{"id":471164,"date":"2023-03-18T17:29:50","date_gmt":"2023-03-18T20:29:50","guid":{"rendered":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=471164"},"modified":"2023-03-18T17:29:50","modified_gmt":"2023-03-18T20:29:50","slug":"un-estudio-confirma-la-existencia-de-guacamayos-azules-enanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-estudio-confirma-la-existencia-de-guacamayos-azules-enanos\/","title":{"rendered":"Un estudio confirma la existencia de guacamayos azules enanos"},"content":{"rendered":"<p>Quienes contemplan con fascinaci\u00f3n a un guacamayo jacinto en vuelo no se dan cuenta de que, antes de estar lista para abandonar el nido y emprender su primer vuelo, el ave ha sido objeto del cuidado intensivo de sus padres durante los tres meses y medio posteriores a su nacimiento. Gracias a un estudio realizado por cient\u00edficos brasile\u00f1os en el bioma local del Pantanal y, en menor escala, en el del Cerrado, fue posible confeccionar un registro de las etapas principales del desarrollo de unos 400 polluelos de <em>Anodorhynchus hyacinthinus<\/em>, el nombre cient\u00edfico de la especie, viviendo en libertad en la naturaleza. Durante 30 a\u00f1os, de 1991 a 2021, la bi\u00f3loga Neiva Guedes y sus colaboradores, de la Universidade Anhanguera-Uniderp de la ciudad de Campo Grande, en el estado de Mato Grosso do Sul, monitorearon 473 nidos naturales y 415 artificiales (fabricados por los propios investigadores) que albergaban aves reci\u00e9n nacidas.<\/p>\n<p>El seguimiento arrancaba con la puesta del huevo y conclu\u00eda cuando los polluelos abandonaban el nido. Entre los resultados de este trabajo a largo plazo, que se resumen en el art\u00edculo cient\u00edfico publicado en la edici\u00f3n de septiembre de este a\u00f1o de la revista <em>Scientific Reports<\/em>, se cuenta la confirmaci\u00f3n de la existencia de guacamayos jacinto enanos, cuyo peso y largo total son alrededor de un 20 % menor comparados con la poblaci\u00f3n total de la especie. La cola de los guacamayos enanos tambi\u00e9n es un 70 % m\u00e1s corta que la de los ejemplares de un tama\u00f1o considerado normal.<\/p>\n<p>En el estudio ya se hab\u00edan observado ejemplares de menor tama\u00f1o, pero a\u00fan no se los hab\u00eda analizado en forma sistem\u00e1tica. \u201cIdentificamos 31 guacamayos jacinto enanos entre los polluelos, alrededor de un 8 % del total de la muestra, pero solamente evaluamos a 15 de ellos, que se desarrollaron hasta llegar a volar\u201d, explica Guedes. A\u00fan no se sabe por qu\u00e9 aparecen ejemplares enanos en la especie. Como ocurre con otras aves, diversos factores podr\u00edan influir en el desarrollo desigual de las cr\u00edas de estos guacamayos, entre ellos las variaciones en la temperatura y en los niveles de lluvias, la cantidad, la calidad y la disponibilidad de alimentos, las diferencias entre los sextos, el tama\u00f1o de la nidada y la aparici\u00f3n de enfermedades.<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n de lo que ocurre a partir del nacimiento es importante para la conservaci\u00f3n del guacamayo jacinto. La especie, que es mon\u00f3gama y no migratoria, tiene un ciclo de reproducci\u00f3n lento, con un \u00edndice reproductivo bajo. Cada per\u00edodo f\u00e9rtil, que comprende los meses de julio a febrero, la hembra pone, en promedio, dos huevos. Sin embargo, por lo general solamente sobrevive un polluelo. Un ejemplar de guacamayo jacinto adulto de tama\u00f1o normal llega a medir 1 metro (m) desde la punta del pico hasta el extremo de la cola y pesa hasta 1,3 kilogramos (kg). Cuando est\u00e1n en la etapa de desarrollo, los polluelos pueden llegar a pesar 1,7 kg, un exceso de peso que pierden cuando el ave empieza a volar.<\/p>\n<div id=\"attachment_471169\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-471169 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-1-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"758\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-1-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-1-1140-250x166.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-1-1140-700x465.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-1-1140-120x80.