{"id":304419,"date":"2019-10-09T17:19:07","date_gmt":"2019-10-09T20:19:07","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=304419"},"modified":"2019-10-09T17:19:07","modified_gmt":"2019-10-09T20:19:07","slug":"las-memorias-que-el-fuego-no-pudo-arrasar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-memorias-que-el-fuego-no-pudo-arrasar\/","title":{"rendered":"Las memorias que el fuego no pudo arrasar"},"content":{"rendered":"<p>En visita a la Academia de Ciencia de Par\u00eds, en Francia, a mediados de 1886, el emperador brasile\u00f1o Pedro II se enter\u00f3 de la existencia de un gran meteorito en el lecho de un riacho situado en el interior de Bah\u00eda. La roca hab\u00eda sido hallada en 1784 por un chico llamado Joaquim da Motta Botelho, quien la avist\u00f3 mientras arreaba el ganado en una zona cercana al municipio de Monte Santo. Esa historia hab\u00eda llegado a los o\u00eddos de Rodrigo Jos\u00e9 de Meneses e Castro, gobernador de la capitan\u00eda de Bah\u00eda, quien orden\u00f3 su transporte a Salvador. La idea era ponerla en un carro tirado por varias yuntas de bueyes y as\u00ed llevarla hasta la capital bahiana. Pero la roca, con sus m\u00e1s de cinco toneladas, aplast\u00f3 a la carreta que la llevaba y rod\u00f3 hasta el lecho seco del riacho Bendeg\u00f3, a 180 metros del lugar donde se la hab\u00eda encontrado.<\/p>\n<p>El meteorito permaneci\u00f3 all\u00ed durante un siglo. Al saber de su existencia, el emperador organiz\u00f3 una comisi\u00f3n de ingenieros con el objetivo de transportarlo a R\u00edo de Janeiro. Dicha empresa result\u00f3 extremadamente compleja y se concret\u00f3 apelando al empleo de un acoplado reforzado deslizado sobre rieles y tirado por yuntas de bueyes. La marcha se extendi\u00f3 durante 126 d\u00edas. La roca lleg\u00f3 a Salvador el 22 de mayo de 1888. El 1\u00ba de junio embarc\u00f3 rumbo a Recife. Desde aquella ciudad zarp\u00f3 hac\u00eda Rio, adonde lleg\u00f3 el d\u00eda 15 de junio. Y le fue entregada al Arsenal de Marina de la Corte para su estudio. Una vez concluido ese trabajo, fue llevada al Museo Nacional, en donde permanec\u00eda expuesta junto a la puerta de entrada.<\/p>\n<div id=\"attachment_304428\" style=\"max-width: 1710px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304428 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1700\" height=\"1324\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1.jpg 1700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1-250x195.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1-700x545.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1700px-6-1-120x93.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1700px) 100vw, 1700px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Wikimedia Commons  <\/span><\/a> Ingenieros al lado del meteorito de Bendeg\u00f3, en el lecho del riacho hom\u00f3nimo. Interior de Bah\u00eda, 1887<span class=\"media-credits\">Wikimedia Commons  <\/span><\/p><\/div>\n<p>El meteorito de Bendeg\u00f3 fue uno de los objetos que resisti\u00f3 pr\u00e1cticamente intacto al incendio que destruy\u00f3 el Museo Nacional de Brasil y gran parte de sus tesoros el pasado d\u00eda 2 de septiembre. Adem\u00e1s de la roca que vino del espacio, en el transcurso de sus 200 a\u00f1os de existencia esta instituci\u00f3n cient\u00edfica brasile\u00f1a reuni\u00f3 m\u00e1s de 20 millones de objetos recolectados en misiones cient\u00edficas y los distribuy\u00f3 en colecciones que sirvieron de base para la realizaci\u00f3n de investigaciones en las \u00e1reas de antropolog\u00eda, bot\u00e1nica, entomolog\u00eda y paleontolog\u00eda, entre otras.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n fue fundada por el rey Jo\u00e3o VI (1767-1826) en junio de 1818, en ese entonces con el nombre de Museo Real. Su creaci\u00f3n se concret\u00f3 en un marco de valoraci\u00f3n de los estudios en historia natural, estimulados por la llegada de naturalistas europeos para elaborar mapas del territorio, realizar la prospecci\u00f3n de plantas y minerales y propagar nuevas t\u00e9cnicas agr\u00edcolas. Pero sus antecedentes institucionales se remontan a la Casa de Historia Natural creada en 1784, durante el gobierno del virrey Luis de Vasconcelos e Souza (1742-1809). Conocida como Casa dos P\u00e1ssaros, es decir la casa de los p\u00e1jaros, debido a las aves embalsamadas que pose\u00eda, esa instituci\u00f3n funcionaba en la actual avenida Passos, en el centro de la ciudad de R\u00edo de Janeiro, como una sucursal del Museo de Historia Natural de Lisboa, en Portugal, hacia donde se enviaban ejemplares de productos naturales y atav\u00edos ind\u00edgenas recolectados en Brasil.