{"id":422201,"date":"2022-01-20T17:35:58","date_gmt":"2022-01-20T20:35:58","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=422201"},"modified":"2022-01-24T11:07:38","modified_gmt":"2022-01-24T14:07:38","slug":"el-cerrado-en-riesgo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-cerrado-en-riesgo\/","title":{"rendered":"El Cerrado en riesgo"},"content":{"rendered":"<p>El Cerrado, la sabana tropical brasile\u00f1a, es el segundo bioma nacional en extensi\u00f3n y uno de los m\u00e1s abundantes en cuanto a su diversidad bot\u00e1nica y zool\u00f3gica. Y se encuentra bajo amenaza. La r\u00e1pida desaparici\u00f3n de la vegetaci\u00f3n nativa \u2013que en este siglo avanza a un ritmo del 0,5 % de su superficie por a\u00f1o, cifra dos veces superior a lo que se observa en la Amazonia\u2013 y la ulterior conversi\u00f3n de esas tierras en vastas pasturas para el ganado y plantaciones de soja, ma\u00edz, algod\u00f3n y ca\u00f1a de az\u00facar, est\u00e1n modificando la ecolog\u00eda y\u00a0 el clima de este ecosistema de tal manera que en algunas regiones podr\u00eda volverse algo irreversible. Ahora, durante los meses de sequ\u00eda, el Cerrado registra temperaturas promedio 4 grados Celsius (\u00baC) m\u00e1s altas que en el decenio de 1960, adem\u00e1s de haberse vuelto m\u00e1s seco. En algunas zonas, tambi\u00e9n viene sufriendo incendios forestales m\u00e1s intensos, duraderos y frecuentes que hace algunas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Estos cambios, que han comenzado a registrarse mediante mediciones sistem\u00e1ticas y observaciones de campo efectuadas por cient\u00edficos de Brasil, tienen el potencial de afectar la supervivencia de la flora y la fauna del Cerrado, causando extinciones locales y reduciendo la disponibilidad de agua, perjudicando as\u00ed a los 20 millones de personas que viven en el bioma y al agronegocio, que prosper\u00f3 en sus tierras durante las \u00faltimas d\u00e9cadas. \u201cEl Cerrado ya est\u00e1 padeciendo las consecuencias de los cambios que se est\u00e1n produciendo a escala local, regional y global\u201d, dice la ec\u00f3loga Mercedes Bustamante, de la Universidad de Brasilia (UnB), experta en conservaci\u00f3n y uso sostenible de este ecosistema.<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos 36 a\u00f1os, el Cerrado ha perdido casi un 20 % de lo que quedaba de su vegetaci\u00f3n original. Entre 1985 y 2020, unos 26,5 millones de hect\u00e1reas que albergaban los tres tipos de biomas nativos (pastizales o praderas, sabanas y selvas) han dado lugar a nuevas \u00e1reas de cr\u00eda de ganado y producci\u00f3n a gran escala de las principales <em>commodities<\/em> agr\u00edcolas brasile\u00f1as, seg\u00fan el \u00faltimo informe del Proyecto de Mapeo Anual del Uso y la Cobertura del Suelo en Brasil (MapBiomas), dado a conocer en septiembre de este a\u00f1o. La superficie total de pastizales, sabanas y selvas perdida en este per\u00edodo es casi equivalente al territorio de Ecuador y mayor que la de otros 120 pa\u00edses.<\/p>\n<\/div><div class='overflow-responsive-img' style='text-align:center'><picture data-tablet=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-0-desktop-true-1.png\" data-tablet_size=\"1140x430\" alt=\"\">\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-0-desktop-true-1.png\" media=\"(min-width: 1920px)\" \/>\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-0-desktop-true-1.png\" media=\"(min-width: 1140px)\" \/>\n    <img decoding=\"async\" class=\"responsive-img\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-0-mobile-1.png\" \/>\n  <\/picture><span class=\"embed media-credits-inline\">Alexandre Affonso<\/span><\/div><div class=\"post-content sequence\">\n<p>Con 2 millones de kil\u00f3metros cuadrados (km<sup>2<\/sup>), que representan la cuarta parte del territorio nacional, el Cerrado ocupaba originalmente toda la regi\u00f3n central de Brasil, desde el sur de los estados de Piau\u00ed y Maranh\u00e3o, en el nordeste, hasta el norte de Paran\u00e1, en el sur. Hoy en d\u00eda, sin embargo, tan solo el 54,4 % de esa \u00e1rea conserva su vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona y un porcentaje mucho menor (alrededor de un 20 %) se mantiene inalterado. Con el 45,6 % de su superficie original convertida en plantaciones, campos de pasturas, carreteras, centrales hidroel\u00e9ctricas y ciudades, el Cerrado es el segundo bioma brasile\u00f1o m\u00e1s modificado por la actividad humana. Tan solo lo supera el Bosque Atl\u00e1ntico, que ha perdido casi un 90 % del territorio que ocupaba.