{"id":324198,"date":"2020-01-20T16:21:15","date_gmt":"2020-01-20T19:21:15","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=324198"},"modified":"2020-01-23T12:31:45","modified_gmt":"2020-01-23T15:31:45","slug":"enemigo-de-las-dietas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/enemigo-de-las-dietas\/","title":{"rendered":"Enemigo de las dietas"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_324203\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright vertical\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-324203 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"903\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px-250x198.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px-700x554.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-3-1140px-120x95.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Isadora Clivatti Furigo\/ USP <\/span><\/a> Sometido a la privaci\u00f3n de alimento, la hormona del crecimiento activa las neuronas del hambre (<em>los c\u00edrculos rojos en la imagen de arriba<\/em>)<span class=\"media-credits\">Isadora Clivatti Furigo\/ USP <\/span><\/p><\/div>\n<p>Todos aquellos que han hecho una dieta para adelgazar conocen el proceso. Una vez vencida la abulia y comenzado el r\u00e9gimen, los d\u00edgitos de la balanza al principio suelen ceder, sea cual sea la estrategia adoptada. Lo dif\u00edcil es mantener el ritmo de adelgazamiento. Incluso con la ayuda de medicamentos, en pocas semanas el peso se estanca o peor, vuelve a subir. La forma en que el organismo de los seres humanos y de otros animales se adapt\u00f3 en el curso de la evoluci\u00f3n explica, en parte, la dificultad para adelgazar. Miles de a\u00f1os de escasa disponibilidad de alimentos (cuya obtenci\u00f3n exig\u00eda un esfuerzo f\u00edsico) dotaron al cuerpo de potentes y complejas estrategias para economizar energ\u00eda. En experimentos con ratones, el grupo coordinado por el fisi\u00f3logo Jos\u00e9 Donato Junior, del Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (ICB-USP), describi\u00f3 otro mecanismo que interviene contra la p\u00e9rdida de peso.<\/p>\n<p>Su art\u00edfice es un compuesto hasta ese momento insospechado: la hormona del crecimiento. Esa hormona, conocida desde hace casi un siglo y producida por la hip\u00f3fisis, una gl\u00e1ndula alojada en la base del cerebro, act\u00faa sobre los tejidos perif\u00e9ricos. Secretada en mayor cantidad durante el sue\u00f1o, eleva el gasto de calor\u00edas, liberando la energ\u00eda almacenada en el tejido adiposo e induciendo la multiplicaci\u00f3n y reparaci\u00f3n de las c\u00e9lulas en huesos, m\u00fasculos y v\u00edsceras. Ahora, el equipo de la USP verific\u00f3 que cuando se come menos que lo habitual, esa hormona funciona de manera diferente. Ella activa una regi\u00f3n del cerebro que aumenta el hambre y reduce el gasto de energ\u00eda. Como consecuencia, resulta m\u00e1s dif\u00edcil adelgazar.<\/p>\n<p>Donato y sus colaboradores presentaron evidencias de ese efecto, nunca antes advertido, en experimentos con ratones descriptos en un art\u00edculo que sali\u00f3 publicado en la edici\u00f3n del 8 de febrero de la revista <em>Nature Communications<\/em>. \u201cAl restringir la ingesta de calor\u00edas el nivel de esa hormona aumenta e induce al cuerpo a entrar en modo de supervivencia: ella deja de influir sobre el crecimiento y le indica al cuerpo que necesita comer y guardar energ\u00eda\u201d, explica el fisi\u00f3logo.<\/p>\n<p>Este hallazgo, en cierto modo, sorprende a los especialistas del \u00e1rea. \u201cEn general, suelen identificarse funciones nuevas para hormonas ya conocidas, pero ninguna tan importante como esta\u201d, dice el endocrin\u00f3logo L\u00edcio Velloso, de la Universidad de Campinas (Unicamp) y estudioso de los mecanismos bioqu\u00edmicos asociados a la obesidad y a la diabetes. \u201cNunca hab\u00eda sido tan evidente que esa hormona pudiera regular en el cerebro el hambre y el consumo energ\u00e9tico\u201d.