{"id":309343,"date":"2019-11-21T15:37:37","date_gmt":"2019-11-21T18:37:37","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=309343"},"modified":"2019-11-22T17:04:41","modified_gmt":"2019-11-22T20:04:41","slug":"la-lluvia-que-unio-dos-bosques","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-lluvia-que-unio-dos-bosques\/","title":{"rendered":"La lluvia que uni\u00f3 dos bosques"},"content":{"rendered":"<p>Hace entre 120 mil y 12 mil a\u00f1os, el clima fue mucho m\u00e1s fr\u00edo en el planeta. Tanto en invierno como en verano, las temperaturas medias eran alrededor de 16 grados Celsius (\u00b0C) m\u00e1s bajas que las medidas hoy en d\u00eda cerca del polo en el hemisferio Norte. Estos 108 mil a\u00f1os, sin embargo, no fueron de fr\u00edo continuo y uniforme. Hubo 26 per\u00edodos en que la temperatura cay\u00f3 otros 10 \u00b0C y los glaciares cubrieron buena parte de las tierras que actualmente forman Am\u00e9rica del Norte y el norte de Europa y Asia. Seis de estos per\u00edodos son especiales. Reciben el nombre de eventos Heinrich \u2013en homenaje a Hartmut Heinrich, ge\u00f3logo y climat\u00f3logo alem\u00e1n que los describi\u00f3 en 1988\u2212 y se caracterizaron por un enfriamiento a\u00fan m\u00e1s dr\u00e1stico y abrupto. En cuesti\u00f3n de a\u00f1os, las temperaturas habr\u00edan bajado a\u00fan m\u00e1s y los glaciares avanzaron hacia el ecuador, con la zona de existencia de icebergs llegando a la pen\u00ednsula Ib\u00e9rica y al norte de \u00c1frica.<\/p>\n<p>En los eventos Heinrich, que duraron de cientos a unos pocos miles de a\u00f1os, las precipitaciones m\u00e1s intensas de nieve habr\u00edan hecho que los glaciares continentales y las plataformas de hielo que avanzaban sobre el mar se rompieran y lanzaran una verdadera escuadra de icebergs en las regiones subtropicales del Atl\u00e1ntico Norte. El fr\u00edo y la alteraci\u00f3n de la salinidad del oc\u00e9ano habr\u00edan modificado el transporte de calor al norte del ecuador y alterado la circulaci\u00f3n de vientos que cargan humedad, afectando el clima en Am\u00e9rica del Sur. Aqu\u00ed, las transformaciones fueron menos radicales. Las temperaturas quedaron 5 \u00b0C m\u00e1s bajas y no surgieron glaciares, pero llovi\u00f3 mucho m\u00e1s. En ciertas ocasiones, el \u00e1rea que hoy corresponde al centro-este de Brasil habr\u00eda quedado h\u00fameda durante tanto tiempo que sectores de Bosque Atl\u00e1ntico del nordeste del pa\u00eds se habr\u00edan expandido a punto tal de unirse con la selva amaz\u00f3nica.<\/p>\n<p>&#8220;Los eventos Heinrich seguramente intensificaron la pluviosidad en la regi\u00f3n centro-este de Brasil&#8221;, afirma el ge\u00f3logo Nicol\u00e1s Str\u00edkis, de la Universidad Federal Fluminense (UFF), en R\u00edo de Janeiro. Str\u00edkis y colaboradores de Brasil y del exterior presentaron esa conclusi\u00f3n a principios de abril en un art\u00edculo publicado en la revista cient\u00edfica <em>PNAS<\/em>. Los cient\u00edficos constataron que los eventos Heinrich hicieron llover m\u00e1s en el centro-este brasile\u00f1o tras analizar rocas formadas durante los \u00faltimos 100 mil a\u00f1os en cavernas de Minas Gerais y Bah\u00eda. El agua de los r\u00edos y de las lluvias que se infiltra por el techo de las cavernas calc\u00e1reas disuelve la roca y, al gotear en el suelo, vuelve a solidificarse, formando los llamados espeleotemas. Estas rocas crecen acompa\u00f1ando el volumen de las lluvias y almacenan informaci\u00f3n qu\u00edmica del agua y de la cal del per\u00edodo en que se formaron, lo cual permite reconstituir el clima del pasado.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1140\" height=\"718\" class=\"alignnone size-full wp-image-312648\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1-250x157.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1-700x441.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo1-120x76.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><\/a>Durante su doctorado, concluido en 2015 en el Instituto de Geociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IGC-USP), Str\u00edkis y su director de tesis, Francisco William da Cruz Junior, recolectaron alrededor de 50 espeleotemas en las cavernas Lapa Grande y Lapa Sem Fim, respectivamente, municipios de Montalv\u00e2nia y Luisl\u00e2ndia, regi\u00f3n de Cerrado en el norte de Minas Gerais, y en las cavernas Paix\u00e3o y Marota, en Andara\u00ed, en el Cerrado bahiano. Midieron la proporci\u00f3n entre dos variedades (is\u00f3topos) de ox\u00edgeno encontradas en el agua y en la caliza de 6 mil muestras extra\u00eddas de 13 espeleotemas y, con base en esos datos, recrearon el perfil de humedad para la regi\u00f3n en los \u00faltimos 85 mil a\u00f1os.