u00e9n se sabe que alimentarse con productos con abundantes grasas saturadas o trans engorda. Y, como hoy en d\u00eda resulta evidente, el aumento excesivo de peso eleva el riesgo de padecer diabetes, problemas card\u00edacos y c\u00e1ncer. El aporte principal de los estudios del grupo de Velloso consiste en reforzar el rol que los diferentes tipos de grasas \u2012las saturadas y las insaturadas\u2012 parecer\u00edan tener sobre el funcionamiento del sistema regulador del hambre, de la saciedad y del gasto de energ\u00eda localizado en el hipot\u00e1lamo. A semejanza de lo que producen en el coraz\u00f3n, las grasas \u201cbuenas\u201d aparentemente aten\u00faan el da\u00f1o cerebral asociado con la ingesta de las grasas \u201cmalas\u201d. \u201cLa inflamaci\u00f3n cerebral incluso podr\u00eda no ser la causa de la obesidad, pero es lo que moldea esa condici\u00f3n y colabora para perpetuarla\u201d, dice el neur\u00f3logo Fernando Cendes.<\/p>\n<p><strong>Proyecto<\/strong><br \/>\nCentro Multidisciplinario de Investigaciones en Obesidad y Enfermedades Asociadas (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/58567\/cmpo-centro-multidisciplinar-de-pesquisa-em-obesidade-e-doencas-associadas\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2013\/07607-8<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Centros de Investigaci\u00f3n, Innovaci\u00f3n y Difusi\u00f3n (Cepid); <strong>Investigador responsable<\/strong> L\u00edcio Velloso (FCM-Unicamp); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 14.579.597,41 (para la totalidad del Cepid).<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nNASCIMENTO, L. F. R. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/diabetes.diabetesjournals.org\/content\/early\/2015\/10\/21\/db15-0008.abstract\" target=\"_blank\">Omega-3 fatty acids induce neuro\u00adgenesis of predominantly Pomc-expressing cells in the hypothalamus<\/a>. <strong>Diabetes<\/strong>. 28 oct. 2015.<br \/>\nVAN DE SANDE-LEE, S. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/diabetes.diabetesjournals.org\/content\/60\/6\/1699.short\" target=\"_blank\">Partial reversibility of hypothalamic dysfunction and changes in brain activity after body mass reduction in obese subjects<\/a>. <strong>Diabetes<\/strong>. v. 60, n. 6, p. 1699-704. jun. 2011.<br \/>\nDE SOUSA, C. T. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/press.endocrine.org\/doi\/abs\/10.1210\/en.2004-1520\" target=\"_blank\">Consumption of a fat-rich diet activates a proinflammatory response and induces insulin resistance in the hypothalamus<\/a>. <strong>Endocrinology<\/strong>. v. 146. n. 10, p. 4192-9. oct. 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los \u00e1cidos grasos insaturados podr\u00edan revertir da\u00f1os en el cerebro","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[316,319,320],"coauthors":[101],"class_list":["post-223517","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-medicina-es","tag-neurociencia-es","tag-nutricion"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/223517","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=223517"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/223517\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=223517"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=223517"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=223517"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=223517"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}