{"id":237165,"date":"2017-04-26T17:37:56","date_gmt":"2017-04-26T20:37:56","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/?p=237165"},"modified":"2017-04-26T19:17:26","modified_gmt":"2017-04-26T22:17:26","slug":"la-limpieza-del-plasmodium","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-limpieza-del-plasmodium\/","title":{"rendered":"La limpieza del <em>Plasmodium<\/em>"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Malaria.jpg\" rel=\"attachment wp-att-237168\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-237168\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/04\/Malaria-300x217.jpg\" alt=\"Malaria\" width=\"300\" height=\"217\" \/><\/a>El <em>Plasmodium falciparum<\/em>, causante de la forma m\u00e1s agresiva de paludismo, es un par\u00e1sito vers\u00e1til. En el organismo hu\u00e9sped, este protozoo se instala inicialmente en las c\u00e9lulas de la piel y del h\u00edgado, donde madura y se multiplica, antes de llegar al torrente sangu\u00edneo e invadir los gl\u00f3bulos rojos de la sangre (o hemat\u00edes). Pero es precisamente dentro de los hemat\u00edes donde el par\u00e1sito ejecuta proezas que le permiten mantenerse vivo y librarse de la basura t\u00f3xica que \u00e9l mismo produce al nutrirse. En un art\u00edculo publicado al final de febrero en la revista <em>Scientific Reports<\/em>, cient\u00edficos ingleses y brasile\u00f1os coordinados por la bioqu\u00edmica C\u00e9lia Garcia, del Instituto de Biociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IB-USP), describieron una nueva estrategia bioqu\u00edmica que el par\u00e1sito emplea para eliminar esos residuos y as\u00ed sobrevivir y madurar en el interior de los gl\u00f3bulos rojos. Seg\u00fan los investigadores, el mecanismo detectado ahora, que se suma a otro ya conocido desde hace ya alg\u00fan tiempo, puede ampliar las perspectivas de desarrollo de nuevas estrategias de combate contra la malaria.<\/p>\n<p>El equipo de Garcia investiga desde hace al menos dos d\u00e9cadas qu\u00e9 sucede con el <em>Plasmodium<\/em> tras su instalaci\u00f3n en los gl\u00f3bulos rojos. En ese lapso de tiempo, ella y su equipo verificaron que uno de los secretos que le permiten al par\u00e1sito sobrevivir dentro de los hemat\u00edes se relaciona con su modo de invasi\u00f3n. En lugar de perforar la membrana, el protozoo solamente la empuja. Como dicha membrana es el\u00e1stica, se deforma y lo envuelve, creando a su alrededor una bolsa donde la concentraci\u00f3n de calcio es m\u00e1s elevada que en el interior de la c\u00e9lula y mimetiza a la del plasma sangu\u00edneo. Y el calcio constituye un elemento importante para la supervivencia del par\u00e1sito. El <em>Plasmodium<\/em> entonces se multiplica y pasa por tres fases de desarrollo. Pasadas 48 horas, miles de copias del protozoario alcanzan el mismo grado de madurez entre s\u00ed y rompen los gl\u00f3bulos rojos afectados para lanzarse a invadir otros sanos. En estudios anteriores, el grupo de la bioqu\u00edmica tambi\u00e9n hab\u00eda constatado que el ritmo de maduraci\u00f3n del par\u00e1sito estaba regulado por una hormona producida por el organismo del hu\u00e9sped, la melatonina, que en los mam\u00edferos controla los ciclos de sue\u00f1o y vigilia (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2008\/11\/01\/un-parasito-versatil-2\/?cat=ciencia\" target=\"_blank\"><em>lea en<\/em> Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 153<\/em><\/a>).<\/p>\n<p>El protozoario sobrevive en el interior de los hemat\u00edes aliment\u00e1ndose de la hemoglobina, la prote\u00edna responsable del transporte del ox\u00edgeno y que le imprime el color rojo a la sangre. Desde hace alg\u00fan tiempo se sabe que para ello el par\u00e1sito produce una enzima que rompe esa mol\u00e9cula en partes menores, los amino\u00e1cidos. De ese proceso, seg\u00fan explica Garcia, resulta una mol\u00e9cula llamada hemo, que, de no elimin\u00e1rsela, puede alcanzar concentraciones t\u00f3xicas y lesionar a las c\u00e9lulas y al propio par\u00e1sito que la produjo.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de 1980, cient\u00edficos constataron que en el transcurso de su evoluci\u00f3n el <em>P. falciparum<\/em> desarroll\u00f3 al menos una forma de protegerse contra esa sustancia t\u00f3xica, transform\u00e1ndola en un pol\u00edmero inofensivo, la hemazo\u00edna. Este mecanismo constituye actualmente el principal blanco de la cloroquina, el antipal\u00fadico m\u00e1s empleado en el mundo. Al impedir la formaci\u00f3n de ese pol\u00edmero, la cloroquina inhibe el crecimiento y la reproducci\u00f3n del par\u00e1sito en el interior de los hemat\u00edes. El problema radica en que en durante las \u00faltimas d\u00e9cadas este medicamento ha venido perdiendo su eficacia contra el <em>Plasmodium<\/em>, sobre todo en Am\u00e9rica del Sur y en el Sudeste Asi\u00e1tico.