{"id":334862,"date":"2020-03-17T17:20:09","date_gmt":"2020-03-17T20:20:09","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=334862"},"modified":"2020-10-22T17:13:45","modified_gmt":"2020-10-22T20:13:45","slug":"memorias-de-la-sequia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/memorias-de-la-sequia\/","title":{"rendered":"Memorias de la sequ\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>En la d\u00e9cada de 1930 se crearon siete campos de concentraci\u00f3n en el estado de Cear\u00e1 para confinar a los migrantes que hu\u00edan de la sequ\u00eda. El campo denominado Patu, el \u00fanico que conserva sus ruinas parcialmente conservadas, que funcion\u00f3 entre 1932 y 1933 en la localidad de Senador Pompeu, a unos 270 kil\u00f3metros (km) de Fortaleza, la capital del estado, fue recientemente declarado patrimonio hist\u00f3rico-cultural del municipio y ahora atraviesa un proceso legal similar en la esfera estadual. Investigadores e integrantes de la sociedad civil presionaron al gobierno municipal para crear un plan de salvaguardia para las ruinas del sitio.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n como patrimonio hist\u00f3rico municipal fue el resultado de un proceso que dio comienzo en la d\u00e9cada de 1990, un per\u00edodo en el cual los estudios acad\u00e9micos sobre la sequ\u00eda comenzaron a rescatar la historia del campo y los movimientos sociales comenzaron a promover acciones en aras de la preservaci\u00f3n de su acervo hist\u00f3rico. La historiadora K\u00eania Sousa Rios, de la Universidad Federal de Cear\u00e1 (UFC), autora de estudios pioneros sobre el Patu y otros seis campos de concentraci\u00f3n creados en el estado en la d\u00e9cada de 1930, explica que el origen de esos lugares se remonta al final del siglo XIX, cuando algunas familias de Fortaleza comenzaron a enriquecerse gracias al cultivo del algod\u00f3n, que impuls\u00f3 un auge del desarrollo urbano. En simult\u00e1neo, entre 1877 y 1879, el estado atraves\u00f3 un per\u00edodo de sequ\u00edas intensas que impulsaron el \u00e9xodo de 100 mil campesinos hacia la capital, que por entonces albergaba a una poblaci\u00f3n de alrededor de 30 mil habitantes. La mayor\u00eda de los migrantes pertenec\u00eda a familias de peque\u00f1os agricultores, que inclu\u00edan ancianos, adultos y ni\u00f1os, provenientes tambi\u00e9n de otros estados del nordeste. \u201cLa llegada de toda esa gente desestructur\u00f3 el proceso de desarrollo urbano y el estado empez\u00f3 a elaborar estrategias con miras a contener el flujo de los damnificados que arribaban a la capital\u201d, relata Sousa Rios.<\/p>\n<p>Ronald de Figueiredo, del Instituto Federal de Educaci\u00f3n, Ciencia y Tecnolog\u00eda de Cear\u00e1 (IFCE), campus de Tau\u00e1, explica que el \u00e9xodo se repiti\u00f3 durante la gran sequ\u00eda de 1915, de manera tal que el gobierno instaur\u00f3 el campo de concentraci\u00f3n de Alagadi\u00e7o, en las cercan\u00edas de Fortaleza, que lleg\u00f3 a albergar a unas 8 mil personas. \u201cEl discurso pol\u00edtico de la \u00e9poca apuntaba a inculcar la idea de que ese sitio pretend\u00eda brindarles asistencia a los migrantes cuando, en realidad, el objetivo principal era apartarlos del centro de la ciudad\u201d, informa. En investigaciones que se llevaron a cabo para los informes oficiales de la Intervenci\u00f3n de Cear\u00e1, que salieron publicados en ocho peri\u00f3dicos de la \u00e9poca, entre ellos, <em>Gazeta de Not\u00edcias<\/em>, <em>O Povo<\/em> y <em>Correio do Cear\u00e1<\/em>, y se conservan en la Colecci\u00f3n de la Biblioteca P\u00fablica de Documentaci\u00f3n del Departamento de Historia de la UFC, Sousa Rios verific\u00f3 que fue en 1915 que la gobernaci\u00f3n de estado utiliz\u00f3 por primera vez el t\u00e9rmino \u201ccampo de concentraci\u00f3n\u201d para referirse al espacio de contenci\u00f3n de los damnificados por la sequ\u00eda.<\/p>\n<p>A partir de 1930, el crecimiento de Fortaleza se intensific\u00f3, rememora la historiadora, lo cual demand\u00f3 obras de modernizaci\u00f3n y remodelaci\u00f3n urbana. Al mismo tiempo, la corriente de expansi\u00f3n comenz\u00f3 a atraer cada vez m\u00e1s a habitantes de otras regiones del estado, en busca de mejores condiciones de vida. \u201cEntre la aristocracia capitalina se palpaba un anhelo de modernidad, y por eso comenzaron a presionar al gobierno para instaurar mecanismos de control de la circulaci\u00f3n de pobres, que ped\u00edan limosnas y eran vistos como potenciales portadores de enfermedades o como saqueadores de mercados\u201d, comenta.