<\/p>\n<p>Algunos efectos asociados a esta transformaci\u00f3n radical cada vez son cada vez m\u00e1s evidentes en el paisaje y en el uso del suelo: el Cerrado se est\u00e1 volviendo m\u00e1s c\u00e1lido, m\u00e1s seco y, por ende, m\u00e1s propenso a padecer incendios forestales devastadores. En los \u00faltimos meses se han conocido estudios elaborados por equipos de investigadores de distintas regiones de Brasil que suministran indicios de la p\u00e9rdida de humedad, el calentamiento y un aumento de la cantidad de incendios de grandes proporciones.<\/p>\n<p>En un art\u00edculo publicado en mayo en la revista <em>Global Change Biology<\/em>, el ge\u00f3grafo Gabriel Hofmann, actualmente en su segundo doctorado en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), calcul\u00f3 el aumento de la temperatura en el Cerrado en los \u00faltimos 60 a\u00f1os. Junto a colaboradores del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), del Museo Nacional de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ) y de la Fundaci\u00f3n Oswaldo Cruz (Fiocruz), Hofmann analiz\u00f3 los datos de temperatura y humedad recabados entre 1961 y 2019 por 45 estaciones meteorol\u00f3gicas distribuidas por el bioma y los compar\u00f3 con las mediciones v\u00eda sat\u00e9lite. Conclusi\u00f3n: en la estaci\u00f3n seca, la temperatura media del Cerrado ha aumentado de 2,2 \u00baC a 4 \u00baC y la humedad relativa del aire ha disminuido un 15 %.<\/p>\n<picture data-tablet=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-desktop-1.png\" data-tablet_size=\"670x660\" alt=\"\">\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-desktop-1.png\" media=\"(min-width: 1920px)\" \/>\n    <source srcset=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-desktop-1.png\" media=\"(min-width: 1140px)\" \/>\n    <img decoding=\"async\" class=\"responsive-img\" src=\"\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-mobile-1.png\" \/>\n  <\/picture><span class=\"embed media-credits-inline\">Alexandre Affonso<\/span>\n<p>Una de las causas que puede explicar esta desertificaci\u00f3n es la conversi\u00f3n de la vegetaci\u00f3n nativa en plantaciones y pasturas ganaderas. En experimentos que se realizaron en un \u00e1rea del Cerrado en la regi\u00f3n de Itirapina, en el interior del estado de S\u00e3o Paulo, el equipo de Edson Wendland, ingeniero experto en recursos h\u00eddricos de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) en S\u00e3o Carlos, constat\u00f3 que, en un a\u00f1o, una zona con arbustos y \u00e1rboles t\u00edpicos del bioma de sabana libera un 30 % m\u00e1s de humedad a la atm\u00f3sfera que otra con las mismas dimensiones cubierta por ca\u00f1a de az\u00facar o pastos. \u201cEl reemplazo de la vegetaci\u00f3n de gran porte por una de menor estatura altera la circulaci\u00f3n del agua en los diferentes compartimentos del medio ambiente. Un mayor volumen de agua se infiltra en el suelo y llega a la napa fre\u00e1tica, generando una atm\u00f3sfera menos h\u00fameda debido a la menor transpiraci\u00f3n de las plantas. A\u00fan no sabemos si este efecto es local o puede llegar a generar un impacto en todo el ecosistema\u201d, dice Wendland.<\/p>\n<p>En las seis d\u00e9cadas analizadas por Hofmann y sus colaboradores, se registraron cambios importantes en el paisaje y en el patr\u00f3n de uso del suelo en gran parte del Cerrado. \u201cLa deforestaci\u00f3n, que inicialmente afectaba a \u00e1reas acotadas, para la extracci\u00f3n de carb\u00f3n o la instauraci\u00f3n de campos de pastoreo para la ganader\u00eda de subsistencia, ha sido sustituida por la tala de amplios tramos de vegetaci\u00f3n nativa, que han dado lugar a vastas pasturas y grandes superficies con monocultivos\u201d, recuerda el ge\u00f3grafo <em>ga\u00facho<\/em>.