{"id":248203,"date":"2017-10-31T15:45:04","date_gmt":"2017-10-31T17:45:04","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=248203\/"},"modified":"2017-10-31T15:50:39","modified_gmt":"2017-10-31T17:50:39","slug":"tiempos-turbulentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/tiempos-turbulentos\/","title":{"rendered":"Tiempos turbulentos"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_248205\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/024_criancas-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-248205\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/024_criancas-1-300x201.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"201\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/a> Adolescentes consumiendo alcohol en un bar de la zona oeste de S\u00e3o Paulo: una etapa de experimentaci\u00f3n<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los per\u00edodos de transici\u00f3n usualmente generan malestar y pueden ser tumultuosos. Si eso es lo que ocurre cuando se cambia de empleo o uno se muda a otra ciudad, acaso no se deba esperar nada diferente de la adolescencia, una etapa de intensas transformaciones f\u00edsicas, mentales y sociales. En esta fase de la vida, uno de cada tres adolescentes brasile\u00f1os presenta s\u00edntomas de alg\u00fan grado de padecimiento ps\u00edquico, seg\u00fan surge de la investigaci\u00f3n m\u00e1s amplia que se haya realizado en Brasil sobre la salud de los j\u00f3venes, el Estudio de Riesgos Cardiovasculares en Adolescentes (Erica) (<em><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2017\/10\/31\/la-fragilidad-de-la-salud-en-los-adolescentes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">lea el reportaje<\/a><\/em>).<\/p>\n<p>En este trabajo tambi\u00e9n se evalu\u00f3, por medio de un cuestionario con 12 preguntas, la incidencia de s\u00edntomas de ansiedad y depresi\u00f3n en 75 mil estudiantes de 1.247 escuelas p\u00fablicas y particulares de 124 localidades que sobrepasan los 100 mil habitantes. Estos s\u00edntomas, agrupados bajo un mismo y abarcador concepto \u00fanico como trastornos mentales comunes, fueron bastante m\u00e1s frecuentes en las chicas que en los muchachos, un rasgo que ya hab\u00eda sido notorio en estudios anteriores en Brasil y en el exterior, efectuados generalmente menor cantidad de individuos y en pocas ciudades.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este \u00faltimo estudio, en promedio, el 38,4% de las muchachas y el 21,6% de los chicos exhibieron quejas que se encuadraron en la definici\u00f3n de trastorno mental com\u00fan al momento de la investigaci\u00f3n. Tal como tambi\u00e9n se esperaba, el porcentaje de casos creci\u00f3 con el avance de la edad: los datos arrojaron un 34,1% entre los adolescentes en la franja de edad entre 12 y 14 a\u00f1os y un 40,4% entre aqu\u00e9llos que ya ten\u00edan entre 15 y 17 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cOtros pa\u00edses hab\u00edan efectuado estudios de prevalencia en esos grupos, pero para todo aqu\u00e9l que trabaja en salud mental, faltaban datos nacionales representativos de la poblaci\u00f3n juvenil\u201d, relata la psiquiatra y epidemi\u00f3loga Claudia de Souza Lopes, docente del Instituto de Medicina Social de la Universidad del Estado de R\u00edo de Janeiro (Uerj) y encargada del segmento de salud mental del Erica. \u201cEstos datos sobre los trastornos mentales podr\u00edan ayudar a encauzar las pol\u00edticas p\u00fablicas en salud y en educaci\u00f3n\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>Los resultados del Erica, que salieron publicados en la edici\u00f3n del mes de febrero de este a\u00f1o de la <em>Revista de Sa\u00fade P\u00fablica<\/em>, indican, a grandes rasgos, que la prevalencia de los trastornos mentales comunes pr\u00e1cticamente no vari\u00f3 entre una regi\u00f3n y otra del pa\u00eds, si bien puede notarse una diferencia importante seg\u00fan el sexo y la franja etaria (<em><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/024_criancas_248-1.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">observe el gr\u00e1fico<\/a>)<\/em>. Las tasas fueron especialmente altas entre los adolescentes mayores de las regiones norte y centro-oeste.<\/p>\n<p>El hecho de que el 30 % de los adolescentes entrevistados presentara s\u00edntomas de ansiedad y depresi\u00f3n les llam\u00f3 la atenci\u00f3n a los investigadores y a otros expertos, pero este dato debe interpretarse con prudencia. \u201cLas cifras detectadas por el Erica posiblemente sirvan como indicador de sufrimientos ps\u00edquicos, pero no de enfermedad mental\u201d, explica la psiquiatra y epidemi\u00f3loga Laura Andrade, docente del Instituto de Psiquiatr\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IPq-USP).