<\/p>\n<p>Desde los a\u00f1os 1960 se sabe que el ayuno incrementa la liberaci\u00f3n de la hormona del crecimiento. En pruebas con voluntarios sanos realizadas en un hospital de Nueva York, el m\u00e9dico Solomon Berson (1918-1972) y la f\u00edsica-m\u00e9dica Rosalyn Yalow (1921-2011) notaron que la privaci\u00f3n prolongada de nutrientes (dos d\u00edas y medio sin comer) aumentaba la liberaci\u00f3n de hormona del crecimiento. Sin embargo, no se sab\u00eda cu\u00e1les eran las consecuencias de eso ni por qu\u00e9 ocurr\u00eda. \u201cParec\u00eda ser un efecto contradictorio\u201d, relata Donato. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 ante la ausencia de nutrientes el organismo redoblar\u00eda sus esfuerzos en crecer, algo que insume m\u00e1s energ\u00eda?\u201d<\/p>\n<p>La respuesta vino con los resultados que se publicaron en febrero. Como estaba interesado en conocer c\u00f3mo act\u00faan las hormonas sobre el sistema nervioso central, Donato y su equipo se enfocaron en el cerebro, en lugar de estudiar los tejidos perif\u00e9ricos, como hacen otros grupos. \u201cLa acci\u00f3n de la hormona del crecimiento sobre los centros reguladores del hambre no se estaba teniendo en cuenta\u201d, comenta el bioqu\u00edmico brasile\u00f1o Marcelo Dietrich, de la Escuela de Medicina de la Universidad Yale, en Estados Unidos, que estudia los mecanismos bioqu\u00edmicos que controlan el hambre y la saciedad.<\/p>\n<p>El primer paso consisti\u00f3 en determinar d\u00f3nde actuaba en el cerebro la hormona del crecimiento y su efecto sobre el hambre y el consumo de energ\u00eda. En un test inicial, la fisi\u00f3loga Isadora Clivatti Furigo, en su posdoctorado bajo la supervisi\u00f3n de Donato, suministr\u00f3 a roedores sanos hormona del crecimiento marcada con un material que permite su rastreo. A continuaci\u00f3n, examin\u00f3 el hipot\u00e1lamo, una peque\u00f1a regi\u00f3n del cerebro asociada al control de la temperatura corporal, de la sed, del cansancio, del sue\u00f1o y, por supuesto, del hambre. Ella not\u00f3 que la hormona se un\u00eda a las c\u00e9lulas de al menos diez \u00e1reas. Una en particular le llam\u00f3 la atenci\u00f3n: el n\u00facleo arqueado. Esa \u00e1rea diminuta contiene un grupo peque\u00f1o de c\u00e9lulas (algunos miles en los ratones) a las que se sabe asociadas a la regulaci\u00f3n de la ingesta de alimentos y del gasto energ\u00e9tico. Estas c\u00e9lulas, a las cuales se las denomina con el mote de neuronas del hambre, producen dos compuestos \u2013el neurop\u00e9ptido al cual se lo conoce por la sigla AgRP y el neurop\u00e9ptido Y (NPY), raz\u00f3n por la cual se las denomina neuronas AgRP\/ NPY\u2013 que act\u00faan en otras regiones cerebrales e impulsan al cuerpo a buscar comida.<\/p>\n<picture data-tablet=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-0-es-tablet.png\" data-tablet_size=\"1900x1283\" alt=\"\">\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-0-es-desktop.png\" media=\"(min-width: 1920px)\" \/>\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-0-es-tablet.png\" media=\"(min-width: 1140px)\" \/>\n    <img decoding=\"async\" class=\"responsive-img\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-0-es-mobile.png\" \/>\n  <\/picture>\n<p><strong>Un disparador del hambre<\/strong><br \/>\nEl aumento en la concentraci\u00f3n de hormona del crecimiento en el hipot\u00e1lamo, de hecho, despert\u00f3 a las neuronas del hambre. Un d\u00eda despu\u00e9s de recibir una dosis de la hormona, los roedores empezaron a comer m\u00e1s que los ratones tratados con una soluci\u00f3n inocua (placebo). Los animales del primer grupo tambi\u00e9n gastaban menos energ\u00eda que los del segundo, sugiriendo que los niveles elevados de hormona del crecimiento en el cerebro funcionaban como un disparador del hambre y de la econom\u00eda de energ\u00eda. \u201cEl trabajo actual inaugura un nuevo campo de investigaci\u00f3n\u201d, dice el endocrin\u00f3logo Cesar Boguszewski, coordinador de la Unidad de Neuroendocrinolog\u00eda del Hospital De Cl\u00ednicas de la Universidad Federal de Paran\u00e1 (UFPR). \u201cEn el caso de que este efecto tambi\u00e9n sea detectado en los seres humanos, eso podr\u00eda ayudar a entender por qu\u00e9 las dietas para adelgazar muchas veces fallan\u201d.