<\/p>\n<p>Como el enclave de Alagadi\u00e7o, de 1915, no result\u00f3 suficiente para contener el amplio \u00e9xodo hacia la capital, cuando se produjo la gran sequ\u00eda posterior, en 1932, el estado resolvi\u00f3 crear otros siete campos de concentraci\u00f3n. \u201cEn aquel momento, la presi\u00f3n de los pobladores ricos devino en una pol\u00edtica p\u00fablica\u201d, relata la historiadora. El proyecto fue llevado a cabo por la gobernaci\u00f3n del estado junto al Ministerio de Transporte y Obras P\u00fablicas del gobierno de Get\u00falio Vargas (1882-1954) y contemplaba la creaci\u00f3n de guetos para el confinamiento de los damnificados. \u201cSe los vigilaba permanentemente y no pod\u00edan salir, a no ser que fuera para trabajar en obras p\u00fablicas o en los ingenios de la regi\u00f3n. A cambio, recib\u00edan una comida diaria\u201d, dice Sousa Rios.<\/p>\n<div id=\"attachment_334863\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-334863 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"640\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140-250x140.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140-700x393.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-0-1140-120x67.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Informe de la Comisi\u00f3n M\u00e9dica 1932 - Campo de concentraci\u00f3n de Patu - Jos\u00e9 Bonif\u00e1cio P Costa - Libro de la colecci\u00f3n: Dnocs\/ Valdecy Alves<\/span><\/a> Emigrantes llegan al Patu en 1932 atra\u00eddos por la promesa de asistencia del Estado<span class=\"media-credits\">Informe de la Comisi\u00f3n M\u00e9dica 1932 - Campo de concentraci\u00f3n de Patu - Jos\u00e9 Bonif\u00e1cio P Costa - Libro de la colecci\u00f3n: Dnocs\/ Valdecy Alves<\/span><\/p><\/div>\n<p>De Figueiredo, del IFCE, explica que seis de esos campos se erigieron en las adyacencias de las estaciones del ferrocarril de Baturit\u00e9, que los refugiados utilizaban para llegar hasta la capital. El primer tramo de la l\u00ednea f\u00e9rrea se inaugur\u00f3 en 1872, y oper\u00f3 para el transporte de pasajeros hasta mediados de la d\u00e9cada de 1980. Tan solo uno de los campos no estaba ubicado cerca de las v\u00edas, cinco de ellos funcionaban en el interior del estado y otros dos, de menores dimensiones, en los alrededores de Fortaleza. En la prensa de la \u00e9poca, el gobierno presentaba a los campos como parte de una pol\u00edtica de ayuda y asistencia social, y los damnificados se dirig\u00edan a ellos en forma espont\u00e1nea, ilusionados con la promesa de provisi\u00f3n de alimentos, atenci\u00f3n m\u00e9dica y hospedaje. \u201cAl llegar, se daban cuenta de que las estructuras eran precarias. Los sitios que alojaban a la gente eran grandes cobertizos de paja\u201d, relata la profesora de la UFC.<\/p>\n<p>De acuerdo con Sousa Rios, los campos de concentraci\u00f3n fueron pensados para albergar a 3 mil personas, pero algunos recib\u00edan hasta 18 mil, como fue el caso del Patu. \u201cEse sitio es el \u00fanico que a\u00fan conserva las ruinas de esa \u00e9poca y por eso termin\u00f3 siendo el m\u00e1s conocido\u201d, dice la historiadora. El campo de Senador Pompeu dispon\u00eda de una estructura de mamposter\u00eda porque para su construcci\u00f3n se aprovecharon 12 casonas de estilo neocolonial, que se hab\u00edan construido como viviendas para las obras de construcci\u00f3n de la represa del r\u00edo Patu, en 1919.<\/p>\n<p>Pertenecientes al Departamento Nacional de Obras contra las Sequ\u00edas (Dnocs), que en aquella \u00e9poca se denominaba Inspecci\u00f3n Federal de Obras Contra las Sequ\u00edas (Ifocs), en 1932 esas edificaciones fueron cedidas por la Uni\u00f3n, para que la gobernaci\u00f3n del estado pudiese instalar el campo de confinamiento. Se calcula que en algunas de esas casonas viv\u00edan alrededor de 300 personas. Los refugiados tambi\u00e9n eran alojados en tiendas diseminadas por el predio. Si bien no existen registros oficiales, se estima que la mitad de los que pasaron por Patu murieron de hambre, o como consecuencia de enfermedades tales como el tifus y el sarampi\u00f3n, y fueron enterrados en fosas colectivas. \u201cLos libros parroquiales de