<\/p>\n<p>En ese per\u00edodo, el mayor incremento se produjo en la temperatura m\u00e1xima, que se alcanza a primera hora de la tarde, aunque la m\u00ednima, que se mide por las noches, tambi\u00e9n registr\u00f3 un aumento importante. El calentamiento fue m\u00e1s evidente en el mes de octubre, entre el final de la estaci\u00f3n seca y el comienzo de la lluviosa. Con temperaturas del orden de los 33 \u00baC, los d\u00edas de octubre de 2019 fueron, en promedio, 4 \u00baC m\u00e1s c\u00e1lidos que los del mismo mes de 1961. Por las noches, la temperatura promedio se ubic\u00f3 cerca de los 22 \u00baC, hasta 2,8 \u00baC m\u00e1s alta que la de hace 60 a\u00f1os. Las proyecciones elaboradas por el grupo sugieren que el fen\u00f3meno se agudizar\u00e1, y la temperatura diurna y nocturna aumentar\u00e1 otros 2 grados para 2050.<\/p>\n<p>El calentamiento que se registra en el Cerrado es muy superior al incremento de 0,2 \u00baC por d\u00e9cada que apuntaban las proyecciones del Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Clim\u00e1tico (IPCC) para el hemisferio sur. Y sigue un patr\u00f3n que, en opini\u00f3n de los autores del estudio, indica un cambio en la cobertura y en el uso del suelo como causa principal del calentamiento. Este patr\u00f3n se caracteriza por un incremento en la temperatura diurna (m\u00e1xima) mayor que en la nocturna (m\u00ednima).<\/p>\n<blockquote><p>En 60 a\u00f1os, la temperatura media del Cerrado aument\u00f3 de 2,2 \u00baC a 4 \u00baC en la estaci\u00f3n seca y la humedad relativa del aire se redujo un 15%<\/p><\/blockquote>\n<p>Para entender de qu\u00e9 modo los investigadores arribaron a la conclusi\u00f3n de que el cambio clim\u00e1tico no es el factor principal, debe recordarse c\u00f3mo los ecosistemas del planeta consumen gran parte de la energ\u00eda lum\u00ednica que reciben del Sol en los procesos de fotos\u00edntesis y evapotranspiraci\u00f3n. A lo largo del d\u00eda, la radiaci\u00f3n solar atraviesa la atm\u00f3sfera casi sin calentarla y ba\u00f1a la vegetaci\u00f3n. Las plantas utilizan una parte importante de esa energ\u00eda (el 25 %) para sintetizar hidratos de carbono (glucosa) mediante la fotos\u00edntesis y liberar a la atm\u00f3sfera una gran cantidad de vapor de agua por evapotranspiraci\u00f3n. Cuando se reemplaza la vegetaci\u00f3n nativa por cultivos que dejan el suelo desnudo o cubierto de paja durante una parte del a\u00f1o (generalmente durante la estaci\u00f3n seca), la energ\u00eda anteriormente empleada en la fotos\u00edntesis y en la evapotranspiraci\u00f3n incide directamente sobre el terreno, que se calienta m\u00e1s durante el curso del d\u00eda y esto eleva la temperatura del aire cerca de la superficie. \u201cSi el efecto fuera exclusivamente un resultado del cambio clim\u00e1tico, a causa del aumento de los gases de efecto invernadero en la atm\u00f3sfera, cabr\u00eda esperar un incremento mayor de la temperatura nocturna\u201d, explica Hofmann. Esto se debe a que esos gases atrapan el calor almacenado en la superficie terrestre durante el d\u00eda y lo liberan en la atm\u00f3sfera al final de la tarde, reduciendo el enfriamiento nocturno.<\/p>\n<p>En el per\u00edodo analizado, los autores tambi\u00e9n notaron una tendencia a que se dificulte la formaci\u00f3n de roc\u00edo. Resultado de la condensaci\u00f3n del vapor de agua de la atm\u00f3sfera sobre una superficie m\u00e1s fr\u00eda, el roc\u00edo sirve como fuente de agua para las plantas con ra\u00edces cortas o aquellas que crecen sobre piedras (por ejemplo, las del g\u00e9nero <em>Vellozia<\/em>), o apoyadas en otras plantas (bromeli\u00e1ceas, orqu\u00eddeas y lianas), especialmente durante los meses de sequ\u00eda. Esta agua que se condensa sobre la vegetaci\u00f3n y el suelo tambi\u00e9n es importante para los insectos y otros animales de tama\u00f1o peque\u00f1o que se desplazan a trav\u00e9s de distancias muy cortas.