{"id":298878,"date":"2019-07-30T18:18:50","date_gmt":"2019-07-30T21:18:50","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=298878"},"modified":"2019-07-30T18:18:50","modified_gmt":"2019-07-30T21:18:50","slug":"entre-el-agua-y-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/entre-el-agua-y-la-tierra\/","title":{"rendered":"Entre el agua y la tierra"},"content":{"rendered":"<p>Las lluvias y crecientes no parecen causar problemas en el Pantanal, el humedal que se caracteriza por sus extensas \u00e1reas inundadas repletas de plantas y animales adaptados al agua, tales como los yacar\u00e9s, jabir\u00faes, nutrias o lobitos de r\u00edo, alciones (mart\u00edn pescadores), pira\u00f1as, y plantas como el cambar\u00e1 y aguap\u00e9 (camalote), sin dejar de mencionar al ganado y los caballos. Pero no ser\u00eda tan as\u00ed, seg\u00fan el bi\u00f3logo Ivan Bergier, de la estatal Empresa Brasile\u00f1a de Investigaci\u00f3n Agropecuaria (Embrapa) Pantanal. \u201cLas lluvias de verano se est\u00e1n concentrando en menos d\u00edas\u201d, dice. Esto puede incidir en el curso de los r\u00edos de la llanura, a los que \u00e9l califica como rebeldes que se desbordan cuando se rompen los diques costeros. El efecto de esta din\u00e1mica sobre los animales del humedal a\u00fan debe estudiarse, pero algunas investigaciones ya apuntan posibles consecuencias.<\/p>\n<p>Bergier evalu\u00f3 las lluvias registradas entre 1925 y 2016 y verific\u00f3 que la cantidad de precipitaciones no revela una tendencia al aumento o a la disminuci\u00f3n, seg\u00fan un art\u00edculo que sali\u00f3 publicado este a\u00f1o en la revista <em>Science of the Total Environment<\/em>. Pese a la variaci\u00f3n entre un a\u00f1o y otro o entre d\u00e9cadas, el promedio del volumen de lluvias de verano se mantiene en un rango algo superior a los 600 mil\u00edmetros (mm) anuales. El problema radica en que la cifra promedio de d\u00edas lluviosos est\u00e1 disminuyendo: alrededor de 43 d\u00edas en 1925, y 32 en 2016. Como consecuencia de ello, el \u00edndice promedio de precipitaciones en esos d\u00edas pas\u00f3 de 14 mm diarios al comienzo del per\u00edodo estudiado a 19 mm diarios al final de ese lapso. Esto significa que las lluvias cada vez m\u00e1s torrenciales se est\u00e1n tornando frecuentes y podr\u00edan arrastrar un volumen mayor de sedimentos desde el macizo central, donde se encuentran las cabeceras de los r\u00edos, hasta la llanura aluvial, soterrando los cursos de agua que fluyen por hondonadas poco profundas formadas por las barreras de sedimentos erigidas por los propios r\u00edos. Esos diques costeros naturales corren un mayor riesgo de romperse ante la combinaci\u00f3n de los sedimentos acumulados y las lluvias torrenciales, inundando por extensos per\u00edodos \u00e1reas que antes eran humedales solamente durante la estaci\u00f3n lluviosa. Un ejemplo de dicho proceso emerge del trabajo del grupo liderado por el ge\u00f3logo Mario Assine, del campus de Rio Claro de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), que revela <a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2015\/01\/19\/rios-con-voluntad-propia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">c\u00f3mo el curso del r\u00edo Taquari forma abanicos fluviales que cambian con el curso del tiempo<\/a>.<\/p>\n<div id=\"attachment_298895\" style=\"max-width: 1210px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-298895 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"780\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265.jpg 1200w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265-250x163.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265-700x455.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal03_265-120x78.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/a> El s\u00e1balo es una de las especies que forman card\u00famenes para remontar los cursos de los r\u00edos en la piracema<span class=\"media-credits\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Entre los meses de diciembre y marzo, cuando las lluvias dejan la llanura aluvial anegada, el riesgo de inundaciones mayores puede hacer inviable la cr\u00eda de ganado de corte en la regi\u00f3n. La cantidad de sedimentos que transportan los r\u00edos se incrementa con el mal uso del suelo en la meseta, dice el ge\u00f3logo. <a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2012\/02\/26\/a-carne-da-floresta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">La inversi\u00f3n en sistemas agroforestales, que reinsertan los \u00e1rboles en el ambiente de cr\u00eda del ganado, podr\u00eda colaborar para mitigar las consecuencias de las lluvias profusas<\/a>. Bergier advierte que las sequ\u00edas de invierno podr\u00edan ser m\u00e1s extensas, entrecortadas por algunos aguaceros.