<\/p>\n<p>El objetivo del Erica no consist\u00eda trazar un diagn\u00f3stico que definiera qui\u00e9n padece o no un trastorno psiqui\u00e1trico, sino en identificar casos probables de ese problema. Para ello, se emple\u00f3 un cuestionario de rastreo, que, al ser un instrumento m\u00e1s sensible y espec\u00edfico, puede incluir entre los sospechosos a muchos individuos sin trastorno mental (falsos positivos). Si bien no permite esbozar un diagn\u00f3stico, el rastreo puede se\u00f1alar manifestaciones precoces de trastornos graves que s\u00f3lo podr\u00edan caracterizarse plenamente m\u00e1s adelante. \u201cUn instrumento as\u00ed indica cu\u00e1les son los individuos a los que se necesita prestarles m\u00e1s atenci\u00f3n, a\u00f1ade el psiquiatra Wang Yuan Pang, investigador del grupo de Andrade en el N\u00facleo de Epidemiolog\u00eda Psiqui\u00e1trica del IPq-USP.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los expertos consultados en este reportaje estima que un porcentaje menor \u2012tal vez un tercio de los adolescentes a los cuales se los clasifica dentro del conjunto con trastornos mentales comunes, el equivalente al 10% del total\u2012 padecer\u00eda efectivamente alg\u00fan problema de salud mental que exija tratamiento m\u00e9dico y, posiblemente, uso de medicamentos. El resto podr\u00eda mejorar con sesiones de psicoterapia o incluso con medidas de promoci\u00f3n de la salud, tales como estimular la pr\u00e1ctica de deportes. Quienes creen que las cifras surgidas del Erica son exageradas toman como base el resultado de trabajos anteriores, que se llevaron a cabo con una menor cantidad de participantes y empleando herramientas de diagn\u00f3stico.<\/p>\n<p>Uno de esos estudios es el que realizaron, entre 2010 y 2011, investigadores de los estados de S\u00e3o Paulo, R\u00edo de Janeiro y R\u00edo Grande do Sul en cuatro ciudades brasile\u00f1as \u2012Caet\u00e9 (Minas Gerais), Goianira (Goi\u00e1s), Itaitinga (Cear\u00e1) y Rio Preto da Eva (Amazonas)\u2012 con m\u00e1s de 50 mil habitantes y un \u00edndice de desarrollo similar al del promedio nacional. En el marco de ese estudio, los investigadores emplearon un cuestionario de diagn\u00f3stico para evaluar la salud mental de 1.623 ni\u00f1os y adolescentes con edades entre 6 y 16 a\u00f1os, y comprobaron que el 13,1% de ellos padec\u00eda alg\u00fan trastorno psiqui\u00e1trico al momento de la evaluaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los problemas m\u00e1s frecuentes, seg\u00fan se consigna en un art\u00edculo que public\u00f3 la <em>Revista Brasileira de Psiquiatria<\/em>, en 2015, fueron los trastornos de ansiedad, signados por el miedo, terror o aprensi\u00f3n excesivos, incluso cuando no existe una amenaza real. En ese trabajo, los investigadores incluso verificaron que tan s\u00f3lo uno de cada cinco chicos a los que se les diagnostic\u00f3 un problema psiqui\u00e1trico \u2012es decir, con recomendaci\u00f3n de realizar un tratamiento m\u00e9dico o psicol\u00f3gico\u2012 hab\u00eda consultado a alg\u00fan especialista en salud mental durante el a\u00f1o anterior, generalmente, un psic\u00f3logo.<\/p>\n<p>\u201cEl uso de instrumentos de diagn\u00f3stico requiere del entrevistador una capacitaci\u00f3n m\u00e1s compleja, que encarece demasiado el estudio\u201d, explica la psiquiatra Isabel Bordin, docente de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), y una de las coordinadoras del estudio efectuado en las cuatro ciudades brasile\u00f1as. Por eso, en los grandes estudios usualmente se adoptan cuestionarios de rastreo.<\/p>\n<p>Desde hace cierto tiempo, ya se sabe que los trastornos psiqui\u00e1tricos, adem\u00e1s de ser cr\u00f3nicos e incapacitantes, se manifiestan relativamente pronto en la vida. Un estudio que public\u00f3 en 2005 el psic\u00f3logo Ronald Kessler, experto en epidemiolog\u00eda en salud mental de la Universidad Harvard, revel\u00f3 que la mitad de los casos comienzan antes de los 14 a\u00f1os de edad y, dos tercios se hacen manifiestos antes de cumplir 24 a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/024_criancas_248-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-248204\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/024_criancas_248-1-300x193.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"193\" \/><\/a>Genes, ambiente y hormonas<\/strong><br \/>\nEn los \u00faltimos tiempos, esta constataci\u00f3n se sum\u00f3 al concepto, actualmente aceptado tanto por la medicina como por la psicolog\u00eda, de que los trastornos mentales sobrevienen por la interacci\u00f3n entre las caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas del individuo y las condiciones sociales, econ\u00f3micas, culturales y psicol\u00f3gicas en que vive. En conjunto, todo esto propicia la noci\u00f3n de que los trastornos psiqui\u00e1tricos son consecuencia de alteraciones en el desarrollo del cerebro.