<\/p>\n<p>\u201cMuchas plantas del Cerrado parecen depender del roc\u00edo. Si esta dificultad del agua para condensarse se consolida, sus efectos pueden ser devastadores para una parte de la flora\u201d, comenta el bot\u00e1nico Rafael Oliveira, de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien estudia la influencia del fuego y de la disponibilidad de agua sobre ciertas formaciones del bioma. Seg\u00fan Hofmann, el impacto de la disminuci\u00f3n del roc\u00edo podr\u00eda tener efectos sobre la biodiversidad a distintas escalas. \u201cPuede perjudicar el crecimiento y la reproducci\u00f3n de ejemplares, eliminar ciertas poblaciones y alterar la relaci\u00f3n ecol\u00f3gica entre diversas especies\u201d, comenta el investigador de la UFRGS.<\/p>\n<p>En simult\u00e1neo al aumento de la temperatura y a la disminuci\u00f3n de la humedad, el Cerrado se enfrenta a una alteraci\u00f3n en el patr\u00f3n de quemas. En las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, las de menor porte han disminuido en cantidad y frecuencia, y han aumentado los incendios forestales que afectan \u00e1reas mayores de manera m\u00e1s intensa. A partir de los datos recabados v\u00eda sat\u00e9lite, el grupo coordinado por la meteor\u00f3loga Renata Libonati, de la UFRJ, analiz\u00f3 la frecuencia, la intensidad, la duraci\u00f3n, la estacionalidad y la extensi\u00f3n de los incendios en el Cerrado entre 2001 y 2019 y superpuso esta informaci\u00f3n con el mapa de las 19 regiones con caracter\u00edsticas ecol\u00f3gicas distintas (ecorregiones) en que se divide el bioma.<\/p>\n<p>Dos tercios de la superficie quemada cada a\u00f1o se concentran en tan solo 5 de las 19 ecorregiones, seg\u00fan se\u00f1alan los investigadores en un art\u00edculo publicado en octubre en la revista <em>Journal of Environmental Management<\/em>. Los incendios de mayor intensidad, extensi\u00f3n y frecuencia se producen en la mitad norte del Cerrado. All\u00ed se encuentra casi un 90 % de la vegetaci\u00f3n nativa remanente del bioma y, desde mediados de la d\u00e9cada de 1980, los principales frentes de expansi\u00f3n agr\u00edcola.<\/p>\n<div id=\"attachment_422000\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-422000 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"642\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1-250x141.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1-700x394.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-1-1140-1-120x68.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/a> Tras un incendio, la vegetaci\u00f3n de pradera florece en Chapada dos Veadeiros: las hierbas <em>Bulbostylis paradoxa&#8230;<\/em><span class=\"media-credits\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Las regiones m\u00e1s afectadas son el centro-norte del estado de Mato Grosso y el oeste de Maranh\u00e3o, en una zona de transici\u00f3n con la Amazonia muy alterada por la actividad humana que se conoce como el Arco de la Deforestaci\u00f3n, y las ecorregiones que forman parte del Matopiba, tal como se denomina a un territorio que comprende al estado de Tocantins y parte de los de Maranh\u00e3o, Piau\u00ed y Bah\u00eda. \u201cLa regi\u00f3n sur del Cerrado tiene \u00e1reas agr\u00edcolas bien delimitadas desde el siglo pasado y remanentes de vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona muy fragmentados, lo que hace dif\u00edcil los incendios forestales de gran porte\u201d, explica Libonati.<\/p>\n<p>En lo que concierne al riesgo de incendios, la situaci\u00f3n en el Matopiba podr\u00eda incluso agravarse. Con 337 municipios repartidos en 73 millones de hect\u00e1reas (casi un tercio del Cerrado), esta regi\u00f3n es una importante productora nacional de soja, ma\u00edz y algod\u00f3n. En las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, su clima ha sufrido alteraciones importantes, con potencial impacto en la agricultura y en la vegetaci\u00f3n nativa.