<\/p>\n<blockquote><p>Hubo una proliferaci\u00f3n de museos de ciencias en Brasil a partir de la segunda mitad del siglo XIX<\/p><\/blockquote>\n<p>La instituci\u00f3n funcion\u00f3 durante casi tres d\u00e9cadas. \u201cCon la llegada de la familia real a R\u00edo, no exist\u00eda ya la necesidad de contar con una factor\u00eda de productos naturales entre la colonia y la metr\u00f3poli, de manera tal que el museo entonces fue extinto en 1813\u201d, dice la historiadora Maria Margaret Lopes, docente del Programa de Posgrado Interunidades en Museolog\u00eda del Museo de Arqueolog\u00eda y Etnolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (MAE-USP). \u201cSu colecci\u00f3n fue trasladada al Arsenal de Guerra, en donde permaneci\u00f3 hasta la creaci\u00f3n del Museo Real.\u201d<\/p>\n<p>Hac\u00eda mucho tiempo que la corona portuguesa anhelaba conocer mejor las riquezas naturales de su colonia. El Nuevo Mundo tambi\u00e9n suscitaba el inter\u00e9s de cient\u00edficos y artistas europeos. \u201cEn vista del casamiento de la archiduquesa Maria Leopoldina con el pr\u00edncipe heredero y futuro emperador de Brasil, Pedro I, empez\u00f3 a planificarse aquella que qued\u00f3 conocida como la expedici\u00f3n austr\u00edaca, en cuyo marco arribaron al pa\u00eds naturalistas y artistas con el objetivo de estudiar y retratar especies y paisajes de la biodiversidad brasile\u00f1a\u201d, destaca Lopes. Entre ellos estaban el zo\u00f3logo Johann Baptist von Spix (1781-1826) y el bot\u00e1nico Carl Friedrich von Martius (1794-1868), quienes en el a\u00f1o 1817 iniciaron en R\u00edo un periplo por el interior del pa\u00eds, en una expedici\u00f3n que posteriormente dio origen a <em>Flora brasiliensis<\/em>, la obra que revel\u00f3 detalles de las plantas de Brasil en el Viejo Mundo.<\/p>\n<div id=\"attachment_304440\" style=\"max-width: 2290px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304440 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1.jpg\" alt=\"\" width=\"2280\" height=\"1744\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1.jpg 2280w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1-250x191.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1-700x535.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-4-1-120x92.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2280px) 100vw, 2280px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/a> La qu\u00edmica polonesa Marie Curie (<em>sentada<\/em>) y su hija Ir\u00e8ne Joliot-Curie (<em>parada, con sombrero<\/em>), en visita a la instituci\u00f3n cient\u00edfica en agosto de 1926<span class=\"media-credits\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/p><\/div>\n<p>Se hab\u00eda vuelto imprescindible que el pa\u00eds contase con una instituci\u00f3n que alojara y estudiara sus riquezas naturales. El Museo Real, concebido bajo los moldes de los museos europeos de historia natural, albergaba colecciones cient\u00edficas, bibliotecas, laboratorios y exposiciones. Funcionaba en una casa en Campo de Sant\u2019Anna, en el centro de R\u00edo. Aparte de la colecci\u00f3n de la Casa dos P\u00e1ssaros, su patrimonio inicial consist\u00eda en una colecci\u00f3n de minerales raros que trajera la familia real, organizada y clasificada por el mineralogista alem\u00e1n Abrahan Werner (1749-1817). \u201cEl Museo Real fue creado con un car\u00e1cter metropolitano, como un n\u00facleo destinado a la recepci\u00f3n y la catalogaci\u00f3n de las riquezas naturales de las provincias brasile\u00f1as\u201d, dice la historiadora.<\/p>\n<p>En octubre de 1821, el museo abri\u00f3 sus puertas al p\u00fablico y sigui\u00f3 creciendo. Entre 1822 y 1823, Jos\u00e9 Bonif\u00e1cio de Andrada e Silva (1763-1838), secretario de Estado de Asuntos del Reino y Extranjeros del Imperio de Pedro I, logr\u00f3 que naturalistas extranjeros cediesen parte de las piezas que recolectaran en sus expediciones a cambio de apoyo a sus viajes. Fue as\u00ed con el naturalista alem\u00e1n Georg Heinrich von Langsdorff (1774-1852) y con el bot\u00e1nico franc\u00e9s Auguste de Saint-Hilaire (1779-1853).