{"id":382953,"date":"2021-02-11T19:00:23","date_gmt":"2021-02-11T22:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=382953"},"modified":"2021-02-11T19:00:23","modified_gmt":"2021-02-11T22:00:23","slug":"conexion-persistente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/conexion-persistente\/","title":{"rendered":"Conexi\u00f3n persistente"},"content":{"rendered":"<p>Las im\u00e1genes de alta definici\u00f3n obtenidas recientemente por la red de radiotelescopios del complejo Atacama Large Millimiter\/Submillimiter Array (Alma), en Chile, est\u00e1n revelando detalles in\u00e9ditos e inesperados de las etapas iniciales de la formaci\u00f3n de estrellas y planetas: el desarrollo simult\u00e1neo de ambos tipos de astros en un sistema permanentemente alimentado por la nube matriz de gas y polvo. Hasta ahora, las observaciones suger\u00edan que las estrellas se formaban en una primera etapa y luego surg\u00edan los planetas, cuando la nube de materia que hab\u00eda dado origen a la estrella y a su disco protoplanetario ya se hab\u00eda disipado. \u201cLa sensibilidad superior del Alma nos est\u00e1 obligando a reinventar los modelos cl\u00e1sicos de formaci\u00f3n de los sistemas estelares\u201d, dice el astrof\u00edsico brasile\u00f1o Felipe Alves, que realiz\u00f3 una pasant\u00eda posdoctoral en el Centro para Estudios Astroqu\u00edmicos del Instituto Max Planck para la F\u00edsica Extraterrestre, en M\u00fanich (Alemania). Alves es el autor principal de un estudio que sali\u00f3 publicado en noviembre en la revista <em>The Astrophysical Journal Letters<\/em> que describe este fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>El cient\u00edfico utiliza la red de dispositivos instalada en el desierto chileno de Atacama desde 2015 para observar estrellas en formaci\u00f3n, las llamadas protoestrellas, y ahora detect\u00f3 el nacimiento del nuevo sistema estelar en una regi\u00f3n del espacio ubicada a una distancia de 530 a\u00f1os luz de la Tierra, en direcci\u00f3n a la constelaci\u00f3n de Ofiuco. Este par estrella-planeta, conocido por la sigla [BHB2007]1, est\u00e1 ubicado cerca de m\u00e1s de una decena de protoestrellas dentro del conglomerado Barnard 59, un fragmento de una nube de gas y polvo mucho mayor, la nebulosa de la Pipa.<\/p>\n<p>Esa nebulosa es una vieja conocida de Alves. En 2008, \u00e9l mape\u00f3 los campos magn\u00e9ticos de la regi\u00f3n utilizando los equipos disponibles en el Observatorio de Pico dos Dias, del Laboratorio Nacional de Astrof\u00edsica (LNA), en el estado de Minas Gerais, en un trabajo coordinado por el astrof\u00edsico Gabriel Franco, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), con quien colabora en su investigaci\u00f3n actual. Alves y Franco ya hab\u00edan observado en el c\u00famulo Barnard 59 un peculiar par de protoestrellas conectadas entre s\u00ed por filamentos, el objeto [BHB 2007]11 (<a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-pretzel-cosmico\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 285<\/em><\/a>).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1900\" height=\"650\" class=\"alignnone size-full wp-image-383076\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img.png 1900w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img-250x86.png 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img-700x239.png 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img-1536x525.png 1536w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/072-073_astro_299-0-img-120x41.png 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1900px) 100vw, 1900px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Estudios realizados por otros grupos hab\u00edan estimado que el sistema [BHB 2007]1 ten\u00eda una antig\u00fcedad aproximada de 1 mill\u00f3n de a\u00f1os. Ese es el tiempo que, seg\u00fan se desprende de las observaciones y de los modelos te\u00f3ricos, una estrella con una masa similar a la del Sol, demorar\u00eda en organizar a su alrededor el disco de gas y polvo en cuyo interior surgir\u00e1n los planetas, el mentado disco protoplanetario. En la mayor\u00eda de los sistemas protoestelares que se han observado, la formaci\u00f3n de los planetas resulta claramente visible solamente cuando el disco protoplanetario se encuentra totalmente aislado de la nube de gas y polvo que lo origin\u00f3. Este no es el caso en [BHB 2007]1. \u201cHallamos filamentos gigantes de gas y polvo de la nube madre cayendo en direcci\u00f3n hacia el disco de ese objeto\u201d, relata Alves, quien realiz\u00f3 las observaciones en colaboraci\u00f3n con cient\u00edficos de Estados Unidos, Espa\u00f1a, Francia y Chile.