<\/p>\n<p>Los an\u00e1lisis del equipo del climat\u00f3logo Jos\u00e9 Marengo, recientemente enviados a una revista cient\u00edfica para su publicaci\u00f3n, confirman las tendencias observadas por el grupo de la UFRGS e indican que el Matopiba es ahora 1,2 \u00baC m\u00e1s c\u00e1lido que en 1981. Seg\u00fan el pron\u00f3stico del grupo, la temperatura va a seguir aumentando ah\u00ed a una tasa de 0,45 \u00baC por d\u00e9cada durante el resto de este siglo. Adem\u00e1s, se ha incrementado la cantidad de d\u00edas secos consecutivos y se ha retrasado casi un mes el comienzo del per\u00edodo de lluvias.<\/p>\n<p>\u201cEstas alteraciones parecen obedecer a una mezcla de los efectos del calentamiento global y de las modificaciones en el uso del suelo en la regi\u00f3n\u201d, dice Marengo, coordinador de investigaci\u00f3n del Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden), del Ministerio de Ciencia, Tecnolog\u00eda e Innovaci\u00f3n (MCTI), y coordinador general del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda para el Cambio Clim\u00e1tico (INCT for Climate Change), apoyado por la FAPESP. \u201cEl atraso de las lluvias altera el r\u00e9gimen de abastecimiento de los r\u00edos y eleva el riesgo de incendios\u201d, dice el climat\u00f3logo.<\/p>\n<p>Esta no es la \u00fanica se\u00f1al de amenaza a la agricultura del Matopiba. A\u00f1os atr\u00e1s, la ingeniera ambiental Marcia Zilli, ahora cumpliendo una pasant\u00eda posdoctoral en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, utiliz\u00f3 un modelo computacional para evaluar el rendimiento de 18 cultivos agr\u00edcolas, cinco productos forestales y siete pasturas nacionales hasta 2050. El modelo toma en cuenta la competencia por el suelo entre la agricultura, la restauraci\u00f3n de la vegetaci\u00f3n nativa y la producci\u00f3n de energ\u00eda renovable en un escenario optimista de cambio clim\u00e1tico (con un aumento de la temperatura de 1,7 \u00baC hasta mitad de siglo) y otro pesimista (de 2\u00a0\u00baC). Los resultados, cuyos pormenores se describen en un art\u00edculo publicado en 2020 en la revista <em>Science of the Total Environment<\/em>, indican que en ambas situaciones, la producci\u00f3n nacional de soja y ma\u00edz disminuir\u00e1, especialmente en el Matopioba, porque las condiciones clim\u00e1ticas se volver\u00e1n desfavorables para esos cultivos. En consecuencia, parte de ellos se desplazar\u00edan hacia el sudeste y el sur de Brasil.<\/p>\n<div id=\"attachment_422004\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-422004 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"641\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1-250x141.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1-700x394.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-2-1140-1-120x67.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/a> &#8230;<em>Lantana glaziovii <\/em>&#8230;<span class=\"media-credits\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Al igual que las sabanas de \u00c1frica y de Australia, el Cerrado es un h\u00e1bitat modulado naturalmente por el fuego. Muchas de las 12.699 especies vegetales del bioma se caracterizan por su resistencia al fuego \u2013semillas que germinan solo despu\u00e9s de las quemas, troncos cubiertos por gruesas cortezas y frutos con espesos revestimientos\u2013 que habr\u00edan evolucionado hace unos 4 millones de a\u00f1os, en forma simult\u00e1nea al surgimiento de las gram\u00edneas que, durante la estaci\u00f3n seca, exhiben ramas y hojas secas que se tornan inflamables. Hay indicios de que el fuego de origen natural ha estado presente en las sabanas del planeta desde hace millones de a\u00f1os. Los fragmentos de carb\u00f3n atrapados en las capas profundas de sedimentos permitieron confirmar, en la d\u00e9cada de 1990, que hace 12.000 a\u00f1os las quemas ya se produc\u00edan con cierta frecuencia en el Cerrado. Tambi\u00e9n existen indicios de que hace al menos 4.000 a\u00f1os, los grupos humanos que habitaban el bioma utilizaban el fuego para alterar el paisaje.