{"id":254893,"date":"2018-04-12T14:54:41","date_gmt":"2018-04-12T17:54:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=254893\/"},"modified":"2018-04-12T15:30:08","modified_gmt":"2018-04-12T18:30:08","slug":"epidemiologia-retroactiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/epidemiologia-retroactiva\/","title":{"rendered":"Epidemiolog\u00eda retroactiva"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_254894\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-254894 size-medium\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-1-300x208.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"208\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Guilherme Becker\/ Unesp  <\/span><\/a> Espec\u00edmenes en la colecci\u00f3n de la Unicamp<span class=\"media-credits\">Guilherme Becker\/ Unesp  <\/span><\/p><\/div>\n<p>En la d\u00e9cada de 1980, una amplia mortandad de sapos dej\u00f3 su impronta en algunas regiones brasile\u00f1as sin que nadie descubriera el motivo de ello. De las especies en cuesti\u00f3n, algunas se volvieron raras, otras desaparecieron en un lugar, o en todos definitivamente. \u201cEstimamos que al menos 65 especies se vieron afectadas, lo que condujo a 49 extinciones locales y a la desaparici\u00f3n de 15 especies\u201d, calcula el bi\u00f3logo Lu\u00eds Felipe Toledo, docente de la Universidad de Campinas (Unicamp). El escenario de este desastre anfibio fue fundamentalmente el fragmento del Bosque Atl\u00e1ntico situado entre los estados de Paran\u00e1 y Esp\u00edrito Santo, e incluy\u00f3 \u00e1reas en donde la selva se encuentra intacta, tales como la Estaci\u00f3n Biol\u00f3gica de Boraceia y el Parque Nacional de Itatiaia. A primera vista, qued\u00f3 excluido el villano habitual (el desmonte) de la lista de sospechosos. Casi 40 a\u00f1os despu\u00e9s, un tr\u00edo de bi\u00f3logos que incluye a Toledo apunta al hongo <em>Batrachochytrium dendrobatidis<\/em>, el qu\u00edtridio de los anfibios, como el asesino, en un art\u00edculo publicado en febrero en la revista <em>Proceedings of the Royal Society B<\/em>.<\/p>\n<p>Esta conclusi\u00f3n requiri\u00f3 de la paciencia y la persistencia de la bi\u00f3loga Tamilie Carvalho durante su maestr\u00eda, dirigida por Toledo. En el transcurso de medio a\u00f1o, la investigadora recorri\u00f3 10 museos de zoolog\u00eda situados en seis estados brasile\u00f1os, en los cuales no tuvo tiempo para hacer turismo. \u201cPr\u00e1cticamente dorm\u00eda en el museo, respirando formol\u201d, bromea. Y no es para menos: durante ese lapso de tiempo, Carvalho examin\u00f3 con lupa la boca de 33 mil renacuajos almacenados en frascos de formol. Y fue aprendiendo trucos tendientes a agilizar el trabajo y respirar menos los gases que causan n\u00e1usea: pasar el renacuajo por agua y depositarlo sobre un papel absorbente debajo de la lupa, despu\u00e9s presionar levemente la boca del animal con una pinza, de manera tal de observar las estructuras ricas en queratina, la prote\u00edna a la que el hongo ataca. Con esa pr\u00e1ctica adquirida, lleg\u00f3 a examinar un renacuajo por minuto, m\u00e1s o menos. Aparentemente \u00e9sa es la manera m\u00e1s r\u00e1pida y barata de diagnosticar la infecci\u00f3n por el qu\u00edtrido, que blanquea los dent\u00edculos, normalmente negros. \u201cAnalic\u00e9 renacuajos de 13 familias distintas; siempre deb\u00eda estudiar la morfolog\u00eda sana para saber si las manchas pod\u00edan ser normales\u201d, comenta Carvalho. Nunca lo eran.<\/p>\n<p>La concentraci\u00f3n de los diagn\u00f3sticos de renacuajos almacenados en museos y no en sapos adultos fue una de las diferencias de este estudio; y fue lo que le permiti\u00f3 a Carvalho llegar a lo que considera como un resultado magn\u00edfico: entender qu\u00e9 sucedi\u00f3 con las enigm\u00e1ticas declinaciones de especies de la d\u00e9cada de 1980. Los adultos, en los cuales estudios anteriores se hab\u00edan concentrado, se mueren r\u00e1pidamente cuando est\u00e1n infectados y llegan m\u00e1s raramente a los museos. Sucede que los da\u00f1os en la queratina causan en ellos anomal\u00edas en el balance h\u00eddrico que derivan en dificultades respiratorias y card\u00edacas. Los renacuajos resisten m\u00e1s, pero terminan comiendo menos y pasando por la metamorfosis con un tama\u00f1o menor. Lo importante, para los prop\u00f3sitos del estudio, es que los renacuajos infectados fueron capturados antes de que el hongo los llevase a la muerte. Por eso est\u00e1n presentes en las colecciones, lo que permite analizar la tasa de infecci\u00f3n pr\u00e1cticamente en todo Brasil, en \u00e1reas representativas de todos los biomas (<em><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/hongo.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">vea el mapa<\/a><\/em>).<\/p>\n<div id=\"attachment_254895\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-254895\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-2-300x223.