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Edson Diniz<\/span>En la actualidad, la poblaci\u00f3n estimada de guacamayos jacinto en el Pantanal es de unos 6.000 ejemplares<span class=\"media-credits\">Edson Diniz<\/span><\/p><\/div>\n<p>El guacamayo <em>A. hyacinthinus<\/em>, que se caracteriza por su plumaje de un azul intenso, es la mayor de las aves de la familia de los psit\u00e1cidos (loros o papagayos), una especie que habita en el Pantanal y a la que no hay que confundir con el guacamayo de Spix (<em>Cyanopsitta spixii<\/em>), de menor tama\u00f1o y al que solo se lo puede encontrar en Bah\u00eda. Los psit\u00e1cidos incluyen a los loros o papagayos, guacamayos, periquitos y cotorras que habitan principalmente en las regiones tropicales y subtropicales del planeta. En la d\u00e9cada de 1980, tan solo hab\u00eda 2.500 ejemplares de guacamayo jacinto, por entonces en peligro de extinci\u00f3n. En la actualidad, aunque su poblaci\u00f3n se estima en unos 6.000 ejemplares, todav\u00eda se la considera amenazada, pero en una categor\u00eda menos cr\u00edtica, con el estatus de especie vulnerable. La recuperaci\u00f3n de su poblaci\u00f3n fue, en gran medida, el resultado de una labor de m\u00e1s de tres d\u00e9cadas del Instituto Arara-Azul, una organizaci\u00f3n no gubernamental de la cual Guedes es su fundadora y presidenta. No obstante, se teme que las sequ\u00edas e incendios que afectaron recientemente al Pantanal lleven a que la especie vuelva a ser clasificada en peligro de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>El trabajo de campo del equipo coordinado por Guedes comenz\u00f3 hace tres d\u00e9cadas, con la observaci\u00f3n de una pareja de guacamayos que defend\u00eda el lugar que hab\u00edan escogido para poner sus huevos. En el 95 % de los casos, estas aves construyen sus nidos en las cavidades de <em>Sterculia apetala<\/em>, un \u00e1rbol llamado camoruco, entre otros nombres regionales o tambi\u00e9n <em>manduvi<\/em>, como se lo conoce en Brasil, una especie de gran porte t\u00edpica del Pantanal, con el tronco de color pardo-rojizo y cuya semilla tambi\u00e9n les sirve de alimento a las aves. Los guacamayos jacinto compiten entre s\u00ed y con otras aves por esos huecos, que solamente en los ejemplares con m\u00e1s de 60 a\u00f1os tienen las dimensiones necesarias como para albergar un nido de esta especie. En el estudio, los investigadores midieron y pesaron a 837 polluelos, pero m\u00e1s de la mitad murieron por diversas causas naturales. Por eso, en el an\u00e1lisis estad\u00edstico utilizado en el trabajo, solamente se incluyeron los 396 polluelos que consiguieron desarrollar sus plumas y echarse a volar.<\/p>\n<p>En promedio, los 381 polluelos de tama\u00f1o normal dejaron el nido cuando ten\u00edan 107 d\u00edas de vida, pesaban 1,1 kg y med\u00edan 66,7 cent\u00edmetros (cm) de largo total. En cambio, los 15 ejemplares enanos salieron del nido, tambi\u00e9n por t\u00e9rmino medio, con 126 d\u00edas, 938 g y 33,9 cm de largo. Dentro del grupo de tama\u00f1o normal, se midieron 294 cr\u00edas de la primera puesta y tan solo 87 eran fruto del segundo huevo. Entre los polluelos cuyo sexo pudo ser determinado en el estudio, hubo 226 hembras y 148 machos. No se observaron diferencias significativas en el tama\u00f1o de las cr\u00edas de distinto sexo, y tan solo el largo de la cola era un 24 % mayor en los machos, en comparaci\u00f3n con las hembras.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el estudio, cuando una camada produc\u00eda dos polluelos, el que nac\u00eda primero ganaba peso a raz\u00f3n de un 42 % m\u00e1s que su hermano de nidada. \u201cPara los programas de gesti\u00f3n ambiental, saber que el segundo polluelo crece m\u00e1s lentamente es importante, pues pueden destinarse m\u00e1s recursos y esfuerzos para esta segunda cr\u00eda\u201d, comenta la bi\u00f3loga peruana Gabriela Vigo-Trauco. La investigadora cumple una pasant\u00eda posdoctoral en la Universidad A&amp;M de Texas, y es una de las directoras de The Macaw Society, un proyecto cient\u00edfico que estudia a los guacamayos y loros de Per\u00fa desde 1999.<\/p>\n<div id=\"attachment_471173\" style=\"max-width: 1150px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-471173 size-full\" src=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-2-1140.jpg\" alt=\"\" width=\"1140\" height=\"855\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-2-1140.jpg 1140w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-2-1140-250x188.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-2-1140-700x525.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/047-049_arara-azul_321-2-1140-120x90.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 1140px) 100vw, 1140px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Lucas Rocha<\/span>Polluelo enano (<em>a la izq.