<\/p>\n<p>Las transformaciones que sufre el cuerpo luego del inicio de la pubertad pueden dejar m\u00e1s vulnerable al adolescente ante los trastornos mentales. El aumento en la producci\u00f3n de hormonas sexuales hace que el cuerpo madure desde el punto de vista reproductivo y, en algunos aspectos, alcanza el c\u00e9nit de su funcionamiento: los reflejos se tornan tan r\u00e1pidos como jam\u00e1s volver\u00e1n a serlo y la memoria es aguda como nunca. En los muchachos, la testosterona incrementa la fuerza f\u00edsica e impulsa comportamientos agresivos, mientras que la progesterona provoca en las chicas un humor sujeto a variables. En esa etapa, tambi\u00e9n el cerebro sufre una gran remodelaci\u00f3n: las conexiones fr\u00e1giles entre sus c\u00e9lulas se eliminan y, las m\u00e1s robustas, afianzadas, van definiendo ciertos rasgos de la personalidad.<\/p>\n<p>\u201cSe trata de un per\u00edodo de mucha vulnerabilidad, en el cual uno est\u00e1 m\u00e1s sensible a los est\u00edmulos ambientales\u201d, dice Sandra Scivoletto, psiquiatra experta en infancia y adolescencia, docente del IPq-USP. En esta etapa aumenta la necesidad de interactuar con amigos, al tiempo que se desarrolla la capacidad de comprensi\u00f3n de las intenciones ulteriores en las relaciones sociales. Al madurar lo que se denomina el cerebro social, el adolescente aprende que los gestos no verbales de la comunicaci\u00f3n pueden reflejar el estado emocional. \u201cLa interacci\u00f3n social tambi\u00e9n se torna m\u00e1s compleja, exigiendo mayores habilidades cognitivas para una integraci\u00f3n adecuada al grupo\u201d, comenta Scivoletto. \u201cLa necesidad de pertenecer a un grupo y el temor al rechazo aumentan el estr\u00e9s, el cual se suma al ya generado por todo lo novedoso y la experimentaci\u00f3n, pudiendo comprometer el funcionamiento del adolescente caracterizando el inicio de un trastorno psiqui\u00e1trico\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_248206\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/027_criancas-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-248206\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/027_criancas-1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"451\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/027_criancas-1.jpg 532w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/027_criancas-1-120x180.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/027_criancas-1-250x376.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">\u2002L\u00c9O RAMOS<\/span><\/a> La adolescencia es una etapa de vulnerabilidad, donde uno est\u00e1 m\u00e1s sensible a los est\u00edmulos ambientales<span class=\"media-credits\">\u2002L\u00c9O RAMOS<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Traumas precoces<\/strong><br \/>\nAquello que en la adolescencia se manifiesta como un problema de salud mental podr\u00eda, al menos en parte, ser consecuencia de eventos que ocurrieron mucho tiempo antes. Cada vez resulta m\u00e1s evidente que una exposici\u00f3n frecuente al maltrato en las etapas iniciales de la vida incrementa el riesgo de desarrollar problemas psiqui\u00e1tricos. Y el maltrato no se refiere necesariamente a agresiones extremadamente intensas, tales como palizas frecuentes o abuso sexual. Pueden ser sucesos bastante m\u00e1s sutiles, como el hecho de relegar las necesidades f\u00edsicas o emocionales del ni\u00f1o, o bien, regatearle est\u00edmulos a su desarrollo. \u201cAlgo m\u00e1s de la mitad de los casos de depresi\u00f3n se consideran emergentes del maltrato vivenciado en la infancia y adolescencia\u201d, relata la psiquiatra Elisa Brietzke, docente de la Unifesp.<\/p>\n<p>El efecto del maltrato sobre el cerebro puede ser profundo a punto tal de alterar algunas de sus estructuras. En un art\u00edculo de revisi\u00f3n publicado este a\u00f1o en el <em>Journal of Child Psychology and Psychiatry<\/em>, el neurofarmac\u00f3logo Martin Teicher y la psic\u00f3loga Jacqueline Samson, ambos, investigadores del Hospital McLean, en Belmont, y docentes en la Universidad Harvard, analizaron estudios de neuroim\u00e1genes de pacientes con problemas psiqui\u00e1tricos realizados en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Ellos llegaron a la conclusi\u00f3n de que muchas de las alteraciones anat\u00f3micas que anteriormente se atribu\u00edan a los trastornos mentales, en realidad, podr\u00edan ser consecuencia del maltrato sufrido en la infancia, un hecho com\u00fan en todo el mundo.