{"id":404919,"date":"2021-08-05T19:55:22","date_gmt":"2021-08-05T22:55:22","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=404919"},"modified":"2021-08-24T13:16:04","modified_gmt":"2021-08-24T16:16:04","slug":"lo-visible-y-lo-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/lo-visible-y-lo-invisible\/","title":{"rendered":"Lo visible y lo invisible"},"content":{"rendered":"<p>La llegada del siglo XIX trajo aparejados cambios tan profundos que se tornaron visibles. En Europa, la revoluci\u00f3n industrial gener\u00f3 el surgimiento de f\u00e1bricas capaces de producir a un ritmo nunca antes visto, y eso increment\u00f3 la demanda de materias primas importadas. Las v\u00edas del ferrocarril se multiplicaron surcando los campos, y las chimeneas recortaron el horizonte de las ciudades. Los vastos territorios de las que eran o hab\u00edan sido colonias que abastec\u00edan al Viejo Continente tambi\u00e9n se vieron sometidos a grandes transformaciones, tanto en cuanto al uso del suelo como en las formas de trabajo, lo que dej\u00f3 huellas que a\u00fan perduran en las im\u00e1genes de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el historiador Rafael de Bivar Marquese, de la Facultad de Filosof\u00eda, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de S\u00e3o Paulo (FFLCH-USP), las marcas de ese proceso aparecen en mapas, plantas, pinturas y fotograf\u00edas. La iconograf\u00eda revela la creciente racionalizaci\u00f3n del espacio durante ese per\u00edodo, en el que la producci\u00f3n agraria tuvo que expandirse r\u00e1pidamente. Los inventarios, documentos administrativos, actas de legislaturas e incluso los manuales de administraci\u00f3n esclavista arrojan luz sobre las maneras adoptadas por los propietarios para hacer trabajar a sus cautivos.<\/p>\n<p>En el libro <em>Reconstructing the landscapes of slavery<\/em> (Reconstruyendo los paisajes de la esclavitud), De Bivar Marquese, el historiador y soci\u00f3logo estadounidense Dale Tomich, de la Universidad de Binghamton, los historiadores cubanos Reinaldo Funes Monzote, de la Universidad de La Habana, y Carlos Venegas Fornias, del Centro de Investigaciones Juan Marinello, abordan esas transformaciones del paisaje y del trabajo. Los autores analizan im\u00e1genes de diversos tipos que muestran los cambios en el espacio y en la explotaci\u00f3n laboral en tres zonas de producci\u00f3n agr\u00edcola del continente americano: la Vale do Para\u00edba, donde comenzaba a expandirse el cultivo del caf\u00e9 en Brasil, el valle del Mississippi, en el sur de Estados Unidos, donde las plantaciones de algod\u00f3n marcaban la frontera de la expansi\u00f3n hacia el oeste, y los llanos azucareros del oeste de Cuba, la principal colonia remanente de Espa\u00f1a a comienzos del siglo XIX.<\/p>\n<p>El libro ilustra c\u00f3mo cambi\u00f3 la explotaci\u00f3n de las personas esclavizadas, un elemento de la racionalidad econ\u00f3mica imperante en el mundo entonces. Seg\u00fan De Bivar Marquese, hasta el siglo XVII, la concepci\u00f3n del trabajo esclavo segu\u00eda la misma l\u00f3gica de los tratados de agronom\u00eda y econom\u00eda de la Antig\u00fcedad, centrados en la administraci\u00f3n de la casa, a la cual estaba subordinada la producci\u00f3n. \u201cEn el siglo XVIII, con la consolidaci\u00f3n de la econom\u00eda pol\u00edtica, el discurso econ\u00f3mico se vuelve aut\u00f3nomo\u201d, dice. El mercado se expande velozmente y la productividad se vuelve central. Como respuesta a ello, la tierra, el trabajo y el dinero pasan a ser concebidos como factores de producci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cCuando esto sucede, podemos documentar en el pensamiento y en la pr\u00e1ctica se\u00f1orial el cambio de visi\u00f3n acerca del trabajo de los esclavizados, que se toma como fuente de creaci\u00f3n de valor. La gesti\u00f3n de ese trabajo tambi\u00e9n se transforma: se crean mecanismos para extraer m\u00e1s trabajo de las personas y m\u00e1s productos de la naturaleza\u201d, se\u00f1ala De Bivar Marquese. Para referirse al cambio en la l\u00f3gica productiva de los cautivos, Tomich acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n \u201csegunda esclavitud\u201d, que fue adoptada por De Bivar Marquese y otros estudiosos brasile\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>Concentraci\u00f3n e intensificaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nEn la primera mitad del siglo XIX se produjo un desplazamiento del eje de la producci\u00f3n mundial de caf\u00e9 hacia Brasil, tras una serie de crisis que sobrevinieron en el Caribe y la independencia de Hait\u00ed (en 1804), donde hasta entonces se concentraban las plantaciones cafetaleras. El resultado de ello fue una serie de modificaciones significativas en el cultivo. En Vassouras, un importante centro cafetero de R\u00edo de Janeiro durante las primeras d\u00e9cadas del ciclo del caf\u00e9, se constat\u00f3 que el 9 % de los propietarios pose\u00edan el 48 % de los esclavizados, erigi\u00e9ndose en \u201cmegapropietarios\u201d. Los caficultores se vieron empujados a expandir la producci\u00f3n y aumentar la productividad de la mano de obra para poder atender a un mercado en r\u00e1pido crecimiento.<\/p>\n<p>Uno de los efectos visibles de la inserci\u00f3n de la zona de Vale do Para\u00edba en el mercado internacional fue la concentraci\u00f3n de la posesi\u00f3n de individuos esclavizados. Ese proceso fue estudiado en los archivos de la regi\u00f3n por un investigador del equipo de De Bivar Marquese, el doctorando Breno Servidone Moreno, quien compara el patr\u00f3n demogr\u00e1fico de la colonia francesa de Santo Domingo (en la actualidad, la isla est\u00e1 dividida en Hait\u00ed y Rep\u00fablica Dominicana), en el apogeo de su producci\u00f3n cafetera, durante la segunda mitad del siglo XVIII, con el que se plasm\u00f3 en esa regi\u00f3n de Brasil a mediados del siglo siguiente. En la isla caribe\u00f1a, un 26 % de los propietarios ten\u00eda la posesi\u00f3n del 61 % de los esclavizados. En Bananal, un municipio en el interior de S\u00e3o Paulo, la zona que estudia Servidone Moreno, el 21 % de los propietarios controlaba el 80 % de la poblaci\u00f3n esclavizada.<\/p>\n<p>La extensi\u00f3n de las propiedades tambi\u00e9n se modific\u00f3. En Santo Domingo, el tama\u00f1o promedio era de 145 hect\u00e1reas. En Bananal, las superficies abarcaban m\u00e1s del doble: 397 hect\u00e1reas. Las cifras de Bananal son similares a las conocidas para Vassouras y Cantagalo, en R\u00edo de Janeiro, y se consideran representativas de la zona de Vale do Para\u00edba. En Santo Domingo, cada esclavizado produc\u00eda, por t\u00e9rmino medio, unos 220 kilogramos [kg] de caf\u00e9 al a\u00f1o. En Bananal, en 1854, se obten\u00edan 1.270 kg de caf\u00e9 anuales por persona.<\/p>\n<div id=\"attachment_404575\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-404575 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"814\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140-250x179.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140-700x500.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-2-1140-120x86.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Biblioteca Nacional de Brasil\/R\u00edo de Janeiro<\/span><\/a> Fragmento de un mapa de la provincia de R\u00edo de Janeiro, confeccionado en 1861 por los ingenieros Pedro d\u2019Alcantra Bellegarde y Conrado Jacob de Niemeyer, que muestra el \u00e1rea destinada al cultivo de caf\u00e9, a una escala sin precedentes, en la regi\u00f3n central de Vale do Para\u00edba<span class=\"media-credits\">Biblioteca Nacional de Brasil\/R\u00edo de Janeiro<\/span><\/p><\/div>\n<p>Las restricciones a la trata y los requerimientos del mercado tambi\u00e9n tuvieron un impacto en la ciencia y en la medicina, dice la historiadora Iamara da Silva Viana, docente de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de R\u00edo de Janeiro (PUC-RJ) y de la Universidad del Estado de R\u00edo de Janeiro (Uerj). Se desarroll\u00f3 un conocimiento m\u00e9dico espec\u00edfico del organismo de los cautivos, que qued\u00f3 expresado claramente en el <em>Manual do fazendeiro ou tratado dom\u00e9stico sobre as enfermidades dos negros<\/em>, publicado por el franc\u00e9s Jean- Baptiste Alban Imbert en la d\u00e9cada de 1830, que Da Silva Viana estudi\u00f3 minuciosamente.<\/p>\n<p>\u201cSe procuraba cuidar los cuerpos esclavizados para maximizar su uso, en una \u00e9poca de expansi\u00f3n econ\u00f3mica y de afluencia masiva de africanos. El cuerpo esclavizado se escudri\u00f1aba para atender a las demandas econ\u00f3micas y pol\u00edticas. Imbert representa al cuerpo esclavizado como un objeto de valor, como inversi\u00f3n y como mano de obra\u201d, resume Da Silva Viana.