<\/em>) y otro de tama\u00f1o normal, con poco m\u00e1s de 100 d\u00edas de vida<span class=\"media-credits\">Lucas Rocha<\/span><\/p><\/div>\n<p>Una submuestra de 42 huevos que generaron 30 polluelos de tama\u00f1o normal y eran procedentes de nidos cercanos a la base del estudio, en el Refugio Ecol\u00f3gico Caim\u00e1n, del municipio de Miranda, en Mato Grosso do Sul, se midi\u00f3 con mayor frecuencia, cada semana. Este esfuerzo permanente ayud\u00f3 a los investigadores a obtener m\u00e1s pormenores de las fases de desarrollo de la especie, pese a que en ese grupo se registraron muertes. Seg\u00fan consta en el art\u00edculo, se identificaron tres etapas de crecimiento: cr\u00eda inicial (entre 0 y 25 d\u00edas de vida), en la cual las aves reci\u00e9n nacidas dependen totalmente de los padres para mantener el cuerpo caliente y ganan peso con lentitud; polluelo (de 26 a 77 d\u00edas), marcada por un r\u00e1pido engorde hasta alcanzar un pico, y juvenil (de 78 a 107 d\u00edas), momento en el que el peso se mantiene hasta los 90 a 95 d\u00edas y, posteriormente, disminuye a la par de los primeros intentos de vuelo antes del abandono permanente del nido.<\/p>\n<p>\u201cUtilizamos cuatro modelos matem\u00e1ticos diferentes para describir el crecimiento de los polluelos\u201d, explica Guedes. \u201cSi bien no siguen un desarrollo est\u00e1ndar, los guacamayos enanos sobreviven al abandonar el nido, se aparean con otros cong\u00e9neres y se reproducen normalmente\u201d. La masa corporal, el largo del cuerpo y de la cola fueron las medidas que alimentaron las ecuaciones para obtener las curvas de crecimiento de la especie.<\/p>\n<p>Para el ornit\u00f3logo Lu\u00eds F\u00e1bio Silveira, del Museo de Zoolog\u00eda de la Universidad de S\u00e3o Paulo (MZ-USP), el art\u00edculo sobre el desarrollo de las cr\u00edas de los guacamayos jacinto presenta solidez estad\u00edstica y es uno de los pocos del pa\u00eds que cuenta con datos tan detallados y procedentes de un trabajo de seguimiento que se extendi\u00f3 por tres d\u00e9cadas. M\u00e1s all\u00e1 de su importancia para entender la biolog\u00eda espec\u00edfica de esta ave del Pantanal, el estudio proporciona informaci\u00f3n que puede ser \u00fatil para la elaboraci\u00f3n de estudios comparativos con otras especies de gran tama\u00f1o de la familia de los psit\u00e1cidos, como el guacamayo de Lear (<em>Anodorhynchus leari<\/em>), un ave end\u00e9mica del nordeste del estado de Bah\u00eda y en peligro de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLa informaci\u00f3n sobre las curvas de crecimiento del guacamayo jacinto son importantes para tener un registro de la disponibilidad de alimento en su h\u00e1bitat. Si la cantidad de ejemplares enanos empieza a aumentar, podr\u00eda ser un indicio de que los recursos naturales est\u00e1n escaseando\u201d, comenta Silveira, quien no particip\u00f3 en el estudio coordinado por Guedes. \u201cEl trabajo tambi\u00e9n aporta elementos para estimar con mayor precisi\u00f3n la edad de los polluelos de la especie incautados por las autoridades de protecci\u00f3n del medio ambiente y combatir el tr\u00e1fico de aves\u201d. Y sin desmedro de la ayuda que supone el estudio para la formulaci\u00f3n de pol\u00edticas p\u00fablicas y de educaci\u00f3n ambiental centradas en la conservaci\u00f3n del propio guacamayo jacinto.<\/p>\n<p class=\"bibliografia separador-bibliografia\"><strong>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/strong>GUEDES, N. M. R. <em>et al<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.nature.com\/articles\/s41598-022-19677-5\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Growth model analysis of wild hyacinth macaw (<em>Anodorhynchus hyacinthinus<\/em>) nestlings based on long term monitoring in the Brazilian Pantanal<\/a>. <strong>Scientific Reports<\/strong>. 13 sept. 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"En ese trabajo tambi\u00e9n se especificaron las etapas de crecimiento de las cr\u00edas de estas aves del bioma Pantanal que ya han estado amenazadas de extinci\u00f3n","protected":false},"author":715,"featured_media":471165,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,278,293,335],"coauthors":[4154],"class_list":["post-471164","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-biologia-es","tag-ecologia-es","tag-zoologia-es","position_at_home-sumario"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/471164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/715"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=471164"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/471164\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":471178,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/471164\/revisions\/471178"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/471165"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=471164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=471164"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=471164"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=471164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}