<\/p>\n<p>Para confirmar que el aumento del hambre era una consecuencia de la acci\u00f3n de esa hormona sobre las neuronas AgRP\/ NPY, los investigadores resolvieron insensibilizarlos a la hormona del crecimiento. Donato y Furigo recibieron ratones alterados gen\u00e9ticamente que no presentaban al receptor de la hormona en todo el cerebro. Esos roedores fueron preparados por el bi\u00f3logo molecular estadounidense John Kopchick, de la Universidad de Ohio, Estados Unidos, quien desarroll\u00f3 un medicamento que impide la acci\u00f3n de la hormona del crecimiento. En el Laboratorio de Neuroanatom\u00eda Funcional de la USP, el d\u00fao brasile\u00f1o restringi\u00f3 la ausencia del receptor solo a las neuronas del hambre vali\u00e9ndose de una estrategia de manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica denominada recombinaci\u00f3n Cre-Lox, que es anterior a la Crispr, que hoy en d\u00eda est\u00e1 en boga.<\/p>\n<p>Los ratones privados del receptor de la hormona en las neuronas AgRP\/ NPY, tratados con la dieta est\u00e1ndar de los laboratorios, com\u00edan lo mismo que los animales sin esa alteraci\u00f3n gen\u00e9tica. Tambi\u00e9n presentaban un nivel de actividad, peso y composici\u00f3n corporal (porcentaje de masa grasa) similar. Cuando se los somet\u00eda durante cinco d\u00edas a una dieta en la cual inger\u00edan un 40% de la cantidad normal de raci\u00f3n, los animales sin la alteraci\u00f3n gen\u00e9tica pasaron a moverse menos y a economizar energ\u00eda. En tanto, los ratones con las neuronas del hambre sin receptor de la hormona del crecimiento casi no registraron alteraciones en su nivel de actividad. En esa coyuntura, este grupo adelgaz\u00f3 m\u00e1s: perdi\u00f3 un 20% m\u00e1s de peso, principalmente masa grasa, que los animales del primer grupo. \u201cSin el receptor para la hormona del crecimiento, las neuronas AgRP\/ NPY parecen no percibir adecuadamente la privaci\u00f3n de alimentos\u201d, relata Furigo.<\/p>\n<p>En la fase siguiente, los cient\u00edficos testearon algo m\u00e1s similar a un posible tratamiento de p\u00e9rdida de peso para seres humanos. Ellos restringieron la cantidad de alimento y proporcionaron\u00a0 a los roedores dos dosis diarias de pegvisomant, un f\u00e1rmaco que se utiliza en el tratamiento de individuos con acromegalia, en la cual se registra un crecimiento exagerado de las extremidades del cuerpo debido a una producci\u00f3n excesiva de hormona del crecimiento en la adultez. Con ello, intentaban maximizar la p\u00e9rdida de peso sin alterar los genes. Con los roedores eso funcion\u00f3. Los ratones tratados con pegvisomant adelgazaron m\u00e1s que los del grupo tratado con placebo porque mantuvieron un gasto energ\u00e9tico elevado incluso pasando hambre. \u201cEse resultado constituye una prueba de concepto de que acaso sea posible utilizar ese tipo de medicamento para ayudarles a las personas a perder m\u00e1s peso\u201d, sugiere Donato. \u201cEn una dieta, un tratamiento con ese compuesto tal vez logre que los niveles de hormona del crecimiento retornen a valores normales y, as\u00ed, se reduzca el hambre manteniendo el gasto de energ\u00eda\u201d.<\/p>\n<picture data-tablet=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-1-es-tablet.png\" data-tablet_size=\"1900x1500\" alt=\"\">\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-1-es-desktop.png\" media=\"(min-width: 1920px)\" \/>\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-1-es-tablet.png\" media=\"(min-width: 1140px)\" \/>\n    <img decoding=\"async\" class=\"responsive-img\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-1-es-mobile.png\" \/>\n  <\/picture>\n<p><strong>Una alternativa deseable<\/strong><br \/>\nLos cient\u00edficos sospechan que el efecto observado en ratones tambi\u00e9n ocurrir\u00eda en