<\/p>\n<p><strong>El agua que viene de lejos<\/strong><br \/>\nEn el estudio publicado este a\u00f1o, Bergier repar\u00f3 en una fuerte correlaci\u00f3n entre los aumentos de temperatura y los mayores \u00edndices de precipitaciones en los d\u00edas lluviosos. Y la tendencia es que cada vez haga m\u00e1s calor, seg\u00fan apunta un estudio del grupo del climat\u00f3logo Jos\u00e9 Marengo, del Centro de Estudios de Desastres Naturales, que fue publicado en 2016, como un cap\u00edtulo del libro intitulado <em>Dynamics of the Pantanal wetland in South America<\/em>, editado por Bergier y Assine. Las estimaciones, que se basan en los modelos clim\u00e1ticos globales del Panel Intergubernamental sobre Cambios Clim\u00e1ticos (IPCC, seg\u00fan su sigla en ingl\u00e9s) de 2014, indican que las temperaturas promedio del Pantanal podr\u00edan aumentar entre 2 grados Celsius (\u00baC) y 3 \u00baC para 2040, y 6 \u00baC hacia fines de siglo.<\/p>\n<blockquote><p>Las lluvias cada vez m\u00e1s torrenciales se est\u00e1n tornando frecuentes y pueden arrastrar sedimentos desde la meseta<\/p><\/blockquote>\n<p>\u201cEn 2016 todav\u00eda no se hab\u00eda determinado una conexi\u00f3n entre las lluvias del Pantanal y las de la Amazonia\u201d, advierte Bergier. \u00c9l explica que, lejos de ser un fen\u00f3meno local, el incremento de las lluvias torrenciales \u2013tal como se observ\u00f3 en las d\u00e9cadas de 1970 y 1980\u2013 se encuentra asociado a ciertas alteraciones en la circulaci\u00f3n atmosf\u00e9rica, en parte inducidas por el aumento de la temperatura media del planeta. Los resultados indican que buena parte del agua que cae en el Pantanal proviene de la Amazonia y, por lo tanto, se encuentra sujeta a los cambios que se producen en la inmensa selva. \u201cEl \u2018lago volador\u2019 que despega de la Amazonia desciende con m\u00e1s violencia en el Pantanal cuando los vientos son m\u00e1s lentos\u201d, explica. \u201cCuando la velocidad de transporte de la humedad por la atm\u00f3sfera es mayor, las lluvias tienden a producirse m\u00e1s hacia el sur del continente\u201d. Las observaciones y estudios reafirman, por lo tanto, que <a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2014\/12\/29\/la-danza-de-la-lluvia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">el desmonte y las sequ\u00edas en la Amazonia reducen el volumen de agua exportada hacia otras regiones<\/a>.<\/p>\n<p><strong>Los r\u00edos no est\u00e1n para peces<\/strong><br \/>\nLas consecuencias de esa alteraci\u00f3n en la vida del Pantanal, el bioma brasile\u00f1o al que se considera mejor preservado, con alrededor de un 80% de su vegetaci\u00f3n original en pie, a\u00fan no se han dimensionado. El bi\u00f3logo Jos\u00e9 Sabino, de la Universidad Uniderp, en Campo Grande, Mato Grosso do Sul, ha observado a los peces. \u201cDurante el a\u00f1o pasado fui testigo en dos oportunidades, de unas manchas de 1 kil\u00f3metro [km] de extensi\u00f3n en donde el r\u00edo parec\u00eda hervir\u201d, relata. \u201cSe trataba de miles de peces varados, sin que pudieran avanzar, a semejanza de un gran embotellamiento\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_298891\" style=\"max-width: 1310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-298891 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265.jpg\" alt=\"\" width=\"1300\" height=\"975\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265.jpg 1300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265-250x188.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265-700x525.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal02_265-120x90.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1300px) 100vw, 1300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/a> Banhado do Formoso: la selva ribere\u00f1a ayuda a retener el suelo<span class=\"media-credits\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Un temporal fuera de \u00e9poca hab\u00eda dado una se\u00f1al equivocada para la <em>piracema<\/em>, tal como se denomina en Brasil a las migraciones reproductivas en las cuales los peces pueden llegar a recorrer 300 km hasta las cabeceras de los r\u00edos donde desovan. Bajo el est\u00edmulo de las lluvias torrenciales, cada a\u00f1o, dorados, piraputangas, s\u00e1balos, bogas y otros peces\u00a0 migratorios dan comienzo a esa traves\u00eda. Con lluvias regulares, avanzan por r\u00edos caudalosos que les permiten hacer ese recorrido. Una vez en el macizo central, acontece la reproducci\u00f3n y, a continuaci\u00f3n, los peces vuelven r\u00edo abajo. \u201cLa llanura y las cabeceras de los r\u00edos tienen que estar conectadas\u201d, concluye.