<\/p>\n<p>\u201cMuchas especies de plantas del Cerrado se benefician del fuego. Producen m\u00e1s flores y semillas despu\u00e9s de un incendio\u201d, dice la ingeniera forestal Giselda Durigan, investigadora del Instituto de Investigaciones Ambientales (IPA) de S\u00e3o Paulo, quien desde hace tres d\u00e9cadas estudia estrategias de manejo y restauraci\u00f3n del Cerrado. Bajo su supervisi\u00f3n, la bi\u00f3loga Natashi Pilon compar\u00f3 la floraci\u00f3n y la producci\u00f3n de semillas de 47 especies vegetales de dos zonas del Cerrado, una quemada seis meses antes y otra que no se incendi\u00f3. Seg\u00fan indicaron los resultados, publicados en 2018 en la revista <em>Plant Ecology &amp; Diversity<\/em>, el 63 % de los ejemplares floreci\u00f3 en las \u00e1reas quemadas, frente a un 19 % en el tramo no afectado por el fuego. \u201cEl fuego indujo la floraci\u00f3n en el 79 % de las especies estudiadas, incluyendo 20 que solo produjeron flores tras la quema\u201d, informa Durigan.<\/p>\n<p>Los expertos afirman que el mosaico de pastizales, sabanas y montes caracter\u00edstico del Cerrado est\u00e1 influenciado por los incendios. El fuego iniciado por la ca\u00edda de rayos al comienzo de la estaci\u00f3n lluviosa \u2013la regi\u00f3n donde predomina el Cerrado es una de las zonas con mayor incidencia de descargas el\u00e9ctricas de Brasil\u2013 aparentemente tiene menor intensidad y se propaga por una extensi\u00f3n m\u00e1s limitada, ya que es potencialmente extinguido por las precipitaciones. Estos incendios de peque\u00f1as proporciones, que el ser humano tambi\u00e9n provoca en forma controlada, consumen la biomasa muerta acumulada y contribuyen a mantener el mosaico formado por las manchas de vegetaci\u00f3n abierta (pastizales) y de sabana (con \u00e1rboles en proporciones variables) que caracteriza al Cerrado.<\/p>\n<p>Por cierto, la predominancia de los paisajes abiertos, que ocupan casi el 40 % del Cerrado, parece ser fundamental para que este bioma funcione como un gran colector de agua. Sin la vegetaci\u00f3n de mayor porte, el agua de lluvia se infiltra en el suelo y alimenta la napa fre\u00e1tica y los r\u00edos. \u201cEste es uno de los principales servicios ecosist\u00e9micos que el Cerrado presta a la sociedad\u201d, dice Durigan.<\/p>\n<div id=\"attachment_422008\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-422008 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"642\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1-250x141.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1-700x394.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/052-057_cerrado_309-3-1140-1-120x68.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/a> y un pastizal de <em>Paepalanthus chiquitensis<\/em><span class=\"media-credits\">Rafael Oliveira\u2009\/\u2009Unicamp<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los incendios controlados y de baja intensidad tambi\u00e9n contribuyen a evitar los grandes incendios. El efecto protector de esta estrategia de manejo del paisaje fue se\u00f1alado por los equipos de Libonati y de la ec\u00f3loga Isabel Schmidt, de la UnB. Ellas y sus colaboradores siguieron la evoluci\u00f3n de la din\u00e1mica del fuego entre 2003 y 2018 en dos zonas del estado de Tocantins: el Territorio Ind\u00edgena Xerente y el Parque Ind\u00edgena Araguaia, en los cuales la gesti\u00f3n integral del fuego fue implementada en 2015. La adopci\u00f3n de las quemas en per\u00edodos espec\u00edficos redujo la frecuencia, la dimensi\u00f3n y la intensidad de los grandes incendios, seg\u00fan informaron en un art\u00edculo divulgado en septiembre en la revista <em>Fire<\/em>.<\/p>\n<p>\u201cEl Cerrado es el bioma con m\u00e1s quemas de Brasil. En promedio, cada a\u00f1o arden 6 millones de hect\u00e1reas, lo que representa el 3,3 % de su superficie total\u201d, dice la ge\u00f3grafa Ane Alencar, investigadora del Instituto de Investigaci\u00f3n Ambiental de la Amazonia (Ipam) y coordinadora del equipo del MapBiomas que realiza los an\u00e1lisis del cerrado. Seg\u00fan los datos divulgados en el mes de septiembre, el 36 % del bioma se prendi\u00f3 fuego al menos una vez durante los \u00faltimos 36 a\u00f1os. De esa superficie, el 60 % se quem\u00f3 m\u00e1s de una vez y, el 15 %, m\u00e1s de cinco veces en ese per\u00edodo.