{"id":355077,"date":"2020-10-26T16:23:18","date_gmt":"2020-10-26T19:23:18","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=355077"},"modified":"2020-10-26T16:23:18","modified_gmt":"2020-10-26T19:23:18","slug":"meteorito-polvoriento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/meteorito-polvoriento\/","title":{"rendered":"Meteorito polvoriento"},"content":{"rendered":"<p>Hacia las 11 de la ma\u00f1ana del domingo 28 de septiembre de 1969, una bola de fuego surc\u00f3 el cielo en el sur de Australia. Se trataba de una roca proveniente del espacio que explot\u00f3 a gran altura y gener\u00f3 un estruendo que se escuch\u00f3 segundos m\u00e1s tarde. En los alrededores de Murchison, un pueblito ubicado a 160 kil\u00f3metros al norte de la ciudad de Melbourne, la capital del estado de Victoria, cay\u00f3 una lluvia de trozos peque\u00f1os. Los casi 100 kilogramos de fragmentos recuperados del meteorito fueron distribuidos entre museos de Estados Unidos y de Australia y se los viene estudiando desde hace cinco d\u00e9cadas. Los cient\u00edficos est\u00e1n interesados en conocer el origen y la composici\u00f3n de cuerpos como el meteorito Murchison porque pueden revelar c\u00f3mo era la nube de gas y polvo que dio origen al Sol y sus planetas.<\/p>\n<p>El estudio m\u00e1s reciente de las muestras del Murchison revel\u00f3 que ese meteorito contiene part\u00edculas de polvo estelar que se formaron hace unos 7.500 millones de a\u00f1os, mucho antes que el Sistema Solar. Es por eso que a dichas part\u00edculas se las denomina presolares. \u201cSe trata de los materiales s\u00f3lidos m\u00e1s antiguos que se hayan encontrado en la Tierra\u201d, le dijo a la prensa el geoqu\u00edmico estadounidense Philipp Heck, investigador del Field Museum y de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, primer autor del art\u00edculo que describi\u00f3 los resultados presentados el 13 de enero en la revista <em>Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)<\/em>.<\/p>\n<p>El cient\u00edfico coordin\u00f3 el trabajo de un grupo internacional del cual form\u00f3 parte la geoqu\u00edmica brasile\u00f1a Jana\u00edna Nunes \u00c1vila, de la Universidad Nacional Australiana (ANU), que se vali\u00f3 de diversas t\u00e9cnicas para estudiar la estructura, la edad y el origen de 40 part\u00edculas de polvo estelar presolares extra\u00eddas del Murchison. Algunas de ellas ya hab\u00edan sido analizadas por medio de t\u00e9cnicas menos precisas, que les atribu\u00edan una edad superior a la del Sistema Solar, pero no tan elevada como ahora.<\/p>\n<p>Invisibles a simple vista, esas part\u00edculas presolares son muy raras. Se formaron a partir del agregado de elementos qu\u00edmicos en las capas de polvo que rodean a las estrellas hacia el final de su vida. Al cabo de los a\u00f1os, esos elementos se aglomeran hasta formar granos min\u00fasculos, que acaban incorpor\u00e1ndose a la estructura de los asteroides como el que gener\u00f3 el meteorito Murchison. \u201cEsencialmente, cada part\u00edcula es una porci\u00f3n min\u00fascula y congelada de una estrella que muri\u00f3 antes de la formaci\u00f3n del Sistema Solar\u201d, comenta Nunes \u00c1vila. Su trabajo permiti\u00f3 identificar que los granos de polvo del Murchison que ahora se estudian fueron generados por gigantes rojas, que son estrellas m\u00e1s antiguas y brillantes que el Sol.<\/p>\n<div id=\"attachment_356370\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-356370 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"210\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165-250x46.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165-700x129.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/8-165-120x22.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Jana\u00edna \u00c1vila\/ ANU<\/span><\/a> Los gr\u00e1nulos de polvo estelar analizados<span class=\"media-credits\">Jana\u00edna \u00c1vila\/ ANU<\/span><\/p><\/div>\n<p>Para extraer los granos, en primer lugar los cient\u00edficos trituran una l\u00e1mina del meteorito hasta reducirla a un polvo muy fino. A continuaci\u00f3n, emplean \u00e1cidos para disolver los compuestos org\u00e1nicos y los inorg\u00e1nicos m\u00e1s solubles. Lo que queda son part\u00edculas extremadamente resistentes, que en el caso de las que se estudian est\u00e1n formadas por carburo de silicio (SiC).