otros animales y en los seres humanos. \u201cLos mecanismos fundamentales para la supervivencia suelen preservarse a lo largo de la evoluci\u00f3n\u201d, recuerda Dietrich, de Yale. Con todo, la confirmaci\u00f3n de ese efecto ben\u00e9fico y la verificaci\u00f3n de eventuales efectos colaterales requerir\u00e1n muchos experimentos. Si eso funcionara tal como est\u00e1 previsto ser\u00eda una alternativa bienvenida para ayudar en el tratamiento de la obesidad. Es urgente hallar formas efectivas de controlar el exceso de peso, un problema que afecta a 1.900 millones de personas en el mundo y, en el caso humano, las causas son m\u00faltiples (gen\u00e9ticas, ambientales y comportamentales).<\/p>\n<p>Aunque el bloqueo de la hormona propicie la p\u00e9rdida de peso en humanos, Boguszewski, de la UFPR, anticipa cierta dificultad para la adopci\u00f3n de esa estrategia en la pr\u00e1ctica cl\u00ednica. \u201cEn primer lugar deber\u00eda limitarse su efecto a un \u00e1rea determinada del cerebro\u201d, dice el investigador, que estudia la acci\u00f3n perif\u00e9rica de la hormona del crecimiento. Casi todos los tejidos del cuerpo poseen receptores para ella e impedir su actividad normal puede acarrear consecuencias graves. \u201cA\u00fan nos encontramos en la etapa de intentar comprender mejor el funcionamiento del hipot\u00e1lamo, antes de pensar en estrategias terap\u00e9uticas m\u00e1s eficientes\u201d, advierte Velloso. \u201cDesde el punto de vista biol\u00f3gico, estamos protegidos para no morir de inanici\u00f3n\u201d.<\/p>\n<div class=\"box\"><strong>Los da\u00f1os generados por la carencia de leptina al comienzo de la vida<\/strong><\/p>\n<p><div id=\"attachment_324199\" style=\"max-width: 2290px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-324199 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px.jpg\" alt=\"\" width=\"2280\" height=\"942\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px.jpg 2280w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px-250x103.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px-700x289.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/046-049_Fome-e-saciedade_277-2-2280px-120x50.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 2280px) 100vw, 2280px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">L\u00e9o Ramos Chaves<\/span><\/a> Hermanos y diferentes: el rat\u00f3n obeso (<em>a la izq<\/em>.) no produce el receptor de la leptina<span class=\"media-credits\">L\u00e9o Ramos Chaves<\/span><\/p><\/div><\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s de su descubrimiento en 1994, la leptina, producida por el tejido adiposo,\u00a0 se torn\u00f3 conocida como la hormona de la saciedad. Ella le indica al cerebro si la reserva de energ\u00eda almacenada en forma de grasas es adecuada o bien, si es necesario comer. Sin embargo, esa no es su \u00fanica funci\u00f3n. En el comienzo de la vida ella es importante para el desarrollo del cerebro y de los sistemas inmunol\u00f3gico y reproductivo. Faltaba saber si los efectos de su carencia podr\u00edan ser revertidos.<\/p>\n<p>\u201cAlgunos s\u00ed; otros tan solo en forma parcial\u201d, sostiene el fisi\u00f3logo Jos\u00e9 Donato Junior, de la USP. La fisi\u00f3loga Angela Ramos Lobo y Donato, su supervisor en el doctorado, idearon una estrategia sofisticada para verificar esa posibilidad. Ellos desactivaron en roedores el gen que codifica el receptor de la leptina. Los ratones produc\u00edan la leptina, pero el cuerpo no percib\u00eda su efecto.<\/p>\n<p>Los investigadores reactivaron ese gen en la cuarta semana de vida de un grupo de animales y en la d\u00e9cima de otro \u2013edades que corresponden al final de la infancia y a la adolescencia en los seres humanos\u2013 y los monitorearon durante m\u00e1s de seis meses.<\/p>\n<p>Al igual que los roedores que no producen leptina, aquellos animales privados de su acci\u00f3n al comienzo de su vida com\u00edan de m\u00e1s, gastaban poca energ\u00eda y eran obesos e inf\u00e9rtiles. Tambi\u00e9n presentaban un cerebro de un tama\u00f1o un 10% menor que los del grupo de control.