<\/p>\n<div id=\"attachment_304424\" style=\"max-width: 1310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304424 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1300\" height=\"868\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1.jpg 1300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1-250x167.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1-700x467.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-1300px-3-1-120x80.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1300px) 100vw, 1300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/a> Vista del Palacio de S\u00e3o Crist\u00f3v\u00e3o en 1862, antes de convertirse en sede del museo<span class=\"media-credits\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/p><\/div>\n<p>Con la proclamaci\u00f3n de la Independencia, en septiembre de 1822, la instituci\u00f3n pas\u00f3 llamarse Museo Imperial y Nacional. Entusiasta de las ciencias, Pedro II les brind\u00f3 su apoyo a las actividades del museo. Una de sus contribuciones m\u00e1s notables fue el f\u00e9retro pintado de la sacerdotisa Sha-Amun-em-su, obsequio del jedive (el virrey de Egipto) Ism\u0101\u2018\u012bl Pach\u00e1 con motivo de su visita al pa\u00eds, en 1876. Pedro II mantuvo esa pieza en su gabinete hasta 1889, cuando se la incluy\u00f3 en la colecci\u00f3n del museo.<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n de las colecciones de historia natural se concret\u00f3 tambi\u00e9n a trav\u00e9s de donaciones realizadas por particulares. Tal es el caso de Ant\u00f4nio Luis Patricio da Silva Manso, cirujano mayor e inspector del Hospital Militar de la provincia de Mato Grosso, quien en 1823 le don\u00f3 al museo alrededor de 2.300 ejemplares de 266 especies de plantas. En julio de 1863 se cre\u00f3 la Biblioteca Central del Museo Nacional, una de las mayores de Latinoam\u00e9rica, enfocada en las ciencias antropol\u00f3gicas y naturales. \u201cEl museo de aquella \u00e9poca era se\u00f1alado como ejemplo de excelencia por investigadores de Argentina, Chile y Uruguay\u201d, dice Lopes.<\/p>\n<div id=\"attachment_304448\" style=\"max-width: 2290px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304448 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1.jpg\" alt=\"\" width=\"2280\" height=\"1336\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1.jpg 2280w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1-250x146.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1-700x410.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-6-1-120x70.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2280px) 100vw, 2280px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/a> Alberto Santos Dumont (<em>en el medio, con un sombrero en la mano<\/em>) visit\u00f3 el museo en julio de 1928. A su lado (<em>con delantal blanco<\/em>), el antrop\u00f3logo Edgard Roquette-Pinto, director de la instituci\u00f3n en ese entonces<span class=\"media-credits\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/p><\/div>\n<p>Con sus especialidades cient\u00edficas, tales como bot\u00e1nica, zoolog\u00eda, geolog\u00eda y etnograf\u00eda, el Museo Imperial y Nacional hizo posible la realizaci\u00f3n de estudios que contribuyeron al enriquecimiento de las ciencias naturales en Brasil. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el museo tambi\u00e9n empez\u00f3 a actuar de manera a\u00fan m\u00e1s incisiva como organismo consultor del gobierno imperial para la realizaci\u00f3n de investigaciones en geolog\u00eda y mineralog\u00eda, entre otras \u00e1reas. En sus secciones y laboratorios se analizaban muestras que llegaban provenientes de todo el pa\u00eds: de carb\u00f3n, minerales, plantas, animales, esqueletos humanos y huesos f\u00f3siles de enormes mam\u00edferos desconocidos.