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"223\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Lu\u00eds Felipe Toledo\/ Unicamp<\/span><\/a> Extinto en Boraceia, <em>Cycloramphus boraceiensis<\/em> resiste en Ilhabela<span class=\"media-credits\">Lu\u00eds Felipe Toledo\/ Unicamp<\/span><\/p><\/div>\n<p>En el estudio se analizaron animales recolectados entre 1930 y 2015, y en ese per\u00edodo se detect\u00f3 la presencia del hongo fundamentalmente en el Bosque Atl\u00e1ntico: alrededor del 17% de los renacuajos analizados en ese bioma estaban infectados, pero los casos se concentraron en las regiones sudeste y sur. Un an\u00e1lisis estad\u00edstico que abarca tiempo y espacio permiti\u00f3 detectar la coincidencia entre la presencia del qu\u00edtrido y la mayor parte de los eventos registrados de extinciones o declinaciones poblacionales, en un \u00e1rea de Bosque Atl\u00e1ntico que se extiende desde R\u00edo de Janeiro hasta Paran\u00e1, e incluye a Itatiaia, en R\u00edo de Janeiro, y Boraceia, en S\u00e3o Paulo. Para el bi\u00f3logo Guilherme Becker, investigador que realiza una pasant\u00eda posdoctoral en el campus de Rio Claro de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), y el autor m\u00e1s implicado en la parte estad\u00edstica del estudio, esta fuerte correlaci\u00f3n parece indicar que el hongo puede haber causado efectivamente esa mortandad.<\/p>\n<p>La realidad aparente en los resultados pone en duda un estudio anterior de Becker, quien en experimentos de laboratorio encontr\u00f3 indicios de que la alta biodiversidad combatir\u00eda la transmisi\u00f3n de la enfermedad (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2014\/12\/29\/el-efecto-protector-de-la-biodiversidad\/?cat=ciencia\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 226<\/em><\/a>). \u201cMientras que los experimentos indican un efecto protector de la biodiversidad, estudios de campo apuntan un mayor riesgo de enfermedades en \u00e1reas con vegetaci\u00f3n natural y alta diversidad de anfibios\u201d, explica, y hace hincapi\u00e9 en que \u00e9stas son consideraciones especulativas por ahora. Cuanto mayor es la biodiversidad, m\u00e1s intrincada es la red de relaciones ecol\u00f3gicas y mayor es la probabilidad de que los anfibios que nunca llegan cerca del agua tengan contacto con las especies acu\u00e1ticas, que transmiten la enfermedad. En los cursos de agua es donde habita el qu\u00edtrido.<\/p>\n<p><strong>Un compa\u00f1ero letal<\/strong><br \/>\nEl resultado tambi\u00e9n sorprendi\u00f3 porque el hongo est\u00e1 presente en esa \u00e1rea desde hace m\u00e1s de un siglo, a punto tal de haber sido considerado parte del ecosistema por algunos especialistas como el zo\u00f3logo C\u00e9lio Haddad, docente de la Unesp en Rio Claro (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2014\/06\/16\/conviviendo-con-el-enemigo\/?cat=ciencia\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 220<\/em><\/a>). Esta percepci\u00f3n, basada en estudios anteriores, indicaba que los anfibios brasile\u00f1os lograban sobrevivir a la enfermedad, a diferencia del exterminio registrado en otros pa\u00edses como Costa Rica.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/hongo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-254897\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/hongo-300x235.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"235\" \/><\/a>Pero lo que diferencia a Brasil no es s\u00f3lo la presunta resistencia de los anfibios. El linaje nacional del qu\u00edtrido, aparentemente exclusivo de aqu\u00ed, puede ser menos letal. Una hip\u00f3tesis indica que el responsable de las extinciones ser\u00eda un linaje especialmente virulento del qu\u00edtrido global que desembarc\u00f3 en Brasil a finales de la d\u00e9cada de 1970, quiz\u00e1 a remolque de las ranas toro importadas para su cr\u00eda en cautiverio. Y hay m\u00e1s: la cepa forastera se mezcl\u00f3 con la local. \u201cEl qu\u00edtrido es asexuado en todo el mundo\u201d, comenta Toledo. \u201cPero ac\u00e1 aparentemente logra pasar a la reproducci\u00f3n sexual y formar h\u00edbridos que pueden ser m\u00e1s agresivos.\u201d<\/p>\n<p>En experimentos preliminares, Becker apunt\u00f3 que esa mezcla exclusiva de Brasil es m\u00e1s eficaz a la hora de matar sapos. \u201cEstos animales no tienen una respuesta inmunol\u00f3gica para esa variante\u201d, explica. Una limitaci\u00f3n hasta ahora, en el momento de diagnosticar los espec\u00edmenes de los museos, consiste en que los h\u00edbridos s\u00f3lo fueron descubiertos recientemente, y a\u00fan no ha sido posible realizar la caracterizaci\u00f3n gen\u00e9tica de la epidemia de la d\u00e9cada de 1980.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Haddad, quien en 1979 ingres\u00f3 a la universidad y al a\u00f1o siguiente a la b\u00fasqueda de sapos, s\u00f3lo algunos a\u00f1os despu\u00e9s que la desaparici\u00f3n de algunas especies en Itatiaia se convirti\u00f3 en un tema. \u201cCuando fui all\u00e1, ya no lograba encontrarlos\u201d, recuerda. Especulaciones sobre las causas giraban en torno de la actividad humana, tales como una carretera o la contaminaci\u00f3n vinculada con el programa Proalcohol.