<\/p>\n<p>Ocurre que, al acumularse material en los cauces de los r\u00edos como consecuencia del flujo excesivo de sedimentos a causa de las lluvias torrenciales, eso no est\u00e1 garantizado. Y los problemas no concluyen ah\u00ed. \u201cEl sedimento fino tiene consecuencias devastadoras, se infiltra en los r\u00edos y ocupa los espacios donde habitan peque\u00f1os invertebrados, larvas de insectos y crust\u00e1ceos\u201d, explica Sabino. Sin esos invertebrados, muchos de los peces se quedan sin su men\u00fa habitual. \u201cEs lo mismo que pavimentar una huerta: genera un ambiente adverso para la biota\u201d. Seg\u00fan el investigador, no existen registros de eventos clim\u00e1ticos extremos del pasado asociados con las migraciones ni datos sistem\u00e1ticos que muestren c\u00f3mo puede llegar a influir eso en la periodicidad de la <em>piracema<\/em>.<\/p>\n<div id=\"attachment_298899\" style=\"max-width: 810px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-298899 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"516\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265.jpg 800w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265-250x161.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265-700x452.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal04_265-120x77.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jo\u00e3o Alexandrino\/Unifesp  <\/span><\/a> El jabir\u00fa, un ave emblem\u00e1tica del Pantanal, depende de las \u00e1reas anegadas para vivir<span class=\"media-credits\">Jo\u00e3o Alexandrino\/Unifesp  <\/span><\/p><\/div>\n<p>En esa regi\u00f3n, los vaivenes naturales se suman a los fen\u00f3menos acelerados por las modificaciones humanas del h\u00e1bitat y por los cambios clim\u00e1ticos. En los \u00faltimos 30 a\u00f1os, el bi\u00f3logo Guilherme Mour\u00e3o, de Embrapa Pantanal, ha monitoreado la fauna del Pantanal, principalmente <a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2019\/06\/26\/lagunas-modeladas-por-el-tiempo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">en la regi\u00f3n colmada de lagunas a la cual se conoce con el nombre de Nhecol\u00e2ndia<\/a>, cerca del municipio de Corumb\u00e1. Mour\u00e3o comenz\u00f3 con peces, pero verific\u00f3 que las alteraciones en las \u00e1reas inundadas afectan a un amplio abanico de especies.<\/p>\n<p>Una de ellas es de las m\u00e1s emblem\u00e1ticas, el jabir\u00fa (<em>Jabiru mycteria<\/em>). Mour\u00e3o y otros colaboradores apelaron a los conteos de sus nidos, efectuados durante reconocimientos a\u00e9reos entre 1991 y 2004, para desarrollar un modelo matem\u00e1tico relacionado con el n\u00famero de nidos y el alcance de las inundaciones. Los resultados, que se publicaron en 2010, en la revista <em>Zoologia<\/em>, indicaron que en los per\u00edodos secos, como por ejemplo la sequ\u00eda que afect\u00f3 al Pantanal entre 1960 y 1974, la poblaci\u00f3n de esas aves sufri\u00f3 una reducci\u00f3n dr\u00e1stica, con alrededor de 220 nidos por a\u00f1o estimados en la regi\u00f3n, contra los 12.400, en promedio, de los per\u00edodos de crecientes medias. El investigador tambi\u00e9n relata la virtual desaparici\u00f3n de los yacar\u00e9s y los carpinchos de las lagunas de la finca Nhumirim, en Nhecol\u00e2ndia, durante esta \u00faltima d\u00e9cada de sequ\u00eda. Simult\u00e1neamente, aparecieron animales terrestres que no eran comunes en la regi\u00f3n, como es el caso del venado de las Pampas. De dos a\u00f1os a esta parte, los r\u00edos temporales \u2013o lodazales\u2013 volvieron a recibir agua y las lagunas se llenaron. \u201cVeremos si los animales m\u00e1s frecuentes en las \u00e1reas inundadas vuelven\u201d, dice Mour\u00e3o. Este a\u00f1o se ha mostrado especialmente lluvioso.