<\/p>\n<p><strong>Un tiempo de gloria<\/strong><br \/>\nEl per\u00edodo en que el bot\u00e1nico Ladislau de Souza Mello Netto (1838-1894) fue director de la instituci\u00f3n, entre 1876 y 1893, es considerado por muchos investigadores como la era de oro del Museo Nacional. De Souza Mello Netto concret\u00f3 una amplia reforma en el museo: reorganiz\u00f3 las en ese entonces ya voluminosas colecciones en nuevas secciones divididas por disciplinas, de acuerdo con los cambios que estaban ocurriendo en las concepciones cient\u00edficas de la \u00e9poca. Otras reformas que el director materializ\u00f3 se basaban en parte en las cr\u00edticas que efectuara el zo\u00f3logo y ge\u00f3logo Louis Agassiz (1807-1873), director del Museo de Zoolog\u00eda Comparada de la Universidad Harvard, en Estados Unidos, quien hab\u00eda estado en Brasil como jefe de la Thayer Expedition, entre 1865 y 1866.<\/p>\n<blockquote><p>El \u00e9xito y el prestigio del Museo Nacional ayudaron a propagar en Brasil el inter\u00e9s en las ciencias naturales<\/p><\/blockquote>\n<p>Agassiz visit\u00f3 el Museo Nacional e inform\u00f3 que la instituci\u00f3n padec\u00eda la falta de recursos para el mantenimiento de sus colecciones. En su libro <em>A journey in Brazil<\/em>, de 1868, alega que dichas colecciones estaban destinadas \u201ca permanecer durante largos a\u00f1os en su actual estado, sin incrementarse ni mejorar. Los animales embalsamados se encontraban en mal estado de conservaci\u00f3n y los peces, con excepci\u00f3n de algunas hermosas muestras de especies del Amazonas, no brindaban una idea de las variedades existentes en las aguas de Brasil\u201d. Am\u00e9n de la realizaci\u00f3n del trabajo de curadur\u00eda cient\u00edfica de las colecciones, De Souza Mello Netto tambi\u00e9n decret\u00f3 que los directores de cada secci\u00f3n dictasen cursos sobre sus \u00e1reas de investigaci\u00f3n y diesen a conocer los resultados de sus trabajos en <em>Arquivos do Museu Nacional<\/em>, la revista que publicaba los resultados de las investigaciones y noticias de inter\u00e9s de las ciencias del museo.<\/p>\n<p>Luego de organizar la <em>Exposi\u00e7\u00e3o antropol\u00f3gica de 1882<\/em>, la m\u00e1s importante exposici\u00f3n cient\u00edfica brasile\u00f1a del siglo XIX, De Souza Mello Netto adquiri\u00f3 la experiencia como para participar en otra gran muestra, la <em>Exposici\u00f3n universal de Par\u00eds, <\/em>en 1889. Era un defensor ac\u00e9rrimo de la necesidad de contar con mayores dotaciones de fondos para el museo, e invitaba a los extranjeros que visitaban el pa\u00eds a dictar conferencias, participar en excursiones y trabajar en la instituci\u00f3n. Entre ellos estaban el ge\u00f3logo canadiense-estadounidense Charles Hartt (1840-1878), quien organiz\u00f3 la Comisi\u00f3n Geol\u00f3gica del Imperio, el tambi\u00e9n ge\u00f3logo estadounidense Orville Derby (1851-1915), quien estuvo al frente de los servicios geol\u00f3gicos en S\u00e3o Paulo, el naturalista suizo-alem\u00e1n Em\u00edlio Goeldi (1859-1917) y el tambi\u00e9n naturalista alem\u00e1n Hermann von Ihering (1850-1930), quienes posteriormente dirigieron museos en Bel\u00e9m, la capital de Par\u00e1, y en S\u00e3o Paulo, respectivamente.<\/p>\n<div id=\"attachment_304436\" style=\"max-width: 2290px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304436 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1.jpg\" alt=\"\" width=\"2280\" height=\"1465\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1.jpg 2280w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1-250x161.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1-700x450.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-1-1-120x77.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2280px) 100vw, 2280px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/a> En mayo de 1925, durante un viaje a Am\u00e9rica del Sur, el f\u00edsico alem\u00e1n Albert Einstein (<em>de blanco<\/em>) aprovech\u00f3 su paso por R\u00edo de Janeiro para visitar el museo<span class=\"media-credits\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Los museos de ciencia en Brasil<\/strong><br \/>\n\u201cEl \u00e9xito y el prestigio del Museo Nacional ayudaron a difundir el inter\u00e9s por las ciencias naturales en Brasil\u201d, afirma la historiadora Zita Possamai, del Programa de Posgrado en Museolog\u00eda y Patrimonio de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), con sede en la ciudad de Porto Alegre. \u201cA partir de la segunda mitad del siglo XIX, se produjo una proliferaci\u00f3n de museos de ciencias en el pa\u00eds\u201d. En la ciudad norte\u00f1a de Bel\u00e9m, desde 1866, ya era una realidad el gabinete de la Sociedad Filom\u00e1tica de Par\u00e1, que en 1871 dio origen al Museo Paraense Em\u00edlio Goeldi. En 1876 se cre\u00f3 el Museo Paranaense, por iniciativa de la Sociedad de Aclimataci\u00f3n de Curitiba. En 1894 fue el turno del Museo del Instituto Geogr\u00e1fico e Hist\u00f3rico de Bah\u00eda. Y ese mismo a\u00f1o se empez\u00f3 a estructurar el Museo Paulista.