<\/p>\n<p>En 2010, el grupo de Garcia observ\u00f3 que otro mecanismo \u2013com\u00fan en el organismo de los mam\u00edferos, pero hasta ese momento desconocido en el <em>Plasmodium<\/em>\u2013 tambi\u00e9n permite que el protozoario neutralice al grupo hemo. En un estudio publicado en la revista <em>Cell Biology International<\/em>, los investigadores de la USP verificaron que el par\u00e1sito produce una enzima llamada hemo-oxigenasa, que convierte al hemo en biliverdina, una mol\u00e9cula que no es t\u00f3xica en bajas concentraciones. Con todo, a partir de determinados niveles, la biliverdina puede volverse nociva para el protozoario. \u201cLa conversi\u00f3n del hemo en biliverdina, en lugar de transformarlo en un pol\u00edmero, puede representar un riesgo para la supervivencia del par\u00e1sito dentro de los gl\u00f3bulos rojos\u201d, dice Garcia. Los investigadores no saben en qu\u00e9 circunstancias el protozoo act\u00faa por una u otra v\u00eda para neutralizar los compuestos t\u00f3xicos. Una hip\u00f3tesis, seg\u00fan la investigadora, indica que la segunda estrategia desacelerar\u00eda el ciclo de vida del par\u00e1sito, ralentizando su metabolismo y la producci\u00f3n de esas sustancias nocivas.<\/p>\n<p>En el estudio publicado ahora en <em>Scientific Reports<\/em>, los cient\u00edficos investigaron o papel de la biliverdina en el ciclo de vida del par\u00e1sito, que infecta anualmente a 250 millones de personas en el mundo (y mata casi a un mill\u00f3n, la mayor\u00eda ni\u00f1os), sobre todo en \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina. En colaboraci\u00f3n con Rita Tewari, de la Universidad de Nottingham, en Inglaterra, el grupo de Garcia interrumpi\u00f3 en los par\u00e1sitos de la especie <em>P. berghei<\/em> la expresi\u00f3n del gen involucrado en la producci\u00f3n de la hemo-oxigenasa, impidiendo que produjeran biliverdina. Pese a no constituir la principal v\u00eda utilizada para neutralizar sustancias t\u00f3xicas, su producci\u00f3n parece ser importante para la vida del par\u00e1sito. \u201cAl anular la expresi\u00f3n del gen que produce la hem-oxigenasa, el par\u00e1sito muri\u00f3\u201d, comenta Garcia, quien se sorprendi\u00f3 con el resultado. \u201cDemostramos que el <em>P. berghei<\/em>, que infecta a roedores, es incapaz de desarrollarse dentro de los hemat\u00edes si no logra producir hemo-oxigenasa\u201d, afirma la investigadora. A\u00fan ser\u00e1 necesario verificar si lo propio sucede en el caso del <em>P. falciparum<\/em>. Seg\u00fan la cient\u00edfica, \u00e9ste puede ser un camino rumbo al desarrollo de nuevas estrategias de combate contra el par\u00e1sito.<\/p>\n<p>Por lo que todo indica, la biliverdina impide la maduraci\u00f3n del protozoario en los hemat\u00edes. En el estudio, los investigadores realizaron una serie de ensayos en laboratorio en los cuales observaron que la biliverdina se une a la enolasa, una enzima que el par\u00e1sito emplea para producir energ\u00eda. Ese descubrimiento nos sorprendi\u00f3 porque la enolasa participa en otra v\u00eda bioqu\u00edmica del <em>Plasmodium<\/em>, y porque, en principio, no deber\u00eda unirse a la biliverdina. Garcia y sus colaboradores, entre ellos Glaucius Oliva y Rafael Guido, ambos de la USP de S\u00e3o Carlos, arribaron a la conclusi\u00f3n de que, al unirse a la enolasa, la biliverdina hacer mermar la tasa de multiplicaci\u00f3n del protozoo. \u201cLa biliverdina funcionar\u00eda como una mol\u00e9cula de comunicaci\u00f3n, y la enolasa como un sensor que detecta biliverdina\u201d, sugiere Garcia.<\/p>\n<p><strong>Proyecto<\/strong><br \/>\nGen\u00f3mica funcional en <em>Plasmodium<\/em> (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/47985\/genomica-funcional-em-plasmodium\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2011\/51295-5<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Ayuda a la Investigaci\u00f3n \u2014 Tem\u00e1tico; <strong>Investigadora responsable<\/strong> C\u00e9lia Regina da Silva Garcia (IB-USP); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 2.068.020.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nALVES, E. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.nature.com\/articles\/srep22093\" target=\"_blank\">Biliverdin targets enolase and eukaryotic initiation factor 2 (eIF2\u03b1) to reduce the growth of intraerythrocytic development of the malaria parasite <em>Plasmodium falciparu<\/em>m<\/a>. <strong>Scientific Reports<\/strong>. v. 6, n. 22093, p. 1-12. feb. 2016.<br \/>\nSARTORELLO, R. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/20491653\" target=\"_blank\"><em>In vivo<\/em> uptake of a haen analogue Zn protoporphyrin IX by the human malaria parasite <em>P. falciparum<\/em>-infected red blood cells.<\/a> <strong>Cell Biology International<\/strong>. v. 34, n. 8. p. 859-65. ago. 2010.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Plasmodium se libra de compuestos t\u00f3xicos en los gl\u00f3bulos rojos","protected":false},"author":346,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[278,280],"coauthors":[662],"class_list":["post-237165","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biologia-es","tag-bioquimica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/237165","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/346"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=237165"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/237165\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=237165"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=237165"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=237165"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=237165"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}