<\/p>\n<blockquote><p>El pron\u00f3stico advierte que en 2030, alrededor del 78% del Pantanal quedar\u00e1 cubierto por plantas rastreras<\/p><\/blockquote>\n<p><strong>La vida en tierra firme<\/strong><br \/>\nEn la interfaz entre el ambiente acu\u00e1tico y el terrestre son de gran importancia las selvas en galer\u00eda o selvas ribere\u00f1as, a lo largo de los r\u00edos, que ayudan a fijar el sedimento y aportan parte del alimento que consumen los peces, como son los frutos que dejan caer los monos. En una regi\u00f3n en donde el turismo ecol\u00f3gico y la explotaci\u00f3n agropecuaria marchan a la par como actividades econ\u00f3micas, no deben descuidarse las buenas pr\u00e1cticas en el uso del suelo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la vegetaci\u00f3n se est\u00e1 perdiendo, seg\u00fan apunta un art\u00edculo publicado este a\u00f1o por la ingeniera ambiental Ciomara Miranda, del Instituto Federal de Mato Grosso do Sul, en la localidad de Aquidauana. La investigadora analiz\u00f3 im\u00e1genes obtenidas por sat\u00e9lite en 2000, 2008 y 2015, tomadas siempre durante el mes de agosto, en el curso de la estaci\u00f3n seca, que abarcaron la totalidad de los casi 140 mil km<sup>2<\/sup> del Pantanal brasile\u00f1o. A lo largo de esos a\u00f1os, la cobertura rastrera se increment\u00f3 de un 58% a un 72% de la superficie del Pantanal, mientras que la vegetaci\u00f3n densa se redujo de un 37% a un 21%. Ese cambio refleja la tal y sustituci\u00f3n de la selva por pasturas, que profundizan la pr\u00e1ctica de la ganader\u00eda que ya es tradicional en la regi\u00f3n desde hace tres siglos. Si esa tendencia se mantiene, el pron\u00f3stico es que para 2030 alrededor del 78% del pantanal estar\u00e1 cubierto por plantas rastreras y la selva densa resista solamente en un 14% de toda su extensi\u00f3n.<\/p>\n<div id=\"attachment_298907\" style=\"max-width: 1510px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-298907 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265.jpg\" alt=\"\" width=\"1500\" height=\"1004\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265.jpg 1500w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265-250x167.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265-700x469.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal06_265-120x80.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/a> En el verano, durante la \u00e9poca de lluvias, las llanuras aluviales permanecen inundadas durante algunos meses<span class=\"media-credits\">Jos\u00e9 Sabino\/Uniderp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los cambios como esos resultan problem\u00e1ticos para algunas especies nativas de all\u00ed, como en el caso de los armadillos. La bi\u00f3loga Nina Attias, durante su doctorado en la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul y en colaboraci\u00f3n con Embrapa Pantanal, analiz\u00f3 el uso del espacio por dos especies \u2013el tat\u00fa peludo (<em>Euphractes sexcintus<\/em>) y el tat\u00fa bolita (<em>Tolypeutes matacus<\/em>)\u2013 en tres zonas del Pantanal. El primero pesa alrededor de 4 kilogramos (kg) y regula su actividad seg\u00fan la temperatura. Ya sea de noche o de d\u00eda, \u00e9l se esconde cuando la temperatura sube y espera que refresque para salir. El segundo, con 1 kg escaso de peso, se protege mediante el recurso de transformarse en una pelota similar a un bal\u00f3n de f\u00fatbol de sal\u00f3n y prefiere la noche para desplazarse discretamente y se enrolla cuando hace mucho fr\u00edo, saliendo de su refugio m\u00e1s pronto cuando fuera necesario.<\/p>\n<p>La bi\u00f3loga revel\u00f3 que las dos especies tienen un rasgo com\u00fan: la necesidad de transitar entre la vegetaci\u00f3n abierta y cerrada, dado que los armadillos presentan limitaciones para regular la temperatura de su cuerpo. El ambiente contribuye, por ende, para sus necesidades de mantenerse a temperaturas adecuadas. \u201cSi los animales no pueden escoger el h\u00e1bitat, deben ajustar los horarios de su actividad\u201d, explica. Y si la extensi\u00f3n del tiempo en el que les es posible permanecer activos se redujera demasiado, les resulta dif\u00edcil hallar alimento suficiente e incluso dedicarse a reproducirse. \u201cEso pone en riesgo su poblaci\u00f3n\u201d, advierte Attias, que se apresta a publicar los resultados de su tesis doctoral en la revista <em>Animal Behaviour<\/em>.<\/p>\n<div id=\"attachment_298903\" style=\"max-width: 1510px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-298903 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265.jpg\" alt=\"\" width=\"1500\" height=\"1058\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265.jpg 1500w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265-250x176.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265-700x494.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/066_Pantanal05_265-120x85.