<\/p>\n<p>Con la proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica y el exilio de la familia imperial, en 1889, el Museo Nacional fue trasladado al Palacio de S\u00e3o Crist\u00f3v\u00e3o, en la Quinta da Boa Vista. La apertura al p\u00fablico de las exposiciones permanentes en su nueva sede se concret\u00f3 en mayo de 1900. Sus actividades se intensificaron durante las d\u00e9cadas siguientes, con el refuerzo de su pol\u00edtica de intercambio cient\u00edfico internacional, sumada a sus publicaciones y sus cursos p\u00fablicos. A\u00f1os m\u00e1s tarde, bajo la direcci\u00f3n del antrop\u00f3logo y conductor radiof\u00f3nico Edgar Roquette-Pinto (1884-1954), cobr\u00f3 fuerza la funci\u00f3n did\u00e1ctica que el museo deber\u00eda ejercer para la construcci\u00f3n de una ciencia nacional y la formaci\u00f3n de las futuras generaciones. Para Roquette-Pinto, la educaci\u00f3n era la v\u00eda para emprender cambios y transformar el pa\u00eds.<\/p>\n<div id=\"attachment_304444\" style=\"max-width: 2290px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-304444 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1.jpg\" alt=\"\" width=\"2280\" height=\"1694\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1.jpg 2280w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1-250x186.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1-700x520.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/036-041_MN_Hist\u00f3ria_272-2280px-5-1-120x89.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2280px) 100vw, 2280px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/a> Juscelino Kubitschek fue uno de los \u00faltimos presidentes que visitaron el Museo Nacional: fue en junio de 1958<span class=\"media-credits\">Colecci\u00f3n del Museo Nacional<\/span><\/p><\/div>\n<p>Tambi\u00e9n en esa \u00e9poca, la instituci\u00f3n recibi\u00f3 a importantes figuras de la ciencia mundial, entre ellas al f\u00edsico alem\u00e1n Albert Einstein (1879-1955), quien visit\u00f3 el museo en 1925, durante un viaje por Am\u00e9rica del Sur. En julio del a\u00f1o siguiente fue el turno de la qu\u00edmica polonesa Marie Curie (1867-1934) y de su hija Ir\u00e8ne Joliot-Curie (1897-1956), quienes desde R\u00edo se dirigieron a Belo Horizonte para dictar una conferencia en la Universidad de Minas Gerais sobre la radiactividad y sus posibles aplicaciones en medicina.<\/p>\n<p>A partir de la d\u00e9cada de 1930, la instituci\u00f3n cobr\u00f3 un nuevo impulso, seg\u00fan la historiadora Mariana Sombrio, del Programa de Posgrado Interunidades en Museolog\u00eda del MAE-USP. La investigadora explica que la protecci\u00f3n del patrimonio nacional se convirti\u00f3 a la saz\u00f3n en una preocupaci\u00f3n de Estado, de manera tal que en 1933 se cre\u00f3 el Consejo de Inspecci\u00f3n de Expediciones Art\u00edsticas y Cient\u00edficas en Brasil. \u201cEse consejo determinaba que ning\u00fan esp\u00e9cimen bot\u00e1nico, zool\u00f3gico, mineral\u00f3gico o paleontol\u00f3gico podr\u00eda salir del pa\u00eds a menos que existiesen similares en alguno de los institutos cient\u00edficos del Ministerio de Agricultura, o en el Museo Nacional\u201d, explica Sombrio. Ese \u00f3rgano funcion\u00f3 hasta 1968. Durante ese per\u00edodo recibi\u00f3 451 solicitudes, la mayor\u00eda de extranjeros que pretend\u00edan emprender excursiones cient\u00edficas y art\u00edsticas en Brasil.<\/p>\n<p>Para que se cumpliesen esas reglas, se requer\u00eda que al menos un investigador brasile\u00f1o, preferentemente del Museo Nacional, fuese de la partida en la expedici\u00f3n. \u201cLa idea era que el mismo les informase a las autoridades qu\u00e9 se estaba recolectando\u201d, dice Sombrio. Esa inspecci\u00f3n no siempre resultaba eficaz. Pero muchos objetos se incautaban en la aduana cuando ya se los iba a despachar. \u201cEl museo se benefici\u00f3 mucho de esa pol\u00edtica, ya que varias piezas recolectadas en las expediciones o confiscadas iban a parar a sus colecciones.