<\/p>\n<p>Este fue el per\u00edodo en el que Brasil lleg\u00f3 a suministrar la mitad de la producci\u00f3n mundial de caf\u00e9. El paisaje de Valle do Para\u00edba, hasta entonces ocupado por propiedades peque\u00f1as dedicadas a la agricultura de subsistencia, pas\u00f3 a organizarse a partir de las grandes plantaciones de caf\u00e9, con cultivo a gran escala y dependientes del uso intensivo de mano de obra cautiva.<\/p>\n<p>\u201cNuestro inter\u00e9s al hacer este libro fue, por un lado, el proceso de transformaci\u00f3n de los paisajes de las plantaciones como sitios de trabajo. Pero tambi\u00e9n quer\u00edamos analizar las im\u00e1genes, los mapas, las fotograf\u00edas, las pinturas al \u00f3leo, etc., como algo que, adem\u00e1s de ser representativo, incide en el ordenamiento del espacio material, introduciendo modificaciones en los lugares representados\u201d, sintetiza De Bivar Marquese. El historiador explica que el concepto moderno de paisaje es resultado del Renacimiento, as\u00ed como la noci\u00f3n de la perspectiva.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis iconogr\u00e1fico es algo importante, seg\u00fan \u00e9l, pues los paisajes surgieron no solo como una forma de ver el mundo f\u00edsico, sino tambi\u00e9n para controlarlo, mediante su exposici\u00f3n codificada y a partir de un \u00fanico punto de vista dominante. Es el momento en el que el mundo comienza a observarse a trav\u00e9s de la lente de la matem\u00e1tica, con \u201cun impulso para imponer un orden en el entorno y los recursos\u201d, dice. Al mismo tiempo, \u201ces una forma de representar ambientes construidos con un ordenamiento simb\u00f3lico, pero tambi\u00e9n material: al hacer una lectura del mundo de esa forma, ocurre un proceso inverso, porque la representaci\u00f3n tambi\u00e9n pasa a organizar el espacio f\u00edsico\u201d, dice. Es por eso que la representaci\u00f3n fue un elemento clave para el colonialismo, que produjo \u201ccapas y capas de mapas de los espacios urbanos y de producci\u00f3n, racionalizando el territorio de las colonias\u201d.<\/p>\n<p>La disponibilidad de im\u00e1genes, que var\u00eda de un pa\u00eds a otro, es reveladora de las circunstancias pol\u00edticas e hist\u00f3ricas. Un rasgo que les llam\u00f3 la atenci\u00f3n a los investigadores era la escasez de mapas y planos topogr\u00e1ficos de las haciendas brasile\u00f1as, contrastante con la abundancia de esos documentos en Cuba y en la regi\u00f3n del Mississippi. En la isla caribe\u00f1a existe una \u201cenorme riqueza de im\u00e1genes\u201d, porque el control riguroso de los l\u00edmites topogr\u00e1ficos de cada propiedad era esencial para mantener el poder de la Corona espa\u00f1ola, puesto que esta isla era una de sus \u00faltimas posesiones coloniales y la m\u00e1s rica. En Estados Unidos, el motivo fue el avance de la frontera, que estaba dado por la privatizaci\u00f3n de las tierras a trav\u00e9s de su venta p\u00fablica, que requiere de una cartograf\u00eda previa.<\/p>\n<p>\u201cNo existe una cartograf\u00eda de las zonas ocupadas en aquella \u00e9poca por las fincas en Vale do Para\u00edba. Hemos buscado con frenes\u00ed por todas partes, y solo hallamos un mapa que representa la situaci\u00f3n de las tierras en el siglo XIX, y ni siquiera muestra los l\u00edmites de las propiedades\u201d, refiere De Bivar Marquese. Seg\u00fan el historiador, el origen del mutismo visual brasile\u00f1o radica en la concentraci\u00f3n del poder pol\u00edtico en manos de los barones del caf\u00e9 y los propietarios de personas esclavizadas. \u201cLos terratenientes no deseaban mapear ni controlar sus tierras. Cualquier conflicto que se presentaba, prefer\u00edan resolverlo entre ellos. Eleg\u00edan deliberadamente no hacerlo. El pa\u00eds estaba sumido en la ilegalidad de la trata\u201d, dice.