<\/p>\n<p>El problema, tal como pudo verificar el grupo de Libonati, es la alteraci\u00f3n del r\u00e9gimen de quemas. \u201cLo que est\u00e1 sucediendo no se corresponde con el r\u00e9gimen natural de incendios, que tiene lugar al comienzo de la estaci\u00f3n lluviosa y su intensidad y extensi\u00f3n son bajas\u201d, informa la bi\u00f3loga V\u00e2nia Pivello, de la USP, quien estudia el efecto del fuego sobre el Cerrado. \u201cEl aumento en la intensidad de los incendios forestales y la disminuci\u00f3n del intervalo entre los mismos modifican la estructura y la diversidad de la vegetaci\u00f3n\u201d, dice. Tambi\u00e9n hay indicios de que muchas de las quemas son provocadas por acci\u00f3n humana (intencional o accidental). El monitoreo satelital que lleva a cabo el Inpe desde 1998 revela que, en m\u00e1s de la mitad de este per\u00edodo, se registraron m\u00e1s de 60.000 focos de incendios por a\u00f1o en el Cerrado. En casi el 90 % de los casos, el fuego se produjo en la estaci\u00f3n seca, cuando los rayos son menos habituales.<\/p>\n<p>Con la disminuci\u00f3n de las lluvias y el aumento en la frecuencia de los incendios, el fuego empieza a afectar a la vegetaci\u00f3n que, por ser m\u00e1s h\u00fameda, normalmente no se quemar\u00eda, como los bosques ribere\u00f1os que sirven de refugio a muchos animales (<em>l\u00e9ase el art\u00edculo intitulado \u201cInc\u00eandio na beira do rio\u201d en el sitio web de <\/em>Pesquisa FAPESP). \u201cCuando estos montes se queman, ello afecta a una fauna mucho menos adaptada al fuego\u201d, dice el zo\u00f3logo Reuber Brand\u00e3o, de la UnB. \u201cEn algunas regiones, ese efecto del fuego se ve agravado por el consumo de agua para el riego de las plantaciones\u201d, dice. Desde hace 20 a\u00f1os \u00e9l estudia anfibios y reptiles en el oeste del estado de Bah\u00eda, donde hubo un aumento importante en el uso de agua para la agricultura. Debido a ello, el nivel de la napa fre\u00e1tica descendi\u00f3, provocando la desecaci\u00f3n de lagos y amplias zonas de bosques de galer\u00eda y, con ello, la desaparici\u00f3n de algunas poblaciones de sapos, lagartos y serpientes.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Proyectos<\/strong><br \/>\n<strong>1.<\/strong> Transici\u00f3n hacia la sostenibilidad y nexo agua-agricultura-energ\u00eda: explorando un abordaje integrador con casos de estudio en los biomas brasile\u00f1os del Cerrado y la Caatinga (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/101225\/transicao-para-sustentabilidade-e-o-nexo-agua-agricultura-energia-explorando-uma-abordagem-integrado\/?q=17\/22269-2\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba 17\/22269-2<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Programa de Investigaciones sobre Cambios Clim\u00e1ticos Globales; <strong>Investigador responsable<\/strong> Jean Pierre Ometto (Inpe); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 2.983.408,46<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Disponibilidad h\u00eddrica y riesgos de contaminaci\u00f3n en zonas de afloramiento del Sistema Acu\u00edfero Guaran\u00ed (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/92791\/disponibilidade-hidrica-e-riscos-de-contaminacao-em-areas-de-afloramento-do-sistema-aquifero-guarani\/?q=15\/03806-1\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba 15\/03806-1<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Programa Bioen; <strong>Investigador responsable<\/strong> Edson Cezar Wendland (USP); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 1.993.093,16<br \/>\n<strong>3.<\/strong> INCT for Climate Change (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/97629\/inct-2014-inct-para-mudancas-climaticas-inct-mc\/?q=14\/50848-9\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba 14\/50848-9<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Programa de Investigaciones sobre Cambios Clim\u00e1ticos Globales; <strong>Investigador responsable<\/strong> Jos\u00e9 Antonio Marengo Orsini (Cemaden); <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 4.149.665,28<br \/>\n<strong>4.