<\/p>\n<p>Filipa Naughton, experta en paleoclima en el Instituto Portugu\u00e9s del Mar y la atm\u00f3sfera, ayud\u00f3 a los brasile\u00f1os en el cotejo de las fechas de los per\u00edodos de m\u00e1s lluvia en el centro-este del pa\u00eds con los eventos Heinrich en el Atl\u00e1ntico Norte. Con el derretimiento de los icebergs formados en las \u00e9pocas de fr\u00edo extremo, sedimentos m\u00e1s gruesos (variando de arena fina a gruesa) cubrieron el fango fino del fondo del oc\u00e9ano. Un testigo de sedimentos marinos recogido en 1995 en el norte de Portugal muestra vestigios de icebergs de seis eventos Heinrich (HS, del ingl\u00e9s <em>Heinrich stadials<\/em>), que coinciden con las fases de temperatura m\u00e1s baja de la \u00faltima glaciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;En Am\u00e9rica del Sur, los eventos Heinrich produjeron cambios de gran magnitud en el clima, que en pocas d\u00e9cadas puede haber pasado de seco a h\u00famedo&#8221;, explica Da Cruz Junior. Los espeleotemas de Minas Gerais y de Bah\u00eda indican que llovi\u00f3 mucho en esa regi\u00f3n de Brasil en cinco de los seis eventos Heinrich, que ocurrieron, en promedio, a intervalos de 10 mil a\u00f1os. Llovi\u00f3 durante per\u00edodos m\u00e1s largos hace aproximadamente 48 mil a\u00f1os, en el evento Heinrich n\u00famero 5 (HS-5), y hace 39 mil a\u00f1os, en el HS-4, y cada uno de ellos dur\u00f3 de 1.500 a 3.000 mil a\u00f1os. El aumento de las lluvias observado ahora por Str\u00edkis y Da Cruz en el Cerrado ya hab\u00eda sido detectado por el ge\u00f3logo Augusto Auler en un \u00e1rea de Caatinga. Al comienzo de los a\u00f1os 2000, durante una pasant\u00eda de posdoctorado en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), Auler trabaj\u00f3 en el mapeo de Toca de Boa Vista \u2212la m\u00e1s extensa caverna brasile\u00f1a, con 120 kil\u00f3metros de galer\u00edas\u2212\u00a0 y recolect\u00f3 espeleotemas all\u00ed y en dos otras cuevas de Campo Formoso, un municipio que se encuentra en una regi\u00f3n semi\u00e1rida en el norte de Bah\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2000\" height=\"1977\" class=\"alignnone size-full wp-image-312652\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2.jpg 2000w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2-250x247.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2-700x692.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/paleo2-120x119.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2000px) 100vw, 2000px\" \/><\/a>La dataci\u00f3n y el an\u00e1lisis de los espeleotemas, realizada en asociaci\u00f3n con investigadores extranjeros, permitieron reconstituir el patr\u00f3n de lluvias regional de los \u00faltimos 210 mil a\u00f1os. Seg\u00fan los datos, no siempre fue tan seco all\u00ed. Hubo largos per\u00edodos de baja humedad, pero cada 20 mil a\u00f1os el clima se volv\u00eda m\u00e1s lluvioso, seg\u00fan informaron los investigadores en un art\u00edculo publicado de 2004 en la revista <em>Nature<\/em>. Las \u00e9pocas de mayor pluviosidad coincidieron con cuatro eventos Heinrich de la \u00faltima glaciaci\u00f3n (HS-1, HS-4, HS-5 y HS-6). Uno de ellos, el HS-4, dur\u00f3 en la regi\u00f3n alrededor de 3 mil a\u00f1os, seg\u00fan los investigadores, el tiempo suficiente como para alterar el perfil de la flora local y permitir el surgimiento de corredores de una vegetaci\u00f3n m\u00e1s densa que pudo haber conectado al Bosque Atl\u00e1ntico, hoy en d\u00eda situado a 500 kil\u00f3metros en l\u00ednea recta de Campo Formoso, con la selva amaz\u00f3nica, que se encuentra a m\u00e1s de 1.500 kil\u00f3metros de all\u00ed.<\/p>\n<p>Ya en aquella \u00e9poca los investigadores encontraron indicios de que vegetaciones m\u00e1s verdes y altivas, t\u00edpicas del clima h\u00famedo, habr\u00edan existido donde actualmente la regi\u00f3n agreste de la Caatinga. No muy lejos de las cavernas, la paleobot\u00e1nica Patr\u00edcia Cristalli encontr\u00f3 en los valles de los r\u00edos Salitre y Jacar\u00e9, en Bah\u00eda, rocas de piedra caliza de edades comprendidas entre 11.000 y m\u00e1s de 600.000 a\u00f1os que contienen hojas fosilizadas de plantas t\u00edpicas del Bosque Atl\u00e1ntico y de la selva amaz\u00f3nica. Conocidas por el nombre de tubas calc\u00e1reas, esas rocas se forman en el fondo de r\u00edos ricos en carbonato de calcio que existieron en el pasado y luego se secaron. &#8220;Las tobas calc\u00e1reas constituyen un indicio de que hubo agua que corr\u00eda en aquella regi\u00f3n&#8221;, comenta Da Cruz, quien particip\u00f3 en la expedici\u00f3n de recolecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un poco