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">3 Nina Attias\/ Instituto de Conservaci\u00f3n de la Fauna Silvestre<\/span><\/a> Habitante habitual de la planicie, el tat\u00fa peludo evita salir cuando hace mucho calor<span class=\"media-credits\">3 Nina Attias\/ Instituto de Conservaci\u00f3n de la Fauna Silvestre<\/span><\/p><\/div>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de necesitar la selva, el tat\u00fa bolita, que no sabe nadar, tambi\u00e9n es sensible a las alteraciones en el est\u00e1ndar de inundaciones y del ancho de los r\u00edos. De acuerdo con Attias, esta especie podr\u00eda haber desaparecido de Nhecol\u00e2ndia durante las grandes inundaciones que sobrevinieron despu\u00e9s de 1974 y durante la d\u00e9cada posterior. \u201cAquello que estamos observando para los armadillos ser\u00e1 algo habitual para otras especies de mam\u00edferos cuando se produzcan eventos clim\u00e1ticos m\u00e1s extremos\u201d, anticipa. \u201cLos animales necesitan de todos los microclimas para garantizar su movilidad y su actividad\u201d.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Proyecto<\/strong><br \/>\nAlteraciones paleo-hidrol\u00f3gicas, cronolog\u00eda de eventos y din\u00e1mica sedimentaria en el cuaternario en la cuenca del Pantanal (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/87027\/mudancas-paleo-hidrologicas-cronologia-de-eventos-e-dinamica-sedimentar-no-quaternario-da-bacia-do\/?q=14\/06889-2\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00ba 14\/06889-2<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Ayuda a la Investigaci\u00f3n \u2013 Regular; <strong>Investigador responsable<\/strong> Mario Luis Assine (Unesp); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 253.715,39<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/strong><br \/>\nALHO, C. J. R. e SABINO, J. <a href=\"https:\/\/revistas.ufrj.br\/index.php\/oa\/article\/view\/8249\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Seasonal pantanal flood pulse: implications for biodiversity conservation &#8211; a review.<\/a> <strong>Oecologia Australis<\/strong>. v. 16, n. 4, p. 958-78. 2012.<br \/>\nATTIAS, N.<em> et al.<\/em> Effects of air temperature on habitat selection and activity patterns of two tropical imperfect homeotherms. <strong>Animal Behaviour<\/strong>. No prelo.<br \/>\nBERGIER, I.<em> et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0048969717332229\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Amazon rainforest modulation of water security in the Pantanal wetland<\/a>. <strong>Science of the Total Environment<\/strong>. v. 619-620, p. 1116-25. 1 abr. 2018.<br \/>\nMARENGO, J. A.<em> et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.springer.com\/br\/book\/9783319187341\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Climate Change Scenarios in the Pantanal. Dynamics of the Pantanal Wetland in South America (Bergier, I. e Assine, M. L., eds.)<\/a>. <strong>Springer<\/strong>. p. 227-38. 2016.<br \/>\nMIRANDA, C. de S. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?pid=S1676-06032018000100202&amp;script=sci_arttext\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Changes in vegetation cover of the Pantanal wetland detected by Vegetation Index: a strategy for conservation<\/a>. <strong>Biota Neotropica<\/strong>. v. 18, n. 1, e20160297. 8 jan. 2018.<br \/>\nMOUR\u00c3O, G. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1984-46702010000500012\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">How much can the number of jabiru stork (Ciconiidae) nests vary due to change of flood extension in a large Neotropical floodplain?<\/a> <strong>Zoologia<\/strong>. v. 27, n. 5, p. 751-6. out. 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La tendencia a que se produzcan lluvias m\u00e1s torrenciales puede alterar el curso de los r\u00edos y \u00e1reas anegadas del Pantanal","protected":false},"author":3,"featured_media":298887,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[286,293,309,269],"coauthors":[1601],"class_list":["post-298878","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-clima-es","tag-ecologia-es","tag-geologia-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298878","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=298878"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298878\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":298913,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/298878\/revisions\/298913"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/298887"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=298878"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=298878"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=298878"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=298878"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}