{"id":255364,"date":"2018-05-07T18:03:13","date_gmt":"2018-05-07T21:03:13","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=255364\/"},"modified":"2018-05-07T18:03:13","modified_gmt":"2018-05-07T21:03:13","slug":"dra-fraude-se-candidatea-para-una-vacante-editorial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/dra-fraude-se-candidatea-para-una-vacante-editorial\/","title":{"rendered":"\u201cDra. Fraude\u201d se candidatea para una vacante editorial"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/008_boas-praticas_254-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-255366\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/008_boas-praticas_254-1-300x160.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"160\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Veridiana Scarpelli<\/span><\/a>Los representantes de los consejos editoriales de 360 revistas cient\u00edficas de acceso abierto recibieron en 2015 un correo electr\u00f3nico de una tal Anna Olga Szust, una joven docente del Instituto de Filosof\u00eda de la Universidad Adam Mickiewicz, en Polonia. En el mensaje, \u00e9sta se ofrec\u00eda a actuar como editora de las publicaciones, aunque aportaba escasas credenciales acad\u00e9micas: en su curr\u00edculo tan s\u00f3lo hab\u00eda algunos trabajos que hab\u00eda presentado en conferencias y un cap\u00edtulo de un libro, cuyo t\u00edtulo suger\u00eda que las mujeres j\u00f3venes nacidas en la primavera ser\u00edan m\u00e1s atractivas que las otras. En poco tiempo tuvo respuesta. Anna Szust fue aceptada como editora por 48 peri\u00f3dicos y cuatro llegaron a invitarla a asumir el puesto de editora en jefe \u201csin responsabilidades\u201d, tal como redact\u00f3 uno de los interlocutores. Tambi\u00e9n recibi\u00f3 un ofrecimiento para colaborar en la creaci\u00f3n de una nueva revista.<\/p>\n<p>La facilidad con la cual la inexperta e ignota docente recibi\u00f3 atenci\u00f3n de por s\u00ed ser\u00eda grave. Sin embargo, el caso revela algo mucho peor: Anna Olga Szust no existe. La inicial de su segundo nombre y el apellido, juntos, forman la palabra polaca <em>oszust<\/em>, que puede traducirse como timador o tramposo. El personaje fue creado por investigadores de universidades de Polonia, Alemania y el Reino Unido, quienes la apodaron como \u201cDra. Fraude\u201d, en una investigaci\u00f3n sobre el modo de operar de aquellas revistas denominadas depredadoras, tal como se conoce a las publicaciones que divulgan <em>papers<\/em> sin someterlos a una genuina revisi\u00f3n por pares, en las que basta con pagar para que un art\u00edculo salga publicado.<\/p>\n<p>\u201cSzust fue creada justamente para ser una p\u00e9sima opci\u00f3n como editora\u201d, le dijo Katarzyna Pisanski, docente de la Escuela de Psicolog\u00eda de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido, a la revista <em>The New Yorker<\/em>. Pisanski es una de las organizadoras del test, coordinado por Piotr Sorokowski, investigador de la Universidad de Wroclaw, en Polonia. El grupo public\u00f3 en marzo un art\u00edculo en la revista <em>Nature<\/em> narrando la experiencia, pero sin revelar el nombre de las revistas. La frecuencia con la cual los investigadores reciben invitaciones por <em>e-mail<\/em> incluso para integrar el cuerpo editorial de peri\u00f3dicos fuera de su \u00e1rea de especializaci\u00f3n motiv\u00f3 al grupo a averiguar en qu\u00e9 se fallaba en cuanto a la forma de reclutamiento. Los correos electr\u00f3nicos firmados por la \u201cDra. Fraude\u201d fueron enviados a 360 peri\u00f3dicos escogidos en forma aleatoria, parte de ellos indexados en el <em>Journal of Citation Reports <\/em>(<em>JCR<\/em>), ligado al Web of Knowledge, y otra parte en el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (Doaj, en ingl\u00e9s). Tambi\u00e9n sirvi\u00f3 como base una lista de revistas de acceso abierto bajo sospecha, compiladas por investigadores de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos.<\/p>\n<p>Ninguna de las revistas indexadas en <em>JCR<\/em> respondi\u00f3 al <em>e-mail<\/em>. El estudio revela que, entre los peri\u00f3dicos que respondieron al mensaje, pocos le cuestionaron a Anna O. Szust su experiencia. Y ninguno de ellos siquiera hizo el intento de contactarse con la instituci\u00f3n con la cual manten\u00eda un v\u00ednculo la falsa investigadora. El curr\u00edculo de la \u201cDra. Fraude\u201d fue construido esmeradamente por los autores del estudio. El correo electr\u00f3nico consignaba sus intereses acad\u00e9micos, entre los que figuraban historia de la ciencia y ciencias cognitivas, direcci\u00f3n electr\u00f3nica, una fotograf\u00eda y un enlace a su p\u00e1gina hospedada en el sitio web de la Universidad Adam Mickiewicz. Tambi\u00e9n se crearon cuentas en redes sociales, tales como Google+, Twitter y Academia.edu. Al menos una docena de revistas condicionaron la designaci\u00f3n de Szust como editora a alguna forma de pago o aporte. En algunos casos, se le exigi\u00f3 el pago de una tarifa. Un peri\u00f3dico lleg\u00f3 a cobrar 750 d\u00f3lares, y luego redujo el pago a \u201ctan s\u00f3lo 650 d\u00f3lares\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/008-010_boas-praticas_254-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-255367\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/008-010_boas-praticas_254-2-300x253.