antes, en 1999, el palin\u00f3logo Paulo Eduardo de Oliveira ya hab\u00eda encontrado en Pil\u00e3o Arcado, un \u00e1rea de dunas rodeada por la Caatinga en el noroeste de Bah\u00eda, sedimentos con 11 mil a\u00f1os de edad que conten\u00edan polen fosilizado de \u00e1rboles amaz\u00f3nicos de gran porte, como los del g\u00e9nero <em>Simarouba<\/em>, que pueden alcanzar 35 metros. \u201cEn algunas \u00e1reas de Caatinga, donde hoy en d\u00eda hay mucho cactus, ya hubo bosques t\u00edpicos de clima m\u00e1s h\u00famedo, con especies actualmente comunes en la selva amaz\u00f3nica&#8221;, comenta De Oliveira, actualmente docente del IGc-USP. \u201cLas tubas calc\u00e1reas mostraban a nivel macrosc\u00f3pico las evidencias que yo hab\u00eda observado en el microscopio&#8221;, explica el investigador, quien tambi\u00e9n encontr\u00f3 en sedimentos de la \u00faltima glaciaci\u00f3n granos de polen de \u00e1rboles del monte de araucarias del actual Cerrado de Minas Gerais.<\/p>\n<p>Estos y otros registros de polen fosilizados, sumados a las informaciones de pluviosidad obtenidas en cavernas de Brasil, Per\u00fa y Bolivia, producto de proyectos en los cuales se investiga el origen de la biodiversidad en el Bosque Atl\u00e1ntico y en la selva amaz\u00f3nica, refuerzan la hip\u00f3tesis de que la vegetaci\u00f3n de la Amazonia y del Bosque Atl\u00e1ntico se habr\u00edan unido en m\u00e1s de un momento en un pasado no tan lejano. &#8220;Estos per\u00edodos m\u00e1s h\u00famedos con algunos miles de a\u00f1os de duraci\u00f3n pueden haber permitido la formaci\u00f3n intermitente de corredores de vegetaci\u00f3n entre esas dos selvas&#8221;, supone Str\u00edkis.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Proyecto<\/strong><br \/>\nPaleoclimatolog\u00eda y estudio de la din\u00e1mica actual en sistemas c\u00e1rsticos de\u00e7 Brasil Central: Implicaciones para las interpretaciones de paloeclim\u00e1ticas con base en registros de espeleotemas (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/160276\/paleoclimatologia-e-estudo-da-dinamica-atual-em-sistemas-carsticos-do-brasil-central-implicacoes-pa\/?q=15\/14327-7\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00ba 15\/14327-7<\/a>); <strong>Modalidad <\/strong>Beca de posdoctorado;<strong> Investigador responsable <\/strong>Francisco William da Cruz Junior (USP)<strong>; Beneficiario <\/strong>Nicol\u00e1s Misailidis Str\u00edkis;<strong> Inversi\u00f3n <\/strong>R$ 43.283,70.<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/strong><br \/>\nSTR\u00cdKIS, N. M. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.pnas.org\/content\/115\/15\/3788\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">South American monsoon response to iceberg discharge in the North Atlantic<\/a>. <strong>PNAS<\/strong>. v. 115, n. 15, p. 3788-93. 10 abr. 2018.<br \/>\nWANG, X. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/nature03067\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Wet periods in northeastern Brazil over the past 210 kyr linked to distant climate anomalies<\/a>. <strong>Nature<\/strong>. v. 432, p. 740-3. 9 dic. 2004.<br \/>\nOLIVEIRA, P. E. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/abs\/pii\/S0031018299000619\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Late Pleistocene\/Holocene climatic and vegetational history of the Brazilian caatinga: the fossil dunes of the middle S\u00e3o Francisco River<\/a>. <strong>Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology<\/strong>. v. 152, n. 3, p. 319-37. sep. 1999. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los per\u00edodos de aumento de la pluviosidad de hace entre 120 mil y 12 mil a\u00f1os habr\u00edan conectado el Bosque Atl\u00e1ntico a la Amazonia","protected":false},"author":16,"featured_media":309351,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[286,309,324],"coauthors":[105],"class_list":["post-309343","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-clima-es","tag-geologia-es","tag-paleontologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/309343","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=309343"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/309343\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":312701,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/309343\/revisions\/312701"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/309351"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=309343"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=309343"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=309343"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=309343"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}