<\/p>\n<p>Una vez restablecida la actividad de la leptina, los animales empezaron a comer menos, adelgazaron y, en parte, recuperaron el desarrollo cerebral. De cualquier modo, siguieron siendo obesos, inf\u00e9rtiles y con mayor propensi\u00f3n a padecer diabetes, seg\u00fan el art\u00edculo que sali\u00f3 publicado el 29 de enero en la revista <em>eLife<\/em>. \u201cLa se\u00f1alizaci\u00f3n de la leptina durante el inicio del desarrollo define el modelo de gasto energ\u00e9tico\u201d, explica Donato.<\/p>\n<p>Se sospecha que estos hallazgos podr\u00edan aplicarse a los seres humanos. Si bien la deficiencia de leptina es rara (se conocen unos 30 casos en todo el mundo), la se\u00f1alizaci\u00f3n disfuncional es algo com\u00fan, emergente de una carencia nutricional o del exceso de peso en la infancia, siendo que en estos casos el cuerpo produce la hormona pero no la reconoce. \u201cAnte esta situaci\u00f3n, lo importante es intervenir pronto mediante una reposici\u00f3n o alteraci\u00f3n de los h\u00e1bitos alimentarios para garantizar el mejor desarrollo posible\u201d, dice L\u00edcio Velloso, de la Unicamp.<\/div>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Proyectos<\/strong><br \/>\n<strong>1.<\/strong> Acci\u00f3n de la hormona del crecimiento sobre el sistema nervioso: su importancia para las funciones neuronales y en enfermedades (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/97126\/acao-do-hormonio-do-crescimento-no-sistema-nervoso-relevancia-para-as-funcoes-neurais-e-na-doenca\/?q=17\/02983-2\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00ba 17\/02983-2<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Proyecto Tem\u00e1tico; <strong>Investigador responsable<\/strong> Jos\u00e9 Donato Junior (ICB-USP); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 1.238.502,38<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Estudio de los efectos centrales de la hormona del crecimiento sobre el metabolismo energ\u00e9tico y control gluc\u00e9mico (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/168159\/estudo-dos-efeitos-centrais-do-hormonio-do-crescimento-sobre-o-metabolismo-energetico-e-controle-gli\/?q=16\/09679-4\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">n\u00ba 16\/09679-4<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Beca en el Pa\u00eds \u2013 Posdoctorado; <strong>Investigador responsable<\/strong> Jos\u00e9 Donato Junior (ICB-USP); <strong>Becaria<\/strong> Isadora Clivatti Furigo; <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 296.549,92<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/strong><br \/>\nFURIGO, I. C. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/s41467-019-08607-1\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Growth hormone regulates neuroendocrine responses to weight loss via AgRP neurons<\/a>. <strong>Nature Communications<\/strong>. 8 feb. 2019.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un hallazgo de un grupo de brasile\u00f1os apunta que el ayuno hace que la hormona del crecimiento active neuronas que estimulan el hambre y dificultan la p\u00e9rdida de peso","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[305,320],"coauthors":[105],"class_list":["post-324198","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-fisiologia-es","tag-nutricion","position_at_home-sumario"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/324198","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=324198"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/324198\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":325447,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/324198\/revisions\/325447"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=324198"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=324198"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=324198"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=324198"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}