<\/p>\n<p>Gran parte de las im\u00e1genes de las haciendas que constan en el libro corresponde a fotograf\u00edas tomadas por Marc Ferrez (1843-1923), registros de los a\u00f1os 1880, la \u00faltima d\u00e9cada de la esclavitud (<em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, edici\u00f3n n\u00ba 281<\/em>). Si bien se trataba de otra instancia, cuando la frontera caficultora ya se hab\u00eda desplazado hacia el sector occidental del estado de S\u00e3o Paulo, las im\u00e1genes de las fincas de Vale do Para\u00edba, con los cautivos alineados, buscaban dar cuenta de una transformaci\u00f3n acelerada. \u201cLas fotograf\u00edas se tomaron en la coyuntura de la crisis terminal de la esclavitud. Los hacendados sab\u00edan que su mundo se enfrentaba a una encrucijada. Son registros de quienes intentaron transformar el pasado y el presente en un monumento\u201d, sostiene De Bivar Marquese. Sucede lo mismo con los paisajes de haciendas pintados por Georg Grimm, un alem\u00e1n radicado en R\u00edo de Janeiro en esa misma \u00e9poca, en los que apenas s\u00ed puede visualizarse a los esclavizados.<\/p>\n<div id=\"attachment_404571\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-404571 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"814\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140-250x179.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140-700x500.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/082-085_hist-plantacoes_304-1-1140-120x86.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Marc Ferrez \/ Museo Afro Brasil<\/span><\/a> Familias de trabajadores empu\u00f1ando cestas y azadas bajo la supervisi\u00f3n del capataz de la hacienda; en el registro, plasmado alrededor del a\u00f1o 1885, adem\u00e1s de vestir una chaqueta, \u00e9l es el \u00fanico que calza zapatos<span class=\"media-credits\">Marc Ferrez \/ Museo Afro Brasil<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los l\u00edmites territoriales no son el \u00fanico caso en que la falta de datos y representaciones fue algo deliberado. Seg\u00fan el historiador Thiago Campos Pessoa, de la Universidad Federal Fluminense (UFF), la raz\u00f3n de este silencio es el tr\u00e1fico ilegal de africanos esclavizados, cuyo rol en la configuraci\u00f3n de un Brasil independiente a menudo se soslaya. De los 4,8 millones de personas que desembarcaron como cautivas en Brasil a lo largo de tres siglos, unos dos millones arribaron en el siglo XIX, recuerda Campos Pessoa. Durante las casi dos d\u00e9cadas en las que la trata fue ilegal, pero no se controlaba, entre 1831 y 1850, el pa\u00eds recibi\u00f3 alrededor de 800.000 esclavos, seg\u00fan estima el historiador.<\/p>\n<p>Las cifras evidencian cu\u00e1n fundamental fue la esclavitud como instituci\u00f3n central para Brasil, al momento de su surgimiento como Estado nacional, dice Campos Pessoa. El caf\u00e9 se erigi\u00f3 como el producto principal y como sost\u00e9n de la econom\u00eda del pa\u00eds. Para el gobierno, era una de las pocas fuentes de recaudaci\u00f3n de impuestos, por lo que los terratenientes acumulaban un gran poder pol\u00edtico y eran los principales interesados en importar mano de obra cautiva. \u201cPero se trataba de una pr\u00e1ctica ilegal, no solo en virtud de los tratados internacionales firmados por Brasil, sino para la propia ley brasile\u00f1a\u201d, dice el historiador.<\/p>\n<p>\u201cUn volumen de tr\u00e1fico de personas tan considerable requiere un pacto pol\u00edtico complejo. Y la condici\u00f3n para ese acuerdo era mantener cierto silencio, un no dicho\u201d, explica Campos Pessoa. \u201cCada vez que se sacaba a relucir el tema de la trata, se lo hac\u00eda de una manera controlada. En 1848, el Parlamento debati\u00f3 la derogaci\u00f3n de la ley de 1831 que prohib\u00eda la importaci\u00f3n de personas esclavizadas, pero fue una sesi\u00f3n secreta. No se pod\u00edan leer las actas en la prensa\u201d, dice. La coalici\u00f3n del poder dominante en el Imperio de Brasil estaba firmemente arraigada en el esquema de la esclavitud y, seg\u00fan Campos Pessoa, las elites reconoc\u00edan la existencia esa ilegalidad, pero se organizaron para ocultarla y garantizar que la ley no se aplicara.<\/p>\n<p>Campos Pessoa estudi\u00f3 el desembarco de africanos en puertos clandestinos de la costa norte del estado de S\u00e3o Paulo, que recibieron, seg\u00fan las estimaciones, el 10 % de los esclavizados durante el per\u00edodo en que la trata era ilegal. Tras la aprobaci\u00f3n de la ley del 7 de noviembre de 1831, que imped\u00eda el ingreso de nuevos esclavizados en Brasil, esos puertos, tambi\u00e9n llamados \u201chaciendas de recepci\u00f3n\u201d, comenzaron a proliferar por todo el pa\u00eds, sustituyendo a los grandes centros de entrada utilizados hasta entonces, como el muelle de Valongo, en R\u00edo de Janeiro, desenterrado en 2011 y hoy en d\u00eda convertido en monumento de la memoria (<em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em>, ediciones n\u00ba 190 y 300<\/em>).