algunas iglesias de la regi\u00f3n contienen relatos de curas que visitaban los campos, refiriendo que diariamente daban la extrema unci\u00f3n a decenas de personas\u201d, comenta Sousa Rios, quien obtuvo id\u00e9ntica informaci\u00f3n en entrevistas con sobrevivientes. Los siete campos funcionaron hasta 1933, cuando las lluvias regresaron y los exiliados retornaron a sus lugares de origen, con boletos de tren que les facilit\u00f3 el propio gobierno. \u201cAlgunos de ellos se dirigieron a Fortaleza, que entonces experiment\u00f3 una expansi\u00f3n del proceso de favelizaci\u00f3n\u201d, informa Sousa Rios, quien calcula que entre 1932 y 1933, m\u00e1s de 100 mil personas pasaron por los campos de concentraci\u00f3n de Cear\u00e1.<\/p>\n<p>Djamiro Ferreira Acipreste, del Departamento de Derecho de la Universidad Regional de Cariri (Urca), recuerda que el fantasma de la Segunda Guerra Mundial, que \u201cestableci\u00f3 un nuevo pacto civilizatorio y humanitario, y conden\u00f3 con vehemencia los campos de concentraci\u00f3n y de exterminio del holocausto\u201d, fue decisivo para la desaparici\u00f3n de la documentaci\u00f3n relacionada con los campos cearenses. En su lugar, el gobierno pas\u00f3 a construir conjuntos habitacionales en los suburbios de Fortaleza. En 1959, con la creaci\u00f3n de la Superintendencia de Desarrollo del Nordeste (Sudene), se dio inicio al debate acerca de c\u00f3mo convivir con la sequ\u00eda por medio de pol\u00edticas de riego y proyectos de presas. \u201cA partir de 1945, los campos de concentraci\u00f3n fueron cayendo en el olvido\u201d, relata Acipreste. \u201cHoy en d\u00eda, muchos de los pobladores locales desconocen su historia\u201d.<\/p>\n<p>Ese era el caso de De Figueiredo, del IFCE, residente en la ciudad de Crato, donde funcion\u00f3 el Buriti, el mayor campo de concentraci\u00f3n de la regi\u00f3n, que lleg\u00f3 a albergar a 70 mil personas provenientes de los estados de Piau\u00ed, Bah\u00eda, Pernambuco, Rio Grande do Norte y Para\u00edba. Seg\u00fan \u00e9l, desde el final del siglo XIX, la regi\u00f3n de Crato atrae a migrantes provenientes de otras \u00e1reas. \u201cElla est\u00e1 ubicada cerca de la frontera con otros estados, posee muchos manantiales y se la conoce como el oasis de la regi\u00f3n del Cariri\u201d, explica. Adem\u00e1s, las peregrinaciones del Padre C\u00edcero (1844-1934), nacido en esa ciudad, tambi\u00e9n atra\u00edan a migrantes.<\/p>\n<p>Hasta 2005, cuando comenz\u00f3 su carrera de grado en la Urca, De Figueiredo ignoraba la historia local, que empez\u00f3 a conocer a partir de la lectura de los trabajos de autores tales como K\u00eania Sousa Rios y Frederico de Castro Neves, tambi\u00e9n docente en la UFC. \u201cNo hay evidencia material de la existencia de ese campo. El barrio que se llamaba Buriti cambi\u00f3 de nombre a Muriti, en un intento por hacer desaparecer de la memoria colectiva ese acontecimiento. Yo viv\u00ed toda mi vida en ese sitio y reci\u00e9n me enter\u00e9 de su existencia en la facultad\u201d, relata De Figueiredo, quien defendi\u00f3 una maestr\u00eda sobre el tema en 2015.<\/p>\n<div id=\"attachment_334867\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-334867 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"759\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140-250x166.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140-700x466.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/082-085_campo-concentracao_287-1-1140-120x80.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Isadora Brant\/ Folhapress<\/span><\/a> En 2014, la peregrinaci\u00f3n en Senador Pompeu homenaje\u00f3 a los muertos del campo de concentraci\u00f3n<span class=\"media-credits\">Isadora Brant\/ Folhapress<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Devoci\u00f3n popular<\/strong><br \/>\nEl abogado Valdecy Alves, nacido en Senador Pompeu y uno de los l\u00edderes principales del movimiento social que, junto con historiadores, dio origen al proceso de resguardo patrimonial del campo, recuerda que en su infancia los ni\u00f1os ten\u00edan al Patu por una zona embrujada, mientras que los adultos se dirig\u00edan al lugar para cumplir promesas. \u201cSin las casas de mamposter\u00eda que pose\u00eda el Patu, el resto de los campos utilizaban chozas de palos de madera cubiertas con hojas de palmera. Cuando los cerraron, el