<\/p>\n<div id=\"attachment_254896\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-254896\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/064-067_fungos-do-sapo_253-3-300x193.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"193\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Guilherme Becker\/ Unesp<\/span><\/a> La especie Holoaden bradei, eliminada por el qu\u00edtrido en la d\u00e9cada de 1980, viv\u00eda \u00fanicamente en Itatiaia<span class=\"media-credits\">Guilherme Becker\/ Unesp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Pero salta a la vista la posibilidad de un efecto m\u00e1s global, ya que en la d\u00e9cada de 1980, las declinaciones poblacionales tambi\u00e9n se observaron en Am\u00e9rica Central, en Am\u00e9rica del Norte y en Australia. Los cambios clim\u00e1ticos pueden estar implicados en esta ecuaci\u00f3n, lo que potencia la presencia del hongo. \u201cEl gr\u00e1fico de la temperatura media mundial muestra un lento <em>crescendo<\/em> hasta 1979, cuando experiment\u00f3 un gran salto\u201d, acota Becker. Su hip\u00f3tesis indica que los sapos habitantes de zonas elevadas, los m\u00e1s afectados por el qu\u00edtrido, tienen una capacidad de adaptaci\u00f3n peque\u00f1a a los cambios de temperatura. \u201cEsos anfibios est\u00e1n adaptados a climas constantemente m\u00e1s fr\u00edos\u201d. El investigador ahora ha empezado a realizar experimentos con animales provenientes de distintas alturas para ver c\u00f3mo responden a la infecci\u00f3n a diferentes temperaturas.<\/p>\n<p>El estudio indica que lo crucial en Brasil no es la presencia o la ausencia del hongo. \u201cEn los otros pa\u00edses los sapos mueren cuando llega el qu\u00edtrido\u201d, dice Toledo. \u201cAc\u00e1, mueren cuando aumenta la prevalencia\u201d. O algo cambia, y por eso es necesario monitorear las \u00e1reas en donde existe. Hasta cierto punto, el estudio de Carvalho, Becker y Toledo corrobora factores de riesgo que ya se conoc\u00edan con respecto a esta enfermedad: \u00e1reas de altura con topograf\u00eda compleja, lluviosas y de temperaturas frescas. Pero resta investigar si otros factores, tales como la contaminaci\u00f3n o el desmonte, aumentan la vulnerabilidad de los anfibios y, por ende, su mortalidad. \u201cDebemos estudiar variables que permitan prever la presencia del qu\u00edtrido\u201d, planea el bi\u00f3logo de la Unicamp. \u201cLas implicaciones de los resultados son enormes para la conservaci\u00f3n de los anfibios brasile\u00f1os\u201d, a\u00f1ade Becker. \u201cAhora sabemos que el hongo puede volver a amenazar nuestra biodiversidad, tal como sucedi\u00f3 en la d\u00e9cada de 1980.\u201d<\/p>\n<p>Carvalho, quien ha empezado su doctorado en la Unicamp, est\u00e1 intentando justamente develar los factores y los mecanismos de esa vulnerabilidad al hongo. Para la investigadora, este estudio va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la enfermedad y de los sapos. Se trata de valerse de la enfermedad para entender ciertos mecanismos ecol\u00f3gicos. Para confirmar las extinciones, Haddad participa en un proyecto que apunta a analizar el ADN extra\u00eddo de los r\u00edos. \u201cPuede ser que no encontremos a los sapos por incapacidad nuestra, pero, si existen, su ADN est\u00e1 en el agua\u201d, afirma.<\/p>\n<p><strong>Proyecto<\/strong><br \/>\nComunicaci\u00f3n y sistemas sensoriales en anuros del Bosque Atl\u00e1ntico (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/89069\/comunicacao-e-sistemas-sensoriais-em-anuros-da-mata-atlantica\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00ba 14\/23388-7<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Ayuda a la Investigaci\u00f3n \u2013 Regular; <strong>Investigador responsable<\/strong> Lu\u00eds Felipe Toledo (Unicamp); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 139.637,65<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nCARVALHO, T. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/rspb.royalsocietypublishing.org\/content\/284\/1848\/20162254\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Historical amphibian declines and extinctions in Brazil linked to chytridiomycosis<\/a>. <strong>Proceedings of the Royal Society B<\/strong>. v. 284, n. 1848. 8 feb. 2017.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un estudio se responsabiliza a un hongo por la mortalidad de sapos","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[298,335],"coauthors":[1601],"class_list":["post-254893","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-epidemiologia-es","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/254893","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=254893"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/254893\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=254893"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=254893"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=254893"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=254893"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}