<\/strong> Efectos de las quemas programadas y las heladas sobre la diversidad y estructura del sustrato herb\u00e1ceo-arbustivo del Cerrado (<a href=\"https:\/\/bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/168582\/efeito-da-queima-prescrita-e-da-geada-sobre-a-diversidade-e-estrutura-do-estrato-herbaceo-arbustivo\/?q=16\/17888-2\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">n\u00ba 16\/17888-2<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Beca doctoral; <strong>Investigadora responsable<\/strong> Giselda Durigan (IPA); <strong>Becaria<\/strong> Natashi Aparecida Lima Pilon; <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 178.118,16<\/p>\n<p class=\"bibliografia\"><strong>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/strong><br \/>\n<a href=\"https:\/\/mapbiomas.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mapbiomas<\/a>. Mapeamento anual da cobertura e uso da terra no Brasil (1985 &#8211; 2020): destaque Cerrado. Sept. 2021.<br \/>\nALENCAR, A. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.mdpi.com\/2072-4292\/12\/6\/924\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mapping three decades of changes in the Brazilian savanna native vegetation using Landsat data processed in the Google Earth Engine platform<\/a>. <strong>Remote Sensing<\/strong>. 13 mar. 2020.<br \/>\nHOFMANN, G. S. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/abs\/10.1111\/gcb.15712\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">The Brazilian Cerrado is becoming hotter and drier<\/a>. <strong>Global Change Biology<\/strong>. 21 de may. 2021.<br \/>\nSILVA, P. S. <em>et al.<\/em> <a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0301479721011609\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Putting fire on the map of Brazilian savanna ecoregions<\/a>. <strong>Journal of Environmental Management<\/strong>. 15 oct. 2021.<br \/>\nSANTOS, F.L.M. <em>et al.<\/em> <a href=\"https:\/\/www.mdpi.com\/2571-6255\/4\/3\/56\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Prescribed burning reduces large, high-intensity wildfires and emissions in the Brazilian savanna<\/a>. <strong>Fire<\/strong>. 2 de sept. 2021.<br \/>\nZILLI, M. <em>et al.<\/em> <a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/abs\/pii\/S0048969720329016\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">The impact of climate change on Brazil&#8217;s agriculture<\/a>. <strong>Science of the Total Environment<\/strong>. 20 oct. 2020.<br \/>\nPILON, N. A. L. <em>et al.<\/em> <a href=\"https:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/abs\/10.1080\/17550874.2018.1517396\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Quantifying the short-term flowering after fire in some plant communities of a Cerrado grassland<\/a>. <strong>Plant Ecology &amp; Diversity<\/strong>. 2 oct. 2018.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La sabana tropical brasile\u00f1a se vuelve cada vez m\u00e1s c\u00e1lida, m\u00e1s seca y m\u00e1s propensa a padecer incendios","protected":false},"author":16,"featured_media":421996,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,282,286,269],"coauthors":[105],"class_list":["post-422201","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-botanica-es","tag-clima-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/422201","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=422201"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/422201\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":422402,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/422201\/revisions\/422402"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/421996"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=422201"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=422201"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=422201"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=422201"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}