<\/p>\n<p>La escasez de registros de los desembarcos clandestinos llama la atenci\u00f3n: un puerto donde atracan barcos cuya carga son seres humanos no pod\u00eda ser algo imperceptible, que el Estado no conociera. Era necesario instalar faros y barracones para la cuarentena obligatoria tras varias semanas en el mar. Tambi\u00e9n hab\u00eda que disponer de barqueros para recibir a los buques y colaborar en las tareas de desembarco, gente que proporcionara alimento a la tripulaci\u00f3n, transportistas para distribuir a los cautivos entre los compradores y otros diversos servicios asociados.<\/p>\n<p>\u201cSabemos poco sobre esos puertos. Apenas s\u00ed conocemos los lugares donde se concretaba la trata. Hay denuncias, generalmente hechas por ingleses, de desembarcos en R\u00edo de Janeiro, Niter\u00f3i, Santos y otros sitios. En una playa del norte de R\u00edo de Janeiro se hall\u00f3 un cementerio de esclavizados. Estos registros han sido investigados por historiadores hace alrededor de una d\u00e9cada\u201d, informa Campos Pessoa.<\/p>\n<p>En zonas que hoy en d\u00eda pertenecen a los municipios de S\u00e3o Sebasti\u00e3o, Caraguatatuba y Ubatuba, en el litoral paulista, se cree que desembarcaron 20.000 africanos. Las tierras pertenec\u00edan a Jos\u00e9 Bernardino de S\u00e1 (1802-1855), vizconde de Vila Nova do Minho y \u201cuno de los mayores tratantes de esclavos del Atl\u00e1ntico Sur en el siglo XIX\u201d, seg\u00fan Pessoa. \u201cEs incre\u00edble que en la actualidad no haya en esos lugares ninguna referencia al hecho de haber sido el escenario de una de las mayores tragedias de la historia brasile\u00f1a\u201d, lamenta.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Libros<\/strong><br \/>\nPessoa, T. <strong>O imp\u00e9rio da escravid\u00e3o. O complexo Breves no vale do caf\u00e9 (R\u00edo de Janeiro, c. 1850-c.1888)<\/strong>. R\u00edo de Janeiro: Ministerio de Justicia y Seguridad P\u00fablica, Archivo Nacional, 2018.<br \/>\nTomich, D.<em> et al.<\/em> <strong>Reconstructing the landscapes of slavery. A visual history of the plantation in the nineteenth-century atlantic world<\/strong>. Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2021.<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/strong><br \/>\nViana, I. S. y GOMES, F. S. <a href=\"https:\/\/www.e-publicacoes.uerj.br\/index.php\/maracanan\/article\/view\/40196\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Do \u201cmercado imperfeito\u201d: Sobre corpos, africanos e m\u00e9dicos no R\u00edo de Janeiro oitocentista<\/a>. <strong>Revista Maracanan<\/strong>. n. 21, p. 77-96. 2019.<br \/>\nPessoa, T.\u00a0 <a href=\"https:\/\/www.scielo.br\/j\/his\/a\/BwcskjbHgVc8gvwv4xgYQKP\/abstract\/?lang=pt\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre o que se quis calar: O tr\u00e1fico de africanos no litoral norte de S\u00e3o Paulo em tempos de pirataria<\/a>. <strong>Revista Hist\u00f3ria<\/strong> . <em>Online<\/em>. v. 39. ago. 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Pese a los intentos por borrar la iconograf\u00eda de la esclavitud, el per\u00edodo dej\u00f3 sus marcas en la gente y en el territorio brasile\u00f1o","protected":false},"author":613,"featured_media":404567,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[310],"coauthors":[1619],"class_list":["post-404919","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-humanidades-es","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/404919","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/613"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=404919"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/404919\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":406890,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/404919\/revisions\/406890"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/404567"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=404919"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=404919"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=404919"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=404919"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}