gobierno les prendi\u00f3 fuego y las estructuras desaparecieron\u201d, relata Alves. En Senador Pompeu, parte de la poblaci\u00f3n m\u00e1s antigua se acordaba de esos acontecimientos y utilizaba el sitio en donde se hab\u00edan enterrado los muertos para pagar promesas. El historiador Aterlane Martins, docente del IFCE, campus de Quixad\u00e1, comenta que, atento a esos desplazamientos, en 1982, el sacerdote italiano Albino Donatti propuso la organizaci\u00f3n de una peregrinaci\u00f3n en memoria de los fallecidos. Con el nombre de \u201cMarcha de la sequ\u00eda\u201d, la misma se realiza cada a\u00f1o en el mes de noviembre. Sale del centro de la ciudad, y cubre un trayecto de 4 km hasta el lugar donde estar\u00edan las fosas comunes. Anteriormente un terreno bald\u00edo, hoy ese sitio cuenta con una estructura simb\u00f3lica a modo de cementerio. \u201cLos devotos colocaron l\u00e1pidas y, en las marchas, les llevan flores, velas, pan y agua\u201d, informa Martins. Seg\u00fan \u00e9l, entre los visitantes existe la creencia de que los muertos pueden concederles favores a los devotos.<\/p>\n<p>La historiadora Karoline Queiroz e Silva, quien defendi\u00f3 una maestr\u00eda sobre el campo en 2017, explica que antes de que el cura organizara la marcha la gente refer\u00eda que en ese lugar hab\u00edan visto almas y comenzaron a encender velas y llevarles exvotos (ofrendas, objetos que los fieles suelen ofrecerles a los santos que veneran). Ella recuerda que en cada peregrinaci\u00f3n anual participan unas 6 mil personas, que incluso vienen desde otros estados. \u201cRecientemente, aparte de los enseres religiosos, la gente empez\u00f3 a llevar bidones de agua y semillas, aludiendo a la necesidad de pol\u00edticas p\u00fablicas que posibiliten la convivencia con la sequ\u00eda. As\u00ed, el evento adquiri\u00f3 un cariz pol\u00edtico\u201d, resalta.<\/p>\n<p>Martins, del IFCE, recuerda que hace 10 a\u00f1os, el ayuntamiento incluy\u00f3 la peregrinaci\u00f3n en su calendario tur\u00edstico, se\u00f1alizando con placas los lugares por donde pasa. M\u00e1s all\u00e1 de la marcha, \u00e9l aboga por la realizaci\u00f3n de actividades culturales en el \u00e1rea preservada, para el mantenimiento de la memoria del campo de concentraci\u00f3n. \u201cEl proceso de resguardo patrimonial es importante, pero todav\u00eda no se ha elaborado un plan de salvaguardia que establezca, por ejemplo, c\u00f3mo se van a utilizar las edificaciones. Ellas est\u00e1n alejadas del centro, no hay un movimiento diario en el lugar. Como homenaje a quienes estuvieron all\u00ed, es necesario generar actividades para relatar lo vivido\u201d, culmina.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Libros<\/strong><br \/>\nMARTINS, R. A. P. <strong>Das santas almas da barragem \u00e0 caminhada da seca: Projetos de patrimonializa\u00e7\u00e3o da mem\u00f3ria no sert\u00e3o central cearense (1982-2008)<\/strong>. Fortaleza: Museu do Cear\u00e1\/ Edi\u00e7\u00f5es IFCE, Cole\u00e7\u00e3o Outras Hist\u00f3rias, v. 71, 2017.<br \/>\nRIOS, K. S. <strong>Isolamento e poder \u2013 Fortaleza e os campos de concentra\u00e7\u00e3o na seca de 1932<\/strong>. Fortaleza: Museu do Cear\u00e1, 2014.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La labor conjunta de investigadores y movimientos sociales asegura la preservaci\u00f3n patrimonial de un campo de concentraci\u00f3n en Cear\u00e1","protected":false},"author":601,"featured_media":334871,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[310],"coauthors":[1600],"class_list":["post-334862","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-humanidades-es","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/334862","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/601"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=334862"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/334862\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":334875,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/334862\/revisions\/334875"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/334871"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=334862"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=334862"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=334862"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=334862"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}