<\/p>\n<p>El meteorito Murchison forma parte de una clase a la cual se la denomina condritas carbon\u00e1ceas, en las que abundan compuestos org\u00e1nicos escasamente alterados por el calor durante su formaci\u00f3n. \u201cLas condritas carbon\u00e1ceas soportan temperaturas inferiores a 200 grados Celsius\u201d, explica la astr\u00f3noma Maria Elizabeth Zucolotto, curadora de la secci\u00f3n de meteoritos del Museo Nacional (MN), en R\u00edo de Janeiro. \u201cPor esa raz\u00f3n, su composici\u00f3n qu\u00edmica sufre alteraciones m\u00ednimas y funcionan como una especie de registro f\u00f3sil de la \u00e9poca y de la regi\u00f3n en la que surgieron\u201d. Cuando se las manipula, desprenden un aroma caracter\u00edstico, que para algunos, tiene reminiscencias a una mezcla del olor de la brea y el fango de los manglares.<\/p>\n<p>Para calcular la edad de los gr\u00e1nulos de carburo de silicio, los cient\u00edficos midieron la concentraci\u00f3n de dos elementos qu\u00edmicos que quedan presos en su estructura: helio (He) y ne\u00f3n (Ne). El grupo analiz\u00f3 espec\u00edficamente dos variedades (is\u00f3topos) de esos elementos raros en la Tierra: el He-3, que contiene en su n\u00facleo dos part\u00edculas con carga el\u00e9ctrica positiva (protones) y una neutra (neutr\u00f3n), y el Ne-21, en este caso con 10 protones y 11 neutrones. Esos is\u00f3topos se generan en el espacio a partir de la interacci\u00f3n de los rayos c\u00f3smicos (part\u00edculas altamente energ\u00e9ticas que viajan a velocidades cercanas a la de la luz) con otros elementos qu\u00edmicos. Como la concentraci\u00f3n de He-3 y de Ne-21 en los gr\u00e1nulos es proporcional al tiempo que estuvieron expuestos a los rayos c\u00f3smicos, los investigadores logran calcular cu\u00e1ndo se formaron esas part\u00edculas.<\/p>\n<p>De los 40 ejemplares que se estudiaron hasta ahora, 24 tienen entre 4.600 y 4.900 millones de a\u00f1os de edad (la Tierra se form\u00f3 hace 4.500 millones de a\u00f1os). Cuatro de ellos tienen m\u00e1s de 5.500 millones de a\u00f1os, y el m\u00e1s antiguo se form\u00f3 hace alrededor de 7.500 millones de a\u00f1os. La mayor\u00eda de esos gr\u00e1nulos flot\u00f3 a la deriva entre 4 millones y 3 mil millones de a\u00f1os en el espacio antes de incorporarse a estructuras mayores que los protegieron de los rayos c\u00f3smicos. El universo tiene una edad estimada de 13.700 millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Heck, la existencia predominante de gr\u00e1nulos con edades entre 4.600 y 4.900 millones de a\u00f1os sugiere que hace 7 mil millones de a\u00f1os habr\u00eda habido un brote de formaci\u00f3n de estrellas la V\u00eda L\u00e1ctea, la galaxia que alberga a nuestro sistema solar. Una proporci\u00f3n mayor de estrellas habr\u00edan surgido, evolucionado r\u00e1pidamente y desaparecido 2 mil millones de a\u00f1os m\u00e1s tarde, expulsando hacia el espacio los elementos que formaron esas part\u00edculas. \u201cHubo un tiempo, previo a la aparici\u00f3n del Sistema Solar, en el cual se formaron m\u00e1s estrellas que lo normal\u201d, explic\u00f3. \u201cGracias a esos gr\u00e1nulos, ahora disponemos de evidencias directas de que hubo un per\u00edodo de formaci\u00f3n estelar elevada en nuestra galaxia\u201d. El meteorito Murchison y otros similares podr\u00edan contener incluso part\u00edculas m\u00e1s antiguas que a\u00fan no han sido halladas.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/strong><br \/>\nHECK, P.\u00a0 R. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.pnas.org\/content\/117\/4\/1884.short\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Lifetimes of interstellar dust from cosmic ray exposure ages of presolar silicon carbide<\/a>. <strong>PNAS<\/strong>. v.\u2009 117, n.\u2009 4, p.\u20091884-7. 13 ene.\u20092020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un fragmento de astro que cay\u00f3 en 1969 en Australia contiene material de hasta 7.500 millones de a\u00f1os, m\u00e1s antiguo que el Sistema Solar","protected":false},"author":16,"featured_media":356794,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[309,328],"coauthors":[105],"class_list":["post-355077","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-geologia-es","tag-quimica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/355077","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=355077"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/355077\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":356969,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/355077\/revisions\/356969"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/356794"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=355077"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=355077"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=355077"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=355077"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}