<\/p>\n<p>De acuerdo con la teor\u00eda cl\u00e1sica de la formaci\u00f3n de las estrellas, estas surgen en las zonas m\u00e1s densas y fr\u00edas de las colosales nubes de gas y polvo. En esas regiones, la fuerza gravitacional supera a la agitaci\u00f3n de las part\u00edculas materiales haciendo que se agrupen. A medida que el colapso gravitatorio comprime a la materia en el centro de la regi\u00f3n, sus \u00e1tomos comienzan a fusionarse, generando nuevos elementos qu\u00edmicos y la luz que irradia la futura estrella. Simult\u00e1neamente, el colapso provoca que el gas y el polvo que caen hacia el centro de la protoestrella giren cada a mayor velocidad, creando el disco alrededor de la estrella, denominado disco circunestelar. Hasta ahora, los modelos te\u00f3ricos consideraban que los planetas solo comenzaban a formarse luego de disiparse por completo la nube originaria que alimenta el disco algo m\u00e1s maduro, cuando este ya re\u00fane las condiciones ideales para la formaci\u00f3n de los planetas y recibe el nombre de disco protoplanetario. Sin embargo, las observaciones que se llevaron a cabo con el Alma indican que los filamentos de materia pueden seguir conectando a la nube madre con el disco protoplanetario incluso despu\u00e9s de iniciarse la formaci\u00f3n de los planetas.<\/p>\n<p>\u201cEs una gran novedad\u201d, dice Othon Winter, un f\u00edsico especializado en din\u00e1mica orbital de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) en Guaratinguet\u00e1 (S\u00e3o Paulo), quien estudia la evoluci\u00f3n del Sistema Solar. \u201cLos estudios evolutivos de los discos protoplanetarios deber\u00e1n tener en cuenta el aumento de materia procedente de la nube molecular, que producir\u00e1 efectos en la formaci\u00f3n de los planetas que hasta ahora no se hab\u00edan considerado\u201d.<\/p>\n<p>El disco protoplanetario del objeto [BHB 2007]1 tiene un di\u00e1metro de alrededor de 220 unidades astron\u00f3micas (UA); una unidad astron\u00f3mica corresponde a la distancia que separa a la Tierra del Sol. En el interior de ese disco, los astrof\u00edsicos han descubierto una gran cavidad anular con mucho menos polvo, situada en un rango espacial que va de 20 UA a 90 UA a partir del centro.<\/p>\n<p>Las observaciones del Alma, combinadas con las efectuadas por otra red de radiotelescopios \u2013Very Large Array (VLA)\u2013 en Estados Unidos, indican que en el interior de ese anillo hay un objeto con una masa entre 4 y 70 veces mayor que la de J\u00fapiter, el mayor planeta del Sistema Solar. Los cient\u00edficos a\u00fan no saben con certeza si ese objeto es un planeta gaseoso gigante, como J\u00fapiter, o una enana marr\u00f3n, una estrella que no tiene masa suficiente para brillar.<\/p>\n<p>\u201cEn el Alma esperamos poder observar pronto otras propiedades de la protoestrella y, quiz\u00e1, detectar indicios directos del planeta o de la enana marr\u00f3n\u201d, comenta Alves, quien sospecha que la formaci\u00f3n, tanto de la estrella principal como del gigante gaseoso o de la enana marr\u00f3n seguir\u00eda aliment\u00e1ndose del material de la nube madre. \u201cEl proceso de formaci\u00f3n del Sistema Solar y de la Tierra\u201d, supone el investigador, \u201cpodr\u00eda haber seguido una evoluci\u00f3n similar a la de esas protoestrellas\u201d.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Art\u00edculo cient\u00edfico<\/strong><br \/>\nALVES, F. O. <em>et al.<\/em> <a href=\"https:\/\/iopscience.iop.org\/article\/10.3847\/2041-8213\/abc550\/meta\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">A case of simultaneous star and planet formation<\/a>. <strong>The Astrophysical Journal Letters<\/strong>. 19 nov. 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un equipo internacional detecta un insospechado desarrollo simult\u00e1neo de una estrella y un planeta en un sistema alimentado en forma continua por una nube de gas","protected":false},"author":14,"featured_media":382549,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[274,328],"coauthors":[103],"class_list":["post-382953","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-astronomia-es","tag-quimica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/382953","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=382953"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/382953\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":383095,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/382953\/revisions\/383095"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/382549"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=382953"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=382953"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=382953"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=382953"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}