\u201d<\/p>\n<p>La idea de que el Museo Nacional era una instituci\u00f3n para el pueblo cobr\u00f3 fuerza entre 1937 y 1955, durante el mandato de la antrop\u00f3loga Heloisa Alberto Torres (1895-1977), la primera mujer que dirigi\u00f3 la instituci\u00f3n. Alberto Torres lo ve\u00eda como parte de una vasta pol\u00edtica cultural de expresi\u00f3n nacional. Al asumir la direcci\u00f3n, en 1937, hizo de la antropolog\u00eda un instrumento cient\u00edfico destinado a la preservaci\u00f3n de la cultura brasile\u00f1a. Con todo, en esa \u00e9poca, los museos cient\u00edficos de Brasil comenzaron a ceder su imagen de \u201ctemplos de la ciencia\u201d a las universidades y a los institutos de investigaci\u00f3n. \u201cEl conocimiento cient\u00edfico hasta ese entonces desarrollado en Brasil no proven\u00eda de las universidades sino de los museos\u201d, explica Lopes. Frente a la especializaci\u00f3n de las ciencias naturales y la creciente valoraci\u00f3n de los estudios experimentales, las universidades y los institutos de investigaci\u00f3n asumieron el rol de centros productores de investigaci\u00f3n cient\u00edfica, y los museos se afirmaron como espacios de colecciones.<\/p>\n<p>Con todo, sus colecciones no se vieron por ello devaluadas. A partir de la d\u00e9cada de 1930, cobr\u00f3 forma un movimiento de incorporaci\u00f3n de esos museos a las universidades. En enero de 1946, por ejemplo, la gesti\u00f3n del Museo Nacional pas\u00f3 a la Universidad de Brasil, la actual Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ). Lo propio ocurri\u00f3 con el Museo Paulista, cuya colecci\u00f3n de zoolog\u00eda pas\u00f3 a manos del Museo de Zoolog\u00eda a finales de la d\u00e9cada de 1930. En la actualidad ambos se encuentran bajo administraci\u00f3n de la USP. En la d\u00e9cada de 1960, y vali\u00e9ndose de sus amplias colecciones, el Museo Nacional hizo suya la formaci\u00f3n de investigadores y cre\u00f3 el primer posgrado en antropolog\u00eda social del pa\u00eds, uno de los mejores del \u00e1rea. En el sector de bot\u00e1nica puso en marcha la carrera de maestr\u00eda en 1972, y la de doctorado en 2001: esta \u00faltima fue la primera de R\u00edo de Janeiro).<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos a\u00f1os, la cantidad de gente que lo visitaba se manten\u00eda pr\u00e1cticamente estancada. En 2016, alrededor de 180 mil personas frecuentaron la instituci\u00f3n. En 2017, fueron 192 mil. Como en la mayor\u00eda de los museos, tan s\u00f3lo una parte de sus colecciones quedaba expuesta al p\u00fablico: las plantas y los animales de la biodiversidad brasile\u00f1a, las momias egipcias, los atav\u00edos de las poblaciones aut\u00f3ctonas y los esqueletos de dinosaurios sudamericanos, adem\u00e1s del meteorito de Bendeg\u00f3, el m\u00e1s grande que se conozca hasta el momento en Brasil.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Publicado en octubre de 2018<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Durante sus 200 a\u00f1os, el Museo Nacional de Brasil contribuy\u00f3 con la producci\u00f3n de conocimiento en ciencias naturales y estimul\u00f3 la creaci\u00f3n de varios otros museos de ciencia","protected":false},"author":346,"featured_media":304432,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[189],"tags":[],"coauthors":[662],"class_list":["post-304419","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-politica-ct"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304419","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/346"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=304419"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304419\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":304460,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/304419\/revisions\/304460"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/304432"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=304419"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=304419"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=304419"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=304419"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}