<\/p>\n<p>Otro trabajo de revisi\u00f3n de este a\u00f1o, llevado a cabo por investigadores de los Centros de Control y Prevenci\u00f3n de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, estima que la mitad de los ni\u00f1os y adolescentes \u2012casi mil millones de personas con edades entre 2 y 17 a\u00f1os\u2012 son v\u00edctimas de violencia en todo el mundo. Otro grupo del CDC hab\u00eda determinado previamente que el maltrato en la infancia le cuesta m\u00e1s caro al sistema p\u00fablico de salud que el c\u00e1ncer y las enfermedades card\u00edacas. Ese mismo equipo calcul\u00f3 que una hipot\u00e9tica erradicaci\u00f3n del maltrato evitar\u00eda la mitad de los casos de depresi\u00f3n y dos tercios de los casos de alcoholismo, adem\u00e1s de reducir el suicidio, el uso de drogas y la violencia dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>Una buena noticia es que los efectos de las privaciones y el maltrato en muchos casos pueden revertirse o, al menos, mitigarse. Uno de los ejemplos exitosos es el Programa Equilibrio, un proyecto de rehabilitaci\u00f3n de ni\u00f1os y adolescentes que sufrieron maltrato y viv\u00edan en las calles de S\u00e3o Paulo (muchos de ellos eran usuarios drogas), desarrollado por Sandra Scivoletto. En 2007, con la ayuda de su equipo en la USP, de organizaciones no gubernamentales y de la gobernaci\u00f3n de S\u00e3o Paulo, ella instal\u00f3 en un centro de deportes comunitario ubicado en la regi\u00f3n central de la ciudad, un programa de atenci\u00f3n multidisciplinario \u2012se brindaba tratamiento m\u00e9dico, psicol\u00f3gico, fonoaudiol\u00f3gico, adem\u00e1s de terapia ocupacional, apoyo psicopedag\u00f3gico y soporte social\u2012 para ayudar a esos ni\u00f1os y adolescentes a desarrollar v\u00ednculos con la comunidad y mejorar su autoestima. Desde que comenz\u00f3, el programa lleva atendidos a algo m\u00e1s de 600 ni\u00f1os y adolescentes. De los 351 j\u00f3venes que hab\u00edan ingresado en la fase inicial del programa (un 58,4% de ellos, v\u00edctimas de violencia f\u00edsica o sexual), dos tercios segu\u00edan participando dos a\u00f1os m\u00e1s tarde y, el 34% hab\u00eda vuelto a vivir en familia. \u201cLa capacidad de resiliencia que muestran esos ni\u00f1os es asombrosa\u201d, comenta Scivoletto.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nLOPES, C. S. <em>et al<\/em>. Erica: <a href=\"http:\/\/www.scielosp.org\/article_plus.php?pid=S0034-89102016000100308&amp;tlng=pt&amp;lng=en\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Prevalence of common mental disorders in Brazilian adolescents<\/a>. <strong>Revista de Sa\u00fade P\u00fablica<\/strong>. v. 50, p. 1-14s. 2016.<br \/>\nPAULA, C. S. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1516-44462015000200178\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Prevalence of psychiatric disorders among children and adolescents from four Brazilian regions<\/a>. <strong>Revista Brasileira de Psiquiatria.<\/strong> abr\/ jun de 2015.<br \/>\nTEICHER, M. H. y SAMSON, J. A. <a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1111\/jcpp.12507\/abstract;jsessionid=3E61EA419308A26AE10F94337AF43296.f02t01\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Enduring neurobiological effects of childhood abuse and neglect<\/a>. <strong>Journal of Child Psychology and Psychiatry<\/strong>. v. 57 (3), p. 241-66. 2016.<br \/>\nMARQUES, A. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/journal.frontiersin.org\/article\/10.3389\/fpsyt.2015.00102\/full\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Community-based global health program for maltreated children and adolescents in Brazil: The Equilibrium Program<\/a>. <strong>Frontiers in Psychiatry. <\/strong>jul. 2015.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un tercio de los adolescentes brasile\u00f1os presenta padecimiento ps\u00edquico","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[327,329],"coauthors":[105],"class_list":["post-248203","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-psiquiatria-es","tag-salud-publica"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/248203","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=248203"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/248203\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=248203"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=248203"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=248203"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=248203"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}