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"253\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Veridiana Scarpelli<\/span><\/a>Otros peri\u00f3dicos le pidieron al personaje que organizara una conferencia y le informaron que los trabajos remitidos al evento ser\u00edan publicados siempre que los autores pagaran una tasa. Un editor lleg\u00f3 a sugerir repartirse las ganancias: un 60% para la revista y un 40 % para Szust. Seg\u00fan la investigaci\u00f3n, de las ocho revistas del Doaj que aceptaron a Anna Szust como editora, seis a\u00fan figuran en ese directorio.<\/p>\n<p>No sale barato publicar en una revista de acceso abierto prestigiosa. Las revistas de Public Library of Science (<em>PLOS<\/em>), por ejemplo, llegan a cobrar de 1.495 a 2.900 d\u00f3lares para publicar un art\u00edculo. \u201cEn tanto, las revistas depredadoras cobran mucho menos, entre 100 y 400 d\u00f3lares\u201d, dijo Jeffrey Beall, bibliotecario de la Universidad de Colorado y creador de una lista de publicaciones predatorias utilizadas en el estudio en una entrevista concedida al peri\u00f3dico <em>The New York Times<\/em>. Seg\u00fan analiza Beall, la responsabilidad no debe recaer solamente sobre los editores depredadores, pues la mayor\u00eda de los investigadores que pagan para publicar en revistas de bajo nivel saben exactamente lo que est\u00e1n haciendo. \u201cCreo que hay innumerables investigadores que consiguen empleo o promociones vali\u00e9ndose de art\u00edculos que publican en esa clase de revistas, consignando esa producci\u00f3n cient\u00edfica como parte de sus credenciales acad\u00e9micas\u201d, critic\u00f3.<\/p>\n<p>El director de la editorial Oxford University Press, David Crotty, coincide en que\u00a0 las revistas depredadoras se tornaron m\u00e1s presentes porque satisfacen una necesidad del mercado. \u201cLos editores predatorios de hecho act\u00faan en forma deshonesta y tramposa, pero al mismo tiempo atienden al deseo de algunos autores de enga\u00f1ar a los encargados de evaluar su desempe\u00f1o\u201d, escribi\u00f3 Crotty en un art\u00edculo publicado en febrero en el portal The Scholarly Kitchen. Mientras que aquellos peri\u00f3dicos cient\u00edficos considerados leg\u00edtimos, los cuales se basan en la revisi\u00f3n por pares, suelen demorar meses o incluso m\u00e1s de un a\u00f1o para analizar y aceptar o rechazar un art\u00edculo para publicaci\u00f3n, las revistas depredadoras reducen ese lapso a unas pocas semanas, al adoptar un sistema de selecci\u00f3n d\u00e9bil o inexistente.<\/p>\n<p>Algunas instituciones empiezan a proponer medidas para desalentar el avance de las revistas depredadoras. La Asociaci\u00f3n Mundial de Editores M\u00e9dicos (Wame, en ingl\u00e9s) divulg\u00f3 el 18 de febrero una advertencia en la cual afirma que las instituciones cient\u00edficas y centros de investigaci\u00f3n deben comenzar a monitorear a aquellos investigadores que se desempe\u00f1an como editores o miembros del consejo editorial de publicaciones bajo sospecha. Como medida punitiva, les sugiere a las instituciones su apartamiento. Un estudio recientemente publicado en la revista <em>BMC Medicine<\/em> tambi\u00e9n destac\u00f3 la necesidad de que las organizaciones cient\u00edficas y educativas sean m\u00e1s r\u00edgidas con aquellos investigadores que avalan las pr\u00e1cticas de las publicaciones depredadoras. En ese estudio, los autores, entre los que figura Virginia Barbour, presidenta del Committee on Publication Ethics (Cope), llaman la atenci\u00f3n sobre los peligros de la actividad de esas revistas en el \u00e1rea m\u00e9dica. \u201cCuando no se la somete al an\u00e1lisis riguroso de la revisi\u00f3n por pares, la investigaci\u00f3n cl\u00ednica de baja calidad puede que vea incluidos sus resultados, por ejemplo, en un trabajo de revisi\u00f3n, contaminando el registro cient\u00edfico. En biomedicina, esto podr\u00eda derivar en da\u00f1os a los pacientes\u201d, concluye el estudio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"48 publicaciones aceptaron a un personaje ficticio en su cuerpo editorial","protected":false},"author":475,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[178],"tags":[299],"coauthors":[785],"class_list":["post-255364","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-buenas-practicas","tag-etica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/255364","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/475"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=255364"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/255364\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=255364"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=255364"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=255364"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=255364"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}